Los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro han sido objeto de numerosos debates científicos, sociales y políticos, especialmente en las últimas décadas, debido al creciente consumo y a los cambios normativos en múltiples países. Aunque su uso se ha normalizado en algunos contextos recreativos y terapéuticos, la evidencia neurocientífica indica que la interacción entre los compuestos del cannabis, particularmente el tetrahidrocannabinol (THC), y los sistemas endógenos del cerebro es compleja, profunda y no exenta de riesgos (Berger, 2024; Mayo Clinic, 2025). Esta complejidad se relaciona tanto con los efectos inmediatos sobre los procesos neuroquímicos como con las alteraciones a largo plazo sobre la cognición, la memoria, la toma de decisiones y la estructura cerebral, especialmente cuando el consumo se inicia durante etapas críticas del neurodesarrollo (Wallis, 2018).
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Además, comprender los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro resulta esencial porque la planta contiene moléculas capaces de modificar procesos fisiológicos vinculados al bienestar, la percepción y la motivación, lo cual explica su potencial para generar experiencias placenteras, pero también estados de ansiedad, desorientación o deterioros cognitivos (SENDA, 2015; Verdejo, 2011).
Tanto los usuarios recreativos como los profesionales de la salud deben tener claridad sobre estos efectos, no solo para entender los mecanismos moleculares implicados, sino también para prevenir riesgos asociados al consumo habitual, especialmente en poblaciones vulnerables, como adolescentes y jóvenes adultos.
Efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro durante su consumo
Cuando una persona consume marihuana, el proceso fisiológico más inmediato ocurre a nivel del sistema endocannabinoide, un conjunto de receptores y moléculas endógenas que regulan funciones como el apetito, la memoria, la percepción del dolor y el estado de ánimo (SENDA, 2015). El THC se une principalmente a los receptores CB1, ubicados en áreas del cerebro relacionadas con la memoria (hipocampo), la toma de decisiones (corteza prefrontal), las emociones (amígdala) y la recompensa (núcleo accumbens), lo que explica por qué los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro se manifiestan en cambios inmediatos del estado mental y perceptual (Berger, 2024). Esta interacción altera la liberación de neurotransmisores como dopamina, glutamato y GABA, provocando un desequilibrio temporal en los circuitos neurales.
Asimismo, el THC actúa como un modulador que interfiere con la señalización sináptica, generando una percepción alterada del tiempo, fluctuaciones en la atención y dificultades de procesamiento cognitivo. Aunado a esto, el THC también afecta la neuroplasticidad, especialmente en jóvenes, porque los receptores CB1 regulan la poda neuronal y la consolidación de la memoria. Estos mecanismos explican por qué los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro pueden incluir euforia, relajación, distorsión sensorial o, por el contrario, ansiedad y confusión (Torres, Fiestas, 2012; Ruiz et al., 2016).
Durante el consumo, el THC alcanza rápidamente la circulación sistémica y atraviesa la barrera hematoencefálica debido a su naturaleza lipofílica. Una vez dentro del cerebro, se acumula preferentemente en estructuras ricas en grasa y altamente conectadas, lo que intensifica su acción en centros de recompensa (Verdejo, 2011). Este proceso ocurre de manera más intensa en adolescentes, ya que su cerebro continúa desarrollándose y presenta mayor sensibilidad a los compuestos psicoactivos (Wallis, 2018).
Efectos placenteros y displacenteros del consumo de marihuana
Los efectos placenteros más comunes del consumo de marihuana se relacionan con la activación de los circuitos de recompensa y la liberación de dopamina, especialmente en el núcleo accumbens, una región clave para la sensación de bienestar (Berger, 2024). Este proceso explica la euforia, la relajación y la percepción aumentada del placer sensorial, que muchos consumidores describen como intensificación del tacto, el gusto, la música o los colores. El THC también puede inducir una disminución de la tensión muscular y un estado general de calma, lo que contribuye a su uso recreativo. En este punto, los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro se perciben como positivos, generando experiencias agradables y en algunos casos asociadas a la creatividad o introspección (SENDA, 2015).
Sin embargo, los efectos displacenteros también son frecuentes, especialmente cuando la dosis es elevada, el consumidor es inexperto o existe predisposición a ansiedad. El THC puede generar ataques de pánico, paranoia, alteración del juicio y deterioro temporal de la memoria de trabajo; efectos que pueden ser más intensos en adolescentes debido a la mayor reactividad emocional y a la sensibilidad del sistema límbico. Además, el impacto del THC sobre el hipocampo puede dificultar la formación de nuevos recuerdos y generar confusión o desorientación (Verdejo, 2011; Torres, Fiestas, 2012; Wallis, 2018).
Los efectos displacenteros incluyen también una disminución del tiempo de reacción y alteraciones motoras, las cuales incrementan el riesgo de accidentes (Mayo Clinic, 2025). En ambos casos, tanto los efectos placenteros como los displacenteros derivan de cómo interactúan los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro, lo que subraya la importancia de comprender que la misma sustancia puede generar experiencias diversas dependiendo del contexto, la dosis y la vulnerabilidad individual.
Efectos neurofisiológicos asociados al consumo de marihuana
Los efectos neurofisiológicos del consumo de marihuana involucran alteraciones en múltiples sistemas cerebrales, con énfasis en las áreas encargadas de la memoria, la atención, la regulación emocional y la función ejecutiva.
El consumo crónico de cannabis puede generar déficits persistentes en la memoria de trabajo y en la velocidad de procesamiento, debido a la alteración de la actividad del hipocampo y de la corteza prefrontal. Estos efectos se relacionan directamente con la manera en que el THC interfiere con la sinaptogénesis y con la transmisión glutamatérgica, procesos fundamentales para el aprendizaje y la consolidación de recuerdos (Verdejo, 2011).
Además, los adultos jóvenes consumidores habituales pueden presentar dificultades en tareas de atención sostenida y flexibilidad cognitiva, lo cual indica que los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro no se limitan a experiencias subjetivas, sino que incluyen alteraciones mensurables mediante pruebas neuropsicológicas (Pozo et al., 2019). Aunado a esto, también se han encontrado cambios en la función ejecutiva, como reducción en la inhibición de respuestas automáticas y en la capacidad de planificar, lo cual se traduce en dificultades en la toma de decisiones (Ruiz et al., 2016).
Otro aspecto neurofisiológico importante es la interferencia con el desarrollo cerebral adolescente. En relación con esto, el THC afecta la maduración de la corteza prefrontal, región clave para la autorregulación emocional y el juicio. Este impacto puede resultar en mayor impulsividad, mayor sensibilidad al estrés y disminución de las capacidades analíticas (Wallis, 2018).
Asimismo, el cannabis puede alterar la conectividad funcional entre regiones cerebrales, reduciendo la eficacia de la comunicación neural. En conjunto, estos hallazgos muestran que los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro afectan procesos neurofisiológicos esenciales, con consecuencias que afectan el rendimiento cognitivo y la estabilidad emocional (Torres, Fiestas, 2012).
Efectos a largo plazo en el cerebro por el consumo de marihuana o cannabis
Los efectos a largo plazo del consumo de marihuana han sido ampliamente estudiados y muestran un patrón consistente de alteraciones en la memoria, la atención, la función ejecutiva y, en algunos casos, en la estructura cerebral.
En primer lugar, el consumo crónico puede generar déficits persistentes en la memoria reciente debido al impacto acumulativo del THC sobre el hipocampo. Estos déficits suelen ser más pronunciados en quienes iniciaron el consumo en la adolescencia, una etapa en la que el cerebro es especialmente vulnerable (Torres, Fiestas, 2012).
Además, en adolescentes se observa una reducción en la densidad sináptica y en la maduración de la corteza prefrontal, lo que puede afectar la capacidad de juicio y el control emocional incluso años después de haber dejado de consumir (Wallis, 2018).
Aunado a esto, las y los consumidores regulares muestran deterioros en tareas neuropsicológicas relacionadas con la memoria de trabajo y la planificación, lo que evidencia que los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro pueden mantenerse a largo plazo (Pozo et al., 2019). Asimismo, existen cambios estructurales en el cerebro, como reducción del tamaño del hipocampo y alteraciones en la sustancia blanca, los cuales podrían comprometer la comunicación entre regiones cerebrales (Ruiz et al., 2016).
En conjunto, estos efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro a largo plazo muestran que el consumo repetido puede dejar huellas significativas, especialmente cuando se inicia a edades tempranas o se mantiene durante varios años.
¿Puede la marihuana causar adicción?
La marihuana sí puede causar adicción, y esta afirmación está respaldada por múltiples estudios neurobiológicos.
En primer lugar, el THC actúa sobre el sistema de recompensa del cerebro al incrementar la liberación de dopamina, un neurotransmisor clave en la sensación de placer y motivación. La estimulación repetida de estos circuitos puede generar cambios en la plasticidad cerebral, que a su vez fomentan conductas compulsivas de búsqueda de la sustancia (Escobar et al., 2009). Aunado a esto, el consumo habitual puede conducir a una dependencia psicológica, marcada por la necesidad de consumir para experimentar bienestar o evitar malestar emocional (Berger, 2024).
En relación a la tolerancia al cannabis, esta se desarrolla cuando los receptores CB1 disminuyen su sensibilidad debido a la exposición continua al THC. Esto obliga al consumidor a aumentar la dosis o la frecuencia del consumo para obtener los mismos efectos (Ruiz et al., 2016). Al final, el resultado de todo esto es que los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro pueden facilitar la transición desde un uso experimental hacia un patrón de consumo problemático.
Sumado a esto, existen síntomas claros de abstinencia, como irritabilidad, dificultades de sueño, disminución del apetito y estado de ánimo deprimido, lo que confirma la presencia de dependencia física y psicológica. Por tanto, la evidencia indica que la marihuana sí puede generar adicción debido a su impacto neurobiológico sostenido.
Importancia de conocer los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro
Comprender los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro es fundamental para la salud pública, la educación y la prevención, especialmente en sociedades donde el consumo se ha normalizado. En este sentido, el principal riesgo radica en la falta de información precisa, pues muchos consumidores subestiman los posibles efectos neurocognitivos y emocionales. Conocer estos efectos permite que las y los usuarios tomen decisiones informadas, sobre todo considerando que la vulnerabilidad varía según la edad, la genética y el contexto social.
Es importante recordar que el impacto sostenible que tiene el cannabis sobre la memoria, la atención y la función ejecutiva puede influir significativamente en la vida académica, laboral y social. Por esta razón, la difusión de información basada en evidencia científica es esencial para promover hábitos saludables y reducir los riesgos asociados al consumo.
Además, comprender los efectos de la marihuana ayuda a desmitificar conceptos erróneos, como la idea de que se trata de una sustancia completamente inocua o incapaz de generar dependencia. En relación con esto, existe evidencia contundente sobre los mecanismos de adicción y los cambios neurobiológicos implicados, lo que refuerza la necesidad de una comunicación clara sobre estos riesgos.
Finalmente, conocer los efectos de la marihuana o cannabis en el cerebro permite diseñar estrategias de intervención temprana, mejorar los programas de prevención y apoyar a quienes presentan un patrón problemático de consumo. Desde una perspectiva de salud pública, esta comprensión es indispensable para equilibrar los posibles usos terapéuticos del cannabis con la protección de los sectores más vulnerables.
Referencias:
- Berger, F. (2024). Uso de sustancias – marihuana. Medline Plus. medlineplus.gov
- Escobar, I., Berrouet, M., González, D. (2009). Mecanismos moleculares de la adicción a la marihuana. Revista Colombiana de Psiquiatría, volumen (38), número (1), pp. 126-142. scielo.org.co
- Mayo Clinic (2025). Marihuana. Mayo Clinic: Sitio Web. mayoclinic.org
- Pozo, E., Mariño, C., Ramos, C. (2019). Efectos neuropsicológicos por el consumo de marihuana en adultos jóvenes. Cuadernos de Neuropsicología / Panamerican Journal of Neuropsychology, volumen (13), número (3), pp. 21-28. redalyc.org
- Ruiz, A., Ortega, I., Amancio, O., Méndez, M., Prospéro, Óscar. (2016). Marijuana and its effects on brain, decision making and intelligence. A narrative review. Revista Internacional De Investigación En Adicciones, volumen (2), número (2), pp. 46–56. riiad.org
- SENDA (2015). Marihuana. Ministerio del Interior y Salud Pública. senda.gob.cl
- Torres, G., Fiestas, F. (2012). Efectos de la marihuana en la cognición: una revisión desde la perspectiva neurobiológica. Revista peruana de medicina experimental y salud pública, volumen (29), pp. 127-134. scielosp.org
- Verdejo, A. (2011). Efectos neuropsicológicos del consumo de cannabis. Trastornos adictivos, volumen (13), número (3). elsevier.es
- Wallis, C. (2018). Marihuana y Cerebro Adolescente. Investigación y Ciencia. afatrac.org
Créditos de imagen de portada: Foto de Kindel Media

