¿Tiene la ‘musicoterapia’ evidencia científica?

Si bien la musicoterapia ha mostrado cierta efectividad, demandan investigaciones con mayor rigor experimental para lograr una evidencia científica sólida.

La música es una de las formas de expresión más antiguas de la humanidad, siendo considerada por muchas culturas como una entidad ligada a lo sobrenatural o lo divino. Las propiedades evocativas de sus ritmos y melodías son tan evidentes que esta ha sido utilizada a lo largo de la historia -y la prehistoria-, como parte de diversos rituales de sanación que buscan combatir todo tipo de enfermedades. Debido a ello, distintos profesionales e investigadores contemporáneos han estudiado los efectos que la música tiene en nuestro organismo con la esperanza de emplearla con fines terapéuticos; desarrollando así una corriente llamada musicoterapia. Los defensores de dicha práctica aseguran que la música es una herramienta efectiva para el tratamiento de un gran número de afecciones físicas y psicológicas. Ante esta propuesta, se considera imprescindible determinar cuál es la evidencia científica que respalda esta disciplina tan popular entre profesionales y legos.

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¿En qué consiste la musicoterapia?

Una de las propiedades principales de la musicoterapia que dificulta la obtención de evidencia científica sobre su práctica es la vaguedad de su conceptualización. En términos generales, esta disciplina puede ser definida como el empleo de la música para alcanzar objetivos terapéuticos; esto es, la recuperación, conservación y mejoría de la salud mental y física (National Association for Music Therapy, citada por Bruscia, 2007). En realidad, la musicoterapia sería una combinación dinámica de muchas prácticas y disciplinas, involucrando métodos terapéuticos muy diversos con distintos niveles de reconocimiento y legitimidad; tales como la danzaterapia, el psicodrama o la arteterapia (Palacios, 2001).

Dicha imprecisión relativa no implica que cualquier uso de la música dentro del ámbito clínico puede ser considerado una forma de musicoterapia. Por el contrario, ésta se distingue por un componente relacional, en donde un terapeuta pone en marcha una metodología estructurada, basada en un modelo de intervención psicológica, con el fin de actuar frente a una problemática específica padecida por un individuo o grupo (Raglio, et.al 2014).

En sus inicios como práctica formal, la musicoterapia era utilizada principalmente para el tratamiento de trastornos de comunicación en niños y adolescentes. No obstante, en la actualidad, sus diversas modalidades se han empleado en otros numerosos campos. Entre los más destacados se encuentran los siguientes:

  • Técnica lúdica y de relajación.
  • Herramienta en el tratamiento de patologías psiquiátricas.
  • Terapias interpersonales.
  • Tratamiento de adicciones.
  • Educación especial.
  • Tratamientos psicomotores frente a diversas discapacidades.
  • En niños, niñas y adolescentes con problemas de conducta.
  • Para el mejoramiento de bloqueos en la comunicación.

(Ortega, et.al 2009).

Cabe señalar que el éxito o fracaso de estas estrategias es atribuido a ciertas variables específicas, tales como el tipo de música, la duración de las sesiones y la actitud del musicoterapeuta (García, Moreno, García, 2017).

Evidencia científica tras la musicoterapia

Desde las primeras comunidades prehistóricas, la música ha jugado un papel clave en el desarrollo del ser humano, formando parte de todos los ámbitos de su vida. Sus efectos sobre el estado de ánimo de las personas son innegables, propiedad que ha sido utilizada por artistas, religiosos y políticos para influir en la voluntad y conducta de las personas que los rodean. No obstante, fue hasta el siglo XIX cuando realmente comenzó a considerarse el uso de la música como un tratamiento terapéutico formal (Palacios, 2001).

A lo largo de los años, distintas disciplinas han determinado efectos específicos de la música sobre el organismo humano. Entre los descubrimientos más notables se encuentran los siguientes:

  • La música es capaz de activar circuitos corticosubcorticales y del sistema límbico, así como los sistemas de recompensa emocional, provocando sensaciones de bienestar y placer.
  • Algunos estudios han descubierto la influencia de la música sobre parámetros internos como la presión arterial o el ritmo cardiaco.
  • La música favorece la rehabilitación motora al estimular los circuitos cerebrales entre la corteza auditiva y la motora, a través del baile.
  • Existen estudios que documentan el efecto positivo de la música sobre la comunicación, el lenguaje y la memoria.
  • La música tiene efectos en el cerebro a nivel neuroquímico, influyendo en los circuitos de recompensa y placer, estrés y excitación, así como en las zonas encargadas del sistema inmune y las relaciones sociales.

(Ortega, et.al 2009; Bruscia, 2007; Raglio, et.al 2014; García, Moreno, García, 2017).

Campos en los que existe evidencia científica de la efectividad de la musicoterapia

La práctica de la musicoterapia está basada en la evidencia científica que existe acerca de los efectos de la música sobre distintas zonas del cerebro. No obstante, la forma en que esta información es interpretada y traducida en métodos prácticos frente a diversos padecimientos y situaciones, es muy distinta en cada caso. Considerando la gran cantidad de técnicas y enfoques que engloba la musicoterapia, es muy importante analizar la manera en que dichos efectos de la música son aplicados en cada situación.  

A continuación, se desarrollan algunos de los campos en los que la música ha sido utilizada como herramienta terapéutica con éxito.

Evidencia científica en el tratamiento del deterioro cognitivo a través de la musicoterapia

  • Alzheimer: sesiones de música clásica o familiar a los pacientes con el fin de estimular recuerdos. Esto ha logrado una mejoría considerable en el estado cognitivo y emocional de pacientes con trastorno leve y moderado; aumentando la memoria y la orientación, y disminuyendo síntomas ansiosos y depresivos. No obstante, la duración de este efecto es imprecisa. Además, la exposición a canciones familiares a los pacientes ha logrado promover la conversación fluida y la capacidad de lenguaje.
  • Otras demencias: se utiliza improvisación musical con el fin de estimular las facultades cognitivas de los pacientes. Se ha observado reducción significativa de síntomas y complicaciones psicológicas, como la agitación, el estrés y la depresión, así como un aumento en las habilidades de interacción y comunicación.

(Kern, 2010; Raglio, et.al 2014; Sánchez, et.al 2017; García, Moreno, García, 2017).

Evidencia científica tras la musicoterapia en educación especial

  • Trastornos del espectro autista: empleo de estrategias de enseñanza que involucren la escucha de música y la interpretación de canciones. Estas técnicas propician y mejoran la producción verbal y las respuestas independientes; apoyan las habilidades interpersonales como el contacto visual y la atención conjunta; estimulan el aprendizaje de conductas de autocuidado; e incitan el juego y la participación.
  • Retraso del desarrollo y trastornos de aprendizaje: uso de estrategias y técnicas de enseñanza que involucren música, baile y canciones. Los menores aprenden comportamientos sociales y motores adecuados, y el seguimiento de instrucciones. Además, se mejoran procesos como la comunicación, la imitación verbal y la memoria.
  • Trastornos psicomotores: desarrollo del control motor elemental y la coordinación sensoriomotora a través de ejercicios que involucran ritmo. Estas estrategias han logrado estimular la agilidad, el equilibrio y la coordinación corporal de los alumnos sometidos a esta terapia.
  • Dificultades de comunicación: uso del canto como una herramienta para mejorar el habla y lenguaje. Además, la música se utiliza como una vía alternativa de comunicación para aquellas niñas y niños que no pueden hablar.
  • Déficit de atención e hiperactividad: se utiliza la composición musical como una forma de ejercitar la atención en una tarea específica. Además, se utiliza el ritmo como una vía hacia la organización interna y el control de impulsos.
  • Déficits sensoriales: la composición musical grupal en niñas y niños con disminución auditiva, permite el desarrollo de mejores relaciones interpersonales, así como estimula la discriminación auditiva y el desarrollo del lenguaje. Por otro lado, las personas con déficit visual responden muy bien a estrategias que involucren música, ya que les permite disfrutar actividades en las que tienen plena competencia, satisfaciendo necesidades de tipo emocional.

(Ortega, et.al 2009; Kern, 2010).

Evidencia científica tras las técnicas de musicoterapia en hospitales

  • Oncología: en esta área se utiliza la música como una forma alternativa de combatir el estrés provocado por los cambios que la enfermedad y el tratamiento ocasionan. El objetivo es fortalecer los recursos psicológicos con los que las y los pacientes enfrentan el cáncer. Cabe resaltar que no existen resultados concluyentes de que la música logre disminuir el dolor.
  • Pacientes de cardiología: se somete a los pacientes a sesiones programadas de música tranquila (comúnmente elegida por ellos) o música sinfónica acompañada de sonidos de naturaleza, con el fin de combatir el estrés. Este ejercicio ha logrado regular la tasa de respiración y las pulsaciones; contribuyendo al proceso de rehabilitación de las y los enfermos. En algunos casos de bypass coronario, se reportó una disminución significativa del dolor al escuchar música, aunque los resultados aún no son concluyentes.
  • Neonatos: se ha comprobado que los estímulos auditivos rítmicos acompañados del sonido de la voz de la madre, tienen un efecto relajante en los recién nacidos.
  • Pacientes quirúrgicos: la música es utilizada para controlar la ansiedad de pacientes que van a someterse a una operación; así como de aquellos que se recuperan de un procedimiento quirúrgico para paliar el dolor. En este sentido, los resultados del control de síntomas ansiosos han presentado mucha mayor solidez, que la supuesta propiedad analgésica de la música.

(Ortega, et.al 2009).

Reservas sobre la legitimidad de la musicoterapia

Como se ha podido observar, la música ha probado ser una herramienta útil en el tratamiento de distintas afecciones. No obstante, esto no implica que la musicoterapia pueda ser considerada una disciplina terapéutica formal, completamente respaldada por la evidencia científica.

Una de las reservas más evidentes en torno a la validez de las técnicas empleadas en musicoterapia, es la gran cantidad de estrategias que engloba este término. Por un lado, tenemos programas estructurados llevados a cabo por un equipo de terapeutas entrenados en la materia; mientras que, al mismo tiempo, esta disciplina contempla también planes de intervención educativa que involucran la música como parte de una estrategia mayor, y que pueden ser practicados por psicólogos educativos, profesores u otro tipo de profesionales. Esto implica que, aunque muchas de estas estrategias arrojen resultados positivos, estas no pertenecen a un mismo orden, por lo que solo tienen en común el uso de la música como un medio para el tratamiento.

Por otro lado, en 2019, el ‘Observatorio contra las pseudociencias, Intrusismo y Sectas Sanitarias’ de la Organización Médica Colegial del Consejo General de los Colegios Oficiales de Medicina en España, incluyó la musicoterapia en el listado de ‘técnicas no convencionales con el sufijo ‘terapia’. El observatorio determinó que la musicoterapia era una práctica pseudoterapéutica por proponer la cura de enfermedades, el alivio de síntomas o la mejora de salud basada en criterios sin el respaldo de la evidencia disponible (Col·legi Oficial de Psicología de Catalunya, 2019). Sin embargo, la decisión generó cierta controversia y la Sección Clínica del Colegio de Psicología de Cataluña expresó públicamente su desacuerdo con la inclusión de la musicoterapia en esta relación de pseudoterapias, considerando que la Organización Médica Colegial no dio la oportunidad de aportar información contrastada para refutar dichas valoraciones (Col·legi Oficial de Psicología de Catalunya, 2019).

Conclusión

Finalmente, es preciso mencionar que muchos estudios que pretenden mostrar evidencias científicas sobre la musicoterapia, presentan serios problemas metodológicos; por lo que sus resultados no son enteramente concluyentes. En este sentido, muchos de los trabajos de investigación que buscan validar las estrategias de la musicoterapia presentan estudios de caso único, o bien, muestran demasiada flexibilidad en su plan de intervención (Ortega, et.al 2009). De esta forma, los datos recuperados de dichas investigaciones son solo válidos en contextos concretos.

Ante esta situación, y a pesar de los diversos éxitos reportados, es necesaria la integración de más trabajos de investigación en este campo que actúen con un rigor experimental más rígido (Kern, 2010). Solo a través de esta estrategia será posible que la musicoterapia alcance la solidez y unidad necesarias para ser considerada una corriente terapéutica formal y fundamentada.

Referencias:

  • Bruscia, K. (2007) Musicoterapia: métodos y prácticas. Ciudad de México, México. Editorial Pax México.
  • Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya (2019). Pseudoterapias y Musicoterapia. psiara.cat
  • García, N., Moreno, R., García, J. (2017) Efecto de la musicoterapia como terapia no farmacológica en la enfermedad de Alzheimer. Revisión sistemática. Revista Neurología, volumen (65), número (12), pp. 529 – 538. medicinainterna.net.pe
  • Kern, P. (2010) Musicoterapia con niños pequeños con TEA y sus familias para una mejor calidad de vida. Music Therapy Consulting.  mail.musictherapyconsulting.com
  • Ortega, E., Esteban, L., Estévez, A., Alonso, D. (2009) Aplicaciones de la musicoterapia en educación especial y en los hospitales. European Journal of Education and Psychology, volumen (2), número (2). revistas.uautonoma.cl
  • Palacios, J. (2001) El concepto de musicoterapia a través de la historia. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, número (42), pp. 19-31. redalyc.org
  • Sánchez, T., Barranco, P., Millán, A.,  Fornies, M. (2017) La musicoterapia como indicador de mejora de la calidad de vida en un envejecimiento activo. Metas Enferm, volumen (20), número (7). pesquisa.bvsalud.org
  • Raglio, A., Filippi, S., Bellandi, D., Stramba, M. (2014) Global music approach to persons with dementia: evidence and practice. Clinical Interventions in Aging, volumen (9). researchgate.net
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.