Durante ya más de un siglo, la llamada percepción extrasensorial (PES), ha sido un tema de intenso debate tanto en el ámbito científico como en la cultura popular. Este fenómeno, que incluye supuestas habilidades como la telepatía, la clarividencia y la precognición, ha capturado la imaginación de millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, ¿es la percepción extrasensorial un fenómeno real, o simplemente un mito alimentado por la sugestión, el deseo de lo extraordinario y el interés comercial?
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A continuación, exploraremos cómo se define este concepto, las supuestas evidencias científicas que suelen citar sus defensores, los factores psicológicos y sociales que promueven la creencia en lo paranormal, y cómo la percepción extrasensorial ha evolucionado hasta convertirse en una lucrativa pseudociencia que despierta tanto esperanza como escepticismo.
¿Qué se conoce como percepción extrasensorial o PES?
La percepción extrasensorial, o PES, también conocida por su acrónimo en inglés ESP (extra-sensory perception), se refiere a la capacidad de obtener información sin recurrir a los sentidos tradicionales. Este concepto, acuñado por Sir Richard Burton en 1870, ha sido objeto de fascinación y controversia durante más de un siglo. En 1930, el término se popularizó gracias a los estudios del parapsicólogo J.B. Rhine en la Universidad de Duke, quien intentó dotar de rigor científico a esta disciplina (Del Bosque, 2003; Lilienfeld et al., 2010).
La PES engloba tres principales capacidades: telepatía, la supuesta habilidad de leer los pensamientos de otra persona; clarividencia, la percepción de objetos o eventos distantes u ocultos; y precognición, la habilidad de predecir acontecimientos futuros mediante medios paranormales. Además, está relacionada con otros fenómenos como la psicometría (leer información del pasado a través de un objeto) y la radiestesia (localizar agua o metales bajo tierra con varillas).
Históricamente, numerosos sucesos inexplicables han sido atribuidos a estas capacidades, conocidos también como fenómenos psi. No obstante, estos eventos suelen ser reportados como manifestaciones espontáneas, por lo que la imposibilidad de reproducirlos consistentemente en un laboratorio o entorno controlado ha llevado a la comunidad científica a considerarlos pseudocientíficos.
Un aspecto común de los fenómenos de PES es que contradicen principios fundamentales de la ciencia moderna. Por ejemplo, las afirmaciones de precognición desafían el concepto de causalidad, y la telepatía sugiere formas de comunicación no detectadas por las tecnologías actuales. Esto ha reforzado la idea de que la percepción extrasensorial es un mito desde el punto de vista científico (Brancović, 2019).
El estudio de la percepción extrasensorial
Desde finales del siglo XIX, la percepción extrasensorial ha atraído el interés de científicos y académicos que buscan explorar su validez y comprender su posible funcionamiento. Este fenómeno ha sido objeto de investigaciones sistemáticas, particularmente a partir de los años 30, cuando J.B. Rhine y su esposa Louisa desarrollaron experimentos en la Universidad de Duke utilizando las cartas Zener, que consistían en símbolos estándar para evaluar la capacidad de los sujetos de adivinar patrones de manera aparentemente paranormal. Estos experimentos ofrecieron algunos resultados prometedores iniciales, pero las dificultades para replicar estos hallazgos en otros laboratorios debilitaron su credibilidad.
Uno de los enfoques más destacados para estudiar la PES es el método Ganzfeld, que afirma crear un ‘campo sensorial uniforme’ mediante el uso de estímulos controlados como pelotas de ping-pong cortadas, luz roja y ruido blanco. Este diseño buscaba minimizar las distracciones y permitir que emerjan señales mentales débiles. En 1994, Daryl Bem y Charles Honorton utilizaron un meta-análisis para combinar datos de estudios previos sobre este método, concluyendo que los sujetos lograron índices de acierto superiores a lo esperado por azar. Sin embargo, investigaciones posteriores, como las de Julie Milton y Richard Wiseman, cuestionaron estos hallazgos al analizar estudios más recientes y concluir que los resultados no superaban las probabilidades estadísticas.
Aunque algunos estudios, como los realizados por Lance Storm y Suitbert Ertel, han intentado revivir el debate, la comunidad científica continúa considerando la PES como una pseudociencia, al carecer de pruebas concluyentes que cumplan con los estándares del método científico (Pérez, Lawrence, 2002; Lilienfeld et al., 2010; Brancović, 2019).
¿Por qué la ciencia considera la percepción extrasensorial como un mito?
El principal problema de los estudios sobre PES es la dificultad de establecer controles experimentales rigurosos que eliminen explicaciones alternativas, como la filtración de pistas sensoriales sutiles en los experimentos. Además, la incapacidad de replicar consistentemente los hallazgos en laboratorios independientes sigue siendo un obstáculo insuperable. Por otro lado, el hecho de que la existencia de la PES contradiga las leyes físicas conocidas ha llevado a muchas y muchos científicos a exigir un alto nivel de evidencia para aceptarla como un fenómeno real (Del Bosque, 2003).
Para intentar explicar la PES, algunas teorías proponen que esta opera mediante campos o partículas relacionadas con principios de la física moderna, como ondas electromagnéticas, neutrinos, o incluso partículas hipotéticas como ‘psitrons’. Aunque estas ideas buscan alinearse con el paradigma científico, muchas de ellas han sido criticadas por ser ad hoc o imposibles de refutar experimentalmente. Otras teorías se han basado en conceptos biológicos, sugiriendo que la PES podría estar vinculada a campos biológicos o procesos vitales, pero estas propuestas también carecen de aceptación generalizada (Marciak-Kozłowska, Kozłowski, 2016).
Percepción extrasensorial: un mito arraigado en la sociedad
La creencia en la percepción extrasensorial también se posiciona como una de las formas más prevalentes de pensamiento paranormal en el mundo moderno. Algunos estudios revelan que aproximadamente dos tercios de las y los estadounidenses creen en fenómenos psi, un porcentaje superior al de quienes creen en la astrología o la visita de extraterrestres. Esto podría deberse a que la PES, en comparación con otras creencias paranormales, parece más alineada con la tecnología y los valores científicos, lo que la hace más aceptable en una sociedad tecnológicamente avanzada (Brancović, 2019).
Por otro lado, no solo el público general mantiene estas creencias. De acuerdo a diversas investigaciones, una gran cantidad de científicos naturales consideran la percepción extrasensorial como un fenómeno plausible o bien establecido. Aunado a esto, existen estudios que muestran que hasta un 73% de estudiantes universitarios consideran que la PES es un fenómeno comprobado y bien documentado (Lilienfeld et al., 2010; Marciak-Kozłowska, Kozłowski, 2016; Brancović, 2019).
La influencia de estas creencias ha alcanzado incluso a organismos gubernamentales. Una prueba de ello, fue el programa ‘Stargate’ implementado por los Estados Unidos en 1972. En él, se intentó utilizar a ‘videntes remotos’ para obtener información estratégica sobre objetivos inaccesibles, como instalaciones soviéticas. Aunque fue cancelado en 1995 debido a su falta de resultados útiles, el simple hecho de su existencia destaca la aceptación que la PES ha tenido incluso entre personas instruidas.
¿Por qué las personas creen en la percepción extrasensorial?
Desde temprana edad, muchas personas están expuestas a narrativas que presentan la PES como un fenómeno real y cotidiano. Series de televisión, películas y libros promueven ideas sobre la clarividencia, la telepatía y otros poderes paranormales, lo que refuerza la percepción de su legitimidad. Además, en Internet proliferan cursos que aseguran ayudar a las personas a desbloquear su potencial psíquico, lo que refuerza aún más estas ideas en la conciencia colectiva (Lilienfeld et al., 2010).
Es importante señalar, además, que las creencias en la PES se ven reforzadas por determinados sesgos cognitivos. En este sentido, es común que las personas recuerden con mayor claridad los eventos que confirman sus creencias y olviden aquellos que las contradicen. Por ejemplo, si alguien recibe una llamada telefónica justo cuando estaba pensando en esa persona, puede recordar esta coincidencia como una prueba de telepatía. Así mismo, es igualmente frecuente que las personas malinterpreten coincidencias improbables como eventos paranormales, ignorando la verdadera probabilidad estadística detrás de ellos.
Por otro lado, las creencias en lo paranormal también pueden satisfacer necesidades psicológicas profundas, como la necesidad de control en situaciones de incertidumbre, la superación del miedo a la muerte o a lo desconocido, o bien, la búsqueda de significado y propósito a la vida.
En relación a la existencia de cierta susceptibilidad personal ante la percepción extrasensorial, las investigaciones han demostrado que las personas con estilos de pensamiento más intuitivos tienden a creer más en fenómenos paranormales. A diferencia de las y los pensadores analíticos, que son más propensos a cuestionar críticamente las creencias culturales, las y los pensadores intuitivos aceptan con mayor facilidad ideas que se alinean con su percepción emocional o subjetiva del mundo (Brancović, 2019).
Percepción extrasensorial: un mito lucrativo
La percepción extrasensorial, como otras pseudociencias, se ha convertido en un fenómeno comercial de gran alcance. A pesar de la falta de evidencia científica que respalde su existencia, la PES ha logrado infiltrarse en diversos ámbitos sociales, desde los medios de comunicación hasta las prácticas comerciales. Esto ha dado lugar a un mercado floreciente que promueve una variedad de productos y servicios relacionados con lo paranormal, desde consultas con ‘psíquicos’ y ‘videntes’ hasta libros, seminarios y cursos destinados a desarrollar habilidades extrasensoriales. Estos productos, que se distribuyen ampliamente, no solo llegan a un público minoritario, sino que se comercializan a través de canales legales, utilizando las mismas estrategias de marketing que las empresas convencionales, lo que facilita su acceso masivo (Alonso, Cortiñas, 2014).
Este proceso de comercialización y aceptación de la PES tiene un impacto económico significativo. Los cursos, los libros de autoayuda y las consultas psíquicas no solo proporcionan entretenimiento y consuelo a quienes creen en ella, sino que también representan una fuente de ingresos considerable para las y los involucrados en su promoción. Sin embargo, la falta de regulación y el aprovechamiento de las creencias populares por parte de aquellos que se benefician de ellas, plantea una gran preocupación. En este sentido, la permisividad de los órganos reguladores y legislativos ante estas prácticas ha permitido que la PES florezca sin restricciones, convirtiéndose en un negocio rentable, aunque cuestionable desde el punto de vista ético.
Percepción extrasensorial: un mito peligroso
Como ya se ha comentado, la percepción extrasensorial se presenta como una disciplina legítima, aprovechando su alto grado de profesionalización para ganarse la confianza del público. Este fenómeno se ha intensificado a través de medios de comunicación masivos, que en ocasiones brindan visibilidad a estos temas sin un análisis crítico adecuado, y que, en algunos casos, incluso fomentan la creencia en habilidades psíquicas. Los programas de televisión y películas que incluyen fenómenos como la clarividencia o la telepatía no solo contribuyen a la aceptación de la PES, sino que, mediante la representación de estos poderes de forma atractiva y dramática, refuerzan la noción de que lo paranormal forma parte de la realidad cotidiana. Así, se genera una atmósfera de normalización en torno a la PES, camuflándola bajo la apariencia de ciencia, lo que reduce las barreras a la crítica y aumenta su aceptación social (Alonso, Cortiñas, 2014).
En este sentido, la peligrosidad de un mito como la percepción extrasensorial radica en su capacidad para operar bajo el manto de la legitimidad científica sin ofrecer pruebas verificables de sus afirmaciones. Esta situación, sumada a la creciente demanda y aceptación de productos asociados a la PES, hace que se convierta en una amenaza, tanto desde un punto de vista cultural como económico. Las personas que recurren a estas prácticas pueden llegar a gastar grandes sumas de dinero, a menudo sin obtener los resultados prometidos, lo que puede generar un efecto perjudicial a nivel personal, emocional y económico. De este modo, la PES se inserta en el entramado social y económico de manera insidiosa, manteniendo su influencia gracias a la falta de escrúpulos de quienes la promueven y la permisividad de un sistema que no logra regular adecuadamente estas prácticas.
¿Por qué es importante reconocer la percepción extrasensorial como un mito?
En primer lugar, aceptar que la PES no tiene una base científica sólida ayuda a prevenir la perpetuación de creencias infundadas que, al ser aceptadas sin evidencia, pueden llevar a las personas a tomar decisiones erróneas y a malinterpretar sus experiencias. Al estar expuestos a la información que respalda el mito de la percepción extrasensorial, se favorece el desarrollo de una visión distorsionada de la realidad, donde los fenómenos inexplicables se interpretan como resultados de habilidades psíquicas, en lugar de ser analizados de manera racional y lógica.
Por otro lado, es importante considerar que la industria pseudocientífica relacionada con la PES es amplia y está muy bien estructurada, lo que permite a las y los falsos ‘expertos’ aprovecharse de la vulnerabilidad de las personas, vendiendo servicios y productos costosos sin ninguna evidencia que respalde su efectividad. Además, estas creencias pueden generar dependencia emocional y económica en las personas que recurren a supuestos poderes psíquicos para resolver problemas en sus vidas, en lugar de tomar decisiones basadas en datos verificables y estrategias reales.
Finalmente, en el contexto de la psicología y la salud mental, comprender que las prácticas relacionadas con la PES son pseudocientíficas ayuda a evitar la patologización de experiencias cotidianas que son simplemente fruto de la interpretación personal, el azar o las creencias culturales. Desmitificar estos fenómenos contribuye a reducir el estrés y la ansiedad de las personas que se sienten confundidas o desorientadas ante experiencias que no logran explicar, y les permite acceder a un mejor apoyo emocional y terapéutico.
Referencias:
- Alonso, F., Cortiñas, S. (2014). La pseudociencia como (des)información tóxica. Una taxonomía para comprender el fenómeno y sus manifestaciones. Ámbitos, número (14). revistascientificas.us.es
- Branković, M. (2019). Who Believes in ESP: Cognitive and Motivational Determinants of the Belief in Extra-Sensory Perception. Europe’s Journal of Psychology, volumen (15), número (1), pp. 120-139. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
- Del Bosque, E. (2003). Diferencias Entre el Efecto Ganzfeld y la Meditación en Tareas de Percepción Extrasensorial. Universidad de las Américas. Bibliotecas UDLAP. catarina.udlap.mx
- Lilienfeld, S., Jay, S., Ruscio, J., Beyerstein, B. (2010). 50 Grandes mitos de la psicología popular: Las Ideas Falsas más Comunes Sobre la Conducta Humana. Biblioteca Buridan
- Marciak-Kozłowska, J., Kozłowski, M. (2016). Extrasensory perception phenomena. Lambert Academic. researchgate.net
- Pérez, J., Lawrence, A. (2002). Una revisión crítica de la edición de la evidencia experimental del fenómeno de percepción extrasensorial: aciertos y errores de un paradigma de monotonización perceptiva. Apuntes de Psicología, volumen (20), número (1), pp. 97-118. apuntesdepsicologia.es
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