Aunque tradicionalmente, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se han asociado con la población femenina, numerosos estudios en las últimas décadas han demostrado que los hombres también los padecen, aunque con manifestaciones diferentes y un alarmante subdiagnóstico (Murray et al., 2017).
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Los TCA representan un grave problema de salud pública, caracterizado por patrones alterados en la ingesta de alimentos y una preocupación obsesiva por el peso y la imagen corporal. Esta invisibilización se debe a múltiples factores, incluyendo estereotipos de género, sesgos en los criterios diagnósticos y la falta de conciencia social sobre cómo estos trastornos se presentan en varones.
En los hombres, los TCA suelen estar más vinculados a la búsqueda de ‘muscularidad’ que a la delgadez extrema, lo que dificulta su identificación bajo los parámetros clásicos. Además, el estigma cultural que asocia estos problemas con la feminidad hace que muchos varones eviten buscar ayuda por miedo al rechazo o la burla (Strother et al., 2012). Como resultado, se estima que hasta un 40% de los casos en adultos jóvenes podrían no estar siendo diagnosticados (Mond, Mitchison, Hay, 2014).
¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son condiciones psicológicas graves que alteran profundamente la relación de un individuo con la comida, el peso y la imagen corporal. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), los principales TCA incluyen la anorexia nerviosa (restricción alimentaria extrema), la bulimia nerviosa (episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias) y el trastorno por atracón (consumo descontrolado de alimentos sin conductas compensatorias) (American Psychiatric Association, 2013). Sin embargo, existen otras variantes menos conocidas, pero igualmente dañinas, como la vigorexia (obsesión por el desarrollo muscular) y la ortorexia (obsesión por comer ‘limpio’ o saludable), las cuales están ganando reconocimiento en la literatura médica (Bratman, Knight, 2000).
Estos trastornos no solo afectan la salud física, causando desnutrición, desequilibrios electrolíticos, problemas gastrointestinales y cardíacos, sino que también generan severas consecuencias psicológicas, como depresión, ansiedad y aislamiento social (Treasure, Duarte, Schmidt, 2020). Un aspecto crítico es que los TCA suelen coexistir con otras condiciones psiquiátricas, como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) o el abuso de sustancias, lo que complica su tratamiento.
En el caso de los hombres, las manifestaciones pueden diferir significativamente. Mientras que las mujeres tienden a enfocarse en la pérdida de peso, muchos varones desarrollan una obsesión por la musculatura, llevándolos a prácticas peligrosas como el uso de esteroides anabólicos, dietas hiperproteicas extremas o ejercicio compulsivo (Murray et al., 2017). Esta divergencia en los síntomas contribuye a que muchos casos masculinos no sean identificados bajo los criterios diagnósticos tradicionales.
Incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria en hombres
Aunque históricamente se ha considerado que los hombres representan solo el 10% de los casos de TCA, investigaciones recientes sugieren que la cifra real podría acercarse al 25-30%, especialmente en trastornos como el trastorno por atracón y la vigorexia . En este sentido, se ha encontrado que aproximadamente 1 de cada 3 personas con trastorno por atracón son varones, mientras que en la vigorexia la proporción supera el 80%. Sin embargo, debido a la falta de herramientas diagnósticas adaptadas y al estigma social, muchos casos no son reportados (Mond, Mitchison, Hay, 2014).
En el caso de la anorexia nerviosa, aunque sigue siendo más prevalente en mujeres, se ha observado un aumento en diagnósticos masculinos, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes (Raevuori et al., 2014). Desafortunadamente, también se ha encontrado que los hombres con anorexia suelen ser diagnosticados más tarde que las mujeres, en parte porque los médicos no sospechan inicialmente de un TCA (Murray et al., 2017).
Otro factor preocupante es la alta comorbilidad con otras condiciones psiquiátricas. Los hombres con TCA tienen un riesgo elevado de desarrollar depresión, ansiedad social y abuso de sustancias, en muchos casos como mecanismo de afrontamiento ante la insatisfacción corporal (Strother et al., 2012). Además, aquellos con vigorexia frecuentemente presentan dismorfia muscular, una distorsión de la imagen corporal que les hace percibirse como débiles o poco musculosos a pesar de tener una complexión atlética (Pope, Phillips, Olivardia, 2000).
¿Por qué los TCA son subestimados?
La subestimación de los trastornos de la conducta alimentaria en hombres es un fenómeno multicausal, influenciado por factores sociales, culturales y médicos. Uno de los principales obstáculos es el estereotipo de género que asocia estos trastornos con la feminidad, llevando a muchos profesionales de la salud a pasar por alto síntomas en pacientes masculinos (Murray et al., 2017). Este sesgo se refleja en que, hasta hace poco, la mayoría de los instrumentos diagnósticos (como el EDE-Q) estaban diseñados pensando en mujeres, sin considerar manifestaciones típicas en varones, como la obsesión por la musculatura (Mond, Mitchison, Hay, 2014).
Otra barrera crítica es el estigma social. Los hombres con TCA a menudo enfrentan burlas o minimización de su sufrimiento, ya que culturalmente se espera que los varones no muestren vulnerabilidad en temas relacionados con el cuerpo o la alimentación (Strother et al., 2012). Esto lleva a muchos a ocultar sus síntomas, retrasando la búsqueda de ayuda hasta que las complicaciones médicas son graves.
Además, la falta de representación en campañas de concienciación contribuye a la invisibilización. La mayoría de las iniciativas públicas sobre TCA se centran en mujeres, reforzando la idea errónea de que los hombres no los padecen. Como resultado, muchos varones ni siquiera reconocen que tienen un problema, atribuyendo sus conductas alimentarias disfuncionales al ‘entrenamiento intenso’ o la ‘disciplina’.
Finalmente, el sesgo en la investigación ha perpetuado esta brecha. Hasta hace poco, los estudios sobre TCA excluían sistemáticamente a participantes masculinos, limitando el entendimiento de cómo estos trastornos se manifiestan en ellos (Murray et al., 2020).
Estudio científico de los trastornos de la conducta alimentaria en hombres
La investigación sobre los trastornos de la conducta alimentaria en hombres ha experimentado un crecimiento significativo en las últimas décadas, aunque aún presenta importantes lagunas. Estudios longitudinales han demostrado que las manifestaciones clínicas en varones difieren sustancialmente de las observadas en mujeres, lo que ha llevado a replantear los criterios diagnósticos tradicionales (Murray et al., 2017). Un hallazgo consistente es que los hombres con TCA muestran mayor preocupación por la muscularidad que por el peso corporal, un fenómeno que ha sido denominado ‘anorexia inversa’ o vigorexia (Pope, Phillips, Olivardia, 2000).
Metodológicamente, los estudios más rigurosos han utilizado técnicas de imagen corporal adaptadas para población masculina, revelando que hasta el 25% de los varones jóvenes presentan distorsión de la imagen corporal. Investigaciones con resonancia magnética funcional han mostrado que los hombres con dismorfia muscular procesan las imágenes de cuerpos musculados de manera similar a como las mujeres con anorexia procesan imágenes de delgadez (Murray et al., 2020). Estos hallazgos neurocientíficos sugieren que los mecanismos cerebrales subyacentes podrían ser comparables, aunque con expresiones conductuales diferentes.
Un avance importante ha sido el desarrollo de instrumentos específicos para evaluar TCA en hombres, como el Male Eating Disorder Examination Questionnaire (mEDE-Q), que incluye ítems sobre preocupación por la musculatura y uso de suplementos (Mond, Mitchison, Hay, 2014). Estudios epidemiológicos recientes utilizando estas herramientas han encontrado prevalencias de conductas alimentarias disfuncionales en varones que duplican las estimaciones anteriores, particularmente en deportistas y culturistas (Strother et al., 2012).
Tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria en hombres
El tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria en hombres requiere un enfoque multidimensional que considere las particularidades de su presentación clínica. La terapia cognitivo-conductual (TCC) adaptada ha demostrado eficacia, particularmente cuando incorpora módulos específicos sobre imagen corporal masculina y presión social por la muscularidad. Un componente crítico es el trabajo sobre la «disonancia muscular», concepto análogo a la distorsión corporal en mujeres, donde los pacientes subestiman persistentemente su masa muscular (Murray et al., 2017).
Los programas de tratamiento efectivos para hombres suelen incluir:
- Psicoeducación sobre nutrición y riesgos del uso de esteroides
- Terapia grupal con otros varones para reducir el estigma
- Entrenamiento en aceptación corporal realista
- Manejo de la depresión y ansiedad comórbidas
Un desafío particular es el abordaje de la vigorexia, donde muchos pacientes resisten el tratamiento por considerar sus conductas como ‘saludables’ (Pope et al., 2000). En estos casos, la terapia motivacional ha mostrado buenos resultados. Para los trastornos por atracón en hombres, la terapia dialéctico-conductual (TDC) adaptada ha demostrado una reducción del 60-70% en los episodios (Strother et al., 2012).
Los tratamientos farmacológicos (como ISRS) pueden ser coadyuvantes, especialmente cuando hay comorbilidades depresivas, aunque su eficacia como monoterapia es limitada (Treasure, Duarte, Schmidt, 2020). Así mismo, un aspecto emergente es la inclusión de terapias basadas en realidad virtual para trabajar la distorsión de la imagen corporal en población masculina (Murray et al., 2020).
Importancia de concientizar sobre los TCA en hombres
La concientización sobre los trastornos de la conducta alimentaria en hombres es un imperativo de salud pública por múltiples razones. En primer lugar, el diagnóstico tardío en varones conduce a mayores complicaciones médicas. Por ejemplo, algunos estudios muestran que los hombres hospitalizados por anorexia tienen índices de mortalidad más altos que las mujeres, posiblemente por la demora en recibir tratamiento (Raevuori et al., 2014). Además, el estigma asociado a estos trastornos en población masculina genera un círculo vicioso de ocultamiento y deterioro psicológico (Strother et al., 2012).
Las campañas de sensibilización efectivas deben abordar tres niveles:
- Educación profesional: Capacitar a médicos y psicólogos en reconocer las manifestaciones atípicas en hombres.
- Medios de comunicación: Representar diversidad corporal masculina y desmitificar la asociación TCA-mujeres.
- Políticas públicas: Incluir protocolos de detección en escuelas y centros deportivos.
(Murray et al., 2017)
En relación con esto, se ha demostrado que después de campañas específicas dirigidas a varones jóvenes, las consultas por TCA masculinos aumentaron un 40%, sugiriendo que muchos casos estaban siendo silenciados. En este sentido, es crucial desarrollar materiales educativos que muestren la diversidad de manifestaciones: desde el adolescente que evita comer para no ‘engordar’, hasta el culturista que usa esteroides para alcanzar un ideal inalcanzable (Pope, Phillips, Olivardia, 2000).
La investigación debe seguir avanzando en entender las bases neurobiológicas y socioculturales de estos trastornos en población masculina. Solo mediante un esfuerzo concertado entre clínicos, investigadores y medios podremos reducir la brecha de atención que actualmente deja a miles de hombres sin diagnóstico ni tratamiento adecuado.
Referencias:
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Editorial Médica Panamericana.
- Bratman, S., Knight, D. (2000). Health food junkies: Orthorexia nervosa – Overcoming the obsession with healthful eating. Broadway Books.
- Mond, J., Mitchison, D., Hay, P. (2014). Prevalence and implications of eating disordered behavior in men. In Eating Disorders in Men. Routledge. psycnet.apa.org
- Murray, S. B., Nagata, J. M., Griffiths, S., Calzo, J., Brown, T., Mitchinson, D., Blashill, A., Mond, J. (2017). The enigma of male eating disorders: A critical review and synthesis. Clinical Psychology Review, volumen (57), 1-11. sciencedirect.com
- Pope, H., Phillips, K., Olivardia, R. (2000). The Adonis complex: The secret crisis of male body obsession. Free Press.
- Raevuori, A., Keski-Rahkonen, A., Hoek, H. (2014). A review of eating disorders in males. Current Opinion in Psychiatry, volumen (27), núemero (6), pp. 426-430. journals.lww.com
- Strother, E., Lemberg, R., Stanford, S., Turberville, D. (2012). Eating disorders in men: Underdiagnosed, undertreated, and misunderstood. Eating Disorders, volumen (20), número (5), pp. 346-355. tandfonline.com
- Treasure, J., Duarte, T., Schmidt, U. (2020). Eating disorders. The Lancet, volumen (395), número (10227), 899-911. thelancet.com
Créditos de imagen de portada: Foto de Ron Lach

