Desconexión digital, el derecho a la calma

En una época marcada por la hiper conexión tecnológica, el teletrabajo y las tecnologías sociales de la comunicación; la desconexión digital constituye un derecho fundamental.

Cada día dependemos más de la tecnología. Su evolución y las diferentes formas de uso han generado la necesidad de informarnos y comunicarnos de manera constante. Por desgracia, este apego tecnológico implica significativos perjuicios a nuestra salud física y mental. En este sentido, un problema cada vez más común que ha surgido como resultado de la nueva era de la comunicación en que vivimos, es el abuso que muchos lugares de trabajo hacen de este estado de conectividad permanente. Estas empresas promueven la idea de que el o la profesional más competente es quien está más disponible, exigiendo al personal una accesibilidad digital permanente, aún fuera del horario de trabajo. Esta situación ha provocado la emergencia de la discusión sobre la desconexión digital como un derecho fundamental, ya que su importancia trasciende el ámbito de la legislación laboral, transformándose en una cuestión de salud pública.

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Desconexión digital: una respuesta a la invasión del tiempo libre

El problema es bastante simple. Las nuevas tecnologías han abierto la puerta a un mundo de interconexión global permanente en el que las personas pueden comunicarse y acceder a la información de manera continua. Este escenario ha sido aprovechado por un gran número de organizaciones para mantener a su equipo humano en un estado constante de disponibilidad, esperando que este atienda asuntos laborales fuera del horario de trabajo.

Este fenómeno atenta contra una dimensión central en la relación de la persona trabajadora con su empleo: la jornada de trabajo (Molina, 2017). Los empleados reciben demandas y toman decisiones a través de sus dispositivos electrónicos, incluso antes de salir de sus casas. De igual forma, los asuntos pendientes y las dudas deben ser resueltas después de la hora de salida, invadiendo el tiempo y espacio de la vida privada y familiar de las personas. El problema se ve agudizado al considerar que muchos trabajadores realizan esta dinámica por iniciativa propia, valorando su productividad por encima de su salud física y mental -en una suerte de auto explotación en aras de incrementar su ‘competitividad profesional’-.

Ante esta realidad, algunas legislaciones han desarrollado adecuaciones administrativas que intentan reducir los daños provocados por este fenómeno. Un ejemplo de ello es la reforma laboral promulgada en Francia que prohíbe consultar correos electrónicos los fines de semana (Lehigh University, 2016). Por desgracia, estas iniciativas no se presentan en todos los rincones del mundo y están muy lejos de ser suficientes y eficientes. En muchos países, el problema es realmente una cuestión de cultura neoliberal, ya que esta práctica estaría técnicamente legislada, pero en la práctica, la desconexión digital no sería efectiva (Molina, 2017).

Adicción digital y trabajo

La vinculación virtual permanente del empleado o empleada al trabajo es un fenómeno que explota una dimensión mucho más grande: la adicción digital. Esta se refiere al apego inmoderado que cada vez más personas tienen por sus dispositivos electrónicos, permaneciendo conectados a las redes sociales y plataformas virtuales de forma continua (Serrano, 2013). Este fenómeno ya se ha vinculado con un extenso número de afecciones. Tales como:

  • Obesidad
  • Trastornos del sueño
  • Ansiedad
  • Problemas de pareja
  • Problemas familiares
  • Accidentes peatonales y automovilísticos

(Berthon, Pitt, Campbell, 2019)

Frente a este escenario, la desconexión digital se presenta como una alternativa necesaria para preservar la integridad física y mental del individuo.

Eliminar el ámbito laboral de la ecuación, tal vez no solucione el problema de la adicción digital. Sin embargo, el disminuir la carga de información y las exigencias de accesibilidad a las que los empleados deben enfrentarse desde sus dispositivos electrónicos les brindará la oportunidad de elegir libremente espacios del día en los que quieran desconectarse y vivir en una realidad no virtual.

Efectos de la conectividad permanente en nuestra vida cotidiana

El estado de conexión permanente tiene un efecto particular en la vida cotidiana. Este influye en la forma en que los eventos del día a día se experimentan. Un estudio realizado por la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, encontró que las personas que tienen sus teléfonos celulares al alcance durante actividades rutinarias, como una cena o un encuentro con amigos, se encuentran significativamente más distraídas durante el evento. Además, los participantes del experimento realizado, manifestaron haber disfrutado menos de dichas actividades (American Psychological Association, 2018).

De esta forma, la intrusión de mensajes, notificaciones y llamadas provenientes del trabajo en horario no laboral, influye de manera negativa en la forma en que disfrutamos de nuestro tiempo libre. Por esta razón, la desconexión digital se presenta como una alternativa ideal que nos permite separar los asuntos laborales de la vida personal; para con ello, preservar la integridad de estas dos dimensiones y aprovechar cada una de ellas a su tiempo.

La desconexión digital: una forma de preservar nuestra salud mental

La prolongación de la jornada laboral mediante la comunicación vía dispositivos electrónicos repercute directamente en nuestra salud mental. En relación a ello, una investigación dirigida por la Universidad de Lehigh en Pensilvania, analizó el efecto que los emails fuera de la jornada de trabajo, tienen en la calidad de vida de los empleados. Los resultados de este trabajo demostraron que este tipo de comunicación impacta en el estado emocional de las personas trabajadoras, dirigiéndoles a un estado de ‘burn out’ y afectando el balance familiar. Un elemento importante a destacar, es el hecho de que el factor que influye de forma negativa en los empleados no es el tiempo invertido en revisar los emails, sino la expectativa generada por ellos. Esto es, las exigencias organizacionales constantes que les impiden desconectarse del trabajo del todo (Leigh University, 2016).

Según los autores del estudio, los trabajadores deben tener la oportunidad de desvincularse física y mentalmente del trabajo para poder restaurar los recursos utilizados durante la jornada. Por ello, un periodo de desconexión digital es esencial para preservar la salud mental de los individuos.

La conectividad permanente repercute en la vida familiar

La presencia de la vida laboral en la existencia íntima del trabajador o trabajadora a través de llamadas, correos y notificaciones, tiene un efecto directo en la dinámica familiar. La Universidad de Michigan realizó un estudio sobre este tema. En él, analizó la forma en que la intrusión de demandas laborales vía electrónica afectan la interacción de los empleados con sus hijas e hijos.  De acuerdo a los resultados arrojados, las personas se ven obligadas a atender distintas tareas al mismo tiempo, descuidando la calidad de la interacción con los demás miembros de su familia.

La interferencia de mensajes provenientes del trabajo durante actividades rutinarias como la hora de la cena o eventos de fin de semana, afecta incluso la forma en que los padres y madres reaccionan frente a los problemas de sus hijas e hijos. Esta forma de sortear diferentes necesidades al mismo tiempo drena la energía física y mental del trabajador volviéndolo menos tolerante (Radesky, et.al 2016).

Obstáculos que la desconexión digital tiene que sortear

Al analizar lo anterior, es posible darse cuenta la gran importancia que tiene la defensa de la desconexión digital como un derecho fundamental de toda persona trabajadora. Desafortunadamente, esta no es una situación sencilla.

En primer lugar, las condiciones laborales no son las mismas en todo el mundo, existiendo grandes brechas entre países y comunidades, e incluso en el mismo país, brechas de género, etc. Existen muchas compañías que exigen a sus trabajadores disponibilidad constante para conservar sus empleos. Es posible encontrar muchos casos en los que resolver eventualidades fuera del horario laboral es una condición no escrita de los perfiles de trabajo. Esto, aun cuando la legislación de muchos países consideraría esta práctica como ilegal (Molina, 2017).

Por otro lado, es importante resaltar que, para muchas personas, el estar pendiente de su trabajo de forma permanente es una supuesta ‘decisión voluntaria‘. Muchas empresas promueven e incluso premian el sacrificar el tiempo personal en favor de la compañía, para sí explotar la ética laboral de sus trabajadores.

Aunado a esto, es necesario considerar que la conectividad continua no es exclusiva del ámbito laboral. Vivimos en un mundo donde el depender de nuestros dispositivos electrónicos es algo cada vez más común e incluso se considera normal (Serrano, 2013). En este sentido, la desconexión digital se manifestaría como un movimiento contracultural que desafiaría un nuevo orden floreciente y extensión.

Afortunadamente, esta no es la primera vez que las distintas sociedades han tenido que dar un paso hacia atrás en el camino andado para reflexionar sobre los efectos que sus acciones tienen en el desarrollo de la civilización. Es tiempo de escuchar las advertencias que la ciencia nos hace en torno a los excesos del uso de la tecnología en nuestra vida diaria. Solo así podremos evitar ser manipulados por nuestro apego a la convivencia virtual y defender la realidad tangible de la que somos parte.

Referencias:

  • American Psychological Association. (2018) Dealing with digital distraction: Being ever-connected comes at a cost, studies find. ScienceDaily. Recuperado de: www.sciencedaily.com
  • Berthon, P., Pitt, L., Campbell, C. (2019) Addictive De-Vices: A Public Policy Analysis of Sources and Solutions to Digital Addiction. Journal of Public Policy & Marketing, volumen (38) número (4): DOI: 10.1177/0743915619859852
  • Lehigh University. (2016). After-hours email expectations negatively impact employee well-being. ScienceDaily. Recuperado de:  www.sciencedaily.com
  • Molina, C. (2017) Jornada Laboral y tecnologías de la Infocomunicación: “Desconexión Digital”, Garantía del Derecho de Descanso, Temas Laborales, número (138), pp. 249-283.
  • Radesky, J., Kistin, C., Eisenberg, S., Gross, J., Block, G., Zuckerman, B., Silverstein, M. (2016) Parent Perspectives on Their Mobile Technology Use. Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, DOI: 10.1097/DBP.0000000000000357
  • Serrano, J. (2013) Hacia una “comunicación slow”: el hábito de la desconexión digital periódica como elemento de alfabetización mediática. Barcelona, Trípodos, número (34).
R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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