Problemas de usar inteligencia artificial como psicoterapeuta

Utilizar programas de inteligencia artificial para lidiar con el malestar emocional, en lugar de recurrir a una o un psicoterapeuta, conlleva serios riesgos para nuestra salud mental.

En los últimos años, el auge de los programas de inteligencia artificial (IA) diseñados para simular conversaciones humanas ha transformado diversas áreas de la vida cotidiana, desde la atención al cliente hasta el entretenimiento digital. Sin embargo, uno de los usos más delicados y controversiales que ha cobrado fuerza es el de recurrir a chatbots con inteligencia artificial y asistentes virtuales como sustitutos de un o una psicoterapeuta.

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Aunque en apariencia estas herramientas ofrecen una alternativa rápida, privada y económica para lidiar con el malestar emocional, suplantar el acompañamiento de un profesional de la salud mental con un algoritmo plantea riesgos éticos, clínicos y sociales importantes. A continuación, se explorarán las razones por las cuales muchas personas han optado por estas soluciones tecnológicas, los vacíos emocionales y estructurales que intentan llenar, y los peligros que implica depositar la propia salud mental en manos de una máquina incapaz de comprender, contener y cuidar como lo haría un ser humano entrenado. A través de casos reales y un análisis de las limitaciones inherentes a la IA en este contexto, se argumentará por qué, pese a los avances tecnológicos, ninguna inteligencia artificial puede ni debe reemplazar el vínculo terapéutico humano.

Auge de la inteligencia artificial tras la pandemia de COVID-19

Parece que la llegada de los chatbots con inteligencia artificial, justo después de que terminó la pandemia, fue una de las mejores estrategias de las empresas que las crearon. Esto, debido a que la pandemia parece haber cambiado de forma considerable el comportamiento de las y los consumidores.

Ciertamente, las personas han buscado retomar su vida y tratar de salir más al exterior, luego de tanto encierro. No obstante, también es verdad que se han conservado muchas de las prácticas que caracterizaron a la cuarentena. Uno de los hábitos más comunes en este sentido es el aumento considerable de la interacción a través de medios virtuales, que va desde reunirse con amigos por zoom hasta tener clases de universidad o conferencias académicas por este medio. Todo esto lleva a una disminución de la interacción cara a cara y al aumento de nuestra dependencia de los medios digitales.

Pero la cuestión no termina ahí, porque la pandemia también dejó algunos problemas bastante considerables, sobre todo en el ámbito de la salud mental, donde aumentaron muchos de los diagnósticos referidos a problemas de ansiedad y depresión (Organización Mundial de la Salud, 2022).

Si sumamos todos estos efectos, lo que obtendremos serían varias personas con uno o más problemas psicológicos que no salen de su casa, a veces debido a estos mismos problemas. Situación que empeora cuando entran en juego los chatbots con inteligencia artificial, los cuales han comenzado a fungir como sustitutos de una o un amigo, o incluso, de una o un psicoterapeuta.

¿Por qué la gente emplea inteligencia artificial como psicoterapeuta?

Existe una gran variedad de posibles razones por las que una persona podría usar un programa de inteligencia artificial como substituto de una o un psicoterapeuta.

Por un lado, el chatbot es de fácil acceso, de hecho, está todo el tiempo que queramos disponible para escuchar nuestros problemas. Sumado a esto, obtenemos sus respuestas de forma inmediata, lo que hace que nos enganchemos cada vez más a hablarle. Además, a menudo estas respuestas son muy complacientes, es decir, no hay confrontación, ya que me dicen lo que quiero escuchar. Por ejemplo, si me duele la cabeza como un posible síntoma de ansiedad, y yo creo que es una enfermedad grave, ahí estará la IA para negárnoslo y decirnos que estemos tranquilos.

Aunado a esto, está el hecho de que sea gratuita. Esto puede ser más o menos tentador en función de las condiciones económicas de cada persona, ya que a menudo algunas no pueden acceder a tratamientos psicológicos de calidad para el abordaje de sus problemas.

Además, el chatbot es una gran compañía, que puede ser adaptada a las preferencias de cada persona y hablar como cada una desee que lo haga. En este sentido, ya se han visto casos de gente que entabla una especie de relación de amistad con ellas, o incluso una relación de noviazgo (Learning Heroes, 2025). Aunque, quizá, lo más sorprendente sea quienes la han configurado a propósito para que hable de forma análoga a como lo haría un ser querido fallecido, a través de sus chats personales, y de esa forma mantener una relación ‘similar’ con ese chatbot (Slotnisky, 2024).

Los chatbots de IA pueden empeorar un problema de salud mental

Hay muchos problemas que pueden darse a partir de interacciones con la IA que tienen el supuesto fin de mejorar la salud mental de una persona. Una de ellas es que, en lugar de reducir el problema de la persona, lo pueden aumentar.

Supongamos que tenemos una persona con depresión. Sabemos que sus comportamientos tenderán a la inactividad de forma general: no salir de casa, no juntarse con amigos ni siquiera por zoom, no realizar actividades recreativas y, a veces incluso, no levantarse de la cama, o tener pensamientos negativos sobre sí misma. Si esta persona inicia una conversación con un chatbot y comienza a sentirse bien con esas conversaciones, aunque en principio pueda parecer poco evidente, esto no estaría haciendo más que aumentar esa depresión. La inteligencia artificial daría respuestas complacientes o consolaría a la persona con depresión, reforzando el quedarse en casa para poder hablar con el chatbot.

Otra muestra de esto puede observarse frente a problemas de ansiedad. Por ejemplo, una persona que tiene miedo a enfermarse de gravedad podría estar en su casa y empezar a experimentar un dolor en el brazo izquierdo. Eso podría llevarla a creer que está sufriendo de algún problema cardiaco grave. Lo que la haría consultar con el chatbot, el cual seguramente le daría una respuesta tranquilizadora. Uno podría alegar que esto ya se hacía con el acceso a Google; pero no se podrá negar que el chatbot da respuestas mucho más personalizadas y tranquilizadoras, es decir, más reforzantes.

La labor de un psicoterapeuta frente a las respuestas de la inteligencia artificial

Los dos ejemplos anteriores son las clases de conductas que las y los psicoterapeutas ven en general en la clínica. Estos son, por lo común, los comportamientos problemáticos. Es decir, las conductas que se busca modificar en las consultas, ya que no hacen más que mantener el problema (González-Terrazas, Colombo, 2023). En ambos casos, los chatbots actúan como reforzadores, al aumentar la probabilidad de emisión futura de las conductas problemáticas ante circunstancias similares. Estos pueden ser positivos (como el consuelo, la validación, o la forma en la que hablen), o pueden ser negativos (información que lleva a reducir el malestar de una persona).

En contraste, en un tratamiento psicoterapéutico una o un profesional tendría que luchar contra los eventos desagradables que han llevado a la persona a desarrollar la depresión, más los eventos deseables que se consiguen al quedarse en casa. Por un lado, el más común en casos de depresión, el alivio del malestar, y, por otro, el nuevo componente, que no sería otro que las conversaciones agradables con el chatbot.

El uso de inteligencia artificial como psicoterapeuta en el peor escenario

Si lo llevamos a un terreno más extremo, es posible identificar algunos casos en los que chatbots pueden incluso fomentar conductas suicidas.

Un ejemplo de ello, es el caso de un hombre de 30 años, en Bélgica, que se suicidó tras hablar con un chatbot durante seis semanas. El hombre era investigador en el área de la salud, y su investigación tenía que ver con la crisis climática y el futuro del planeta. Tenía una importante obsesión con este tema, lo que lo llevó a buscar cierto consuelo en un chatbot conocido como ‘Eliza’. Dicha interacción lo llevó a alejarse, paulatinamente, de su familia y del mundo en general.

De acuerdo a la esposa de este hombre, las respuestas que le daba el chatbot a su marido ‘le creaban la ilusión de tener una respuesta a todas sus inquietudes’. La cuestión es que el chatbot jamás lo contradecía, y este, un día, le ofreció a la IA la idea de suicidarse si Eliza aceptaba cuidar el planeta y salvar a la humanidad a través de la inteligencia artificial. Finalmente, el investigador se quitó la vida, un evento que podía haberse evitado si hubiera acudido a un o una profesional, en lugar de recurrir a una plataforma digital programada para complacerlo (Página12, 2023).

Un caso similar fue el de un adolescente de 14 años que desarrolló un chatbot del que terminó enamorándose. Según comentarios de la madre, el programa de inteligencia artificial fue entrenado para hacerse pasar por una psicoterapeuta, en una suerte de role-playing, y sus conversaciones incluían experiencias hipersexualizadas, antropomórficas y aterradoramente realistas. También expresó que el chatbot fomentaba la ideación suicida, lo que llevó a su hijo a terminar con su propia vida (La Nación, 2024).

El efecto Pigmalión en la interacción con las IA

Uno de los fenómenos psicológicos que puede explicar, en parte, la creciente popularidad de los chatbots y programas de inteligencia artificial como supuestos ‘psicoterapeutas virtuales’ es el efecto Pigmalión. Este concepto, describe cómo las expectativas de una persona respecto a otra (o, en este caso, a un sistema) pueden influir en el comportamiento de ambos, hasta hacer que esas expectativas se conviertan en realidad (Solís, Borja, 2017). En el contexto de las interacciones con sistemas de IA, esto se manifiesta cuando las y los usuarios proyectan sobre los chatbots sus deseos, necesidades y suposiciones, esperando que estos les brinden comprensión, validación y respuestas acordes a sus estados emocionales.

A diferencia de un psicoterapeuta humano, que puede confrontar, contener y encauzar de manera ética y profesional los pensamientos y emociones de un paciente, los programas de IA suelen estar diseñados para ofrecer respuestas neutras, complacientes o superficialmente empáticas, evitando cualquier confrontación o postura que pueda considerarse incómoda o conflictiva. De esta forma, el usuario no recibe un acompañamiento psicoterapéutico genuino, sino un reflejo de sus propias expectativas. Al obtener mensajes que validan sus percepciones, incluso cuando son disfuncionales o peligrosas, se refuerza la idea de que sus pensamientos o decisiones son correctos, fortaleciendo patrones de comportamiento que podrían agravarse sin una intervención adecuada.

Esto genera un círculo vicioso: la persona se siente comprendida por un sistema que simplemente replica sus propias ideas de forma formulada, lo que le lleva a confiar cada vez más en este recurso y a alejarse de relaciones humanas reales donde podría encontrar contención auténtica, incluso si esta implica momentos de incomodidad necesarios para el crecimiento emocional.

Los chatbots de IA como obstáculos en el proceso terapéutico

Otro problema al que pueden conducir las interacciones con los chatbots, es a no aprender a tolerar la incertidumbre. La fácil accesibilidad a este tipo de programas de IA reduce al mínimo el periodo de respuesta, lo que puede resultar en un gran problema si, en determinadas circunstancias, una persona sin tolerancia queda sin acceso a la IA, ya que podría desencadenar un aumento considerable de la ansiedad y de la frustración.

Otros casos a tener en cuenta y que representan un interés considerable, debido a los problemas que conllevan, es la gente que usa los chatbots para representar a un ser querido ya fallecido. La idea de estas configuraciones es conseguir que el chatbot se comunique como lo haría la persona que ya ha muerto, con expresiones o tratos específicos hacia las y los usuarios de la IA. El problema de esto tiene que ver con el hecho de que se retrasa el proceso de duelo, y la persona no pasa por esa fase fundamental, ya que sigue reviviendo emociones y sentimientos cada vez que interactúa con el chatbot que se hace pasar por una de esas personas.

¿Puede una inteligencia artificial reemplazar a un psicoterapeuta?

La respuesta más corta a esta pregunta sería no. No puede. Pero, no solo por todo lo que hemos visto, sino también por otras cuestiones que debemos analizar. Lo que sí hay que tener en cuenta es que, posiblemente, al menos en el futuro, sea necesario utilizarla como herramienta complementaria.

Dicho esto, existen varias razones por las que una inteligencia artificial no puede remplazar a una o un psicoterapeuta. Las cuales están relacionadas con una situación bastante obvia: una inteligencia artificial no es una persona, por lo que no puede interactuar de manera directa con los demás, y no es capaz de pensar y actuar como una o un profesional entrenado en dar atención a problemas relacionados con la salud mental lo haría.

La psicoterapia requiere interacción directa

Hay muchos procedimientos o técnicas que requieren de una guía personalizada. Uno de los temas más debatidos en este sentido tiene que ver con el hecho de si la IA sería capaz de aplicar control instruccional para la realización de ejercicios completos. Lo cierto es que, en principio, no lo hace. Pero, si lo hiciera, tendría que tener muy en cuenta una gran variedad de factores que pueden afectar en la probabilidad de que se lleve a cabo dicho ejercicio o tarea. Además, hay ejercicios que no podría evaluar directamente, ya que se requiere de alguien que, como mínimo, lo guíe de manera directa. Como, por ejemplo, los procedimientos de inoculación del estrés y desensibilización sistemática.

Por otro lado, una inteligencia artificial no puede ver expresiones corporales que indiquen cómo se siente una persona al hablar de un tema, como lo haría un profesional. A veces, ciertas expresiones corporales y gestos pueden ayudar a un psicoterapeuta a reconocer qué respuestas verbales de las suyas o del propio consultante disparan respuestas emocionales concretas. Algo bastante importante a tener en cuenta.

Una inteligencia artificial no actúa como un psicoterapeuta

En primer lugar, una IA no confronta cuando esto se vuelve necesario. Como dijimos antes, normalmente tiene respuestas complacientes, lo que hace que se puedan reforzar algunas conductas problemáticas.

Aunado a esto, es muy difícil que la IA tenga una posición antidescriptivista a la hora de realizar preguntas concretas a una persona. El antidescriptivismo es una posición filosófica que propone que lo descrito no siempre se corresponde con exactitud con el evento que se describe (Froxán, 2021).

Además, aunque esto haya quedado claro desde el principio, la IA no sabe cuándo está reforzando un comportamiento problemático. Una o un psicoterapeuta conductual bien formado podrá reconocer cuáles comportamientos no deben ser reforzados y cuales sí. E, incluso, en el caso de que se equivoque, sabrá reconocer que está reforzando una conducta problema y podrá detener dicho proceso.

Por último, no podíamos dejar de mencionar la empatía, conducta que sólo puede tener un humano. En lo que respecta a esto, lo que resulta importante señalar es que la contención debe ser conscientemente aplicada, para evitar aumentar la frecuencia de comportamientos problemáticos. Además, no toda contención se limita a palabras, sino que abarca otras muchas conductas que solo una persona puede llevar a cabo (expresiones corporales que se interpretan como validación, por ejemplo).

Referencias:

  • Froxán, M. (2021). Análisis Funcional de la Conducta Humana. Ediciones Pirámide.
  • Gonzalez-Terrazas, R., Colombo, M. (2023). Análisis de la conducta: Teoría y aplicaciones clínicas. Tres Olas Ediciones. La Plata, Argentina.
  • La Nación (2024). Su hijo de 14 años se enamoró de una IA y se suicidó; ahora su madre demanda a la empresa creadora, Character.AI. La Nación. lanacion.com.ar  
  • Learning Heroes (2025). ¿Una Novia IA? La nueva era de las relaciones amorosas. Learning Hoeroes: Sito web. learningheroes.com.
  • Organización Mundial de la Salud (2022). La pandemia de COVID-19 aumenta en un 25% la prevalencia de la ansiedad y la depresión en todo el mundo. Organización Mundial de la Salud: sitio web mundial. who.int   
  • Página12 (2023). Consternación en Bélgica por el suicidio de un hombre tras hablar con un chatbot de IA. Pagina12: sitio web. pagina12.com.ar  
  • Slotnisky, D. (2024). Es argentino e hizo chatbots de su hijo y de su padre, que murieron hace poco, para poder seguir charlando con ellos. La Nación. lanacion.com.ar  
  • Solís, P., Borja, V. (2017). El efecto Pigmalión en la práctica docente. Publicaciones Didácticas. core.ac.uk

Créditos de imagen de portada: Foto de Matheus Bertelli

Diego Calp
Diego Calp
Psicólogo, psicoterapeuta y divulgador científico argentino. Director de la Editorial ITECOC (México). Licenciado en psicología por la UADE (Argentina). Especialista en análisis de la conducta por la Universidad Autónoma de Madrid (España) y Máster en Terapias Conductuales por ITECOC.

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Diego Calp
Psicólogo, psicoterapeuta y divulgador científico argentino. Director de la Editorial ITECOC (México). Licenciado en psicología por la UADE (Argentina). Especialista en análisis de la conducta por la Universidad Autónoma de Madrid (España) y Máster en Terapias Conductuales por ITECOC.