Desde los primeros desarrollos del análisis experimental del comportamiento, las y los investigadores observaron que los organismos no siempre aprenden exclusivamente a través del contacto directo con contingencias ambientales. En los seres humanos, una gran parte de la conducta cotidiana parece estar influida por descripciones verbales de contingencias, instrucciones, normas sociales, creencias y otros eventos lingüísticos que permiten actuar sin necesidad de experimentar personalmente todas las consecuencias posibles (Skinner, 1957). Debido a esto, dentro de las ciencias del comportamiento, uno de los temas más relevantes para comprender la complejidad de la acción humana es la distinción entre la conducta gobernada por reglas y la conducta moldeada por las consecuencias directas de la experiencia.
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La distinción entre estas dos modalidades de aprendizaje constituye actualmente un elemento central para comprender fenómenos tan diversos como la enseñanza, la toma de decisiones, la adherencia a tratamientos médicos, la formación de prejuicios, la psicopatología y el cambio terapéutico. En términos generales, la conducta gobernada por reglas se refiere a aquellas acciones controladas principalmente por descripciones verbales de contingencias, mientras que la conducta moldeada por contingencias depende del contacto directo con las consecuencias que siguen a una respuesta. Aunque ambos procesos suelen interactuar constantemente, cada uno posee características funcionales particulares y genera diferentes patrones de adaptación al ambiente.
La conducta gobernada por reglas
La conducta gobernada por reglas puede definirse como aquella cuyo control principal proviene de estímulos verbales que describen relaciones entre acciones y consecuencias. En lugar de aprender exclusivamente mediante ensayo y error, el individuo responde de acuerdo con una descripción lingüística de las contingencias relevantes (Skinner, 1969).
Una característica fundamental de este tipo de conducta es que permite una adaptación rápida a situaciones nuevas. Por ejemplo, cuando una persona recibe la instrucción de utilizar una herramienta o equipo de cierta manera para evitar accidentes, puede comportarse adecuadamente desde el primer intento sin necesidad de experimentar las consecuencias negativas de un uso incorrecto. Desde una perspectiva evolutiva y cultural, esta capacidad proporciona ventajas significativas, ya que reduce costos de aprendizaje y facilita la transmisión intergeneracional de conocimientos (Catania et al., 1989).
Otra característica importante es que las reglas pueden provenir tanto del entorno social como del propio individuo. Las reglas sociales incluyen leyes, normas institucionales, instrucciones educativas y convenciones culturales. Por otro lado, las personas también generan reglas privadas o autoinstrucciones que orientan su comportamiento. Frases como ‘debo trabajar duro para tener éxito’ o ‘si expreso mis emociones seré rechazado’ constituyen ejemplos de reglas autogeneradas que pueden influir poderosamente sobre la conducta cotidiana.
La conducta gobernada por reglas en la vida cotidiana
La investigación conductual contemporánea ha mostrado que no todas las reglas ejercen el mismo tipo de control. Algunas reglas permiten coordinar acciones con contingencias reales del ambiente, mientras que otras pueden mantener patrones conductuales incluso cuando las consecuencias actuales contradicen la información verbal inicial. Este fenómeno ha sido denominado en ocasiones ‘insensibilidad a las contingencias’, ya que la persona continúa siguiendo la regla aun cuando la experiencia directa indica que ya no resulta funcional (Hayes et al., 1986).
Asimismo, la conducta gobernada por reglas presenta una estrecha relación con el lenguaje humano. La teoría de los marcos relacionales plantea que las funciones de los estímulos pueden transformarse a través de redes de relaciones verbales, permitiendo que una regla influya sobre la conducta incluso sin contacto directo con las contingencias descritas (Hayes et al., 2001). Por ejemplo, una persona puede desarrollar miedo a una situación nunca experimentada simplemente porque ha aprendido verbalmente que dicha situación es peligrosa.
No obstante, el seguimiento de reglas no siempre es beneficioso. Cuando las reglas son excesivamente rígidas, inexactas o desactualizadas, pueden impedir que el individuo responda de manera flexible a las demandas cambiantes del contexto. La investigación en ciencia conductual contextual ha mostrado que muchos problemas psicológicos implican precisamente una dependencia excesiva de reglas verbales que limitan la sensibilidad a las consecuencias presentes. En estos casos, la persona actúa de acuerdo con narrativas, creencias o autoinstrucciones previamente aprendidas, incluso cuando estas generan resultados contraproducentes.
Por ello, el estudio de la conducta gobernada por reglas no se limita a comprender cómo las personas siguen instrucciones, sino también a analizar las condiciones bajo las cuales dichas reglas favorecen o dificultan la adaptación conductual.
La conducta moldeada por contingencias
La conducta moldeada por contingencias se refiere a aquel comportamiento que se desarrolla y mantiene principalmente a través del contacto directo con las consecuencias ambientales. A diferencia de la conducta gobernada por reglas, donde las descripciones verbales de contingencias ejercen el control predominante, aquí el individuo aprende mediante la experiencia directa de los efectos que siguen a sus acciones. Este concepto constituye uno de los pilares fundamentales del análisis experimental del comportamiento y se encuentra estrechamente vinculado a la investigación sobre el condicionamiento operante (Skinner, 1953).
Desde esta perspectiva, las consecuencias de una respuesta alteran la probabilidad futura de que dicha respuesta vuelva a ocurrir. Cuando una acción es seguida por consecuencias reforzantes, la probabilidad de que se repita aumenta; cuando produce consecuencias aversivas o deja de generar reforzamiento, la probabilidad de ocurrencia disminuye. Este proceso permite que la conducta se adapte progresivamente a las exigencias cambiantes del ambiente sin necesidad de instrucciones explícitas o reglas formuladas verbalmente.
Una característica central de la conducta moldeada por contingencias es su sensibilidad al contexto. Dado que el comportamiento depende de la experiencia directa con las consecuencias, los cambios ambientales suelen producir ajustes relativamente rápidos en los patrones conductuales. Si una estrategia deja de funcionar, el individuo puede modificar gradualmente su comportamiento conforme experimenta nuevas relaciones entre respuesta y resultado. Esta sensibilidad constituye una ventaja adaptativa importante, ya que permite responder de manera flexible a condiciones novedosas o cambiantes (Catania et al., 1989).
La conducta moldeada por contingencias en la vida cotidiana
La investigación ha mostrado que incluso en seres humanos altamente verbalizados, gran parte de la conducta cotidiana continúa siendo moldeada por contingencias. Actividades como aprender a conducir un automóvil, desarrollar habilidades deportivas, dominar un instrumento musical o adquirir competencias profesionales requieren un contacto repetido con las consecuencias de la acción. Aunque las instrucciones iniciales pueden orientar el comportamiento, el perfeccionamiento de la ejecución suele depender del aprendizaje directo derivado de la práctica y la retroalimentación ambiental.
Desde un punto de vista funcional, la conducta moldeada por contingencias también desempeña un papel crucial en la corrección de errores derivados de reglas inexactas. Una persona puede creer inicialmente que cierta estrategia producirá determinados resultados, pero la experiencia directa con las consecuencias puede modificar progresivamente dicha expectativa. En este sentido, las contingencias actúan como un mecanismo correctivo que favorece la adaptación a la realidad ambiental.
No obstante, la influencia de las contingencias no ocurre en un vacío. En los seres humanos, las reglas, las creencias y los procesos lingüísticos interactúan constantemente con las contingencias directas. La mayoría de los comportamientos complejos surgen de una combinación dinámica entre historia de aprendizaje directo e influencia verbal. Por ello, la distinción entre conducta gobernada por reglas y conducta moldeada por consecuencias no debe entenderse como una dicotomía absoluta, sino como dos fuentes de control conductual que pueden coexistir y competir entre sí (Baum, 2017).
La relevancia de este concepto se extiende a numerosos ámbitos aplicados. En educación, por ejemplo, las instrucciones pueden facilitar el aprendizaje inicial, pero el dominio efectivo de una habilidad requiere contingencias de práctica y retroalimentación.
La ciencia conductual contextual y el estudio de reglas y contingencias en la conducta
El objetivo principal de la ciencia conductual contextual es predecir e influir sobre la conducta con precisión, amplitud y profundidad, considerando siempre el contexto histórico y situacional en el que ocurre (Hayes et al., 2012). Dentro de este marco teórico, el estudio de las reglas ocupa un lugar central debido a que el lenguaje constituye uno de los factores más importantes que diferencian el comportamiento humano de otras formas de conducta observadas en organismos no verbales.
A diferencia de enfoques que consideran los pensamientos, creencias o cogniciones como causas internas independientes del comportamiento, la ciencia conductual contextual analiza estos eventos como formas de conducta que adquieren funciones específicas dentro de un contexto determinado. Desde esta perspectiva, las reglas son eventos verbales capaces de alterar la relación entre estímulos, respuestas y consecuencias, influyendo sobre la acción incluso cuando las contingencias descritas no han sido experimentadas directamente.
Según la teoría de los marcos relacionales, los seres humanos aprenden a relacionar estímulos de maneras arbitrarias mediante procesos lingüísticos y sociales (Hayes et al., 2001). Estas relaciones permiten que las funciones psicológicas de un estímulo se transformen sin necesidad de contacto directo con las consecuencias correspondientes. Por ejemplo, una persona puede experimentar ansiedad ante una situación simplemente porque ha aprendido verbalmente que dicha situación está asociada con peligro o fracaso.
La investigación contextual ha demostrado que las reglas no solo describen contingencias, sino que también pueden modificar la sensibilidad del individuo a las consecuencias presentes. En algunos casos, las reglas facilitan la adaptación al permitir respuestas rápidas y eficientes. Sin embargo, en otras circunstancias pueden generar rigidez conductual, especialmente cuando continúan controlando la conducta a pesar de que las contingencias ambientales han cambiado.
Diferencias entre conducta gobernada por reglas y conducta moldeada por contingencias
En la conducta gobernada por reglas, el comportamiento está influido principalmente por estímulos verbales que describen relaciones entre acciones y consecuencias. En la conducta moldeada por contingencias, en cambio, el comportamiento se ajusta a partir del contacto directo con las consecuencias ambientales que siguen a la acción.
Una de las diferencias más importantes se relaciona con la velocidad del aprendizaje. Las reglas permiten que una persona actúe eficazmente sin necesidad de experimentar todas las contingencias involucradas. La conducta moldeada por contingencias, por su parte, requiere experiencia directa con las consecuencias, por lo que el aprendizaje suele desarrollarse de manera más gradual (Skinner, 1969). Desde esta perspectiva, las reglas proporcionan una ventaja adaptativa significativa al reducir los costos asociados al ensayo y error.
Sin embargo, la rapidez del aprendizaje basado en reglas puede tener un costo. Diversas investigaciones han mostrado que la conducta gobernada por reglas suele ser menos sensible a los cambios ambientales que la conducta moldeada por contingencias (Catania et al., 1989). Cuando una regla deja de corresponder con la realidad, una persona puede continuar actuando de acuerdo con ella incluso cuando las consecuencias indican claramente que el comportamiento debería modificarse. En contraste, la conducta moldeada por contingencias tiende a ajustarse más fácilmente cuando cambian las relaciones funcionales entre respuestas y resultados.
Otra diferencia relevante se refiere a la flexibilidad conductual. La conducta moldeada por contingencias suele mostrar una mayor capacidad de adaptación porque depende del contacto continuo con las consecuencias presentes. La persona aprende directamente de lo que ocurre en su entorno y modifica progresivamente su comportamiento cuando las condiciones cambian. La conducta gobernada por reglas, especialmente cuando está controlada por normas rígidas o creencias inflexibles, puede reducir esta sensibilidad contextual y favorecer patrones estereotipados de comportamiento.
Conducta gobernada por reglas, conducta moldeada por contingencias y psicopatología
Muchos problemas psicológicos no pueden explicarse únicamente por las contingencias directas que experimenta una persona, sino también por la manera en que el lenguaje, las reglas autogeneradas y los procesos cognitivos alteran la relación entre la conducta y sus consecuencias (Hayes et al., 1999).
En términos generales, la ciencia conductual contextual propone que gran parte del sufrimiento psicológico implica una combinación de seguimiento rígido de reglas, fusión cognitiva, evitación experiencial y disminución de la sensibilidad a las consecuencias actuales del entorno. Por esta razón, muchas intervenciones contemporáneas buscan fortalecer la llamada flexibilidad psicológica (Hayes et al., 2006).
La evitación experiencial ocurre cuando una persona organiza su conducta principalmente para escapar, reducir o controlar pensamientos, emociones, recuerdos o sensaciones internas consideradas desagradables. Con frecuencia, la evitación experiencial está regulada por reglas verbales implícitas tales como ‘no debo sentir ansiedad’, ‘si me siento triste significa que soy débil’ o ‘debo eliminar cualquier emoción negativa antes de actuar’. Estas reglas pueden parecer razonables inicialmente, pero a largo plazo suelen producir consecuencias paradójicas, restringiendo el repertorio conductual y limitando el contacto con experiencias valiosas (Hayes et al., 1996).
La fusión cognitiva representa otro proceso estrechamente relacionado. Desde la perspectiva de la terapia de aceptación y compromiso, una persona se encuentra fusionada cognitivamente cuando responde a sus pensamientos como si fueran descripciones literales de la realidad. En estos casos, las reglas derivadas del lenguaje adquieren un control excesivo sobre la conducta, reduciendo la sensibilidad a las contingencias presentes. Por ejemplo, una persona con ansiedad social puede seguir la regla autogenerada ‘si hablo en público haré el ridículo’, evitando sistemáticamente situaciones sociales aun cuando las consecuencias reales no respalden dicha predicción.
Trastornos específicos
La ansiedad constituye un ejemplo particularmente ilustrativo. Numerosas personas desarrollan patrones conductuales dominados por reglas relacionadas con la anticipación de amenazas. En lugar de aprender a partir de las contingencias directas del entorno, la conducta puede quedar controlada por descripciones verbales de peligros futuros, posibilidades de fracaso o escenarios catastróficos. Como resultado, aparecen comportamientos de evitación que impiden el contacto con experiencias correctivas capaces de modificar dichas reglas.
Procesos similares pueden observarse en la depresión. Las personas con síntomas depresivos suelen generar reglas rígidas acerca de sí mismas, del mundo o del futuro. Pensamientos como ‘nada de lo que haga cambiará mi situación’ o ‘siempre fracasaré’ pueden reducir la probabilidad de involucrarse en actividades potencialmente reforzantes. De este modo, la conducta deja de estar regulada por las consecuencias reales disponibles en el entorno y pasa a estar dominada por narrativas verbales autogeneradas que limitan la acción (Zettle, 2007).
Los trastornos de personalidad también han sido analizados desde esta perspectiva. Diversos patrones característicos de estos trastornos pueden entenderse como repertorios conductuales rígidos mantenidos por reglas profundamente arraigadas acerca de uno mismo y de las relaciones interpersonales. Cuando estas reglas permanecen relativamente inmunes a las consecuencias presentes, la persona puede continuar reproduciendo conductas problemáticas incluso frente a evidencia repetida de sus efectos negativos.
Conducta gobernada por reglas, conducta moldeada por contingencias y educación
Las reglas desempeñan una función educativa fundamental porque permiten acelerar el aprendizaje. Sería prácticamente imposible que las y los estudiantes descubrieran por ensayo y error la totalidad de los conocimientos acumulados por una cultura. Gracias a las instrucciones verbales, una persona puede aprender conceptos avanzados de física, biología o historia sin tener que reproducir personalmente los procesos que llevaron a su descubrimiento. En este sentido, las reglas constituyen mecanismos de transmisión cultural altamente eficientes (Skinner, 1968).
Sin embargo, la investigación conductual ha mostrado que el aprendizaje exclusivamente basado en reglas presenta limitaciones importantes. Cuando la enseñanza enfatiza únicamente la memorización de instrucciones o definiciones, las y los estudiantes pueden desarrollar repertorios poco sensibles a las consecuencias reales de su comportamiento. En estos casos, el conocimiento permanece como una descripción verbal relativamente desconectada de las contingencias prácticas que le dan sentido. Esto es, un alumno o alumna puede recitar correctamente una fórmula matemática o una regla gramatical sin ser capaz de aplicarla eficazmente en situaciones novedosas.
Por esta razón, numerosos enfoques contemporáneos del aprendizaje destacan la importancia de combinar instrucciones claras con oportunidades para el contacto directo con contingencias relevantes. La práctica guiada, la resolución de problemas, los proyectos aplicados y la retroalimentación continua permiten que la conducta se ajuste progresivamente a las consecuencias derivadas de la ejecución real. Desde esta perspectiva, las reglas funcionan como orientaciones iniciales, mientras que las contingencias refinan y fortalecen las habilidades adquiridas.
La interacción entre ambos procesos también resulta relevante para comprender fenómenos como la motivación académica. Muchos estudiantes siguen reglas relacionadas con expectativas familiares, normas institucionales o creencias personales acerca del éxito. Algunas de estas reglas favorecen la persistencia y el esfuerzo, pero otras pueden generar rigidez o ansiedad excesiva.
Conducta gobernada por reglas, conducta moldeada por contingencias y socialización
La interacción entre conducta, reglas y consecuencias adquiere una relevancia especial cuando se analizan fenómenos sociales y culturales. Las sociedades humanas dependen ampliamente de sistemas de reglas que coordinan el comportamiento de grandes grupos de personas. Normas jurídicas, tradiciones, valores morales, convenciones lingüísticas, prácticas religiosas y códigos organizacionales constituyen ejemplos de estructuras culturales que influyen sobre la conducta mediante procesos de regulación verbal.
Desde una perspectiva evolutiva, las reglas han desempeñado un papel decisivo en el desarrollo de culturas complejas. La posibilidad de transmitir información simbólicamente permite que los individuos aprendan comportamientos adaptativos sin necesidad de experimentar directamente todas las contingencias relevantes. Gracias a ello, las prácticas culturales pueden mantenerse y expandirse a lo largo de generaciones. En este sentido, muchos fenómenos culturales pueden entenderse como patrones de comportamiento colectivo mantenidos por sistemas de consecuencias que operan a nivel grupal y social (Glenn, 2004).
No obstante, las culturas no se sostienen únicamente mediante reglas explícitas. Para que una práctica cultural se mantenga a largo plazo, suele ser necesario que existan contingencias que la respalden. Las normas sociales más estables tienden a estar asociadas con determinadas consecuencias, ya sea en forma de aprobación, prestigio, acceso a recursos o fortalecimiento de la cooperación grupal. De este modo, las reglas y las contingencias interactúan constantemente en la construcción y mantenimiento de sistemas sociales.
Las tensiones entre ambos procesos también ayudan a explicar fenómenos de cambio cultural. En ocasiones, ciertas reglas continúan siendo transmitidas socialmente incluso cuando las condiciones ambientales han cambiado significativamente. Cuando esto ocurre, puede surgir un desfase entre las reglas culturales y las consecuencias reales que experimentan las personas. Este tipo de discrepancias suele desempeñar un papel importante en procesos de transformación social, innovación tecnológica y cambio institucional.
Referencias:
- Baum, W. (2017). Understanding behaviorism: Behavior, culture, and evolution (3rd ed.). Wiley-Blackwell.
- Catania, A. (2013). Learning (5th ed.). Sloan Publishing.
- Glenn, S. S. (2004). Individual behavior, culture, and social change. The Behavior Analyst, 27(2), 133–151. researchgate.net
- Hayes, S., Barnes-Holmes, D., Roche, B. (2001). Relational frame theory: A post-Skinnerian account of human language and cognition. Springer.
- Hayes, S., et al., (2006). Acceptance and commitment therapy: Model, processes and outcomes. Behaviour Research and Therapy, 44(1), 1–25. i-cbt.org.ua
- Hayes, S., Strosahl, K., Wilson, K. (1999). Acceptance and commitment therapy: An experiential approach to behavior change. Guilford Press.
- Hayes, S. C., Wilson, K. G., Gifford, E. V., Follette, V. M., & Strosahl, K. (1996). Experiential avoidance and behavioral disorders: A functional dimensional approach to diagnosis and treatment. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64(6), 1152–1168. grupoact.com.ar
- Hayes, S., et al. (2012). Contextual behavioral science: Creating a science more adequate to the challenge of the human condition. Journal of Contextual Behavioral Science, 1(1–2), 1–16. researchgate.net
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- Skinner, B. F. (1957). Verbal behavior. Appleton-Century-Crofts.
- Skinner, B. F. (1968). The technology of teaching. Appleton-Century-Crofts.
- Skinner, B. F. (1969). Contingencies of reinforcement: A theoretical analysis. Appleton-Century-Crofts.
- Zettle, R. (2007). ACT for depression: A clinician’s guide to using acceptance and commitment therapy in treating depression. New Harbinger Publications.
Créditos de imagen de portada: Foto de Annushka Ahuja

