El multitasking se ha convertido en un concepto ampliamente valorado en la sociedad contemporánea, especialmente en entornos laborales y académicos donde la productividad es una prioridad. La idea de realizar múltiples tareas simultáneamente —como responder correos electrónicos durante una reunión, estudiar mientras se revisan redes sociales o trabajar en varios proyectos a la vez, parece, en teoría, una forma eficiente de optimizar el tiempo. Sin embargo, investigaciones científicas recientes demuestran que el multitasking o multitarea es, en realidad, un mito persistente que puede perjudicar tanto el rendimiento como la salud mental.
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La creencia en el multitasking como herramienta eficaz surge de la percepción errónea de que el cerebro humano puede procesar varias actividades complejas al mismo tiempo sin perder eficacia. No obstante, la evidencia neurocientífica indica que, en lugar de realizar paralelismo verdadero, lo que ocurre es un rápido cambio de atención entre tareas, un proceso cognitivamente costoso que reduce la calidad del trabajo y aumenta la fatiga.
Este artículo explorará en profundidad el mito del multitasking o multitarea, desmintiendo la idea de que dividir la atención mejora la productividad.
El origen del mito del multitasking o multitarea
La creencia en la eficacia del multitasking o multitarea no surgió de la nada; sus raíces se encuentran en una combinación de factores culturales, tecnológicos y malentendidos cognitivos. Durante décadas, la capacidad de realizar varias tareas a la vez fue asociada con competencia y eficiencia, especialmente en entornos laborales acelerados. Empresas y empleadores incluso llegaron a valorar esta habilidad como un requisito en las descripciones de puestos, reforzando la idea de que dividir la atención era sinónimo de productividad.
Uno de los principales impulsores de este mito fue el auge de la tecnología digital. Con la llegada de computadoras capaces de ejecutar múltiples procesos en paralelo, se extendió la analogía errónea de que el cerebro humano funcionaba de manera similar. Sin embargo, el cerebro no ‘procesa en paralelo’ tareas complejas, sino que alterna rápidamente entre ellas, generando un costo cognitivo conocido (Rubistein, Evans, Meyer, 2001). Este fenómeno explica por qué, al intentar hacer multitasking, se incrementan los errores y se reduce la velocidad de ejecución.
Otro factor que perpetuó el mito fue la cultura de la inmediatez, promovida por dispositivos móviles y plataformas que recompensan la atención fragmentada (Mark, Iqbal, Czerwinski, 2020). Las notificaciones constantes y la accesibilidad de la información crearon la ilusión de que es posible, e incluso deseable, estar siempre ‘conectado’ a múltiples flujos de trabajo. No obstante, diversas investigaciones han revelado que los llamados ‘multitaskers crónicos’ tienen menor densidad de materia gris en regiones cerebrales vinculadas al control cognitivo, sugiriendo que esta práctica podría deteriorar funciones ejecutivas a largo plazo (Ophir, Nass, Wagner, 2009).
Lo que dice la ciencia sobre el mito del multitasking o multitarea
La investigación científica ha desmentido sistemáticamente el mito del multitasking, revelando que lo que comúnmente llamamos ‘multitarea’ es en realidad un rápido cambio de atención entre tareas, con consecuencias negativas para nuestro rendimiento cognitivo. Estudios de neuroimagen realizados con resonancia magnética funcional (fMRI) muestran que cuando intentamos realizar múltiples tareas que requieren procesamiento consciente, el cerebro no activa redes neuronales en paralelo, sino que alterna entre circuitos neuronales diferentes, generando lo que los científicos denominan ‘costos de conmutación’ (switching costs) (Rubinstein, Evans, Meyer, 2001).
Aunado a esto, un estudio clave demostró que el multitasking digital (como alternar entre correos electrónicos, mensajes instantáneos y trabajo profundo) reduce la productividad en hasta un 40% y aumenta los errores en un 50%. Esto es, las y los participantes que practicaron la multitarea tardaron significativamente más en completar sus asignaciones y mostraron mayor fatiga mental que aquellos que trabajaron en modalidad de monotarea (Adler, Benbunan, 2012). Estos hallazgos coinciden con investigaciones que identificaron que el cambio constante entre tareas agota las reservas de glucosa del cerebro, nuestro principal combustible cognitivo (Sandrini et al., 2012).
¿Por qué la multitarea es ineficiente?
La psicología cognitiva ha identificado tres limitaciones fundamentales en el procesamiento humano que explican por qué el mito del multitasking, o multitarea, no se sostiene:
- El cuello de botella atencional: Según la teoría del filtro atencional, nuestro sistema cognitivo tiene una capacidad limitada para procesar información simultánea. En este sentido, investigaciones recientes han demostrado que cuando dos tareas compiten por los mismos recursos neurales, se produce interferencia y deterioro del rendimiento (Marois, Ivanoff, 2005).
- La ilusión de la atención dividida: Un metaanálisis de 49 estudios (Jeong, Hwang, 2016) reveló que lo que percibimos como atención dividida exitosa suele ser en realidad una rápida alternancia entre tareas, proceso que genera estrés cognitivo y reduce la calidad del procesamiento en cada una de ellas.
- El agotamiento de la voluntad: La investigación de Baumeister sobre el agotamiento del ego (1998) muestra que el esfuerzo constante por cambiar entre tareas agota nuestras reservas mentales, disminuyendo progresivamente nuestra capacidad de autocontrol y toma de decisiones.
Estos hallazgos científicos demuestran que, contrario al mito popular, el multitasking, o multitarea, no solo no mejora nuestra productividad, sino que compromete seriamente nuestra eficiencia cognitiva.
Los efectos negativos del multitasking
Contrario al mito ampliamente difundido, el multitasking o multitarea conlleva una serie de consecuencias perjudiciales para el rendimiento cognitivo, la salud mental y la calidad del trabajo.
Uno de los hallazgos más consistentes es el deterioro de la productividad. Como ya lo hemos señalado, cada vez que el cerebro alterna su foco, debe reorientar recursos cognitivos, lo que genera un retraso acumulativo. Esta pérdida de eficiencia es particularmente evidente en tareas complejas que demandan procesamiento consciente, como análisis de datos o redacción de informes (Rubinstein, Evans, Meyer, 2001).
En el ámbito de la calidad del trabajo, las investigaciones son igualmente contundentes. En este sentido, un experimento controlado encontró que participantes en condiciones de multitasking cometieron un 50% más errores en pruebas de precisión comparados con aquellos que realizaban tareas secuenciales. El fenómeno se acentúa en entornos donde se requiere creatividad o pensamiento profundo, ya que la atención fragmentada inhibe los procesos de incubación de ideas y solución de problemas (Madore et al., 2020).
Los efectos sobre la salud mental son otro aspecto crítico. En relación con esto, un estudio longitudinal asoció el multitasking digital frecuente con reducción en la densidad de materia gris en la corteza cingulada anterior, región vinculada al control emocional (Loh, Kanai, 2014). Paralelamente, otra investigación demostró que empleados sometidos a interrupciones constantes presentaban niveles significativamente más altos de cortisol (hormona del estrés) y agotamiento profesional (Mark et al., 2018).
El impacto se extiende también al aprendizaje y memoria. En este sentido, un experimento mostró que estudiantes que alternaban entre tomar apuntes y revisar redes sociales retuvieron un 30% menos información que sus pares enfocados. La explicación neurológica apunta a que la codificación de recuerdos requiere atención sostenida, proceso que el multitasking interrumpe sistemáticamente (Madore et al., 2020).
¿Por qué persiste el mito del multitasking o multitarea?
A pesar de la abrumadora evidencia científica sobre sus efectos negativos, el mito del multitasking o multitarea sigue profundamente arraigado en la cultura laboral y social. Esta persistencia puede atribuirse a una combinación de factores psicológicos, tecnológicos y organizacionales que crean una poderosa ilusión de eficiencia.
Desde una perspectiva psicológica, el fenómeno conocido como ‘ilusión de productividad’ explica gran parte de esta adherencia al mito. Algunas investigaciones han demostrado que las personas que practican multitasking frecuente tienden a sobreestimar su rendimiento real en hasta un 30%. Este sesgo cognitivo se alimenta de la dopamina liberada al completar microtareas (como responder correos o mensajes), que genera una falsa sensación de logro, aun cuando el trabajo sustantivo queda inconcluso. Este mismo estudio reveló que los llamados ‘multitaskers crónicos’ son precisamente quienes muestran menor capacidad de filtrar distractores, creando un círculo vicioso de atención fragmentada (Sanbonmatsu et al., 2013).
El diseño de la tecnología moderna también juega un papel crucial en perpetuar el mito. Plataformas digitales emplean mecanismos de recompensa variable (como notificaciones intermitentes) que explotan los principios del condicionamiento operante. De esta manera, las y los usuarios de medios digitales desarrollan tolerancia a la estimulación, necesitando cada vez más estímulos simultáneos para alcanzar el mismo nivel de satisfacción. Este fenómeno, similar al observado en conductas adictivas, refuerza la falsa narrativa de que el multitasking es deseable.
La cultura de la urgencia, amplificada por herramientas de comunicación instantánea, completa este panorama. Datos de Microsoft Research indican que trabajadores tardan en promedio 23 minutos en recuperar la concentración tras una interrupción por mensajería instantánea. Sin embargo, la normalización de respuestas inmediatas ha convertido esta práctica disfuncional en estándar operativo (Mark, Iqbal, Czerwinski, 2020).
¿Por qué es importante desmitificar el multitasking?
El mito del multitasking persiste como un vestigio de una era que equiparaba la ocupación constante con eficiencia, ignorando los principios fundamentales de la neurociencia cognitiva. La evidencia es clara: el cerebro humano evolucionó para la atención secuencial, no para el paralelismo artificial que glorifica la cultura digital.
Es importante tener en cuenta que el verdadero progreso laboral y personal no radica en hacer más cosas simultáneamente, sino en hacer lo importante con atención plena. En este sentido, la ciencia ha revelado que, incluso 20 minutos de concentración ininterrumpida duplican la retención de información comparado con entornos de multitarea (Madore et al., 2020). Este dato debería impulsarnos a redefinir métricas de productividad, privilegiando la calidad del procesamiento cognitivo sobre la mera cantidad de tareas cruzadas en una lista.
En un mundo que normaliza la hiperestimulación, elegir la concentración es un acto revolucionario. Dejar atrás el mito del multitasking implica reconocer que la excelencia, en el trabajo, el aprendizaje o las relaciones, requiere presencia cognitiva, no fragmentación. Así, cuando somos capaces de alinear nuestros métodos con la arquitectura neural humana, la eficiencia deja de ser una lucha contra el reloj para convertirse en un estado de flujo sostenible.
La invitación final es clara: en lugar de dividir la atención entre múltiples frentes, debemos cultivar la capacidad de enfocarnos profundamente en lo que realmente importa. Así como un láser logra su potencia mediante la concentración de luz, nuestro potencial cognitivo alcanza su máxima expresión cuando liberamos a la mente de la ilusión multitarea y le permitimos operar como fue diseñada: con atención secuencial, deliberada y plena.
Referencias:
- Adler, R., Benbunan-Fich, R. (2012). Juggling on a high wire: Multitasking effects on performance. International Journal of Human-Computer Studies, volumen (70), número (2), pp. 156-168. sciencedirect.com
- Baumeister, R., Bratslavsky, E., Muraven, M., Tice, D. (1998). Ego depletion: Is the active self a limited resource? Journal of Personality and Social Psychology, volumen (74), número (5), pp. 1252-1265. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Jeong, S., Hwang, Y. (2016). Media multitasking effects on cognitive vs. attitudinal outcomes: A meta-analysis. Human Communication Research, volumen (42), número (4), pp. 599-618. researchgate.net
- Loh, K., Kanai, R. (2014). Higher media multi-tasking activity is associated with smaller gray-matter density in the anterior cingulate cortex. PLOS ONE, volumen (9), número (9). journals.plos.org
- Madore, K., Khazenzon, A., Backes, C., et al. (2020). Memory failure predicted by attention lapsing and media multitasking. Nature, volumen (587), número (7832), pp. 87-91. nature.com
- Mark, G., Gudith, D., Klocke, U. (2018). The cost of interrupted work: More speed and stress. Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction, volumen (2), número (CSCW), pp. 1–10. dl.acm.org
- Mark, G., Iqbal, S., Czerwinski, M. (2020). How blocking distractions affects workplace focus and productivity. Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction, volumen (4), número (CSCW2), pp. 1-28. dl.acm.org
- Marois, R., Ivanoff, J. (2005). Capacity limits of information processing in the brain. Trends in Cognitive Sciences, volumen (9), número (6), pp. 296-305. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Ophir, E., Nass, C., Wagner, A. (2009). Cognitive control in media multitaskers. Proceedings of the National Academy of Sciences, volumen (106), número (37), pp. 15583–15587. pnas.org
- Rubinstein, J., Evans, J., Meyer, D. (2001). Executive control of cognitive processes in task switching. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, volumen (27), número (4), pp. 763–797. psycnet.apa.org
- Sanbonmatsu, D., Strayer, D., Medeiros, N., Watson, J., (2013). Who multi-tasks and why? Multi-tasking ability, perceived multi-tasking ability, impulsivity, and sensation seeking. PLOS ONE, volumen (8), número (1). journals.plos.org
- Sandrini, M., Fertonani, A., Cohen, L., Miniussi, C. (2012). Double dissociation of working memory load effects induced by bilateral parietal modulation. Neuropsychologia, volumen (50), número (3), pp. 396–402. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
Créditos de imagen de portada: Foto de Tima Miroshnichenko

