Características y necesidad de una psicología descolonizada

La idea de una psicología descolonizada surge frente a la necesidad de una ciencia psicológica que reconozca la diversidad y el contexto cultural.

La psicología, como disciplina científica, ha sido históricamente construida desde una perspectiva eurocéntrica, universalizando teorías y métodos desarrollados en contextos occidentales (Henrich, Heine, Norenzayan, 2010). Este enfoque ha ignorado sistemáticamente las epistemologías, saberes y prácticas psicológicas de pueblos africanos, asiáticos, latinoamericanos e indígenas, generando un sesgo colonial en la comprensión de la mente y el comportamiento humano (Mignolo, 2011). La necesidad de una psicología descolonizada o decolonial surge como respuesta crítica a esta hegemonía, proponiendo un marco teórico y metodológico que reconozca la diversidad cultural y cuestione las estructuras de poder que han dominado la producción de conocimiento.

En este sentido, algunos estudios muestran que más del 90% de las investigaciones en psicología se basan en muestras de países occidentales, lo que distorsiona la comprensión de fenómenos psicológicos en otras culturas. Una psicología decolonial busca superar estas limitaciones mediante la inclusión de epistemologías marginadas, la validación de metodologías participativas y el reconocimiento de que el conocimiento psicológico es situado, no universal.

¿Qué es una psicología descolonizada o decolonial?

Una psicología descolonizada o decolonial es un movimiento crítico que busca desarticular los marcos teóricos y metodológicos impuestos por el colonialismo intelectual en la psicología (Maldonado, 2007). Este enfoque cuestiona la universalización de conceptos como la cognición, la emoción y la personalidad, argumentando que estos han sido construidos desde una visión occidental que ignora otras formas de entender la psique humana (Ndlovu-Gatsheni, 2018).

Entre sus principios fundamentales se encuentran:

  1. Epistemologías plurales: Reconocer y estudiar saberes ancestrales, como el Ubuntu en África, el Buen Vivir en América Latina y las filosofías budistas en Asia.
  2. Crítica al eurocentrismo: Desmantelar la idea de que las teorías psicológicas occidentales son superiores o más válidas.
  3. Enfoque situado: Reconocer que los procesos psicológicos están influenciados por historias coloniales, opresiones estructurales y resistencias culturales.

(Bulhan, 1985; Adams et al., 2019)

Este paradigma no solo amplía el conocimiento psicológico, sino que también promueve la justicia cognitiva, es decir, el derecho de todas las culturas a producir y validar sus propios saberes (Santos, 2014).

Es importante señalar que una psicología decolonial no rechaza el conocimiento occidental, sino que lo descentraliza, abriendo espacio a múltiples voces.

Crítica al modelo WEIRD y la necesidad de estudios transculturales

El modelo WEIRD (Western, Educated, Industrialized, Rich, Democratic), que ha sesgado la comprensión de la mente y el comportamiento humano al excluir a poblaciones no occidentales, ha sido criticado por su estrechez geográfica y cultural (Henrich, Heine, Norenzayan, 2010). En este sentido, se ha demostrado que el 96% de las y los participantes en estudios psicológicos provienen de países occidentales, lo que genera conclusiones sesgadas sobre la naturaleza humana (Arnett, 2008).

Ejemplos de sesgos del modelo WEIRD, incluyen la teoría de la disonanciacognitiva, la cual no se replica igual en culturas colectivistas; y los tests de inteligencia occidentales, los cuales no miden adecuadamente habilidades valoradas en otras culturas.

Frente a esto, una psicología decolonial exige una ciencia más inclusiva, donde las metodologías cualitativas y participativas tengan tanto valor como los experimentos de laboratorio (Chilisa, 2012).

Necesidad de enseñar una psicología descolonizada en las universidades

La formación psicológica en el ámbito universitario requiere una transformación radical que incorpore perspectivas decoloniales en sus estructuras curriculares y pedagógicas. En este sentido, se ha demostrado cómo los planes de estudio tradicionales reproducen sesgos coloniales al privilegiar exclusivamente teorías desarrolladas en contextos occidentales. Frente a esto, universidades pioneras como la Universidad Autónoma de México y la Universidad de Ciudad del Cabo han implementado enfoques innovadores que incluyen el análisis crítico de autores como Frantz Fanon y su trabajo sobre la alienación colonial, así como el estudio sistemático de psicologías indígenas (Allwood, Berry, 2006).

Estas innovaciones van acompañadas de metodologías pedagógicas participativas que fomentan el diálogo entre saberes académicos y conocimientos comunitarios. Un elemento fundamental de esta transformación educativa es el desarrollo de conciencia histórica entre las y los estudiantes, permitiéndoles comprender cómo el colonialismo ha moldeado los conceptos psicológicos predominantes y cómo se manifiesta el racismo en teorías psicológicas clásicas. Esta formación integral prepara a las y los futuros profesionales para intervenir en contextos multiculturales con mayor sensibilidad y previene la imposición acrítica de modelos terapéuticos occidentales en culturas con diferentes concepciones de salud mental (Kirmayer, 2012).

La necesidad de un modelo psicológico decolonial en la investigación

La investigación psicológica desde una perspectiva decolonial implica una reestructuración fundamental de los procesos de generación de conocimiento. Este enfoque transforma radicalmente la formulación de hipótesis, exigiendo que las preguntas de investigación emerjan de las necesidades y cosmovisiones de las comunidades estudiadas, en lugar de derivarse mecánicamente de teorías occidentales (Chilisa, 2012). Los marcos teóricos en esta perspectiva incorporan necesariamente conceptos como la colonialidad del poder (Quijano, 2000) y la interseccionalidad (Crenshaw, 1991), permitiendo análisis más complejos de fenómenos psicológicos en contextos de opresión.

Así mismo, la selección de muestras adquiere especial relevancia, cuestionando los criterios tradicionales de generalización y priorizando la representatividad cultural, como demuestran estudios transculturales recientes (Norenzayan et al., 2022).

Metodológicamente, este paradigma valora enfoques participativos, métodos narrativos, y sistemas de evaluación culturalmente contextualizados, democratizando el proceso investigativo al convertir a las comunidades de estudio en coproductoras activas de conocimiento (Tuhiwai, Smith, 2012).

Necesidad de una psicología social descolonizada

La psicología social contemporánea requiere con urgencia un enfoque descolonizado que reconozca el impacto del colonialismo en la configuración de las relaciones intergrupales y las subjetividades (Howarth, Andreouli, 2016). Algunos trabajos sobre identidades poscoloniales revelan cómo estas se construyen en diálogo constante con legados coloniales, fenómeno particularmente evidente en estudios latinoamericanos sobre mestizaje (Wade, 2005).

Por otro lado, modelos como el de la psicología de la liberación ofrecen herramientas conceptuales para analizar cómo los grupos oprimidos generan conciencia crítica y estrategias de resistencia, como muestran los movimientos indígenas por autodeterminación.

Así mismo, el enfoque interseccional adquiere especial relevancia en esta perspectiva, permitiendo analizar cómo raza, género y clase se entrelazan en experiencias de opresión, como documenta la psicología comunitaria sudafricana en contextos post-apartheid. Las aplicaciones prácticas de esta aproximación incluyen el diseño de intervenciones comunitarias culturalmente sensibles, el análisis crítico de discursos mediáticos racistas y la comprensión de migraciones forzadas desde marcos decoloniales. Este enfoque resulta particularmente valioso para entender fenómenos como el impacto psicológico del extractivismo en pueblos originarios, las estrategias de resiliencia en diásporas africanas o la construcción de identidades queer en el Sur Global (Nwoye, 2015; Gómez-Barris, 2017).

Necesidad de una psicología clínica decolonial

La práctica clínica convencional adolece frecuentemente de un sesgo cultural que patologiza diferencias, lo que hace imperiosa la adopción de enfoques decoloniales. Estos cuestionan profundamente los sistemas diagnósticos occidentales como el DSM-5, que reflejan valores culturales específicos (Kirmayer, 2012), y proponen alternativas como el manual diagnóstico de la Asociación Psiquiátrica Africana.

Además, las intervenciones terapéuticas en este marco incorporan prácticas culturalmente adaptadas, terapias narrativas que integran mitos locales, y la incorporación de algunos rituales tradicionales en procesos terapéuticos (White, Epston, 1990; Watters, 2010).

La formación profesional requiere igualmente una transformación, incorporando supervisiones clínicas con perspectiva decolonial, el aprendizaje de lenguas indígenas para mejorar la comunicación terapéutica y la colaboración sistemática con sanadores tradicionales.

Casos paradigmáticos como los programas para víctimas de violencia política en Guatemala, las intervenciones para trauma histórico en comunidades aborígenes australianas o los modelos de duelo colectivo en contextos africanos demuestran la eficacia de este enfoque, que reduce significativamente problemas como el abandono terapéutico por incomprensión cultural, la iatrogenia por imposición de modelos occidentales y la medicalización de malestares sociales (Nwoye, 2005; Summerfield, 2008; Watters, 2010).

Esfuerzos globales hacia una psicología decolonial

El movimiento hacia una psicología decolonial ha generado diversas iniciativas internacionales que buscan consolidar este paradigma alternativo. Redes académicas como la Red de Psicología Decolonial en América Latina, The Africa Decolonial Research Network (ADREN) y el Grupo de Trabajo en Psicología Indígena de la APA Division 45 están liderando este cambio epistemológico.

Aunado a esto, publicaciones especializadas como la Revista de Psicología Social Crítica en Chile, el Journal of Black Psychology en Estados Unidos y PINS (Psychology in Society) en Sudáfrica proporcionan plataformas para difundir investigaciones desde estas perspectivas.

Institucionalmente, se observan avances significativos como la inclusión de perspectivas decoloniales en los estándares de la APA, la creación de programas de posgrado en Psicología Comunitaria Decolonial en la Universidad de la Tierra (México) y el establecimiento de Cátedras UNESCO en epistemologías del Sur (Portugal).

Por otro lado, investigaciones pioneras como el proyecto ‘Descolonizando la Mente’ de la Universidad de Ciudad del Cabo, estudios longitudinales sobre bienestar en cosmovisiones mapuches (Chile) y trabajos de validación transcultural de instrumentos psicológicos (Berry et al., 2022) están generando evidencia empírica robusta para este paradigma.

Sin embargo, persisten desafíos importantes como superar el anglocentrismo en publicaciones científicas, asegurar financiamiento para investigaciones no occidentales y vencer resistencias institucionales al cambio paradigmático. Casos exitosos como la psicología de la liberación en El Salvador, el movimiento de salud mental comunitaria en India y las terapias de reconexión cultural en Nueva Zelanda demuestran la viabilidad y urgencia de consolidar una psicología verdaderamente plural y relevante para las mayorías globales (Santos, 2018).

El riesgo de las pseudociencias en el discurso decolonial

El movimiento hacia una psicología descolonizada o decolonial, si bien necesario, enfrenta un riesgo significativo: ser cooptado por pseudoterapias y pseudociencias que, bajo el discurso de ‘validar saberes alternativos’, buscan legitimar prácticas sin sustento empírico. Este fenómeno es particularmente preocupante cuando:

  • Se confunde pluralismo epistemológico con relativismo cognitivo:
    Mientras la psicología decolonial valora saberes indígenas validados contextualmente (por ejemplo, la medicina tradicional con estudios etnofarmacológicos), algunas pseudoterapias (como la ‘bioneuroemoción’ o el ‘constelismo familiar’) usan retórica decolonial para escapar al escrutinio científico, alegando que ‘la ciencia occidental es opresora’ cuando se cuestiona su eficacia.
  • Se instrumentaliza el lenguaje decolonial:
    Terapias new age (como el reiki psicológico o las regresiones a ‘vidas pasadas’) se comercializan como ‘saberes ancestrales descolonizados’, pese a no tener raíces en cultura alguna ni evidencia de eficacia. El caso del quantum healing es emblemático: usa términos de física cuántica, malinterpretados, y se viste de discurso anticolonial para ganar credibilidad (Gorski, 2019).
  • Se explota la desconfianza legítima hacia la psicología dominante:
    Comunidades marginadas, con razón crítica hacia la psiquiatría occidental (por su historial de racismo), pueden ser vulnerables a charlatanes que ofrecen ‘alternativas’ sin base (terapias de ‘limpieza de aura’ para la depresión, por ejemplo). Esto perpetúa daños al desviar a pacientes de intervenciones validadas (Park, 2022).

Para saber distinguir saberes decoloniales de las pseudociencias es importante tener en cuenta:

  • Validación contextual: Un saber indígena (como el uso ritual de ayahuasca en depresión resistente) tiene estudios etnográficos y neurocientíficos que exploran sus mecanismos, mientras las pseudoterapias carecen de literatura rigurosa.
  • Transparencia: La psicología decolonial exige rigor metodológico, no rechazo a toda evaluación científica.
  • Historicidad: Las pseudoterapias suelen inventar tradiciones (‘chamanismo’ reconstruido por occidentales, por ejemplo), mientras los saberes ancestrales tienen continuidad histórica verificable.

Referencias:

  • Adams, G., Estrada, S., Sullivan, D., Markus, H. (2019). The psychology of neoliberalism and the neoliberalism of psychology. Journal of Social Issues, volumen (75), número (1), pp. 189-210. spssi.onlinelibrary.wiley.com
  • Arnett, J. (2008). The neglected 95%: Why American psychology needs to become less American. American Psychologist, volumen (63), número (7), pp. 602-614. psycnet.apa.org
  • Berry, J., Poortinga, Y., Segall, M., Dasen, P. (2022). Cross-cultural psychology: Research and applications (3rd ed.). Cambridge University Press.
  • Bulhan, H. A. (1985). Frantz Fanon and the psychology of oppression. Plenum Press.
  • Chilisa, B. (2012). Indigenous research methodologies. SAGE.
  • Crenshaw, K. (1991). Mapping the margins: Intersectionality, identity politics, and violence against women of color. Stanford Law Review, volumen (43), número (6), pp. 1241-1299. jstor.org
  • Gómez-Barris, M. (2017). The extractive zone: Social ecologies and decolonial perspectives. Duke University Press.
  • Gorski, D. (2019). Quantum quackery: The rise of postmodern pseudoscience. Skeptical Inquirer.
  • Henrich, J., Heine, S., Norenzayan, A. (2010). The weirdest people in the world? Behavioral and Brain Sciences, volumen (33), número (2-3), pp. 61-83. cambridge.org
  • Howarth, C., Andreouli, E. (2016). «Nobody wants to be an outsider»: From diversity management to diversity engagement. Political Psychology, 37(3), 327-340. onlinelibrary.wiley.com
  • Kehoe, A. B. (2020). The invented Indian: Cultural fictions and government policies. Routledge.
  • Kirmayer, L. (2012). Cultural competence and evidence-based practice in mental health: Epistemic communities and the politics of pluralism. Social Science & Medicine, volumen (75), número (2), 249-256. sciencedirect.com
  • Maldonado, N. (2007). On the coloniality of being. Cultural Studies, 21(2-3), 240-270. tandfonline.com
  • Mignolo, W. (2011). The darker side of Western modernity: Global futures, decolonial options. Duke University Press.
  • Montero, M. (2009). Community action and research as citizenship construction. American Journal of Community Psychology, volumen (43), número (1-2), pp. 149-161. link.springer.com
  • Ndlovu-Gatsheni, S. J. (2018). Epistemic freedom in Africa: Deprovincialization and decolonization. Routledge.
  • Norenzayan, A., Shariff, A., Gervais, W., Willard, A., McNamara, R., Slingerland, E., Henrich, J. (2022). The cultural evolution of prosocial religions. Behavioral and Brain Sciences, volumen (39). cambridge.org 
  • Nwoye, A. (2005). Memory healing processes and community intervention in grief work in Africa. Australian and New Zealand Journal of Family Therapy, volumen volumen (26), número (3), pp. 147-154. onlinelibrary.wiley.com
  • Park, R. (2022). Superstition: Belief in the age of science. Princeton University Press.
  • Quijano, A. (2000). Coloniality of power, eurocentrism, and Latin America. Nepantla: Views from South, volumen (1), número (3), pp. 533-580. muse.jhu.edu
  • Santos, B. (2014). Epistemologies of the South: Justice against epistemicide. Paradigm Publishers.
  • Tuhiwai Smith, L. (2012). Decolonizing methodologies: Research and indigenous peoples (2nd ed.). Zed Books.
  • Wade, P. (2005). Rethinking mestizaje: Ideology and lived experience. Journal of Latin American Studies, 37(2), 239-257. jstor.org

Créditos de imagen de portada: Foto de August de Richelieu

Fran González
Fran González
Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).

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Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).