Muerte cerebral o encefálica: diagnóstico e implicaciones

Muerte cerebral es un criterio diagnóstico que implica que una persona ha perdido todas las funciones del encéfalo.

El término muerte cerebral forma parte tanto del vocabulario científico-médico, como de nuestro lenguaje común. Este puede ser definido, en términos muy generales, como un criterio diagnóstico que determina la muerte de un organismo.

Es muy importante comprender el significado real de esta condición, ya que, en muchos ámbitos, el diagnóstico médico de muerte cerebral equivale a declarar el final práctico, legal e irreversible de una vida.

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¿Qué es la muerte cerebral?

Muerte cerebral, o muerte encefálica, es una condición donde una persona ha perdido todas las funciones del encéfalo. Es decir, del cerebro, el tallo cerebral y el cerebelo. Esta se declara cuando los reflejos del tronco cerebral, las funciones motoras y la actividad respiratoria están ausentes en una persona en estado de coma, con temperatura normal, en la que se haya demostrado una lesión cerebral masiva e irreversible (García, et.al 2012). Su diagnóstico está enfocado en demostrar que no hay función del cerebro ni del tallo cerebral. Este criterio no involucra a la médula espinal o al cerebelo, ya que no implican directamente funciones vitales. Por eso, el término más adecuado es el de “muerte encefálica”, y no el de muerte del sistema nervioso central (Castillo, 2019).

La muerte cerebral implica forzosamente una lesión estructural del encéfalo. Por lo general, esta inicia como una lesión focal o localizada, para luego afectarlo de manera global. Por ejemplo, lo que sucede en las lesiones vasculares, hemorragias, contusiones o laceraciones. No obstante, también puede deberse a una lesión encefálica difusa, como la que se presenta en la encefalopatía anoxo-isquémica (síndrome producido por el desequilibrio entre la disminución del aporte de oxígeno y del flujo sanguíneo cerebral). La cual, tiene diversas causas, como un paro cardiaco o respiratorio, intoxicaciones o infecciones. Dependiendo de la causa que provocó la lesión cerebral masiva, habrá ciertas modificaciones patológicas específicas, pero, al final convergerán en muerte neuronal por apoptosis e hipoxia. Es decir, muerte celular programada y falta de oxígeno (García, et.al 2012; Castillo, 2019).

El diagnóstico de la muerte cerebral

Dada su complejidad, el diagnóstico de muerte cerebral solo puede ser llevado a cabo en un área hospitalaria por especialistas.

El primer requisito para el diagnóstico de muerte cerebral es que la causa de la ausencia de función cerebral sea conocida, demostrable e irreversible. Esto implica descartar cualquier afección que podría manifestarse de forma similar, como la hipotermia o algún tipo de intoxicación (García, et.al 2012; Gómez, et.al 2018).

Los tres aspectos más importantes en el diagnóstico de muerte cerebral son:

  • Estado de coma arreactivo
  • Ausencia de reflejos del tallo cerebral y
  • Evaluación de apnea y atropina

(García, et.al, 2012).

Evaluación

En el coma arreactivo, el o la paciente debe presentar hipotonía muscular generalizada. Esto es, disminución del tono muscular en todo el cuerpo. Para su evaluación, se estimula con dolor intenso el territorio de los nervios craneales (sobre los ojos, el labio superior y la articulación temporomandibular). No puede haber ningún tipo de respuesta motriz o vegetativa (Gómez, et.al 2018).

La falta de actividad del tallo cerebral se analiza evaluando la ausencia de distintos reflejos:

  • Fotomotor: pupilas arreactivas a la luz y sin respuesta consensual.
  • Corneal: la córnea no se contrae, enrojece o lagrimea al estimularla.
  • Oculocefálico: ausencia de movimientos oculares al girar rápidamente la cabeza.
  • Oculovestibular: no existe movimiento ocular al introducir suero frio por un conducto auditivo.
  • Nauseoso: no se observa respuesta nauseosa al estimular el paladar, la úvula o la faringe.
  • Tusígeno: no se manifiestan aspiraciones endobronquiales al introducir una sonda por la tráquea.

(Gómez, et.al 2018).

La prueba de atropina se realiza administrando sulfato de atropina intravenosa y comprobando la frecuencia cardíaca antes y después de la inyección. La frecuencia cardíaca no debe superar el 10% de la frecuencia cardíaca basal. Por otro lado, el test de apnea consiste en la retirada del respirador, mientras se continúa suministrando oxígeno a través de una cánula traqueal. El test se considera positivo cuando la PaCO2 alcanza valores de 60 mm/Hg, sin producir ninguna respuesta respiratoria. Esta evaluación debe ser realizada al final de toda la exploración (Gómez, et.al 2018).

Existen, además, algunas pruebas que pueden complementar el diagnóstico. Las más importantes son:

  • Electroencefalograma
  • Potenciales evocados
  • Angiografía cerebral
  • Doppler transcraneal
  • Angiografía con resonancia magnética o con tomografía computarizada

(Castillo, 2019).

En lactantes y neonatos la exploración neurológica es más compleja, por lo que el procedimiento se repite, y se evalúan otros reflejos (Gómez, et.al 2018).

Utilidad del término muerte cerebral

El principal criterio diagnóstico de muerte dentro de la medicina es el cese de la respiración y el latido cardiaco. No obstante, cuando éste no puede aplicarse debido a la asistencia de un respirador artificial, es necesario el diagnóstico de la muerte cerebral. Dicho criterio neurológico es más preciso, debido a que reporta un daño fisiológico más elevado: una lesión irreversible del sistema nervioso central (Requena, 2009).

Por otro lado, esta designación es muy importante en el contexto del trasplante de órganos, ya que es un criterio que justifica práctica, legal y moralmente la extracción de los órganos del cuerpo, sin el riesgo de considerar que dicha intervención sea la responsable de terminar con la vida de la persona (Castillo. 2019).

Ahora bien, a pesar de su importancia para este medio, el concepto de muerte encefálica no nació en el ámbito de los trasplantes. Dicha designación surgió cuando las unidades de cuidados intensivos requerían limitar el esfuerzo terapéutico a pacientes conectados a un ventilador, ya que no presentaban respuestas de función neurológica después de haberse suspendido los fármacos que los y las mantenían dormidos y relajados como parte de su tratamiento (Castillo, 2019).

El término como tal, fue acordado por un comité de expertos de la Universidad de Harvard en 1968, como una definición de un coma irreversible.

Distinguiendo la muerte cerebral de otros estados

Para comprender a fondo las implicaciones biológicas de la muerte cerebral o encefálica, es importante distinguirla de otros estados cuyo parecido puede dar lugar a confusiones:

  • Coma: existe una pérdida del estado de alerta con ausencia de respuesta a cualquier estímulo. Por ello, el o la paciente es incapaz de percibir o responder a los estímulos externos o a las necesidades internas. Este no es un estado permanente, ya que, si después de unas semanas persiste daño al sistema nervioso, estas personas transitan al estado vegetativo.
  • Vegetativo: en él, las funciones del sistema activador reticular ascendente se reinician y, si bien el sujeto permanece separado del medio y “de sí mismo”, se restablecen los ciclos sueño-vigilia. Las personas son capaces de abrir los ojos, pero no siguen con la mirada, no cumplen órdenes, ni realizan movimientos con un propósito determinado. Además, las funciones cardiacas y respiratorias están preservadas. Cuando esta condición permanece por más de un mes, se le denomina estado vegetativo persistente.
  • Estado mínimo de conciencia: estos y estas pacientes no cumplen las características de estado vegetativo. De manera esporádica, podrían seguir instrucciones, seguir objetos o reconocer voces, iniciar un discurso, o generar un movimiento con propósito; sin embargo, estas conductas son impredecibles. Suelen fluctuar entre ciclos precarios de alerta y la pérdida de la vigilia.
  • Síndrome de encerramiento: las personas se encuentran en vigilia, cuadripléjicas, con incapacidad de movilidad voluntaria de la cara, e imposibilidad para los movimientos oculares conjugados en sentido horizontal, pero se preserva la movilidad ocular conjugada vertical.

(García, et.al 2012).

Controversias sobre el término

Finalmente, es importante mencionar que el término muerte cerebral o encefálica ha recibido ciertas críticas. No obstante, estas controversias no suelen cuestionar su validez científica, sino que se centran en su uso y significado.

En algunas instancias, este concepto ha sido criticado por dar legitimidad a una postura materialista que considera al cuerpo como la principal fuente de la vida. Una visión incompatible con aquellas filosofías, creencias y religiones que ven la persona humana como unidad sustancial de cuerpo y principio espiritual. Esta controversia nace de una confusión entre los planos del discurso metafísico, gnoseológico, ético fisiopatológico y clínico. Es decir, se confunde un procedimiento para el diagnóstico de la muerte con una definición filosófica de la misma (Requena, 2009).

Por otro lado, el uso del criterio de muerte cerebral ha sido criticado, no por su falta de utilidad o sentido, sino por la falta de un acuerdo objetivo entre los países de todo el mundo para establecerlo. Es decir, que el proceso técnico necesario para su diagnóstico puede ser tan distinto entre diferentes sistemas de salud, que una persona declarada muerta en un país puede considerarse viva en otro (Century, 2006). Por su puesto, esta crítica no se dirige realmente a la dimensión de muerte cerebral como tal, sino a los procedimientos realizados en la práctica diaria para declararla, a los recursos destinados para su diagnóstico y a las políticas públicas que rigen los estándares sanitarios en cada nación.

Referencias:

  • Castillo, M. (2019). Muerte encefálica y trasplante de órganos. Recomendaciones para los profesionales de la salud. Revista Mexicana de Trasplantes, volumen (8), número (1). medigraphic.com
  • García, S., Sauri, S., Meza, E., Villagómez, A. (2012). Muerte cerebral. Diagnóstico oportuno y axiomático de una pérdida neurológica definitiva. Medicina Interna de México, volumen (28), número (6). medigraphic.com
  • Gómez, C., Ramos, M., Lepe, R., Mármol, P., De la Lara, V. (2018). Diagnóstico de muerte cerebral. Énfasis en la AngioTC. Sociedad Española de Radiología Médica. seram.com
  • Requena, P. (2009). El diagnóstico de muerte cerebral. Persona y Bioética, volumen (3), número (2), pp. 128-136. revistas.unisabana.edu.co
  • Rodríguez, D., Molina, A. (2006). ¿Más muerto que vivo? La incapacidad de la ciencia para justificar la muerte cerebral. V Congreso de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia Sección F. Ética y ciencia.researchgate.net
R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.