La oniomanía, también conocida como ‘adicción a las compras’ u ‘obsesión por las compras compulsivas’, ha adquirido una creciente atención dentro del campo de la psicología y las ciencias del comportamiento debido a su incidencia y a las severas consecuencias emocionales, sociales y económicas que puede generar. Aunque el concepto de oniomanía se ha utilizado desde hace décadas para describir patrones de compras excesivas y difíciles de controlar, hoy en día resulta especialmente relevante por el contexto sociotecnológico contemporáneo, caracterizado por el consumo inmediato, la publicidad personalizada y la disponibilidad constante de productos a un clic de distancia.
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La oniomanía constituye un fenómeno de naturaleza psicológica que, pese a no figurar como trastorno formal en las principales clasificaciones diagnósticas, comparte características con otras adicciones comportamentales, ya que implica un impulso repetitivo, pérdida de control y deterioro significativo en diversas áreas de la vida (Pavón et al., 2024).
En este sentido, las compras compulsivas no son únicamente un problema de exceso material, sino un patrón conductual complejo que involucra emociones intensas, refuerzos inmediatos, cogniciones distorsionadas y dificultades de autorregulación. Por ello, estudiar la oniomanía resulta indispensable para comprender cómo los entornos de consumo modernos influyen en el comportamiento humano, particularmente en contextos donde la frontera entre la necesidad real y el deseo emocional se vuelve cada vez más difusa.
¿En qué consisten las compras compulsivas u oniomanía?
La oniomanía es un fenómeno que ha sido analizado desde diferentes disciplinas, aunque su conceptualización no pertenece aún a una categoría diagnóstica oficial. Esta puede ser definida como un patrón persistente de compras compulsivas caracterizado por la pérdida de control, la repetición del comportamiento a pesar de consecuencias negativas y la experimentación de un fuerte impulso previo a la compra. A diferencia de las compras impulsivas, que suelen ser espontáneas y ocasionalmente irracionales, la oniomanía implica recurrencias sistemáticas y una incapacidad para interrumpir el ciclo de adquisición y consumo (Pavón et al., 2024). Algunos autores han señalado diferentes perfiles psicológicos que predisponen a ciertos individuos a comprar de manera impulsiva; entre ellos la búsqueda de gratificación inmediata, la dificultad para regular emociones y la influencia de estados mentales específicos. Sin embargo, en la oniomanía estas tendencias se manifiestan de forma más intensa y repetitiva (Iyer et al., 2020).
Las compras compulsivas se han ubicado dentro del grupo de adicciones sin sustancia, debido a que comparte características fundamentales con este tipo de trastornos, como la incapacidad de resistir el impulso, la dependencia emocional del acto de comprar y la interferencia significativa en la vida diaria. No obstante, se advierte que la falta de reconocimiento formal se debe en parte a la variabilidad de sus manifestaciones y a la dificultad para delimitar claramente los umbrales entre consumo normal, compras impulsivas y compras patológicas (Roncero et al., 2023).
Desde una perspectiva motivacional, la conducta compulsiva de compra suele estar vinculada a metas psicológicas específicas, como la regulación emocional, la búsqueda de identidad social o la necesidad de compensación ante experiencias de estrés. Esta multiplicidad de variables hace que la oniomanía sea un fenómeno transdisciplinario, donde confluyen aspectos cognitivos, emocionales, socioculturales y económicos (Japutra, Song, 2020).
Manifestaciones de la oniomanía o compras compulsivas
Una de las señales más características de la oniomanía es la presencia de un impulso intenso y recurrente por realizar compras, acompañado de pensamientos intrusivos e incapacidad para retrasar la acción. Este impulso suele incrementarse ante emociones negativas como ansiedad, tristeza o frustración, de modo que la compra funciona como una vía de escape emocional (Pavón et al., 2024). De esta manera, las compras tienen un impacto significativo en los estados afectivos, pues pueden provocar una sensación momentánea de alivio o euforia, seguida de culpa o arrepentimiento. Este vaivén emocional constituye un componente central del patrón compulsivo (Gardner, Rook, 1988).
Otro aspecto fundamental es la pérdida de control, que se manifiesta cuando la persona intenta reducir o detener sus compras compulsivas, pero fracasa repetidamente. Esta experiencia genera un sentimiento de impotencia similar al observado en otras adicciones comportamentales. Además, los individuos con oniomanía tienden a idealizar el acto de comprar como un mecanismo de transformación personal o como una forma de recompensa emocional, lo que refuerza la conducta a pesar de los efectos negativos (Gardner, Rook, 1988).
Aunado a esto, se advierte que quienes presentan compras compulsivas pueden experimentar problemas financieros, acumulación excesiva de objetos, conflictos familiares, deterioro del funcionamiento laboral y sentimientos de vergüenza que los llevan a ocultar sus compras. Incluso las compras pequeñas pueden generar estrés por la repetición constante del comportamiento y por la incapacidad de mantener una estabilidad financiera (Roncero et al., 2023).
Asimismo, la manifestación de la oniomanía no es uniforme, ya que depende del contexto cultural y del acceso a diferentes formas de comercio; por ejemplo, hoy en día, el entorno digital ha intensificado la frecuencia y facilidad con la que estas conductas se expresan (García, 2023).
Oniomanía: una adicción conductual
Las adicciones conductuales involucran tres elementos esenciales: la pérdida de control sobre el comportamiento, la compulsión a continuar realizándolo pese a sus consecuencias negativas y la presencia de un impulso intenso difícil de resistir (Roncero et al., 2023). Estas condiciones se cumplen claramente en la oniomanía, ya que la persona siente un deseo creciente por realizar compras, incluso cuando la acción compromete su estabilidad emocional, familiar o económica.
De esta manera, es posible entender la compra compulsiva como una conducta reguladora del afecto. Cuando la persona experimenta estrés, vacío emocional o preocupación, el acto de comprar funciona como un reforzador positivo que disminuye temporalmente el malestar, similar a lo que ocurre con otras adicciones conductuales como el juego patológico (Japutra, Song, 2020). Además, las predisposiciones hacia las compras impulsivas se ven intensificadas cuando existen desafíos en la autorregulación emocional, aunque en la oniomanía estas predisposiciones alcanzan niveles clínicamente relevantes (Iyer et al., 2020).
La distinción entre una conducta impulsiva y una compulsiva es clave para comprender la oniomanía como adicción. Mientras que una compra impulsiva puede ser un evento aislado, vinculado a la espontaneidad del momento, las compras compulsivas involucran un proceso persistente que se repite a lo largo del tiempo y que escapa al control consciente del individuo. Esta reiteración, junto con la incapacidad para resistir el impulso y el sentimiento posterior de culpa o remordimiento, configura un patrón adictivo claramente definido (Pavón et al., 2024).
A pesar de que la oniomanía no es reconocida formalmente como un trastorno independiente, la estructura funcional del fenómeno se ajusta a los modelos de adicción conductual, lo cual justifica su estudio desde esta perspectiva clínica y psicológica.
Origen de la oniomanía o compras compulsivas
Una de las perspectivas más influyentes que buscan explicar el origen de la oniomanía es la teoría del refuerzo emocional, que sugiere que las compras funcionan como una estrategia para regular o compensar emociones negativas. De acuerdo a esto, las compras podrían alterar los estados afectivos y generar alivio temporal, lo cual podría iniciar y perpetuar un ciclo donde la persona recurre a la adquisición de productos como vía para manejar estrés o ansiedad. En esta línea, la oniomanía surge cuando esta estrategia se incorpora de forma crónica y se vuelve la principal herramienta emocional del individuo (Gardner, Rook, 1988).
Otra teoría importante es el modelo CAC (Compra Impulsiva – Compra Patológica), donde se plantea que las compras compulsivas surgen cuando la compra impulsiva se intensifica debido a factores cognitivos como creencias distorsionadas sobre el consumo, expectativas irracionales de gratificación o la asociación de la compra con identidad personal o éxito social. Este modelo destaca que el origen de la conducta compulsiva no está únicamente en las emociones, sino también en los pensamientos que estructuran la relación con los objetos y con el consumo (Quintanilla, Luna, Berenguer, 1988).
Desde una perspectiva motivacional contemporánea, las compras compulsivas podrían originarse debido al tipo de mentalidad dominante en la persona. Las mentalidades orientadas al logro, la comparación social o la búsqueda de estatus pueden aumentar la vulnerabilidad a la oniomanía, especialmente en contextos donde la presión por consumir es intensa (Japutra, Song, 2020).
Por último, desde la teoría de las adicciones conductuales, se afirma que la oniomanía puede surgir cuando las dificultades de autorregulación y los impulsos se combinan con un entorno altamente reforzador del consumo (Roncero et al., 2023).
Oniomanía, compras en línea y publicidad en redes sociales
La relación entre la oniomanía, las compras en línea y la publicidad en redes sociales se ha vuelto un eje central del estudio contemporáneo del consumo compulsivo. El comercio electrónico ha transformado profundamente los hábitos de consumo, facilitando la disponibilidad constante de productos, la inmediatez en el proceso de compra y la posibilidad de adquirir bienes en cualquier momento del día. Esta facilidad contribuye a que los individuos con tendencia a las compras compulsivas encuentren menos barreras para satisfacer sus impulsos, lo que a su vez incrementa la frecuencia y la intensidad del comportamiento (García, 2023).
Por otro lado, la publicidad personalizada, los algoritmos de recomendación y la figura del influencer construyen un entorno en el que la compra se presenta como una experiencia emocionalmente atractiva y socialmente validada. Este tipo de publicidad no solo incrementa el deseo de comprar, sino que también refuerza las expectativas de bienestar y pertenencia asociadas al consumo. La repetición constante de estímulos visuales, promociones y contenido aspiracional contribuye a un estado de hiperestimulación que puede afectar la autorregulación emocional (Brito, 2025).
En este sentido, los consumidores con motivaciones ligadas al estatus, la mejora personal o la comparación social son especialmente vulnerables al impacto de las redes sociales como detonantes de compras compulsivas. El entorno digital crea identidades de consumo idealizadas, haciendo que los usuarios busquen replicarlas mediante adquisiciones repetidas (Japutra, Song, 2020).
Además, la interfaz de las plataformas de comercio electrónico está diseñada para reducir la fricción en el proceso de compra: botones de compra rápida, almacenamiento automático de métodos de pago, notificaciones de descuentos y recordatorios personalizados. Todo ello genera un ecosistema donde las compras compulsivas encuentran condiciones óptimas para desarrollarse.
Tratamiento de la oniomanía
El tratamiento de la oniomanía o adición a las compras requiere un abordaje multidimensional que considere los aspectos emocionales, cognitivos, conductuales y sociales implicados en la conducta adictiva. Una de las intervenciones más eficaces es la terapia cognitivo-conductual (TCC), ya que permite identificar y modificar las distorsiones cognitivas relacionadas con las compras, así como los patrones emocionales que desencadenan los impulsos. Este tipo de tratamiento ayuda a las personas a reconocer las emociones que preceden a la necesidad de comprar, desarrollar habilidades de autorregulación y establecer estrategias para evitar contextos de riesgo (Pavón et al., 2024).
Asimismo, al tratarse de una adicción conductual, es fundamental trabajar sobre la compulsión mediante técnicas de exposición con prevención de respuesta, reestructuración cognitiva y entrenamiento en tolerancia al malestar. La intervención también puede incluir el fortalecimiento del autocontrol, la planificación financiera, el monitoreo del gasto y el desarrollo de actividades alternativas que funcionen como refuerzos saludables. En algunos casos, los problemas emocionales subyacentes, como ansiedad o depresión, deben tratarse simultáneamente para evitar recaídas (Roncero et al., 2023).
Por otro lado, debido a la influencia del entorno digital, el tratamiento también debe incluir una educación sobre la publicidad en línea y la manipulación algorítmica. Muchos pacientes desconocen la magnitud de estos estímulos y cómo afectan su conducta de compra. El psicoeducar sobre el funcionamiento de las redes sociales, la economía de la atención y las estrategias de las plataformas comerciales puede empoderar al individuo y reducir su susceptibilidad a los impulsos (García, 2023).
Algunos pacientes compran compulsivamente como una forma de regulación emocional, otros como un mecanismo de identidad y otros como una vía para reducir el estrés. Debido a esto, las motivaciones profundas del consumo también deben ser exploradas en terapia (Japutra, Song, 2020).
Importancia de estudiar la oniomanía o compras compulsivas
El estudio de la oniomanía es fundamental para comprender la manera en que los patrones de consumo se entrelazan con la salud mental en la sociedad contemporánea. En un mundo donde las compras se han convertido en un acto cotidiano, emocional y socialmente valorado, diferenciar entre comportamientos normales y problemáticos resulta esencial para evitar que las personas enfrenten consecuencias graves sin recibir apoyo adecuado.
Asimismo, estudiar la oniomanía permite visibilizar la influencia que los entornos de consumo digitales ejercen sobre los individuos. Las redes sociales y el comercio electrónico han creado un ecosistema donde las compras compulsivas pueden proliferar sin restricciones, alimentadas por algoritmos diseñados para maximizar la permanencia y la conversión del usuario. En este sentido, la investigación académica es crucial para identificar los mecanismos que incrementan la vulnerabilidad de ciertos grupos y para generar políticas públicas o estrategias educativas que promuevan un consumo saludable.
Desde una perspectiva psicológica, las compras compulsivas revelan procesos emocionales y cognitivos que van más allá del simple acto de adquirir objetos. Comprender estos procesos ayuda a los profesionales de la salud mental a desarrollar intervenciones más eficaces y a identificar señales tempranas del problema.
Por último, investigar la oniomanía permite reconocer que el consumo no es solo una actividad económica, sino también un fenómeno cultural, emocional y social que influye profundamente en la calidad de vida. A medida que las dinámicas de compra se vuelven más complejas y digitalizadas, el análisis de este fenómeno se vuelve indispensable para afrontar los retos de salud mental que emergen en una sociedad hiperconsumista.
Referencias:
- Brito, F. (2025). Compras impulsivas en la era digital: el impacto de las redes sociales y el riesgo de oniomanía. Universidad de la Laguna. riull.ull.es
- García, M. (2023). Influencia de los medios online en la adicción a las compras compulsivas. Signum, volumen (2), número (1). protocoloimep.com
- Gardner, M., Rook, D. (1988). Effects of impulsive purchase on consumers ́ affective states. Advances in Consumer Research, volumen (15), pp. 127-130. researchgate.net
- Iyer, G., Blut, M., Xiao, S., Grewal, D. (2020). Impulse buying: A metaanalytic review. Journal of the Academy of Marketing Science, volumen (48), número (3), pp. 384-404. researchgate.net
- Japutra, A., Song, Z. (2020). Mindsets, shopping motivations and compulsive buying: Insights from China. Journal of Consumer Behaviour, volumen (19), número: (5), pp. 423-437. sci-hub.ru
- Pavón, N., Muñio, M., Arbués, E., Tolón, R., De la O, M., Morón, L. (2024). La oniomanía: el trastorno de compra compulsiva. Revista Sanitaria de Investigación, volumen (5), número (7). revistasanitariadeinvestigacion.com
- Quintanilla, I., Luna, R., Berenguer, G. (1998). La compra impulsiva y la compra patológica: el modelo CAC. Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, s.a. ivie.es
- Roncero, M., Hodann, R., Alberdi, I; Molina, R. (2023). Adicciones sin sustancia o adicciones comportamentales. Medicine, volumen (13), número (85), pp. 4998-5009. researchgate.net
Créditos de imagen de portada: Foto de Leeloo The First

