Los niños y niñas también pueden sufrir depresión

En contra de la creencia popular, que describe la infancia como una etapa feliz, la depresión es una afección cada vez más común en niños y niñas.

Aunque tradicionalmente se ha considerado que la depresión es un trastorno que afecta principalmente a adultos, investigaciones recientes han demostrado que los niños y niñas también pueden experimentar este padecimiento, aunque sus manifestaciones pueden diferir de las observadas en adultos.

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Es crucial entender que la depresión en niños y niñas no es simplemente una fase pasajera, sino una condición que requiere atención y tratamiento adecuados para prevenir consecuencias a largo plazo, como el bajo rendimiento académico, problemas de conducta y un mayor riesgo de depresión en la edad adulta (Kovacs, Obrosky, Sherrill, 2016).

¿Qué tan común es la depresión en niños y niñas?

La incidencia de trastornos depresivos en niños y niñas ha aumentado en las últimas décadas, lo que ha generado preocupación entre las y los profesionales de la salud mental. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que aproximadamente el 3% de los niños y el 6% de las niñas en edad escolar experimentan depresión. Estos porcentajes aumentan durante la adolescencia, donde la prevalencia puede llegar al 8% en niños y al 16% en niñas (World Health Organization, 2023). Las diferencias de género en la incidencia de la depresión comienzan a manifestarse a partir de la pubertad, lo que sugiere que factores hormonales y sociales pueden jugar un papel importante en su desarrollo (Thapar, Collishaw, Pine, 2012).

Además, los niños y niñas que viven en entornos desfavorecidos, aquellos que han experimentado trauma o abuso, y aquellos con antecedentes familiares de depresión tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar este trastorno (Luby, 2013).

En este sentido, es importante mencionar que la identificación temprana y la intervención son clave para reducir la carga de la depresión en esta población vulnerable.

Manifestaciones de la depresión en niños y niñas

La depresión en niños y niñas se manifiesta de manera diferente en comparación con los adultos, lo que puede dificultar su diagnóstico. Mientras que los adultos suelen expresar sentimientos de tristeza y desesperanza de manera clara, los niños y niñas pueden mostrar irritabilidad, enojo o comportamientos disruptivos como síntomas principales (Birmaher et al., 2007). Además, es común que los niños y niñas con depresión presenten quejas somáticas, como dolores de cabeza o de estómago, que no tienen una causa médica aparente. Estos síntomas físicos pueden ser la principal razón por la que los padres buscan ayuda médica, sin sospechar que su hijo o hija pueda estar sufriendo de depresión (Luby, 2013).

Otra diferencia importante es que los niños y niñas pueden tener dificultades para verbalizar sus emociones, lo que hace que las y los profesionales de la salud deban confiar en observaciones conductuales y reportes de padres y maestros para realizar un diagnóstico preciso (Kovacs, Obrosky, Sherrill, 2016). Estas particularidades destacan la necesidad de enfoques diagnósticos y terapéuticos adaptados a las necesidades específicas de los niños y niñas.

El mito de que los niños y niñas no sufren depresión

A pesar de la evidencia científica, persiste la creencia injustificada de que los niños y niñas no pueden sufrir depresión. Esta idea errónea se basa en la suposición de que la infancia es una etapa feliz y libre de preocupaciones, lo que lleva a minimizar o ignorar los síntomas depresivos en los menores (Luby, 2013). Sin embargo, la depresión en niños y niñas es una realidad clínica bien documentada, y su negación puede tener consecuencias graves, como la falta de diagnóstico y tratamiento adecuados. Esta creencia también puede estar relacionada con la dificultad de reconocer los síntomas atípicos de la depresión en niños y niñas, como la irritabilidad o los problemas de conducta, que pueden ser malinterpretados como comportamientos normales de la infancia (Birmaher et al., 2007).

De esta manera, es fundamental que los padres, educadores y profesionales de la salud estén informados sobre la posibilidad de que los niños y niñas experimenten depresión, para que puedan buscar ayuda temprana y evitar complicaciones a largo plazo.

Estudios sobre la depresión en niños y niñas

Numerosos estudios han investigado las particularidades de la depresión en niños y niñas, destacando la importancia de considerar factores biológicos, psicológicos y sociales en su desarrollo. Por ejemplo, un estudio longitudinal encontró que los niños y niñas con antecedentes familiares de depresión tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar el trastorno, lo que sugiere una predisposición genética (Kovacs, Obrosky, Sherrill, 2016). Así mismo, otros estudios han destacado el papel del ambiente familiar, como la exposición a conflictos parentales o la falta de apoyo emocional, como factores de riesgo importantes (Luby, 2013). Además, investigaciones recientes han explorado las diferencias de género en la depresión, encontrando que las niñas tienden a internalizar más los síntomas, mientras que los niños pueden externalizarlos a través de comportamientos agresivos o disruptivos (Thapar, Collishaw, Pine, 2012).

Estos hallazgos resaltan la necesidad de enfoques personalizados para el diagnóstico y tratamiento de la depresión en niños y niñas.

Alternativas terapéuticas basadas en evidencia

El tratamiento de la depresión en niños y niñas debe basarse en enfoques terapéuticos respaldados por evidencia científica. La terapia cognitivo-conductual (TCC) ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de la depresión en esta población, ayudando a los niños y niñas a identificar y modificar pensamientos negativos y comportamientos disfuncionales (Weisz et al., 2017). Además, la terapia interpersonal (TIP) ha mostrado resultados prometedores al enfocarse en mejorar las relaciones interpersonales y las habilidades sociales, que a menudo están afectadas en niños y niñas con depresión (Mufson et al., 2004). En casos más graves, el uso de antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), puede ser considerado, aunque debe hacerse con precaución y bajo supervisión médica estrecha debido al riesgo de efectos secundarios (Birmaher et al., 2007).

Es fundamental que el tratamiento sea integral, involucrando no solo al niño o niña, sino también a su familia y entorno escolar, para garantizar un abordaje holístico y efectivo.

Importancia de estudiar y conocer la depresión en niños y niñas

Estudiar y conocer la forma en que la depresión se presenta en niños y niñas es esencial para mejorar su detección, diagnóstico y tratamiento. La depresión en esta población tiene un impacto profundo en su desarrollo emocional, social y académico, y puede tener consecuencias a largo plazo si no se aborda adecuadamente (Luby, 2013). Además, la identificación temprana de la depresión en niños y niñas puede prevenir la aparición de otros trastornos mentales en la edad adulta, como la ansiedad o el trastorno bipolar (Thapar, Collishaw, Pine, 2012). La investigación continua en este campo es crucial para desarrollar intervenciones más efectivas y adaptadas a las necesidades específicas de los niños y niñas. Asimismo, es importante promover la concienciación y educación sobre la depresión en niños y niñas entre padres, educadores y profesionales de la salud, para garantizar que los menores reciban el apoyo y tratamiento que necesitan.

Referencias:

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Birmaher, B., Brent, D., AACAP Work Group on Quality Issues. (2007). Practice parameter for the assessment and treatment of children and adolescents with depressive disorders. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, volumen (46), número (11), pp. 1503-1526. jaacap.org
  • Kovacs, M., Obrosky, D., Sherrill, J. (2016). Developmental changes in the phenomenology of depression in girls compared to boys from childhood onward. Journal of Affective Disorders, número (206), pp. 3-12. sciencedirect.com
  • Luby, J. L. (2013). Handbook of preschool mental health: Development, disorders, and treatment. Guilford Press.
  • Luby, J. L., Belden, A. (2006). Preschoolers’ depression severity and behaviors during dyadic interactions: The mediating role of parental support. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, volumen (45), número (2), pp. 213-222. sciencedirect.com 
  • Mufson, L., Dorta, K., Wickramaratne, P., Nomura, Y., Olfson, M., Weissman, M. (2004). A randomized effectiveness trial of interpersonal psychotherapy for depressed adolescents. Archives of General Psychiatry, volumen (61), número (6), pp. 577-584. sciencedirect.com
  • Thapar, A., Collishaw, S., Pine, D. (2012). Depression in adolescence. The Lancet, volumen (379), número (9820), pp. 1056-1067. thelancet.com
  • Weisz, J., Kuppens, S., Ng, M., Eckshtain, D., Ugueto, A., Vaughn-Coaxum, R., Jensen-Doss, A., Hawley, K., Krumholz, L., Chu, B., Weersing, V., Fordwood, S. (2017). What five decades of research tells us about the effects of youth psychological therapy: A multilevel meta-analysis and implications for science and practice. American Psychologist, volumen (72), número (2), pp. 79-117. psycnet.apa.org
  • World Health Organization. (2023). Depression. World Health Organization who.int  

Créditos de imagen de portada: Foto de brother’s photo

Fran González
Fran González
Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).

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Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).