La terapia de aceptación y compromiso (ACT) es una de las intervenciones psicológicas más representativas de las denominadas terapias contextuales o de tercera generación. Esta postura propone que el sufrimiento psicológico no depende exclusivamente de la presencia de pensamientos, emociones o sensaciones desagradables, sino de la manera en que las personas se relacionan con dichas experiencias internas (Hayes et al., 2012). En este contexto, los procesos terapéuticos adquieren un papel central, ya que buscan promover la flexibilidad psicológica mediante cambios en la interacción del individuo con su mundo interno y externo. El modelo que organiza estos procesos es conocido como hexaflex, una representación gráfica integrada por seis dimensiones interdependientes que favorecen la adaptación psicológica y la conducta guiada por valores.
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En lugar de eliminar síntomas o modificar directamente el contenido de los pensamientos, el hexaflex orienta la intervención hacia el desarrollo de habilidades que permitan responder de manera más abierta, consciente y comprometida ante las demandas de la vida cotidiana.
¿Qué es la terapia de aceptación y compromiso?
La terapia de aceptación y compromiso (ACT) es un modelo de intervención psicológica desarrollado principalmente por Steven C. Hayes y sus colaboradores, perteneciente a las llamadas terapias conductuales contextuales o de tercera generación (Hayes et al., 1999; Hayes et al., 2012). Su objetivo principal consiste en incrementar la flexibilidad psicológica, entendida como la capacidad de permanecer en contacto con el momento presente y actuar de manera coherente con los propios valores, incluso cuando aparecen pensamientos, emociones o recuerdos difíciles (Hayes et al., 2006).
A diferencia de los enfoques tradicionales centrados en reducir o eliminar el malestar psicológico, la ACT sostiene que el sufrimiento forma parte de la experiencia humana y que muchos intentos por controlar o evitar las experiencias internas pueden resultar contraproducentes. En consecuencia, la intervención se orienta hacia el desarrollo de repertorios conductuales que permitan modificar la función que tienen los eventos privados sobre la conducta, en lugar de intentar cambiar directamente su contenido (Hayes et al., 2012).
El fundamento teórico de la ACT se encuentra en el contextualismo funcional y en la teoría de los marcos relacionales (RFT), la cual explica cómo el lenguaje y la cognición contribuyen tanto al desarrollo de habilidades complejas como al mantenimiento del sufrimiento psicológico. Desde esta perspectiva, los problemas psicológicos suelen surgir cuando las personas quedan atrapadas en patrones rígidos de evitación experiencial, fusión cognitiva o desconexión respecto de sus valores personales (Hayes et al., 2001).
Para abordar estos patrones, la ACT organiza sus principales procesos de cambio mediante el modelo del hexaflex, el cual integra seis dimensiones psicológicas interdependientes. Estos procesos no representan etapas secuenciales, sino habilidades que interactúan dinámicamente para favorecer la flexibilidad psicológica.
Los seis procesos del hexaflex
El modelo del hexaflex organiza los seis procesos fundamentales mediante los cuales la ACT busca desarrollar la flexibilidad psicológica. Estos componentes son: aceptación, defusión cognitiva, contacto con el momento presente, yo como contexto, valores y acción comprometida. Aunque se describen de manera independiente para facilitar su comprensión, en la práctica clínica funcionan de forma integrada y se potencian mutuamente, permitiendo que la persona responda de manera más abierta, consciente y orientada hacia aquello que considera verdaderamente importante.
Aceptación
Dentro del modelo del hexaflex, la aceptación constituye uno de los procesos fundamentales para el desarrollo de la flexibilidad psicológica. En la ACT, este concepto no implica resignación, pasividad o conformidad frente al sufrimiento, sino la disposición voluntaria a experimentar pensamientos, emociones, sensaciones corporales y recuerdos tal como ocurren, sin intentar evitarlos, controlarlos o modificarlos cuando hacerlo resulta innecesario o contraproducente (Hayes et al., 2012). Desde esta perspectiva, el problema no radica en la existencia de experiencias internas desagradables, sino en la lucha constante por eliminarlas, ya que esta suele restringir el repertorio conductual y alejar a la persona de aquello que considera valioso.
La aceptación representa una alternativa a la evitación experiencial, entendida como el patrón persistente de escapar o controlar eventos privados aun cuando ello implique consecuencias negativas a largo plazo (Hayes et al., 1996). A través de ejercicios experienciales, metáforas y prácticas de atención plena, la ACT busca que el individuo aprenda a hacer espacio para sus experiencias internas, reconociéndolas como fenómenos pasajeros que no necesitan determinar su comportamiento.
En el contexto del hexaflex, este proceso favorece que la conducta deje de estar gobernada por el intento de reducir el malestar inmediato y pase a orientarse hacia objetivos significativos. La aceptación, por tanto, no persigue disminuir directamente el sufrimiento psicológico, aunque con frecuencia ello ocurre como consecuencia indirecta, sino ampliar la capacidad de actuar de manera flexible y consistente con los propios valores incluso en presencia de emociones difíciles.
Defusión cognitiva
La defusión cognitiva es uno de los procesos centrales del hexaflex y hace referencia a la capacidad de modificar la relación que las personas mantienen con sus pensamientos. Desde la perspectiva de la ACT, el objetivo no consiste en cambiar el contenido de las cogniciones ni en sustituir pensamientos negativos por otros más positivos, sino en reducir la influencia literal que aquellos ejercen sobre la conducta (Hayes et al., 2006).
Cuando una persona se encuentra fusionada cognitivamente, experimenta sus pensamientos como si fueran descripciones objetivas de la realidad o reglas que deben obedecerse. En consecuencia, frases como ‘soy un fracaso’ o ‘no podré hacerlo’ pueden dirigir el comportamiento de manera automática, limitando la posibilidad de responder de forma flexible. La defusión cognitiva pretende romper esta identificación excesiva mediante ejercicios que permiten observar los pensamientos simplemente como eventos psicológicos transitorios, producto de la actividad normal del lenguaje y la cognición (Blackledge, 2007).
Entre las estrategias empleadas destacan repetir una palabra hasta que pierda temporalmente su significado, nombrar los pensamientos como ‘estoy teniendo el pensamiento de…’ o imaginarlos flotando sobre una corriente de agua. Estas técnicas no buscan demostrar que los pensamientos sean falsos, sino disminuir su capacidad para controlar el comportamiento.
Dentro del hexaflex, este proceso facilita que las decisiones conductuales dependan en mayor medida de los valores personales y de las circunstancias presentes que de las reglas verbales rígidas. De este modo, la defusión cognitiva contribuye al desarrollo de una mayor flexibilidad psicológica y favorece respuestas más adaptativas frente a situaciones complejas.
Contacto con el momento presente
El contacto con el momento presente constituye otro de los procesos esenciales del hexaflex y se refiere a la capacidad de dirigir la atención de manera consciente, flexible y deliberada hacia la experiencia que ocurre aquí y ahora. Este proceso guarda una estrecha relación con las prácticas de mindfulness o atención plena, aunque en la ACT su finalidad principal consiste en aumentar la sensibilidad al contexto para favorecer conductas eficaces y coherentes con los valores personales (Hayes et al., 2012).
Con frecuencia, las personas permanecen atrapadas en recuerdos del pasado o anticipaciones sobre el futuro, reaccionando automáticamente ante pensamientos o emociones sin atender a las condiciones reales del entorno. Esta desconexión dificulta responder de manera flexible a las demandas actuales y puede contribuir al mantenimiento del sufrimiento psicológico. El entrenamiento en contacto con el momento presente ayuda a observar pensamientos, emociones, sensaciones corporales y acontecimientos externos con una actitud de apertura y curiosidad, reduciendo las respuestas automáticas gobernadas por el lenguaje (Harris, 2019).
En la práctica clínica, este proceso se desarrolla mediante ejercicios de observación de la respiración, exploración corporal, atención a los sentidos o actividades cotidianas realizadas conscientemente. Estas prácticas fortalecen la capacidad para permanecer en el presente sin quedar absorbido por juicios o evaluaciones constantes.
Dentro del hexaflex, el contacto con el momento presente funciona como un eje integrador que facilita la interacción entre los demás procesos, permitiendo que la aceptación, la defusión cognitiva, el yo como contexto, los valores y la acción comprometida se traduzcan en comportamientos adaptativos acordes con las demandas específicas de cada situación.
Yo como contexto
El yo como contexto constituye uno de los procesos más distintivos del hexaflex dentro de la terapia de aceptación y compromiso. Este concepto hace referencia a la capacidad de experimentar un sentido del yo como el espacio desde el cual se observan pensamientos, emociones, recuerdos y sensaciones, en lugar de identificarse completamente con ellos (Hayes et al., 2012). Desde esta perspectiva, la persona no es equivalente al contenido de sus experiencias internas, sino al contexto estable en el que dichas experiencias ocurren.
La ACT distingue este sentido del yo del denominado ‘yo conceptualizado’, formado por las historias, etiquetas y descripciones que las personas elaboran acerca de sí mismas, como ‘soy débil’, ‘soy exitoso’ o ‘siempre fracaso’. Cuando estas narrativas se vuelven rígidas, pueden restringir la conducta y favorecer la inflexibilidad psicológica. En contraste, el yo como contexto permite observar tales autodescripciones como productos del lenguaje, sin asumir que constituyen una definición absoluta de la identidad personal (McHugh et al., 2004).
Durante la intervención, este proceso se fortalece mediante ejercicios experienciales, metáforas y prácticas de observación que ayudan al individuo a reconocer que los contenidos de la conciencia cambian continuamente, mientras que la perspectiva desde la cual son observados permanece relativamente constante. Dentro del hexaflex, el desarrollo del yo como contexto facilita la aceptación, la defusión cognitiva y el contacto con el momento presente, favoreciendo respuestas más flexibles y coherentes con los valores personales, incluso frente a experiencias psicológicas difíciles.
Valores
En el modelo del hexaflex, los valores representan uno de los procesos fundamentales para orientar el comportamiento hacia una vida significativa. Desde la perspectiva de la ACT, los valores son direcciones elegidas libremente que expresan la manera en que una persona desea comportarse de forma continua en distintos ámbitos de su vida, como las relaciones interpersonales, el trabajo, la salud o el desarrollo personal (Hayes et al., 2012). A diferencia de las metas, los valores no constituyen objetivos que puedan alcanzarse y completarse, sino orientaciones permanentes que guían la conducta a lo largo del tiempo.
La clarificación de valores permite distinguir entre actuar impulsado por la evitación del malestar y actuar en función de aquello que realmente resulta importante para el individuo. En este sentido, la ACT sostiene que una vida valiosa no depende de la ausencia de sufrimiento, sino de la capacidad para mantener comportamientos consistentes con las propias convicciones aun cuando aparezcan emociones o pensamientos difíciles (Wilson, Murrell, 2004).
Durante la terapia, el terapeuta ayuda a explorar qué aspectos de la vida poseen un significado genuino para la persona, diferenciando los valores auténticos de expectativas impuestas por otras personas o por normas sociales. Dentro del hexaflex, este proceso proporciona la dirección hacia la cual convergen los demás componentes del modelo. La aceptación, la defusión cognitiva, el contacto con el momento presente y el yo como contexto adquieren sentido clínico en la medida en que facilitan acciones congruentes con los valores personales, fortaleciendo así la flexibilidad psicológica.
Acción comprometida
La acción comprometida constituye el proceso del hexaflex encargado de traducir los valores personales en comportamientos concretos y sostenidos. Desde la perspectiva de la ACT, identificar aquello que resulta importante carece de utilidad si no se acompaña de acciones consistentes que permitan avanzar en esa dirección. Por ello, este componente enfatiza el desarrollo de patrones conductuales flexibles, persistentes y adaptables a las circunstancias cambiantes de la vida (Hayes et al., 2006).
La acción comprometida implica establecer objetivos realistas, planificar conductas específicas y perseverar en ellas incluso cuando aparecen obstáculos internos, como ansiedad, miedo, frustración o pensamientos autocríticos. En lugar de esperar a que desaparezca el malestar para actuar, la ACT propone que las personas aprendan a comportarse de acuerdo con sus valores mientras aceptan la presencia inevitable de experiencias internas difíciles. De esta manera, el progreso se evalúa por el grado de coherencia entre las acciones y los valores, más que por la intensidad de los síntomas psicológicos (Hayes et al., 2012).
Dentro del hexaflex, la acción comprometida integra y pone en práctica los demás procesos. La aceptación permite hacer espacio al malestar, la defusión cognitiva reduce el dominio de los pensamientos, el contacto con el momento presente favorece respuestas ajustadas al contexto, el yo como contexto evita la identificación rígida con las experiencias internas y los valores proporcionan la dirección del cambio. En conjunto, estos elementos hacen posible que la conducta se mantenga orientada hacia una vida significativa, incluso en presencia de dificultades, consolidando así la flexibilidad psicológica como objetivo central de ACT.
Integración de los procesos del hexaflex
El hexaflex representa un modelo funcional que integra seis procesos psicológicos interdependientes cuyo propósito común es promover la flexibilidad psicológica, considerada el principal mecanismo de cambio dentro de la terapia de aceptación y compromiso (Hayes et al., 2006). Aunque cada uno de estos procesos puede describirse de manera individual, su eficacia terapéutica radica en la interacción dinámica que mantienen entre sí. En la práctica clínica, la ACT no busca fortalecer cada componente de manera aislada, sino facilitar un repertorio conductual flexible que permita responder eficazmente a las demandas del contexto.
La aceptación y la defusión cognitiva ayudan a disminuir la influencia de la evitación experiencial y del apego excesivo al contenido de los pensamientos, permitiendo que la persona deje de invertir sus esfuerzos en controlar eventos privados inevitables. Paralelamente, el contacto con el momento presente favorece una atención consciente a las condiciones actuales del entorno, mientras que el yo como contexto proporciona una perspectiva desde la cual es posible observar pensamientos, emociones y recuerdos sin identificarse completamente con ellos (Hayes et al., 2012).
Estos cuatro procesos crean las condiciones necesarias para que los valores puedan identificarse con mayor claridad. A su vez, los valores ofrecen una dirección estable que orienta la conducta hacia aquello que resulta significativo para el individuo, independientemente de la presencia de malestar psicológico. Finalmente, la acción comprometida convierte esa dirección en comportamientos observables, persistentes y ajustados a las circunstancias cambiantes de la vida cotidiana.
Es importante señalar que el hexaflex no constituye una secuencia rígida de intervención. Dependiendo del caso clínico, el terapeuta puede comenzar trabajando cualquiera de los procesos, siempre considerando cómo dicho componente influye sobre los demás. Esta perspectiva funcional permite adaptar la intervención a las necesidades particulares de cada persona, favoreciendo cambios conductuales duraderos.
Procesos del hexaflex como herramienta terapéutica
La evidencia científica acumulada durante las últimas dos décadas respalda la utilidad de los procesos del hexaflex como una herramienta terapéutica sólida para comprender y modificar el comportamiento humano en una amplia variedad de contextos clínicos y no clínicos (Kashdan, Rottenberg, 2010; Gloster et al., 2020).
Una de las principales fortalezas del modelo radica en su enfoque basado en procesos, el cual desplaza la atención desde las categorías diagnósticas tradicionales hacia mecanismos psicológicos susceptibles de modificarse mediante la intervención. Esta orientación coincide con las tendencias contemporáneas de la psicología clínica, que priorizan la identificación de mecanismos de cambio compartidos entre diferentes trastornos, favoreciendo tratamientos más flexibles y personalizados (Hayes, Hofmann, 2018).
Asimismo, los procesos del hexaflex han demostrado ser útiles en el tratamiento de trastornos de ansiedad, depresión, dolor crónico, consumo de sustancias, enfermedades médicas, estrés laboral y problemas relacionados con la regulación emocional, entre otros. Además de su aplicación clínica, el modelo ha sido incorporado en ámbitos como la psicología organizacional, la educación, el deporte, la rehabilitación y la promoción de la salud, donde ha mostrado resultados consistentes en el fortalecimiento del funcionamiento adaptativo.
En conjunto, la investigación disponible sugiere que el hexaflex constituye mucho más que una representación conceptual de la ACT. Se trata de un modelo respaldado por evidencia empírica que organiza de manera coherente los principales procesos implicados en el cambio conductual y que proporciona una guía flexible para la evaluación, planificación e implementación de intervenciones psicológicas basadas en la evidencia. Por ello, continúa consolidándose como uno de los marcos más influyentes dentro de las terapias contextuales contemporáneas.
Referencias:
- Gloster, A., et al. (2020). The empirical status of Acceptance and Commitment Therapy: A review of meta-analyses. Journal of Contextual Behavioral Science, 18, 181–192. sciencedirect.com
- Harris, R. (2019). ACT Made Simple: An easy-to-read primer on Acceptance and Commitment Therapy (2nd ed.). New Harbinger Publications.
- Hayes, S. (2006). Acceptance and Commitment Therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 1–25. i-cbt.org.ua
- Hayes, S., Barnes-Holmes, D., Roche, B. (Eds.). (2001). Relational Frame Theory: A post-Skinnerian account of human language and cognition. Springer.
- Hayes, S., Hofmann, S. (2018). Process-Based CBT: The science and core clinical competencies of cognitive behavioral therapy. New Harbinger Publications.
- Hayes, S., Pistorello, J., Levin, M. (2012). Acceptance and Commitment Therapy as a unified model of behavior change. The Counseling Psychologist, 40(7), 976–1002. apa.org
- Hayes, S., Strosahl, K., Wilson, K. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
- Kashdan, T., Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865–878. digipelirajaton.fi
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- Wilson, K., Murrell, A. (2004). Values work in Acceptance and Commitment Therapy: Setting a course for behavioral treatment. En S. C. Hayes, V. M. Follette, M. M. Linehan (Eds.), Mindfulness and Acceptance: Expanding the Cognitive-Behavioral Tradition (pp. 120–151). Guilford Press.

