Falta de sueño: consecuencias físicas y psíquicas

El rendimiento cognitivo, la esfera emocional o la salud cardiovascular son algunas de las áreas más afectadas por la falta de sueño.

La falta de sueño en un problema de salud cada día más serio. Por un lado, el ritmo acelerado que caracteriza a las sociedades actuales y el uso incrementado de dispositivos electrónicos ha causado que los hábitos de sueño de jóvenes y personas adultas se vean peligrosamente alterados (American College of Neuropsychopharmacology, 2017). Aunado a ello, los trastornos del sueño afectan alrededor del 20% de la población general (Zada, et.al 2019). Esto significa que el descanso inadecuado puede ser considerado una cuestión de salud pública.

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Dormir es una actividad fisiológica necesaria para la vida. Tiene como finalidad la recuperación del organismo a través de la reorganización de todos los elementos utilizados durante la jornada diaria. Implica no solo un proceso de reposo, sino que involucra también funciones regenerativas (Almansa, 2016). Dado lo anterior, la falta de un periodo de sueño adecuado y sus efectos en la salud física y psicológica han sido temas de gran interés para la comunidad científica.

Las investigaciones en torno a esta materia son muy diversas. Las consecuencias biológicas y psicológicas de no dormir bien son muy numerosas y se presentan en muchos niveles. A continuación, se tratarán algunas de las más destacadas.

La falta de horas de sueño afecta nuestra salud cardiovascular

No dormir bien tiene un grave efecto en la salud de nuestro corazón. Un estudio realizado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III en Madrid, mostró una relación directa entre el tiempo y la calidad de sueño con el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Dentro de su investigación, los sujetos que durmieron menos de 6 horas tuvieron una probabilidad 27% superior de padecer arterioesclerosis que aquellos que durmieron siete o más horas. Además, aquellos voluntarios que registraron una baja calidad de sueño tuvieron 34% más posibilidades de contraer esta misma enfermedad que aquellos que durmieron bien (Dominguez, et.al 2019).

Recientes investigaciones han sugerido que los efectos de la falta de sueño en la salud del corazón pueden manifestarse incluso a nivel celular. Un trabajo realizado por la Universidad de Colorado Boulder mostró que las personas que dormían menos de 7 horas por noche registraban niveles más bajos de microRNAs en el sistema cardiovascular. Estas moléculas funcionan como reguladoras psicológicas que suprimen la expresión genética de ciertas proteínas en las células. Al hacerlo, actúan como ‘frenos celulares’ que preservan la salud del aparato circulatorio (Hijmans, et.al 2019).

No dormir adecuadamente nos impulsa a comer en exceso

Uno de los factores más estudiados en torno a los efectos nocivos de la falta de sueño es la obesidad. En relación a ello, un estudio realizado por la Universidad de Chicago encontró una relación entre dormir menos de 6 horas cada noche y un incremento en el índice de masa corporal. Esta conexión se explica por el hecho de que la restricción de sueño impacta en las señales provenientes del cerebro. Esto incrementa la secreción de la hormona ghrelina, encargada de estimular el apetito. Además, disminuye el flujo de la hormona leptina, responsable de la sensación de saciedad (Knuston, 2012).

Por otro lado, la privación de sueño puede afectar también la percepción que los seres humanos tienen de la comida. Un estudio realizado por la Universidad de Uppsala, en Suecia, mostró que el área del cerebro involucrada en la sensación de apetito, mostraba mayor activación frente a imágenes de comida después de una sola noche de desvelo. Situación que motivaba a los sujetos a consumir una mayor cantidad de alimento a la mañana siguiente (Benedict, et.al 2012).

Sumado a esto, la falta de sueño también puede afectar la forma en que el cuerpo metaboliza la comida. Sobre esto, una investigación dirigida por la Sociedad Americana de Bioquímica y Biología Molecular, descubrió que un periodo de sueño inadecuado afecta la forma en que el cuerpo procesa la grasa de los alimentos, almacenándola de manera más rápida e impulsando a las personas a consumir más comida para sentirse satisfechas (Ness, 2019).

La falta de sueño favorece el desarrollar diabetes

Los cambios provocados en el metabolismo de los seres vivos por la falta de sueño no solo afectan el peso de los individuos. En un trabajo realizado con ratones por la Universidad de Toho, en Tokio, se encontró que la privación de sueño provocaba en los sujetos de estudio, niveles de glucosa en sangre más elevados, así como un alto contenido de triglicéridos hepáticos, asociados con la resistencia a la insulina. Esta condición, sumada a los cambios del apetito ocasionados también por la falta de sueño, colocarían a los malos hábitos de sueño como un importante factor de riesgo para el desarrollo de diabetes tipo 2 (Shigiyama, 2018).

La falta de sueño se relaciona con algunos tipos de cáncer

Uno de los factores más alarmantes asociados a la falta de sueño es la predisposición a padecer cáncer. En un estudio realizado por el Centro Seidman para el Cáncer de la Universidad de Cleveland, se encontró una fuerte conexión entre un periodo de sueño insuficiente anterior al diagnóstico de mujeres con cáncer de seno y un desarrollo más agresivo de la enfermedad. Esta tendencia se manifestaba de forma más marcada en pacientes que habían pasado ya por la menopausia (University Hospitals Case Medical Center, 2012).

De igual forma, el Instituto Nacional de Cáncer en Estado Unidos, a través de esta misma Universidad, desarrolló un estudio similar en pacientes por medio de colonoscopia. Los resultados arrojaron que los pacientes que reportaron dormir menos de 6 horas por noche, tienen hasta un 50% más de probabilidades de padecer cáncer de colon. Esto coloca dicho factor de riesgo al mismo nivel de tener un pariente con esta enfermedad (Thompson, 2011).

No dormir bien afecta el desarrollo sexual masculino

El hecho de dormir de mala forma también tiene consecuencias en el desarrollo sexual de los individuos, especialmente en el género masculino. Una investigación llevada a cabo por el Centro Médico de la Universidad de Chicago descubrió que aquellos jóvenes que duermen 5 horas o menos durante la noche producen de 10% a 15% menos testosterona. Situación que afecta su conducta sexual, fuerza física, así como el desarrollo de masa muscular y densidad ósea. Sorprendentemente, estos efectos, se mostraron tras solo una semana de privación de sueño (Laproult, Cauter, 2011).

El desarrollo sexual de los varones también puede verse afectado a nivel celular por esta dimensión. Una investigación llevada a cabo en Chongqing, China, reveló que la falta de sueño influye en la calidad del semen producido. Esto se da ya sea que exista un déficit o un exceso en el periodo de sueño. De esta forma, tanto los voluntarios que durmieron más de 9 horas, como los que durmieron 6 horas y media o menos, registraron un volumen de semen menor y un recuento espermático más bajo. Siendo un lapso de entre 7 y 7 horas y media el tiempo ideal de sueño para esta dimensión (Wang, et.al 2017).

Un sueño deficiente pone en riesgo la salud de nuestro cerebro

Un estudio llevado a cabo por la Universidad Bar-IIan en Israel, descubrió que el sueño ayuda a reparar el ADN dañado de las neuronas. Para ello, realiza una tarea de limpieza y reparación en las células del cerebro. En este sentido, dormir funcionaría como una fase de desconexión en la que el organismo es capaz de reiniciarse para el siguiente día (Zada, 2019).

Por otro lado, estudios realizados por la Universidad de Columbia de Nueva York, encontraron una relación bidireccional entre el sueño y el estrés oxidativo. Para los investigadores, dormir desempeña una función de defensa en contra del proceso de oxidación que contribuye al deterioro celular. Estos resultados son relevantes para la salud del sistema nervioso. Esto, debido a que no dormir bien significaría contribuir al desarrollo de patologías degenerativas como Alzheimer, Parkinson y la Enfermedad de Huntington (Hill, et.al 2018).

En esta misma línea, investigadores de la Universidad de Upssala, encontraron que una sola noche de desvelo provoca en individuos saludables un alto grado de tau en la sangre. Este último, es un biomarcador relacionado con el desarrollo de enfermedades como la demencia o el Alzheimer. Esta situación es una señal de alerta, ya que aún se desconoce la duración de estos efectos y el papel que una exposición prolongada a esta proteína puede tener en el progreso de enfermedades cerebrales degenerativas (Benedict, 2020).

La falta de sueño influye nuestro rendimiento cognitivo

La ausencia de un periodo de sueño adecuado tiene un claro efecto negativo en la atención. No obstante, su impacto en el rendimiento cognitivo es mucho más amplio y complejo. Una investigación realizada por el Laboratorio del Sueño y el Aprendizaje de la Universidad Estatal de Michigan, encontró que la falta de sueño tiene una influencia negativa concreta en la habilidad de los sujetos para seguir los diferentes pasos de un procedimiento. Condición que hace a las personas más susceptibles de cometer errores. Sobre todo, cuando se enfrentan a una actividad no rutinaria y no han dormido lo suficiente (Stepan, Altman, Fenn, 2019).

La falta de sueño afecta nuestra salud emocional

Las personas son más sensibles a los diferentes problemas y obstáculos cotidianos cuando no han dormido bien. Esta vulnerabilidad puede resultar en una predisposición a padecer distintos trastornos del ánimo. En un trabajo de investigación realizado en la Universidad de Arkansas, se analizó la relación entre la falta de sueño y la respuesta emocional. Según los hallazgos de los autores, algunas de las estructuras neurobiológicas involucradas en la regulación emocional o afectiva no funcionan de manera adecuada cuando se pierden horas de sueño. De esta forma, cuando no se duerme bien o se presenta algún trastorno del sueño, es mucho más probable que se desarrollen patologías específicas como trastornos del ánimo o desórdenes de ansiedad (University of Arkansas, Fayetteville, 2015).

Por su parte, investigadores de la Universidad de Pittsburg estudiaron la desincronización de horas de sueño que caracteriza la jornada de muchos adolescentes y jóvenes adultos. Los resultados de este trabajo mostraron que la falta de horas de sueño disminuía la repuesta del putamen. Esta última es una estructura del cerebro relacionada con el seguimiento y aprendizaje de actividades dirigidas a una meta. Para los autores la deprivación de sueño afecta de forma negativa la forma en que los jóvenes se satisfacen de las actividades realizadas. Esta situación los hace más vulnerables a padecer depresión y a buscar gratificación en sustancias adictivas (American College of Neuropsychopharmacology, 2017).

Nuestra tolerancia al estrés se relaciona con la calidad de nuestro sueño

Tal vez una de las consecuencias psicológicas más evidentes de no dormir sea una baja tolerancia a los estresores de la vida cotidiana. Según un estudio realizado por la Universidad de California, Berkeley, una noche en vela puede ocasionar un aumento del 30% en los niveles de ansiedad. De acuerdo a los resultados de esta investigación, el sueño profundo es el tipo de sueño más apto para calmar y reiniciar el cerebro ansioso. Lo que lo presentaría como un ansiolítico natural, siempre y cuando se mantuviera todas las noches. Por el contrario, la falta de sueño amplifica los síntomas de ansiedad provocados por situaciones estresantes, lo que pone de manifiesto la importancia de mantener una buena higiene del sueño para poder enfrentar de manera eficiente los problemas cotidianos (Simon, 2019).

Referencias:

  • Almansa, F. (2016) Salud y Sueño. Psiquiatría.com, Recuperado de: psiquiatria.com
  • American College of Neuropsychopharmacology (2017) Lack of sleep could cause mood disorders in teens. ScienceDaily. Recuperado de: www.sciencedaily.com
  • Benedict, C., Brooks, S., O’Daly, O., Almèn, M., Morell, A., Åberg, K., Gingnell, M., Schultes, B., Hallschmid, M., Broman, J., Larsson, E., Schiöth, H. (2012) Acute Sleep Deprivation Enhances the Brain’s Response to Hedonic Food Stimuli: An fMRI Study. The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, DOI: 10.1210/jc.2011-2759
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R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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