Terapia electroconvulsiva: Estigma, evidencia y críticas

Aunque la terapia electroconvulsiva es considerada efectiva frente a distintos padecimientos mentales graves, las críticas y el estigma que la rodean limitan su uso de manera importante.

La terapia electroconvulsiva (TEC) es un tratamiento médico que se utiliza principalmente en personas con trastornos mentales que no responden a otras intervenciones. En este sentido, su efectividad en casos complejos la ha convertido en una opción valiosa en el campo de la psiquiatría. No obstante, el uso de la TEC está regulado y limitado debido a los riesgos asociados, al mal uso que ciertamente se le ha dado, la falta de acuerdo sobre las razones de su efectividad, y al estigma social que la rodea; este último alimentado por representaciones erróneas y críticas que resaltan sus posibles efectos secundarios.

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Debido a lo anterior, a continuación, se explorarán algunas de las aplicaciones clínicas más comunes de la terapia electroconvulsiva, el marco regulatorio que la rige, sus limitaciones, y el debate ético y social asociado a ella.

¿Qué es la terapia electroconvulsiva?

La terapia electroconvulsiva (TEC) es un tratamiento médico no invasivo que se utiliza principalmente en personas con trastornos mentales graves, como la depresión mayor resistente, el trastorno bipolar y algunos casos de esquizofrenia. El procedimiento se lleva a cabo bajo anestesia general, y consiste en aplicar pequeñas corrientes eléctricas al cerebro para inducir una breve convulsión controlada. Aunque pueda sonar alarmante, esta convulsión es el elemento terapéutico clave, ya que parece provocar cambios en la neuroquímica cerebral que pueden aliviar rápidamente los síntomas de determinadas enfermedades mentales (National Alliance of Mental Illness, 2024).

La TEC se utiliza cuando otros tratamientos, como los medicamentos y la psicoterapia, no han sido efectivos. Un ciclo típico en Estados Unidos implica entre 6 y 12 sesiones, administradas de 2 a 3 veces por semana durante 3 a 4 semanas. La cantidad y el tipo de tratamientos necesarios dependen de la gravedad de los síntomas y de la respuesta del paciente. Sin embargo, no todas las personas experimentan mejoría con este tratamiento (Mayo Clinic, 2024).

Es necesario aclarar que, para garantizar la seguridad y eficacia del procedimiento, es fundamental contar con un equipo médico capacitado, que incluya psiquiatras, anestesiólogos y personal de enfermería especializado en salud mental. Aunque el estigma asociado a la TEC persiste debido a su representación negativa en los medios, los avances médicos y la formación adecuada de las y los profesionales han mejorado significativamente su práctica y acceso en los últimos años (Bernardo, Urretavizcaya, 2015; National Alliance of Mental Illness, 2024).

¿Cómo funciona?

Aunque el mecanismo exacto por el cual la terapia electroconvulsiva alivia los síntomas de enfermedades mentales graves no se comprende completamente, los estudios han identificado varios procesos neurobiológicos que podrían explicar su efectividad. Durante y después de la convulsión controlada inducida por la TEC, ocurren cambios significativos en la química cerebral, lo que se asocia con la mejoría de trastornos como la depresión mayor, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y estados catatónicos.

Uno de los mecanismos más estudiados en este sentido es el aumento en la concentración de neurotransmisores clave como el GABA, la serotonina y la dopamina. Estos cambios llevarían a una regulación más equilibrada de las señales químicas en el cerebro. Así mismo, otro proceso relevante sería la modulación endócrina del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal.

De acuerdo con distintos estudios, la terapia electroconvulsiva puede normalizar la respuesta al estrés, como se muestra en pruebas de supresión de dexametasona, y aumentar la liberación de hormonas como prolactina, cortisol, ACTH y vasopresina. Estas hormonas juegan un papel importante en la regulación del estado de ánimo, el estrés y otros procesos corporales relacionados con la salud mental.

Además, se ha propuesto la existencia de una hipotética ‘antidepresina’ o ‘eutimisina’, sustancias que podrían liberarse durante la TEC y ejercer efectos antidepresivos directos. Sin embargo, su existencia aún no ha sido confirmada científicamente (Romero, 2018).

Dado que los trastornos psiquiátricos son condiciones multifactoriales, es posible que la efectividad de la terapia electroconvulsiva se deba a una combinación de estos mecanismos. De cualquier forma, aunque aún queda mucho por investigar, está claro que la TEC produce respuestas neurobiológicas y neuroquímicas complejas que son esenciales para su eficacia terapéutica (Lamas, Colín, González, 2020).

¿Cómo se lleva a cabo la terapia electroconvulsiva?

La terapia electroconvulsiva es un procedimiento médico cuidadosamente diseñado para tratar trastornos mentales graves de manera segura y eficaz. Gracias a los avances en la tecnología médica, el uso de anestesia general y la administración de relajantes musculares, la TEC puede ser más segura y mejor tolerada por las y los pacientes, cuando esta se aplica de manera apropiada (Lamas, Colín, González, 2020).

El tratamiento completo de terapia electroconvulsiva suele implicar de seis a doce sesiones, administradas de dos a tres veces por semana durante tres a cuatro semanas. Algunos pacientes también pueden requerir sesiones de mantenimiento para prevenir recaídas. En general, entre el 70 % y el 90 % de las personas que reciben TEC informan de una mejoría significativa en sus síntomas, a menudo mucho más rápido que con tratamientos farmacológicos convencionales (Bernardo, Urretavizcaya, 2015; Mayo Clinic, 2024).

Procedimiento

Cuando la terapia electroconvulsiva se realiza de manera estructurada y profesional es una herramienta segura y eficaz para pacientes que no han respondido a otros tratamientos.

Antes de iniciar el tratamiento, la o el paciente debe someterse a una evaluación médica y psiquiátrica exhaustiva, que incluye exámenes físicos, análisis de sangre y un electrocardiograma para verificar la salud cardíaca. Además, se realiza una valoración psiquiátrica detallada para determinar si la TEC es la opción más adecuada. En condiciones ideales, el consentimiento informado es un paso fundamental en este proceso. De esta manera, el o la paciente y su familia reciben información completa sobre el procedimiento, sus beneficios, riesgos y posibles efectos secundarios. El consentimiento escrito es obligatorio y, en casos donde el o la paciente no pueda tomar decisiones, el proceso es regulado por la legislación correspondiente.

Durante el procedimiento, la persona recibe anestesia general para inducir el sueño y un relajante muscular para minimizar los movimientos del cuerpo durante la convulsión. El personal médico administra oxígeno a través de una mascarilla y coloca un protector bucal para evitar lesiones dentales. Luego, el o la médico activa la máquina de TEC, enviando una pequeña corriente eléctrica a través de los electrodos colocados en la cabeza, lo que provoca una convulsión controlada que dura menos de un minuto. Aunque la o el paciente está inconsciente y no siente la convulsión, los monitores registran un aumento repentino en la actividad cerebral, seguido de una estabilización cuando la convulsión finaliza.

Después del procedimiento, la o el paciente es llevado a una sala de recuperación donde es monitoreado de cerca hasta que los efectos de la anestesia y el relajante muscular desaparecen. Puede experimentar confusión temporal, que generalmente dura desde unos minutos hasta varias horas (American Psychiatric Association, 2023; Mayo Clinic, 2024).

Terapia electroconvulsiva y estigma

El estigma que rodea la terapia electroconvulsiva tiene raíces históricas profundas, vinculadas a sus primeras aplicaciones en las que se administraban altas dosis de electricidad sin anestesia ni relajantes musculares. Esto generaba experiencias dolorosas, fracturas óseas y una gran ansiedad en las y los pacientes (Mayo Clinic, 2024).

Hoy en día, la TEC se realiza en entornos controlados con estrictas medidas de seguridad, incluyendo anestesia general y relajantes musculares que minimizan el riesgo de efectos adversos. Sin embargo, su uso sigue siendo limitado debido a factores como el desconocimiento, la falta de disponibilidad, su aplicación por personas sin capacitación o sin los recursos necesarios, y la preocupación por los posibles efectos secundarios. Además, la representación distorsionada en medios de comunicación y cine ha perpetuado mitos sobre su naturaleza, haciéndola parecer un método violento y arcaico (Romero, 2018; National Alliance of Mental Illness, 2024).

Estudios realizados en distintos grupos poblacionales han revelado una correlación directa entre el nivel de conocimiento sobre la TEC y la actitud hacia ella. Por ejemplo, investigaciones con estudiantes de medicina, enfermería y psicología muestran que la percepción negativa disminuye significativamente tras recibir formación adecuada. Así mismo, se ha encontrado que entre las y los profesionales de la salud, las y los psiquiatras suelen tener una actitud más favorable hacia la TEC, aunque es considerada una opción de último recurso.

De igual forma, la percepción de las y los pacientes y sus familias también está condicionada por el grado de información recibido. Aquellos y aquellas que han experimentado la TEC, o cuyos familiares la han recibido, suelen mostrar actitudes más positivas. Aun así, una proporción considerable de la población general sigue considerando la TEC como un procedimiento agresivo (Guzmán, et.al 2018).

Evidencia sobre la efectividad de la terapia electroconvulsiva

La terapia electroconvulsiva está ampliamente respaldada por evidencia científica como un tratamiento altamente eficaz, especialmente para trastornos psiquiátricos graves como la depresión mayor. Diversos estudios clínicos han demostrado que aproximadamente el 80% de las personas con depresión mayor grave no complicada experimentan una mejora significativa tras recibir TEC. Esta alta tasa de efectividad es objeto de reconocimiento por importantes organizaciones internacionales como la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), la Asociación Médica Americana, el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH) y otras instituciones similares en diversos países (American Psychiatric Association, 2023).

Además, estudios han demostrado que la TEC es efectiva en el tratamiento de trastornos neurológicos como la enfermedad de Parkinson avanzada y el síndrome neuroléptico maligno, mejorando algunos de los síntomas motores en los pacientes tratados, lo que sugiere que los beneficios de la TEC pueden extenderse más allá de los trastornos psiquiátricos.

Aunado a esto, investigaciones recientes en genética, neuroimagen, neurobiología y neuropsicología continúan profundizando en los mecanismos de acción de la TEC, lo que refuerza su perfil de seguridad y eficacia. Además, estudios pragmáticos han permitido evaluar nuevas formas de administración y optimización del tratamiento, como la estimulación de mantenimiento, que ha mostrado resultados comparables a otros tratamientos farmacológicos efectivos, como el litio y la nortriptilina.

La TEC también ha ganado interés en su uso en el tratamiento de la esquizofrenia, especialmente en casos refractarios o en pacientes con síntomas catatónicos, agresividad o conductas suicidas, demostrando ser una opción terapéutica segura y eficaz cuando se utiliza junto con fármacos. Además, desde una perspectiva económica, la TEC es reconocida como una alternativa costo-efectiva, no solo para la depresión, sino también para trastornos como la esquizofrenia, la catatonia y la manía (Bernardo, Urretavizcaya, 2015; Romero, 2018).

Evidencia sobre la seguridad de la terapia electro convulsiva

Es importante resaltar que distintas instituciones y sociedades científicas internacionales han buscado regular y estandarizar la eficacia y seguridad de la terapia electroconvulsiva. Para ello, han establecido directrices claras para su práctica, abordando aspectos como la formación de las y los profesionales, el monitoreo del tratamiento y la optimización de las condiciones clínicas. De esta manera, desde 1990, la APA publicó su primera guía sobre la TEC, destacando objetivos claros para la práctica del tratamiento, con un enfoque en la seguridad, la efectividad y la dignidad del paciente.

En cuanto a su aplicación en poblaciones especiales, la TEC ha mostrado ser igualmente efectiva y segura en pacientes de diferentes grupos etarios y condiciones. En pediatría y psiquiatría infantil, por ejemplo, la TEC se utiliza con buenos resultados, especialmente en el tratamiento de la depresión mayor y trastornos bipolares. Por otro lado, la terapia electroconvulsiva también ha demostrado ser eficaz y segura durante los tres trimestres del embarazo y el posparto, ayudando en el manejo de trastornos afectivos graves. Así mismo, en los pacientes de edad avanzada, la TEC ha mostrado buenos resultados, con una mayor eficacia en el tratamiento de la depresión geriátrica.

En cuanto a los efectos cognitivos, aunque algunas y algunos pacientes pueden experimentar una disfunción cognitiva leve, particularmente en la memoria a corto plazo y el funcionamiento frontal, los estudios han indicado que la memoria inmediata se conserva generalmente. Aunado a esto, la TEC también ha sido asociada con una disminución de la morbilidad y mortalidad en pacientes geriátricos con trastornos depresivos graves, reduciendo la cronicidad de la enfermedad y mejorando la calidad de vida en este grupo de pacientes (Bernardo, Urretavizcaya, 2015; Romero, 2018).

Críticas al uso de la terapia electroconvulsiva

A lo largo de la historia, la terapia electroconvulsiva ha sido objeto de un intenso debate debido a las numerosas críticas que han surgido sobre su seguridad, eficacia y ética. A medida que el uso de la TEC se expandió, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, se comenzaron a organizar protestas sociales, lideradas por personas que habían experimentado el tratamiento. Estas y estos ‘sobrevivientes del electroshock’ compartieron sus relatos, destacando los daños en sus vidas y las dificultades para recuperar una existencia plena después del tratamiento. En respuesta, en la década de 1970, se iniciaron movimientos como el de la ‘Coalition to Stop Electroshock’, que promovieron legislaciones para regular la aplicación de la TEC en diversas regiones de Estados Unidos, culminando en la prohibición de su uso en algunas localidades americanas.

Estas movilizaciones reflejan una crítica más amplia a la utilización de la TEC, que algunos consideran un método de control social más que un tratamiento médico. Esto debido a que, durante muchos años, se asoció a la terapia electroconvulsiva con la corrección de comportamientos considerados desviados o indeseables socialmente, como la homosexualidad, lo que consolidó la imagen de la TEC como una herramienta punitiva, especialmente en el cine y en los testimonios de sobrevivientes. Además, las prácticas más antiguas de la TEC, que no contaban con anestesia ni relajantes musculares, conllevaban graves riesgos físicos, como fracturas óseas, lo que contribuyó a la percepción de que el tratamiento era brutal y dañino (Cea, Castillo, 2020).

Críticas a la práctica y efectividad de la terapia electroconvulsiva

A pesar de los avances en los protocolos de administración de la TEC, aún persisten numerosas críticas sobre los riesgos inherentes al tratamiento. En este sentido, las y los detractores de la TEC, argumentan que, aunque algunos estudios sugieren que la TEC no daña permanentemente el cerebro, las y los pacientes aún pueden experimentar problemas de memoria, especialmente a corto plazo. Así mismo, advierten que las personas que reciben la TEC suelen hacerlo en situaciones en las que su capacidad de consentir puede estar limitada, como cuando están bajo tutela o interdicción, lo que genera inquietudes sobre la autonomía y el respeto por los derechos humanos de las y los pacientes.

Por otro lado, una de las críticas más fuertes a este procedimiento proviene del cuestionamiento sobre la eficacia real del tratamiento. En este sentido, se argumenta que la TEC no siempre muestra resultados superiores a los de un placebo, y que la falta de ensayos rigurosos, con grupos de control adecuados, dificulta la evaluación precisa de su efectividad. Aunado a esto, se plantea que, a pesar de las justificaciones científicas, la TEC no cuenta con una explicación clara de sus mecanismos de acción, lo que complica la elaboración de un consentimiento informado adecuado que comunique de manera precisa los riesgos y beneficios del procedimiento.

Es importante señalar que el activismo contra la TEC sigue vigente hasta el presente. En este contexto, algunas organizaciones en favor de los derechos humanos en salud mental continúan luchando por la erradicación de la TEC o, al menos, por su regulación más estricta, argumentando que no se puede justificar un tratamiento que conlleva tanto riesgo y controversia, sin una comprensión clara y consensuada de sus efectos a largo plazo (Cea, Castillo, 2020).

Riesgos y efectos secundarios

Aunque los avances en la técnica y la administración bajo anestesia general de la terapia electroconvulsiva han reducido considerablemente sus riesgos, aún existen efectos adversos a corto y largo plazo que deben ser considerados.

Efectos secundarios inmediatos:

  • Confusión: Desorientación temporal después del tratamiento, que puede durar desde minutos hasta varias horas. Es más frecuente en personas mayores.
  • Dolores físicos: Cefaleas, dolores musculares y en la mandíbula son comunes y suelen tratarse con analgésicos.
  • Náuseas y fatiga: Presentes el día del tratamiento, generalmente de corta duración.

Problemas de memoria:

  • Amnesia retrógrada: Dificultad para recordar eventos ocurridos antes del tratamiento. En casos raros, esta pérdida puede abarcar meses o incluso años.
  • Memoria a corto plazo: Problemas para retener información durante el período de tratamiento. La mayoría de las personas afectadas mejora dentro de un par de meses.

Complicaciones médicas:

  • Afecciones cardiovasculares: La TEC puede aumentar temporalmente la frecuencia cardíaca y la presión arterial, representando un riesgo para pacientes con enfermedades cardíacas graves.
  • Convulsiones controladas: Pueden elevar la presión intracraneal, por lo que se requiere monitoreo en pacientes con riesgo de eventos vasculares.
  • Riesgos relacionados con la anestesia: Similares a los de otros procedimientos quirúrgicos, incluyen posibles problemas respiratorios y arritmias.

Efectos tardíos:

  • Trastornos cognitivos: Pueden incluir problemas de aprendizaje y toma de decisiones. Estos efectos suelen desaparecer entre una semana y seis meses después del tratamiento.
  • Euforia temporal: Se observa en algunos casos, aunque es autolimitada.

(American Psychiatric Association, 2023; Mayo Clinic, 2024).

Frente a esto, es importante destacar que, hoy en día, la TEC es menos riesgosa. La tasa de mortalidad asociada al tratamiento ha disminuido significativamente, con cifras que ahora son de aproximadamente 1 por cada 10,000 procedimientos, o incluso 1 por cada 73,440 en algunos estudios (Guzmán et al., 2018).

Aplicaciones de la terapia electroconvulsiva

Aunque inicialmente la TEC fue considerada una opción de último recurso, hoy en día su evolución y las mejoras en las técnicas permiten su uso de manera más amplia, especialmente en casos en los que otros tratamientos, como los medicamentos o la psicoterapia, no son satisfactorios.

  • Depresión grave y refractaria al tratamiento: Se utiliza principalmente para tratar episodios de depresión mayor, especialmente cuando los síntomas son graves y afectan significativamente la vida del paciente. Además, es particularmente útil en aquellos pacientes con síntomas de psicosis, desconexión de la realidad, o un riesgo elevado de suicidio. Su capacidad para ofrecer resultados rápidos la convierte en una opción valiosa para pacientes que requieren una intervención urgente.
  • Trastorno bipolar: Manía grave: Durante un episodio maníaco, la persona experimenta una intensa euforia, agitación, impulsividad, y comportamientos riesgosos que pueden poner en peligro su salud y bienestar. En estos casos, la TEC puede ser una alternativa efectiva cuando otros tratamientos, como los estabilizadores del ánimo, no son efectivos o no se pueden administrar debido a efectos secundarios adversos.
  • Catatonia: Ha demostrado ser un tratamiento eficaz para esta condición, ayudando a mejorar el estado de la o el paciente, reducir la agitación y evitar complicaciones como la deshidratación severa o lesiones.
  • Agitación y agresión en personas con demencia: Es empleada en casos donde estos comportamientos son severos y no responden a tratamientos farmacológicos, proporcionando alivio rápido y mejorando la calidad de vida de las y los pacientes.
  • Condiciones especiales
    En situaciones donde las y los pacientes no pueden tolerar medicamentos o cuando otros tratamientos no son efectivos, la TEC se considera una opción válida.

(Lamas, Colín, González, 2020; American Psychiatric Association, 2023; Mayo Clinic, 2024).

Limitaciones de la terapia electroconvulsiva

Aunque la terapia electroconvulsiva es un procedimiento eficaz cuando se aplica apropiadamente, presenta varias limitaciones que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, la comprensión de cómo la TEC influye en el cerebro permanece incompleta, lo que deja abierta una brecha de incertidumbre sobre sus efectos a largo plazo y los riesgos asociados. Esta falta de comprensión precisa sobre sus mecanismos biológicos genera cierta cautela, ya que es difícil predecir con total certeza cómo la TEC impacta en el sistema nervioso central, y qué efectos secundarios podrían surgir a largo plazo (Romero, 2018).

Así mismo, una de las limitaciones más importantes de la TEC es que no previene la recaída de los trastornos mentales. Esto es, aunque la terapia puede aliviar los síntomas de manera rápida y efectiva, las y los pacientes generalmente necesitan continuar con algún tipo de tratamiento de mantenimiento, como medicamentos o psicoterapia, para evitar la recurrencia de la enfermedad. De esta manera, en algunos casos, puede ser necesario seguir con sesiones periódicas de TEC, aunque la frecuencia suele disminuir con el tiempo (American Psychiatric Association, 2023).

Aunado a esto, la variabilidad en la aplicación de la TEC es otro desafío significativo. Existen diferencias en su uso, tanto a nivel de profesionales como de pacientes, y esto se debe en parte a creencias erróneas o desinformadas sobre el tratamiento. La falta de consenso y la incertidumbre sobre su aplicación adecuada también pueden generar dudas en algunos profesionales de la salud, lo que afecta la consistencia y la calidad del tratamiento (Bernardo, Urretavizcaya, 2015). En este sentido, es fundamental que los servicios de TEC cuenten con políticas claras de seguimiento y acreditación, además de la creación de unidades especializadas en su aplicación para garantizar la seguridad y efectividad del tratamiento.

Referencias:

  • American Psychiatric Association (2023). What is electroconvulsive therapy (ECT)? American Psychiatric Association: Sitio Web. psychiatry.org
  • Bernardo, M., Urretavizcaya, M. (2015). Dignificando una terapia electroconvulsiva basada en la evidencia. Revista de Psiquiatría y Salud Mental, volumen (8), número (2), pp. 51-54. neutronic.com.ar
  • Cea, J., Castillo, T. (2020). Electroshock o Terapia Electroconvulsiva (TEC) en Chile: Diagnóstico crítico, activismo social y enfoque de derechos. Quaderns de Psicologia, volumen (22), número (2).  ddd.uab.cat
  • Guzmán, Y., Tejada, P., Acero, A., Ruiz, L., Romero, A. (2018). Prácticas, actitudes y conocimientos en relación a la terapia electroconvulsiva. Revista de la Facultad de Medicina: Universidad de la Sabana, volumen (63), número (6). scielo.org.co
  • Mayo Clinic (2024). Terapia Electroconvulsiva. Mayo Clinic: Sitio Web. mayoclinic.org
  • Lamas, R., Colín, R., González, A. (2020). Panorama general de la terapia electroconvulsiva: indicaciones y funcionamiento. Revista de la Facultad de Medicina de la UNAM, volumen (63), número (6). medigraphic.com
  • Romero, A. (2018). ¿Es bioéticamente adecuada la aplicación de la Terapia Electroconvulsiva? Cuadernos de Bioética, volumen (29), número (95), pp. 13-24. redalyc.org

Créditos de imagen de portada: Foto de Pixabay

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.