La denominada revolución cognitiva constituye uno de los relatos historiográficos más difundidos dentro de la psicología contemporánea. De acuerdo con esta narrativa, durante la segunda mitad del siglo XX se habría producido una transformación radical que sustituyó al conductismo como paradigma dominante, devolviendo a la mente y a los procesos internos un lugar central en la investigación científica. Esta versión ha sido reproducida durante décadas en manuales, cursos universitarios e historias de la disciplina, consolidando la idea de que existió una ruptura profunda entre ambas perspectivas. Sin embargo, diversos análisis históricos, epistemológicos y conceptuales han cuestionado este relato, argumentando que la revolución cognitiva puede entenderse como un mito construido retrospectivamente para simplificar un proceso mucho más complejo y gradual (Dahab, 2015; Hobbs, Burman, 2009).
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Desde esta perspectiva, la oposición entre conductismo y cognitivismo habría sido exagerada, ignorando las continuidades teóricas, metodológicas y conceptuales existentes entre ambas corrientes, así como la diversidad interna de cada una de ellas (Primero, Barrera, 2020).
Examinar críticamente este mito no implica negar la importancia de los desarrollos cognitivos ni minimizar sus aportaciones al estudio de la conducta y de los procesos psicológicos, sino comprender con mayor precisión cómo evolucionó la disciplina y evitar interpretaciones simplificadas de su historia (Dahab, 2015; Miller, 2006; Primero, Barrera, 2020).
¿Qué se entiende por ‘revolución cognitiva’?
La denominada revolución cognitiva suele describirse como el proceso mediante el cual el estudio científico de los procesos mentales adquirió un papel central dentro de la psicología durante la segunda mitad del siglo XX. Según la narrativa tradicional, este cambio representó una ruptura con el predominio del conductismo y permitió que fenómenos como la memoria, la atención, el lenguaje y el razonamiento fueran investigados mediante modelos que recurrían a conceptos como representación mental y procesamiento de la información (Miller, 2006). Desde esta perspectiva, el cognitivismo habría sustituido al conductismo como paradigma dominante de la disciplina.
Dentro de dicha narrativa, la revolución cognitiva surgiría como un movimiento interdisciplinario en el que convergieron la psicología, la lingüística, la informática, la filosofía y otras disciplinas interesadas en comprender cómo los seres humanos adquieren, organizan y utilizan la información. Este desarrollo favorecería la formulación de nuevos modelos explicativos y ampliaría el estudio de procesos que anteriormente resultaban difíciles de investigar de manera sistemática (Miller, 2006).
Sin embargo, diversos autores sostienen que esta interpretación simplifica la evolución histórica de la psicología; ya que el supuesto paso del conductismo al cognitivismo fue realmente un proceso gradual, caracterizado por la coexistencia de múltiples enfoques y por la conservación de numerosas metodologías experimentales conductistas. En consecuencia, el cambio no puede entenderse únicamente como el reemplazo de un paradigma por otro (Zumalabe, 2012).
En esta misma línea, se argumenta que la idea de una revolución cognitiva fue construida retrospectivamente para ofrecer un relato coherente del desarrollo de la disciplina, aunque la evidencia histórica muestra una transición mucho más compleja. (Hobbs, Burman, 2009).
Supuestos tras el mito de la revolución cognitiva
El mito de la revolución cognitiva se fundamenta en una serie de supuestos historiográficos y epistemológicos que presentan el desarrollo de la psicología como una sucesión de paradigmas incompatibles. El primero de ellos sostiene que el conductismo dominó por completo la disciplina durante varias décadas y que, debido a su supuesto rechazo del estudio de los procesos mentales, impedía el progreso científico. Sin embargo, diversos autores argumentan que esta reconstrucción simplifica un proceso mucho más complejo y omite la coexistencia de múltiples programas de investigación (Dahab, 2015; Hobbs, Burman, 2009).
Un segundo supuesto consiste en considerar que el conductismo y el cognitivismo constituyen enfoques necesariamente excluyentes. Esta interpretación presupone que estudiar la conducta implica desestimar los procesos cognitivos, mientras que investigar la cognición supone abandonar el análisis experimental de la conducta. Ante esto, es necesario señalar que tanto el concepto de conducta como el de cognición poseen una notable diversidad de definiciones, y que muchas de sus diferencias derivan más de interpretaciones simplificadas que de incompatibilidades conceptuales reales (Primero, Barrera, 2020).
Otro supuesto importante consiste en identificar la revolución cognitiva con un cambio metodológico absoluto. No obstante, frente a esto, es importante recordar que numerosos procedimientos experimentales utilizados por los investigadores cognitivos provenían directamente de la tradición conductual. Lo que cambió con mayor frecuencia fueron los modelos teóricos empleados para interpretar los datos, no necesariamente las estrategias de investigación (Zumalabe, 2012).
Finalmente, el mito de la revolución cognitiva también supone que la historia de la psicología puede entenderse mediante episodios claramente delimitados de reemplazo paradigmático. No obstante, esta interpretación responde más a una reconstrucción retrospectiva que a los acontecimientos históricos efectivos (Dahab, 2015).
El mito de la revolución cognitiva y sus afirmaciones sobre el conductismo
Uno de los elementos centrales del mito de la revolución cognitiva consiste en la caracterización que sus defensores realizaron del conductismo. La narrativa tradicional sostiene que esta corriente reducía el objeto de estudio de la psicología exclusivamente a la conducta observable, rechazaba cualquier explicación relacionada con los procesos mentales, y concebía a las personas como organismos que respondían de manera mecánica a los estímulos del ambiente. A partir de esta descripción, el cognitivismo habría surgido para corregir tales limitaciones y recuperar el estudio científico de la mente (Miller, 2006). Sin embargo, diversos autores sostienen que esta representación resulta parcial e históricamente inexacta.
Es importante puntualizar que buena parte de las críticas dirigidas al conductismo se construyeron a partir de versiones simplificadas de esta tradición, especialmente del conductismo metodológico, ignorando la diversidad de enfoques desarrollados bajo esa denominación (Dahab, 2015). De manera similar, se ha señalado que es frecuente atribuir al conductismo una negación absoluta de los eventos privados o de los procesos cognitivos, cuando varios de sus representantes reconocieron la existencia de dichos fenómenos, aunque propusieron analizarlos desde marcos conceptuales distintos a los utilizados posteriormente por el cognitivismo. En consecuencia, muchas críticas terminan dirigiéndose a una versión estereotipada del conductismo y no a sus planteamientos originales (Primo, Barrera, 2020).
Dado lo anterior, considerar críticamente el mito de la revolución cognitiva implica revisar las afirmaciones realizadas sobre el conductismo a la luz de la evidencia histórica y conceptual. Lejos de constituir un bloque homogéneo y completamente opuesto al cognitivismo, el conductismo incluyó diversas perspectivas que contribuyeron al desarrollo de la psicología científica y que, en varios aspectos, mantuvieron relaciones de continuidad con las propuestas cognitivas posteriores (Dahab, 2015; Primero, Barrera, 2020).
Conducta y cognición
Tanto la conducta como la cognición son conceptos complejos cuyo significado depende del marco teórico desde el cual se definan. La conducta no se limita a respuestas observables simples, mientras que la cognición tampoco constituye un objeto de estudio uniforme. En consecuencia, la aparente oposición entre ambas perspectivas suele originarse en definiciones reduccionistas que dificultan el diálogo entre tradiciones científicas. Cuando estos conceptos se analizan con mayor precisión, resulta evidente que numerosos fenómenos psicológicos requieren considerar tanto las interacciones del individuo con su ambiente como los procesos mediante los cuales organiza, interpreta y utiliza la información (Primero, Barrera, 2020).
Esta relación también puede apreciarse en el desarrollo histórico de la disciplina. Durante la construcción de la ciencia cognitiva, la transición hacia el cognitivismo no implicó el abandono de las metodologías experimentales impulsadas por el conductismo. Del mismo modo, varias herramientas conceptuales y procedimientos desarrollados dentro de la tradición conductista continuaron ejerciendo influencia en investigaciones identificadas como cognitivas. Estas continuidades muestran que el progreso científico difícilmente puede explicarse mediante sustituciones completas entre paradigmas (Zumalabe, 2012; Prigenzi, 2023).
Desde esta perspectiva, reconocer el carácter problemático del mito de la revolución cognitiva permite comprender que conducta y cognición no representan dominios excluyentes, sino niveles de análisis que pueden complementarse para explicar el comportamiento humano. Esta interpretación favorece un diálogo más productivo entre corrientes psicológicas y evita reproducir una narrativa histórica que exagera las diferencias mientras minimiza las contribuciones compartidas al desarrollo de la psicología científica (Dahab, 2015; Primero, Barrera, 2020).
La importancia de distinguir la revolución cognitiva como un mito
Reconocer que la revolución cognitiva puede entenderse como un mito historiográfico posee importantes implicaciones para la comprensión del desarrollo de la psicología. En primer lugar, permite cuestionar las narrativas lineales que presentan el avance científico como una sucesión de paradigmas completamente independientes y enfrentados. La evidencia histórica muestra que el surgimiento del cognitivismo no supuso la desaparición inmediata del conductismo, sino un proceso gradual en el que coexistieron diversas perspectivas, metodologías y problemas de investigación.
Asimismo, distinguir este mito favorece una valoración más precisa de las aportaciones realizadas por el conductismo y por las ciencias cognitivas. Ambas tradiciones comparten objetivos científicos relacionados con la explicación del comportamiento, aunque difieran en algunos de sus conceptos y modelos explicativos. Reducir la historia de la disciplina a una confrontación entre enfoques impide apreciar las influencias recíprocas que han contribuido al desarrollo de teorías más complejas y a la consolidación de métodos experimentales cada vez más rigurosos (Primero, Barrera, 2020).
Esta perspectiva también tiene consecuencias para la formación académica. La repetición acrítica del relato de la revolución cognitiva puede transmitir una imagen distorsionada de la historia de la psicología, reforzando estereotipos sobre el conductismo y dificultando el diálogo entre diferentes tradiciones de investigación (Dahab, 2015). En cambio, una reconstrucción historiográfica basada en la evidencia permite comprender que el progreso científico suele caracterizarse por continuidades, revisiones conceptuales e intercambios entre distintas perspectivas, más que por sustituciones absolutas.
Adoptar esta visión crítica favorece una comprensión más rigurosa de la historia de la psicología y promueve un diálogo integrador entre el estudio de la conducta y el de la cognición, evitando dicotomías que la propia evidencia histórica y conceptual no logra sostener (Hobbs, Burman, 2009; Primero, Barrera, 2020).
Referencias:
- Dahab, J. (2015). El mito de la» revolución» cognitiva. PSIENCIA: Revista Latinoamericana de Ciencia Psicológica, 7(1), 88-102. dialnet.unirioja.es
- Esteban, M. (2009). Las ideas de Bruner: de la revolución cognitiva a la revolución cultural. Educere, 13(44), 235-241. ve.scielo.org
- Hobbs, S., Burman, J. (2009). Looking back: Is the cognitive revolution a myth? The Psychologist, 22(2), 812-815. bps.org.uk
- Miller, G. A. (2006). La revolución cognitiva: una perspectiva histórica. Revista de Psicología, 25(2), 79-88. cloudfront.net
- Prigenzi, F. (2023). Algunas reverberaciones conductistas al interior de la revolución cognitiva. In XV Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XXX Jornadas de Investigación. XIX Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. V Encuentro de Investigación de Terapia Ocupacional V Encuentro de Musicoterapia. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires. aacademica.org
- Primero, G., Barrera, S. (2020). Cognitivismos y conductismos: mitos que obstaculizan el diálogo, análisis de los conceptos de conducta y cognición, y propuestas de integración teórica. Scientia in Verba Magazine, 6(1), 17-46. drive.google.com
- Zumalabe, J. (2012). La transición del conductismo al cognitivismo. EduPsykhé, 11(1), 89-111. dialnet.unirioja.es

