La llamada falacia mereológica es una de las críticas filosóficas más influyentes dirigidas a ciertos modos de interpretar los hallazgos de la neurociencia contemporánea. En términos generales, esta falacia consiste en atribuir a una parte de un organismo propiedades o capacidades que, en sentido estricto, corresponden únicamente al organismo completo. Dentro del estudio del sistema nervioso, este problema aparece cuando se afirma, por ejemplo, que ‘el cerebro piensa’, ‘el cerebro decide’, ‘el cerebro recuerda’ o ‘el cerebro interpreta’; expresiones frecuentes tanto en publicaciones científicas como en textos de divulgación.
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Desde la perspectiva desarrollada por Bennett y Hacker (2022), tales afirmaciones representan un error conceptual porque los predicados psicológicos describen actividades propias de las personas y no de uno de sus órganos, por más indispensable que este sea para su realización. Esta discusión ha adquirido relevancia debido al extraordinario desarrollo de las neurociencias durante las últimas décadas y a la creciente tendencia a explicar la conducta humana exclusivamente mediante la actividad cerebral (Del Corro, 2017; González, 2023).
Aunque el conocimiento de los mecanismos neurales ha permitido comprender mejor numerosos procesos biológicos implicados en la cognición, las emociones y el comportamiento, también ha favorecido interpretaciones reduccionistas que pueden oscurecer la relación entre el cerebro, el cuerpo, el ambiente y la conducta. En este contexto, comprender la falacia mereológica resulta fundamental para preservar la claridad conceptual dentro de la investigación neurocientífica, evitar errores de interpretación y promover un diálogo más sólido entre la filosofía, la psicología y las ciencias cognitivas (Brożek, 2023; Barja, 2025).
¿En qué consiste la falacia mereológica?
La falacia mereológica es un error conceptual que consiste en atribuir a una parte de un sistema propiedades que únicamente pueden predicarse con sentido del sistema completo. El término proviene de la mereología, rama de la filosofía que estudia las relaciones entre las partes y los todos. En el contexto de la neurociencia, esta falacia aparece cuando se sostiene que el cerebro, o alguna de sus estructuras, ‘piensa’, ‘cree’, ‘decide’, ‘interpreta’, ‘recuerda’, ‘percibe’ o ‘quiere’, como si dichas capacidades pertenecieran literalmente al órgano y no a la persona en su conjunto (Bennett, Hacker, 2022). De acuerdo con estos autores, el cerebro constituye una condición biológica indispensable para que un ser humano pueda realizar tales actividades, pero ello no implica que sea el sujeto de esos procesos psicológicos.
La distinción puede parecer sutil, aunque posee importantes implicaciones filosóficas y científicas. Una analogía frecuente consiste en afirmar que los pulmones no respiran por sí solos, sino que es la persona quien respira mediante sus pulmones. Del mismo modo, tampoco las piernas caminan independientemente del individuo, sino que una persona camina utilizando sus piernas. En consecuencia, decir que el cerebro piensa sería comparable a sostener que las piernas pasean o que el estómago disfruta una comida. Aunque estos órganos desempeñan funciones esenciales para que dichas actividades sean posibles, no constituyen los agentes a quienes se atribuyen correctamente tales acciones (Del Corro, 2017).
El cerebro como parte de un todo (individuo)
Los predicados psicológicos poseen criterios de aplicación públicos relacionados con la conducta, el lenguaje y la interacción de las personas con su entorno. Expresiones como recordar un acontecimiento, tomar una decisión o comprender un argumento describen capacidades que se manifiestan en individuos completos, inmersos en prácticas sociales y contextos específicos. El cerebro participa necesariamente en estos procesos como parte del organismo, pero no puede considerarse el sujeto psicológico de ellos (Bennet, Hacker, 2022).
Esta crítica no pretende negar la importancia de la neurociencia ni cuestionar que toda actividad psicológica dependa del funcionamiento cerebral. Por el contrario, reconoce plenamente que sin un cerebro funcional no existirían la percepción, la memoria, el razonamiento o las emociones. Lo que pone en duda es el salto conceptual que conduce desde esa dependencia biológica hasta la afirmación de que el cerebro es quien realiza dichas actividades. Esta forma de expresión favorece una visión reduccionista de la salud mental, en la cual los fenómenos psicológicos terminan siendo identificados exclusivamente con procesos neurales, dejando en segundo plano la participación del cuerpo, la historia del individuo y el contexto social (González, 2023).
En consecuencia, la falacia mereológica no constituye un simple problema terminológico o una cuestión de estilo al redactar artículos científicos. Se trata de una advertencia acerca de cómo el lenguaje puede moldear la interpretación de los datos empíricos y conducir a confusiones sobre el verdadero objeto de estudio de la neurociencia. Reconocer esta distinción permite comprender con mayor precisión que el cerebro es un órgano imprescindible para la conducta humana, mientras que las capacidades psicológicas pertenecen al ser humano considerado como un organismo completo que actúa, aprende y se relaciona con el mundo (Barja, 2025; Brożek, 2023).
Orígenes de la falacia mereológica
A medida que la neurología, la neurofisiología y, posteriormente, las técnicas modernas de neuroimagen comenzaron a identificar correlaciones cada vez más precisas entre la actividad cerebral y diversas funciones cognitivas, se hizo frecuente describir al cerebro como el auténtico protagonista de la percepción, el pensamiento o la toma de decisiones. Aunque estas expresiones resultaban útiles como recurso abreviado para comunicar hallazgos experimentales, gradualmente comenzaron a interpretarse como descripciones literales de la realidad psicológica.
Dicho cambio estuvo favorecido por la influencia de una concepción mecanicista del ser humano, según la cual los procesos psicológicos podían entenderse como funciones localizables en componentes específicos del sistema nervioso. En este contexto, expresiones como ‘el cerebro reconoce un rostro’, ‘el hipocampo almacena recuerdos’ o ‘la corteza prefrontal toma decisiones’ dejaron de considerarse metáforas o simplificaciones lingüísticas y pasaron a utilizarse como si describieran agentes dotados de capacidades psicológicas propias. Los críticos de esta postura sostienen que este desplazamiento conceptual constituye precisamente la falacia mereológica, pues confunde las funciones biológicas de un órgano con las capacidades que únicamente pueden atribuirse al individuo completo (Bennett, Hacker, 2022).
Asimismo, el creciente prestigio social de las neurociencias ha favorecido interpretaciones neurocentristas en las que la conducta humana termina explicándose casi exclusivamente mediante el funcionamiento cerebral, relegando el papel del cuerpo, la historia individual y el contexto sociocultural (González, 2023). De esta manera, es posible darnos cuenta que la falacia mereológica no surge de los descubrimientos de la neurociencia, sino en la interpretación filosófica y lingüística que con frecuencia acompaña a dichos descubrimientos, una interpretación que puede influir profundamente en la manera en que investigadores y público comprenden la naturaleza de los fenómenos psicológicos.
¿Por qué adscribir atributos psicológicos al cerebro?
Numerosos investigadores sostienen que atribuir predicados psicológicos al cerebro constituye una práctica legítima o, al menos, metodológicamente útil dentro de la neurociencia. La principal justificación radica en el extraordinario volumen de evidencia que demuestra que funciones como la memoria, la atención, el lenguaje o la toma de decisiones dependen del funcionamiento de circuitos neuronales específicos. Desde esta perspectiva, expresiones como ‘el cerebro recuerda’ o ‘el cerebro decide’ no pretenden afirmar que el órgano posea una vida psicológica independiente, sino resumir el hecho de que determinadas capacidades desaparecen o se modifican cuando ciertas estructuras cerebrales sufren lesiones o alteraciones funcionales (Bennett, Hacker, 2022).
Quienes defienden este modo de hablar suelen argumentar que el lenguaje científico emplea con frecuencia formas abreviadas o metonímicas para simplificar la comunicación entre especialistas. Así como en biología se afirma que ‘el ADN codifica proteínas’ o que ‘el sistema inmunológico reconoce patógenos’, en neurociencia sería aceptable decir que ‘el cerebro procesa información’ o ‘evalúa alternativas’, siempre que se entienda que estas expresiones representan una simplificación de procesos biológicos mucho más complejos. Desde este punto de vista, la atribución de propiedades psicológicas al cerebro constituiría una herramienta heurística destinada a facilitar la descripción de los mecanismos neurales implicados en determinadas funciones cognitivas, más que una afirmación filosófica acerca del verdadero sujeto de la acción.
Otra justificación proviene del desarrollo de las ciencias cognitivas, donde resulta habitual describir el cerebro como un sistema de procesamiento de información. Bajo este enfoque, muchos modelos explicativos recurren a conceptos como representación, computación, inferencia o decisión para caracterizar la actividad neuronal. Este vocabulario ha permitido construir modelos teóricos altamente productivos en diversos campos del conocimiento, aunque dichos conceptos deben interpretarse con cautela para evitar confundir modelos explicativos con descripciones literales de la realidad (Brożek, 2023).
La falacia mereológica y la investigación neurocientífica
La principal preocupación de quienes critican la falacia mereológica no radica únicamente en la precisión del lenguaje, sino en las consecuencias metodológicas y teóricas que puede tener para la investigación neurocientífica.
Uno de los errores más frecuentes consiste en identificar la localización de una determinada actividad cerebral con la localización de una capacidad psicológica. Las técnicas modernas de neuroimagen permiten detectar patrones de activación asociados con tareas como recordar un acontecimiento, reconocer un rostro o resolver un problema matemático. Sin embargo, encontrar una correlación entre la activación de una región cerebral y una determinada conducta no implica que dicha región sea el sujeto que recuerda, reconoce o resuelve problemas. La falacia mereológica aparece cuando la descripción de una relación funcional se transforma en la afirmación de que una estructura cerebral ‘posee’ la capacidad psicológica correspondiente (Del Corro, 2017).
Otro problema consiste en favorecer interpretaciones excesivamente reduccionistas de los datos experimentales. Si el investigador asume que los fenómenos psicológicos son, en esencia, propiedades del cerebro, puede relegar a un segundo plano variables igualmente relevantes, como el aprendizaje previo, la historia de reforzamiento, el contexto cultural, las relaciones interpersonales o las condiciones ambientales bajo las cuales ocurre la conducta. Esta tendencia puede conducir a una visión neurocentrista, en la que los procesos mentales terminan explicándose exclusivamente mediante mecanismos neuronales, aun cuando la evidencia disponible muestre que la conducta emerge de la interacción entre múltiples niveles de organización (González, 2023).
Asimismo, la falacia mereológica puede dificultar la construcción de modelos verdaderamente interdisciplinarios. La neurociencia contemporánea se nutre de aportaciones provenientes de la psicología, la filosofía, la biología, la lingüística y otras disciplinas. No obstante, si los conceptos psicológicos son redefinidos exclusivamente en términos neurobiológicos, el diálogo entre estos campos puede empobrecerse.
La falacia mereológica en psicología
Las implicaciones de la falacia mereológica no se limitan al ámbito de la neurociencia, sino que también alcanzan a la psicología como disciplina científica. Cuando los predicados psicológicos se atribuyen directamente al cerebro, existe el riesgo de modificar el propio objeto de estudio de la psicología, desplazando la atención desde la conducta y la experiencia del individuo hacia el funcionamiento de uno de sus órganos. Este cambio implica una confusión entre niveles de análisis: mientras la neurociencia investiga los mecanismos biológicos que posibilitan la conducta, la psicología busca comprender las capacidades, acciones y procesos que caracterizan al ser humano como un organismo completo en interacción con su entorno (Bennett, Hacker, 2022).
Uno de los errores más importantes derivados de la falacia mereológica consiste en fomentar una concepción reduccionista de los fenómenos psicológicos. Si se afirma que el cerebro ‘aprende’, ‘decide’ o ‘se equivoca’, puede surgir la impresión de que las variables ambientales, sociales e históricas desempeñan un papel secundario o incluso irrelevante. Sin embargo, numerosos procesos psicológicos solo adquieren sentido cuando se consideran dentro del contexto en el que ocurren (González, 2023).
Otra consecuencia importante es la confusión entre explicación causal y descripción conceptual. Descubrir que determinados circuitos neuronales participan en la memoria o en la atención constituye un avance científico significativo, pero ello no modifica el significado de conceptos como ‘recordar’, ‘atender’ o ‘comprender’. Esto es, los criterios para afirmar que una persona recuerda un acontecimiento o comprende un argumento siguen siendo conductuales, lingüísticos y sociales. En consecuencia, conocer los mecanismos cerebrales implicados en estas capacidades no autoriza a trasladar dichos predicados al cerebro mismo (Bennett, Hacker, 2022).
Falacia mereológica en divulgación científica
En el ámbito de la divulgación científica, es frecuente recurrir a expresiones sencillas y llamativas con el propósito de facilitar la comprensión de conceptos complejos. Sin embargo, esta simplificación puede contribuir a consolidar interpretaciones erróneas cuando se afirma que ‘el cerebro ama’, ‘el cerebro engaña’, ‘el cerebro decide por nosotros’ o ‘el cerebro nos obliga a actuar de determinada manera’. Aunque este tipo de formulaciones resulta atractivo desde el punto de vista comunicativo, también favorece la difusión de la falacia mereológica, al presentar al cerebro como si fuera un agente autónomo dotado de intenciones, deseos o capacidades psicológicas propias (Bennett, Hacker, 2022).
Uno de los principales problemas de esta forma de divulgación es que transmite una imagen distorsionada de la relación entre el cerebro y la conducta humana. El público puede llegar a interpretar que la persona desempeña un papel secundario frente a la actividad cerebral, como si las decisiones, las emociones o las creencias fueran producidas exclusivamente por un órgano que actúa de manera independiente del resto del organismo. Este tipo de narrativas fortalece una concepción neurocentrista de la salud mental, en la que factores como la historia de aprendizaje, las relaciones sociales, las condiciones económicas o el contexto cultural quedan relegados frente a las explicaciones centradas exclusivamente en los mecanismos neuronales (González, 2023).
La falacia mereológica también puede influir en la manera en que la sociedad comprende los trastornos psicológicos y neurológicos. Si la divulgación presenta todos los problemas de salud mental como simples ‘enfermedades del cerebro’, puede reforzar la idea de que las intervenciones deben centrarse exclusivamente en la modificación de procesos neurobiológicos. Esta perspectiva puede invisibilizar la importancia de factores ambientales, familiares, educativos y culturales que intervienen tanto en el desarrollo como en el tratamiento de muchos problemas psicológicos (González, 2023).
La importancia de conservar la claridad conceptual en la investigación neurocientífica
Conservar la claridad conceptual constituye una condición indispensable para el desarrollo de cualquier disciplina científica, y la neurociencia no representa una excepción. El extraordinario avance de las técnicas de registro cerebral durante las últimas décadas ha permitido conocer con una precisión sin precedentes la organización y el funcionamiento del sistema nervioso. Sin embargo, el progreso metodológico no elimina la necesidad de emplear conceptos rigurosamente definidos. En este sentido, la crítica a la falacia mereológica recuerda que la calidad de una explicación científica depende no solo de la solidez de la evidencia empírica, sino también de la coherencia de las categorías conceptuales utilizadas para interpretarla.
Evitar la falacia mereológica no implica negar que el cerebro sea indispensable para toda forma de conducta, pensamiento o experiencia consciente. Por el contrario, supone reconocer que existe una diferencia entre identificar los mecanismos biológicos que hacen posible una capacidad y determinar quién es el sujeto al que dicha capacidad puede atribuirse con propiedad. Esta distinción permite preservar la complementariedad entre la neurociencia y disciplinas como la psicología, la filosofía y las ciencias cognitivas, evitando que una de ellas pretenda sustituir el objeto de estudio de las demás.
La claridad conceptual también favorece el diseño de investigaciones más rigurosas. Cuando los conceptos empleados poseen límites bien definidos, resulta más sencillo formular hipótesis precisas, seleccionar adecuadamente las variables de estudio e interpretar los resultados sin incurrir en extrapolaciones indebidas. Por el contrario, si expresiones como ‘pensar’, ‘decidir’ o ‘recordar’ son utilizadas indistintamente para referirse tanto a la actividad de una persona como al funcionamiento de una estructura cerebral, aumenta el riesgo de construir modelos teóricos ambiguos o de atribuir a los datos un significado que excede lo que realmente demuestran.
Referencias:
- Barja, A. (2025). Relación entre el Análisis de Conducta con la Neurociencia Comportamental. Apuntes de un conversatorio. cloudfront.net
- Bennett, M., Hacker, P. (2022). Philosophical Foundations of Neuroscience. John Wiley & Sons. compress-pdf-free.obar.info
- Brożek, B. (2023). Ciencia cognitiva y naturaleza del derecho. Revus. Journal for Constitutional Theory and Philosophy of Law/Revija za ustavno teorijo in filozofijo prava, (51). journals.openedition.org
- Del Corro, A. (2017). Sobre la falacia Mereológica de la Neurociencia, una crítica conceptual a la atribución de predicados psicológicos al cerebro. In XVII CONGRESO NACIONAL DE FILOSOFÍA (AFRA). cloudfront.net
- González, D. (2023). La salud mental no es sólo un asunto del cerebro. Pensamiento Crítico. Revista de Investigación Multidisciplinaria, 9(17), 11-22. pensamientocriticoudf.com.mx

