El trastorno facticio es una condición psiquiátrica compleja que se caracteriza por la producción intencional de síntomas físicos o psicológicos con el objetivo de asumir el rol de enfermo, sin que exista una ganancia externa evidente como compensaciones económicas o beneficios legales. A diferencia de otros cuadros clínicos en los que los síntomas se presentan de manera involuntaria, en este trastorno la persona manipula, exagera o incluso provoca activamente signos de enfermedad para obtener atención médica, cuidado emocional o reconocimiento social. El trastorno facticio ha sido reconocido desde hace décadas en la literatura psiquiátrica, aunque su diagnóstico continúa siendo difícil debido a la naturaleza engañosa del comportamiento del paciente y a la compleja relación que establece con los profesionales de la salud.
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Actualmente, este trastorno se clasifica dentro de los trastornos de síntomas somáticos y relacionados, y puede presentarse tanto en forma autoimpuesta como impuesta a otra persona (American Psychiatric Association, 2022). La literatura clínica indica que las personas con trastorno facticio suelen tener un amplio conocimiento médico, múltiples hospitalizaciones previas y una historia extensa de intervenciones innecesarias, lo que incrementa los riesgos para su salud física y psicológica (Bocchino, 2005).
El trastorno facticio también representa un desafío ético para el personal sanitario, ya que la detección del engaño puede generar conflictos en la relación terapéutica, sentimientos de frustración y decisiones difíciles respecto al manejo clínico (Mayo Clinic, 2025a). Además, los costos económicos asociados al diagnóstico erróneo, las pruebas innecesarias y los tratamientos injustificados son elevados, lo que convierte a este trastorno en un problema relevante tanto para la salud pública como para la práctica clínica.
¿Qué es el trastorno facticio?
El trastorno facticio se define como una condición psiquiátrica en la que una persona falsifica, exagera o induce síntomas físicos o psicológicos con el objetivo principal de ser percibida como enferma. En este trastorno no existe una ganancia externa clara, como obtener dinero, evitar responsabilidades legales o recibir beneficios laborales (American Psychiatric Association, 2022). El beneficio es principalmente psicológico, relacionado con la necesidad de atención, cuidado y validación. Es importante señalar que este trastorno puede aparecer en cualquier edad, aunque suele diagnosticarse con mayor frecuencia en la adultez.
Las personas con trastorno facticio pueden manipular resultados de laboratorio, inventar síntomas, interferir con procesos de curación o incluso provocarse lesiones o infecciones. Estas conductas suelen ser persistentes y difíciles de modificar, ya que forman parte de un patrón profundo de funcionamiento psicológico. El trastorno puede manifestarse con síntomas físicos, como dolor abdominal, convulsiones o infecciones recurrentes, o con síntomas psicológicos, como depresión, ansiedad o trastornos disociativos (Clínica Mayo, 2025a).
Algunas y algunos profesionales han interpretado esta condición como una forma de expresar conflictos emocionales profundos, donde la enfermedad se convierte en un medio para obtener afecto, atención y control interpersonal (Bocchino, 2005). En muchos casos, las personas afectadas han experimentado relaciones tempranas marcadas por negligencia, abuso o inestabilidad, lo que influye en la construcción de su identidad.
Además, el trastorno facticio no solo afecta al paciente, sino también a su entorno familiar y al sistema de salud. Las y los médicos pueden verse atrapados en un ciclo de pruebas diagnósticas y tratamientos innecesarios, lo que incrementa el riesgo de iatrogenia y genera desgaste emocional en los equipos clínicos (Cleveland Clinic, 2024). Por estas razones, el reconocimiento oportuno del trastorno es esencial para reducir daños y promover intervenciones más adecuadas.
Síntomas generales
Los síntomas del trastorno facticio son altamente variables y pueden incluir tanto manifestaciones físicas como psicológicas. Lo que distingue a este trastorno es que los síntomas no surgen de manera espontánea, sino que son fabricados, exagerados o inducidos intencionalmente por la persona. Algunas y algunos pacientes manipulan pruebas médicas, alteran heridas, consumen medicamentos innecesarios o introducen sustancias en su cuerpo para simular enfermedades (Mayo Clinic, 2025a).
Entre los síntomas físicos más comunes se encuentran dolores persistentes sin causa clara, infecciones recurrentes, sangrados inexplicables, convulsiones simuladas y problemas gastrointestinales. En el ámbito psicológico, pueden presentarse síntomas como depresión, ansiedad, trastornos de personalidad o conductas autolesivas, que también pueden ser exageradas o fingidas como parte del trastorno facticio (Dimsdale, 2024a).
Un rasgo característico del trastorno es la historia médica extensa y fragmentada. Las personas suelen acudir a múltiples hospitales, cambiar de médicos con frecuencia y presentar relatos inconsistentes sobre su salud. A menudo poseen un conocimiento detallado de términos médicos, lo que les permite describir síntomas de manera convincente (Bocchino, 2005). Esta familiaridad con el sistema de salud facilita la perpetuación del trastorno facticio.
Además, las y los pacientes pueden mostrar una aparente indiferencia ante procedimientos invasivos o diagnósticos dolorosos, ya que la atención médica refuerza su rol de enfermo. Este comportamiento contrasta con la ansiedad que normalmente experimentarían personas con enfermedades reales (Cleveland Clinic, 2024). El trastorno también se asocia con una fuerte necesidad de validación y reconocimiento.
Otro aspecto relevante es que los síntomas pueden desaparecer cuando la o el paciente no está bajo observación médica y reaparecer cuando recibe atención. Esta fluctuación refuerza la sospecha diagnóstica del trastorno facticio. Sin embargo, es importante destacar que estos individuos no suelen admitir la fabricación de síntomas, lo que dificulta el abordaje terapéutico (Mayo Clinic, 2025b).
Diferencias entre el trastorno facticio y la simulación
Aunque el trastorno facticio y la simulación implican la falsificación de síntomas, existen diferencias fundamentales entre ambos conceptos. La simulación se refiere a la producción intencional de síntomas con un objetivo externo claro, como obtener beneficios económicos, evitar responsabilidades legales o acceder a compensaciones (American Psychiatric Association, 2022). En cambio, en el trastorno facticio la motivación principal es psicológica, relacionada con la necesidad de atención y cuidado.
En la simulación, la conducta suele ser estratégica y limitada al tiempo en que se obtiene la recompensa externa. Una vez alcanzado el objetivo, los síntomas desaparecen. En el trastorno facticio, por el contrario, el comportamiento persiste incluso cuando no hay beneficios tangibles, lo que sugiere una dinámica emocional más profunda (Bocchino, 2005).
Desde el punto de vista clínico, la simulación no se considera un trastorno psiquiátrico, mientras que el trastorno facticio sí está reconocido como una condición mental formal. Esta diferencia es crucial para el diagnóstico y el tratamiento, ya que la simulación suele abordarse desde un enfoque legal o administrativo, mientras que el trastorno facticio requiere intervención psicoterapéutica (Mayo Clinic, 2025b).
Otra diferencia importante es la relación con el personal de salud. En la simulación, el individuo puede evitar procedimientos médicos innecesarios, ya que su objetivo no es realmente recibir atención clínica. En el trastorno facticio, en cambio, la o el paciente busca activamente exámenes, hospitalizaciones e intervenciones, incluso si implican riesgos para su salud (Cleveland Clinic, 2024).
Además, en el trastorno facticio suelen observarse patrones de comportamiento repetitivos, historias médicas complejas y una resistencia significativa a aceptar explicaciones psicológicas de los síntomas. En la simulación, la persona puede abandonar el rol de enfermo una vez alcanzado su objetivo externo.
Tipos de trastorno facticio según los síntomas fingidos
El trastorno facticio puede clasificarse en función del tipo de síntomas que la persona finge o induce.
El trastorno facticio con síntomas físicos es el más conocido y suele incluir la fabricación de enfermedades médicas como infecciones, sangrados, dolor crónico o convulsiones. Las personas pueden manipular heridas, contaminar muestras de laboratorio o ingerir sustancias para provocar síntomas reales (Mayo Clinic, 2025a). Este tipo de trastorno conlleva un alto riesgo de complicaciones médicas debido a las intervenciones innecesarias.
Por otro lado, el trastorno facticio con síntomas psicológicos implica la simulación de trastornos mentales, como depresión, psicosis, trastornos disociativos o ideación suicida. Estos y estas pacientes pueden presentar cuadros clínicos complejos y cambiantes, lo que dificulta el diagnóstico diferencial con otros trastornos psiquiátricos genuinos (Catalina et al., 2009).
En muchos casos, el trastorno facticio incluye una mezcla de síntomas físicos y psicológicos. Por ejemplo, una persona puede simular dolor abdominal severo acompañado de ansiedad intensa o síntomas depresivos. Esta combinación refuerza la percepción de gravedad del cuadro clínico y aumenta la atención médica recibida (Bocchino, 2005).
La elección del tipo de síntomas no es aleatoria, sino que suele estar influida por la experiencia previa del individuo con el sistema de salud, su conocimiento médico y sus necesidades emocionales. Algunos y algunas pacientes eligen síntomas que generan hospitalizaciones frecuentes, mientras que otros prefieren cuadros menos visibles, pero igualmente invalidantes.
Independientemente del tipo de síntomas, el trastorno facticio comparte un mismo núcleo motivacional: la necesidad de ser percibido como enfermo. Comprender esta motivación es esencial para el abordaje terapéutico, ya que permite ir más allá de los síntomas aparentes y explorar las necesidades emocionales subyacentes.
Trastorno facticio autoimpuesto y trastorno facticio impuesto a otro
El trastorno facticio puede presentarse de dos formas principales: autoimpuesto, cuando la persona se provoca síntomas a sí misma, e impuesto a otro, cuando los síntomas son inducidos en otra persona, generalmente un menor o un dependiente (American Psychiatric Association, 2022).
En el trastorno facticio autoimpuesto, el individuo manipula su propio cuerpo para simular enfermedades. Puede autolesionarse, ingerir medicamentos innecesarios o interferir con la curación de heridas. Estas conductas reflejan una profunda necesidad de atención y una identidad centrada en el rol de enfermo (Dimsdale, 2024a). En cualquier caso, la o el paciente suele negar cualquier intencionalidad en la producción de los síntomas.
En el trastorno facticio impuesto a otro, anteriormente conocido como síndrome de Munchausen por poder, la o el cuidador induce o falsifica síntomas en otra persona. Este tipo de trastorno es especialmente grave, ya que implica maltrato y puede poner en riesgo la vida de la víctima (Dimsdale, 2024b). En esta modalidad, la o el cuidador obtiene atención y reconocimiento al presentarse como una persona dedicada a un enfermo.
Como es posible observar, la diferencia principal entre ambos radica en quién es el receptor directo del daño. En el trastorno facticio autoimpuesto, el daño recae sobre el propio paciente, mientras que, en el impuesto a otro, el daño afecta a una persona vulnerable. Sin embargo, ambos comparten la misma motivación psicológica: la búsqueda de atención y validación.
Desde el punto de vista legal, el trastorno facticio impuesto a otro tiene implicaciones más graves, ya que puede considerarse una forma de abuso infantil o negligencia médica. El diagnóstico requiere una evaluación cuidadosa y, en muchos casos, la intervención de servicios de protección (Cleveland Clinic, 2024).
Causas y factores de riesgo
Las causas del trastorno facticio no se comprenden completamente, pero la literatura sugiere una combinación de factores psicológicos, sociales y biográficos. Muchas personas con este trastorno han experimentado traumas tempranos, abuso, negligencia o pérdidas significativas en la infancia (Bocchino, 2005).
La necesidad de atención y cuidado suele estar relacionada con experiencias de carencia afectiva. En estos casos, la enfermedad se convierte en una forma de obtener el afecto que no se recibió en etapas tempranas de la vida. El trastorno facticio también se asocia con dificultades en la identidad personal, baja autoestima y problemas en las relaciones interpersonales (Cleveland Clinic, 2024).
Otro factor de riesgo importante es el conocimiento médico previo. Algunas personas han trabajado en el ámbito de la salud o han tenido enfermedades reales en el pasado, lo que les proporciona las herramientas necesarias para simular síntomas de manera convincente (Mayo Clinic, 2025a). Este conocimiento facilita la persistencia del trastorno.
Los trastornos de personalidad, especialmente el trastorno límite y el trastorno antisocial, también se han vinculado al trastorno facticio. Estas condiciones pueden contribuir a patrones de manipulación, inestabilidad emocional y búsqueda de atención (American Psychiatric Association, 2022).
Además, factores culturales y sociales pueden influir en la forma en que se expresa el trastorno facticio. En contextos donde la enfermedad recibe un alto valor social o atención especial, el rol de enfermo puede resultar especialmente atractivo.
En conjunto, las causas del trastorno facticio reflejan una compleja interacción entre vulnerabilidades personales, experiencias tempranas y contextos sociales, lo que exige un enfoque terapéutico integral.
Tratamiento del trastorno facticio
El tratamiento del trastorno facticio es uno de los mayores desafíos en psiquiatría, debido a la resistencia del paciente a revelar la fabricación de síntomas y a la dificultad para establecer una alianza terapéutica sólida. El objetivo principal no es confrontar directamente al paciente, sino reducir conductas dañinas y promover un abordaje psicológico gradual (Mayo Clinic, 2025b).
La psicoterapia es el pilar fundamental del tratamiento del trastorno facticio. En particular, los enfoques cognitivo-conductuales y psicodinámicos pueden ayudar a explorar las motivaciones subyacentes, mejorar la regulación emocional y desarrollar formas más adaptativas de buscar apoyo (Catalina et al., 2009).
Es importante que el equipo médico adopte una postura empática y no punitiva. La confrontación directa puede provocar abandono del tratamiento y reforzar el comportamiento facticio. En cambio, se recomienda centrarse en el bienestar del paciente y en la gestión de los síntomas de forma segura (Cleveland Clinic, 2024).
En algunos casos, se utilizan medicamentos para tratar trastornos comórbidos como depresión o ansiedad, pero no existe un fármaco específico para el trastorno facticio. El enfoque debe ser individualizado y coordinado entre profesionales de la salud mental y médicos generales.
El establecimiento de límites claros también es esencial para evitar pruebas y tratamientos innecesarios. Un plan de atención estructurado puede reducir el riesgo de iatrogenia y ayudar al paciente a desarrollar una relación más saludable con el sistema de salud (Mayo Clinic, 2025b).
Aunque el pronóstico del trastorno facticio es variable, algunos y algunas pacientes muestran mejoría cuando reciben apoyo psicológico continuo y cuando se abordan las necesidades emocionales subyacentes.
Complicaciones en el tratamiento
El tratamiento del trastorno facticio puede verse complicado por múltiples factores, incluyendo la negación del paciente, la desconfianza hacia las y los profesionales y la persistencia de conductas manipuladoras. Una de las principales dificultades es que muchos pacientes abandonan la terapia cuando sienten que su engaño ha sido descubierto (Bocchino, 2005).
Otra complicación importante es el riesgo de daños médicos acumulativos. Las pruebas diagnósticas repetidas, cirugías innecesarias y tratamientos invasivos pueden provocar efectos secundarios graves, infecciones y secuelas físicas permanentes (Mayo Clinic, 2025b). Esto convierte al trastorno en una fuente potencial de iatrogenia.
Además, el desgaste emocional del personal de salud es significativo. Las y los profesionales pueden experimentar frustración, impotencia y desconfianza, lo que afecta la calidad de la atención. De esta manera, el trastorno facticio pone a prueba los límites éticos de la práctica médica, especialmente cuando se sospecha de un engaño persistente.
En el caso del trastorno facticio impuesto a otro, las complicaciones incluyen daños psicológicos y físicos a la víctima, así como procesos legales complejos. La intervención requiere coordinación entre servicios médicos, sociales y legales para garantizar la protección del afectado (Dimsdale, 2024b).
Finalmente, la falta de adherencia al tratamiento y la dificultad para establecer una relación terapéutica sólida limitan la efectividad de las intervenciones. A pesar de estos desafíos, un enfoque comprensivo, estructurado y empático puede reducir los riesgos y mejorar el pronóstico a largo plazo.
Referencias:
- American Psychiatric Association, ed. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR). American Psychiatric Publishing.
- Bocchino, S. (2005). Trastornos facticios. Revista de Psiquiatría del Uruguay, 69(1). spu.org.uy
- Catalina, M., De Ugarte, L., Moreno, C. (2009). Trastorno facticio con síntomas psicológicos. Diagnóstico y tratamiento: ¿Es útil la confrontación? Actas Españolas de Psiquiatría, 37(1). actaspsiquiatria.es
- Cleveland Clinic (2024). Factitious Disorders. Cleveland Clinic: Sitio web. my.clevelandclinic.org
- Commentz, N., Jara, R. (2022). Factitious disorder in adults: a case report and literature review. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 60(3), 355-360. scielo.cl
- Dimsdale, J. (2024). Trastorno facticio autoimpuesto. Manual MSD. msdmanuals.com
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- Mayo Clinic (2025). Trastorno facticio: Diagnóstico y tratamiento. Mayo Clinic: Sitio web. mayoclinic.org
- Mayo Clinic (2025). Trastorno facticio: Síntomas y causas. Mayo Clinic: Sitio web. mayoclinic.org
- Yates, G., Feldman, M. (2016). Factitious disorder: a systematic review of 455 cases in the professional literature. General Hospital Psychiatry, 41, 20-28. sciencedirect.com
Créditos de imagen de portada: Foto de Karola G

