Estilos de crianza, tipos y consecuencias en la adultez

Los estilos de crianza -autoritario, democrático, permisivo y negligente- son patrones relacionales que acarrean diversas consecuencias en la adultez.

Los estilos de crianza hacen referencia a la forma en la que las y los cuidadores principales -madre, padre, abuelo, abuela, etc.- transmiten a los niños, niñas y adolescentes a su cargo, hábitos, valores, normas, habilidades, y formas relacionarse, entre otros. Teniendo en cuenta lo anterior, y dado que la infancia es una etapa crucial para el desarrollo de conductas y habilidades relacionales, morales y sociales, durante años se han estudiado los diversos estilos de crianza, con el propósito de determinar sus consecuencias en la edad adulta, identificando cuáles son aquellos modelos más positivos y cuáles deberían evitarse. A continuación, se analizan los estilos de crianza más comunes.

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¿Qué son los estilos de crianza?

Los estilos de crianza son los distintos patrones relacionales que establecen los cuidadores o cuidadoras principales con los niños, niñas y adolescentes; tratándose, por lo general, de la familia directa. Por medio de estos patrones relacionales, se pretenden favorecer procesos de socialización y enseñar conductas deseables para que se generalicen en todos los entornos. Dentro de las características principales de los estilos de crianza se encuentran (Carlson, Laczniak y Wertley, 2011; Jorge y González, 2017):

  • El tono de la relación
  • El nivel de comunicación
  • Las estrategias de modificación de conducta aplicadas

Adicionalmente, los estilos de crianza constituyen la forma en la que las personas adultas responden ante niños y niñas en situaciones cotidianas, así como en la toma de decisiones y en la resolución de conflictos (Jorge y González, 2017).

Aplicaciones de los estilos de crianza

Los estilos de crianza comprenden los conocimientos, creencias y actitudes que tienen los padres o cuidadores principales frente a áreas como (Jorge y González, 2017):

  • Salud
  • Nutrición
  • Ambientes físico y social
  • Oportunidades de aprendizaje
  • Regulación de conductas

El estilo de crianza autoritario

El estilo de crianza autoritario se caracteriza por la inflexibilidad y la exigencia. Adicionalmente, se castiga de forma severa, como estrategia para controlar el comportamiento (APA, 2017). Las madres y los padres autoritarios por lo general cumplen con las siguientes características (Jorge y González, 2017; Charalampous, et al. 2018):

  • Valoran la obediencia y dedicación como virtudes
  • Están a favor del castigo y medidas de fuerza
  • Consideran apropiado mantener a los niños y niñas como subordinados
  • Restringen la autonomía, y no se tienen en cuenta las opiniones, deseos o necesidades de los menores.
  • Se esfuerzan por controlar el comportamiento y las actitudes, basados en patrones rígidos preestablecidos.
  • Rechazan el diálogo y la comunicación, y pueden llegar a rechazar a sus hijas e hijos como medida de disciplina.
  • Los espacios para demostrar afecto están significativamente limitados.
  • Prevalecen las críticas y las demandas de madurez.
  • Suele haber un exceso de normas, que incluso llegan a ser imposibles de cumplir en su totalidad.

Consecuencias de los estilos de crianza autoritarios

Entre las consecuencias de los estilos de crianza autoritarios encontramos que los niños, niñas y adolescentes se pueden volver irritables, infelices, temerosos y especialmente vulnerables al estrés. Incluso, puede ocasionar una baja interiorización de los valores morales (APA, 2017; Jorge y González, 2017)

El estilo de crianza democrático

Desde hace varios años, este es el estilo que se recomienda en todas las escuelas y programas de pautas de crianza. Retoma lo mejor del estilo autoritario y del estilo permisivo, sin irse a ningún extremo. En este caso, los padres o cuidadores son cercanos y cariñosos, ofreciendo apoyo, pero al mismo tiempo, estableciendo límites firmes y justos y demandando una madurez concordante a la edad del niño, niña o adolescente. Por lo tanto, las características de los padres que educan desde la democracia son (APA, 2017; Jorge y González, 2017; Charalampous, et al. 2018):

  • Promueven la comunicación y razonamiento de las conductas.
  • Motivan a sus hijos a ser independientes, respetando su individualidad, personalidad e intereses.
  • Parten de la base de la aceptación de los derechos y deberes de todas las partes.
  • Aunque guían la conducta de los niños y niñas, utilizan el razonamiento y la negociación.
  • Basan las contingencias en el reforzamiento de las conductas deseables. Cuando es necesario el castigo, son justos y coherentes.
  • Tienen en cuenta la opinión de sus hijos o hijas.

Consecuencias de los estilos de crianza democráticos

Entre otras consecuencias positivas, los estilos de crianza democráticos posibilitan que los niños, niñas y adolescentes tengan mejores habilidades sociales y de relación interpersonal; son personas más autónomas, desarrollan más curiosidad, habilidades e iniciativa para la cooperación, y suelen contar con mayor facilidad para la autorregulación (APA, 2017).

El estilo de crianza permisivo

En el otro polo de los estilos de crianza, se encuentran los padres permisivos. En este caso, a pesar puedan amar a sus hijas e hijos y lo demuestren, fallan estrepitosamente al momento de poner límites; de modo que pierden el control frente a las conductas de estos y no exigen un comportamiento adecuado acorde con las situaciones. Las principales características de cuidadores permisivos incluyen (APA, 2017; Jorge y González, 2017; Charalampous, et al. 2018):

  • Entregan completa autonomía a su hijo o hija.
  • Constantemente se muestran afirmativos, aceptadores y benignos, frente a cualquier comportamiento de sus hijos.
  • Suele justificar cualquier conducta, sin importar qué tan negativa haya sido.
  • Se niegan a utilizar la autoridad, las restricciones o los castigos como forma de crianza.
  • No son exigentes frente a expectativas de madurez o responsabilidad.
  • Sienten una gran necesidad de no coartar la libertad de sus hijos o hijas, eliminando las reglas de la ecuación.
  • A la menor insistencia de sus hijos o hijas, ceden, sin importar cuál sea la petición.
  • Tienen una metodología basada en el afecto y la comunicación, pero sin demandas de madurez, sin reconocimiento de la autoridad y con excesiva permisividad.

Consecuencias de los estilos de crianza permisivos

Los estilos de crianza permisivos, entre otras consecuencias, puede generar que los niños, niñas y adolescentes se comporten de forma agresiva, impulsiva, dominante y rebelde. Además, puede generar baja autoestima, baja tolerancia a la frustración y poca motivación (APA, 2017).

El estilo de crianza negligente o pasivo

Este último estilo de crianza está muy cerca de la negligencia; incluso, algunos autores ni tan siquiera lo consideran como un estilo de crianza en sí mismo. En este caso, los padres son indiferentes, distantes, poco accesibles y tienden a rechazar a sus hijos e hijas, llegando, en muchas ocasiones, a estar completamente ausentes.

Consecuencias de los estilos de crianza negligentes

Las niñas, niños y adolescentes criados bajo estilos de crianza negligentes tienden a presentar baja autoestima, un bajo nivel de autoconfianza, poca ambición y persiguen, en ocasiones, modelos inapropiados, como referencia, para sustituir a los padres negligentes (APA, 2017).

Conclusión

En síntesis, las consecuencias de los estilos de crianza democráticos van desde el desarrollo de conductas adaptativas, la moral, habilidades de socialización, hasta una adecuada autoestima en la infancia -perdurable en la adultez-. Estos patrones positivos se basan en la comunicación y la adopción de límites justos y proporcionales. No obstante, los estilos de crianza autoritarios, permisivos o negligentes acarrean consecuencias negativas en la adultez, como la adopción de conductas desadaptativas y disfuncionales; así como estados frecuentes de desregulación emocional.

Referencias:

  • APA (2017). Estilos de Crianza apa.org
  • Carlson, L., Laczniak, R. N., & Wertley, C. (2011). Parental Style. Journal of Advertising Research, 51(2), 427–435. doi:10.2501/jar-51-2-427-435
  • Charalampous, K., Demetriou, C., Tricha, L., Ioannou, M., Georgiou, S., Nikiforou, M., & Stavrinides, P. (2018). The effect of parental style on bullying and cyber bullying behaviors and the mediating role of peer attachment relationships: A longitudinal study. Journal of Adolescence, 64, 109–123. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  • Cuervo, A. (2010). Pautas de crianza y desarrollo socioafectivo en la infancia. Diversitas: Perspectivas en Psicología, 6 (1), 111-121. redalyc.org
  • Jorge, E., y González, M. C. (2017). Estilos de crianza parental: una revisión teórica. Informes Psicológicos, 17(2), pp. 39-66 revistas.upb.edu.co
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.