En el ámbito de la psicoterapia, pocos personajes literarios han cobrado tanta relevancia simbólica como el pájaro dodo. Este peculiar animal, inmortalizado por Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas, se ha convertido en una de las figuras más citadas dentro de la psicología gracias a su peculiar veredicto en una carrera absurda: ‘Todos han ganado, y todos deben tener premio’. Este curioso fallo, conocido como el veredicto del pájaro Dodo, se utiliza para ilustrar la idea de que, pese a sus diferencias teóricas y metodológicas, todas las psicoterapias tienden a obtener resultados equivalentes. Desde esta perspectiva, se ha propuesto que lo que realmente determina la eficacia de un tratamiento psicoterapéutico no son tanto las técnicas específicas de cada escuela, sino los factores comunes que atraviesan cualquier abordaje (Fernández, Gimeno, 2019).
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¿En qué consiste el veredicto del pájaro Dodo en psicoterapia?
El denominado veredicto del pájaro Dodo es una metáfora ampliamente utilizada en psicoterapia para describir un fenómeno observado en numerosas investigaciones: cuando diferentes enfoques psicoterapéuticos son comparados entre sí, tienden a mostrar una eficacia similar en el tratamiento de las y los pacientes. En psicología, este veredicto fue introducido formalmente por Saul Rosenzweig en 1936, quien propuso que los factores comunes presentes en cualquier psicoterapia serían responsables de gran parte del éxito terapéutico, más allá de las diferencias teóricas o técnicas entre orientaciones.
Décadas después, diversas investigaciones retomaron esta idea, muchas de ellas concluyendo que no existían diferencias significativas en los resultados obtenidos por distintos tratamientos. A partir de entonces, el debate se ha mantenido vigente, dividiendo opiniones entre quienes consideran que todas las terapias son igualmente efectivas gracias a estos factores comunes, y quienes defienden la superioridad de enfoques específicos, sobre todo las terapias cognitivo-conductuales (González, Carral, 2017).
Así mismo, existen algunos meta-análisis, como los llevados a cabo por Smith y Glass en 1977, y por Shapiro y Shapiro en 1982, que son citados tanto para apoyar esta visión de igualdad terapéutica como para cuestionarla. Además, algunas investigaciones detalladas, han señalado que esta equivalencia no se da de forma homogénea en todas las categorías diagnósticas, sugiriendo que ciertos enfoques podrían ser más efectivos en determinados trastornos (Fernández, Pérez, 2001; Fernández, Gimeno, 2019).
Así, el veredicto del pájaro Dodo continúa siendo objeto de debate y análisis, especialmente en estudios meta-analíticos posteriores, que han intentado esclarecer los verdaderos alcances de esta controversial afirmación.
La búsqueda del modelo psicoterapéutico más eficaz
A lo largo de ya muchas décadas, la constante proliferación de modelos psicoterapéuticos ha generado el interés por comparar sus resultados, en un intento por determinar cuál de ellos ofrece mayores beneficios para las y los pacientes. Para ello, se ha recurrido a estudios de eficacia, una metodología rigurosa que evalúa la capacidad de un tratamiento para producir cambios significativos en la dirección esperada, ya sea en comparación con la ausencia de intervención, con placebos psicológicos, o incluso con otros tratamientos estándar disponibles.
Estos estudios requieren condiciones de control estrictas, por lo que, en muchas ocasiones, no pueden realizarse en entornos clínicos habituales. De esta manera, las exigencias metodológicas implicadas, dificultan su implementación fuera de contextos de investigación controlados. No obstante, el interés por determinar qué terapia es superior ha persistido a lo largo de las décadas (Fernández, Pérez, 2001).
Actualmente, este debate se ha formalizado bajo la denominación de ‘tratamientos con validez empírica’, pilar de la práctica basada en la evidencia en psicología. En este contexto, la terapia cognitivo-conductual se presenta frecuentemente como el enfoque más eficaz. Sin embargo, conforme otras orientaciones han acumulado investigaciones bajo estos mismos estándares, el llamado veredicto del pájaro Dodo ha resurgido con fuerza. De esta forma, distintos meta-análisis han concluido que toda terapia ‘bona fide’, es decir, aplicada de manera profesional, ética y con base teórica, tiende a ser efectiva, sin que una orientación destaque significativamente sobre las demás.
Ante la diversidad de enfoques, se han propuesto alternativas como la integración teórica o la creación de modelos híbridos que combinan elementos de distintos tratamientos. Sin embargo, la integración no ha logrado unificar el campo, sino que ha dado lugar a nuevas terapias que, paradójicamente, entran a competir en la misma carrera (Fernández, Gimeno 2019).
Factores comunes que determinarían la eficacia en psicoterapia
Ante el veredicto del pájaro Dodo, diversas y diversos autores han postulado que la clave de la mejoría clínica podría encontrarse en una serie de factores comunes presentes en todos los tratamientos.
En este sentido, se han identificado, por ejemplo, cuatro elementos esenciales que, además de caracterizar a las psicoterapias contemporáneas, también aparecen en rituales curativos tradicionales. Estos son: una relación de confianza cargada emocionalmente, un contexto institucional legitimado, una justificación coherente para explicar los problemas y su solución, y una serie de tareas o rituales terapéuticos que simbolizan y facilitan el cambio.
Con el tiempo, el número de factores comunes descritos ha ido en aumento, hasta acercarse al centenar, los cuales se han organizado en cinco categorías principales: características del paciente, cualidades del terapeuta, procesos de cambio, estructura del tratamiento y elementos de la relación terapéutica.
Algunas investigaciones sugieren que los factores comunes explican cerca del 45% de la varianza en los resultados de la terapia, frente al 15% atribuible a técnicas específicas. Esta proporción ha dado peso a la idea de que no son tanto los procedimientos concretos los que determinan la eficacia, sino el marco relacional, la confianza y las expectativas que se construyen en el proceso terapéutico.
No obstante, esta visión ha recibido críticas. Algunas y algunos autores señalan que muchos de estos factores no han sido suficientemente operacionalizados para poder ser estudiados empíricamente y que, en ocasiones, más que mecanismos de cambio, constituyen condiciones relacionales que no siempre se sabe cómo activar de manera sistemática. También se ha cuestionado su utilidad para orientar la práctica clínica y la formación profesional, dado que, si se da mayor importancia a lo común que a lo específico, podría ampliarse la brecha entre investigación y ejercicio clínico (González, Carral, 2017).
La supuesta evidencia detrás de la teoría del pájaro dodo en psicoterapia
La teoría del pájaro Dodo en psicoterapia que cuestiona la superioridad de unas escuelas terapéuticas sobre otras, ha sido respaldada por diversas investigaciones, siendo la de Smith y Glass, en 1977, una de las más influyentes. Estos autores llevaron a cabo el primer meta-análisis en el campo de la psicoterapia, recopilando y sintetizando datos de 375 estudios previos. Como resultado de este trabajo, concluyeron que, aunque todas las psicoterapias resultaban más eficaces que no recibir tratamiento alguno, las diferencias de eficacia entre las distintas escuelas eran, en términos prácticos, mínimas.
Posteriormente, Wampold y colaboradores ofrecieron una prueba aún más rigurosa al veredicto del pájaro Dodo. A diferencia de los trabajos anteriores, este meta-análisis se centró exclusivamente en comparar psicoterapias bona fide, es decir, aquellas intervenciones psicológicas formalmente reconocidas, aplicadas por terapeutas capacitados y con intención explícita de producir cambio terapéutico. Para evitar sesgos, los autores no agruparon los tratamientos en categorías generales como conductuales o psicodinámicas, ya que tales clasificaciones podían cuestionarse en términos de validez conceptual.
El resultado de este análisis mostró un tamaño del efecto medio de 0.19 entre terapias, lo cual se considera pequeño. Sin embargo, al realizar un análisis de homogeneidad utilizando el estadístico Q, se comprobó que la diferencia real entre terapias tendía a cero, lo que respaldó de manera directa la hipótesis de equivalencia. En consecuencia, estos hallazgos consolidaron la idea de que, más allá de las diferencias teóricas y técnicas, las psicoterapias parecen ser igual de efectivas cuando se aplican en condiciones comparables, lo que refuerza el interés en estudiar los factores comunes que podrían explicar este fenómeno (González, Carral, 2017).
Evidencia en contra del veredicto del pájaro Dodo en psicoterapia
Por otro lado, la teoría del pájaro Dodo también ha recibido múltiples críticas y cuestionamientos metodológicos. Shapiro y Shapiro realizaron un meta-análisis considerando únicamente estudios que comparaban tratamientos entre sí y con un grupo control. De los 143 estudios revisados, hallaron diferencias importantes en los tamaños del efecto, oscilando entre un efecto grande para terapias conductuales y cognitivas, y entre pequeño y medio para psicodinámicas y humanistas. Sin embargo, se advirtió que estas últimas estaban pobremente representadas y, en ocasiones, estructuradas como ‘hombres de paja’, es decir, intervenciones predispuestas al fracaso, lo que compromete la equidad de la comparación.
Más adelante, Shadish y colaboradores analizaron estudios representativos de pacientes y tratamientos reales, encontrando nuevamente diferencias moderadas (tamaño del efecto de 0.41), favoreciendo las terapias conductuales sobre las no-conductuales, especialmente cuando las mediciones evaluaban objetivos terapéuticos concretos.
Por otro lado, al analizar el estudio de Wampold, se ha encontrado que alrededor del 70 y el 80% de los estudios incluidos comparaban distintas formas de terapia cognitivo-conductual entre sí, lo que podría haber ocultado diferencias con otras terapias. Además, sólo un 45% de los estudios abordaban trastornos clínicos diagnosticados por criterios DSM, y aproximadamente un tercio utilizaba muestras preclínicas de estudiantes.
Así mismo, al aislar 29 estudios verdaderamente independientes, una investigación realizada por Crits-Christoph encontró que al menos 14 de ellos mostraban diferencias significativas y tamaños del efecto grandes, lo que cuestiona la equivalencia universal postulada.
Finalmente, se ha señalado que solo una pequeña fracción de los modelos terapéuticos existentes ha sido rigurosamente evaluada, y que los estudios que avalan la eficacia psicoterapéutica están afectados por limitaciones metodológicas y sesgos que favorecen resultados positivos, lo que puede inflar la impresión de una eficacia generalizada (Fernández, Gimeno, 2019).
Implicaciones y peligros del veredicto del pájaro Dodo
Aceptar el veredicto del pájaro Dodo en psicoterapia como una teoría comprobada implica una serie de riesgos teóricos, clínicos y sociales que merecen una reflexión crítica. En primer lugar, conviene destacar que, aunque numerosos meta-análisis han señalado similitudes en los resultados de diversas psicoterapias, estas conclusiones se basan en un número limitado de modelos terapéuticos evaluados con rigor, mientras que la mayoría de las cientos de psicoterapias existentes carecen de estudios controlados de calidad. De esta manera, generalizar esta supuesta equivalencia a todos los trastornos, contextos y poblaciones resulta, por tanto, metodológicamente inapropiado, ya que es posible que en ciertos trastornos las diferencias entre terapias sean mínimas, mientras que en otros, como la agorafobia o las adicciones, puedan resultar significativas.
Otro riesgo relevante radica en extrapolar los resultados de estudios en poblaciones adultas, a otras como niños, adolescentes, personas mayores o individuos con patologías complejas y comorbilidades, cuyas necesidades terapéuticas pueden diferir considerablemente (González, Carral, 2017).
Aunado a esto, aceptar sin reservas la premisa de que ‘todo funciona’ ha favorecido la proliferación de intervenciones pseudoterapéuticas que, al ampararse en esta idea, generan confusión social, exponen a las y los pacientes a intervenciones ineficaces o potencialmente dañinas y los alejan de tratamientos verdaderamente efectivos (Ramos, 2020).
Por estas razones, se hace indispensable promover un consenso internacional que establezca criterios y procedimientos comunes para evaluar la eficacia y seguridad de las psicoterapias. Solo así será posible ofrecer a la población tratamientos basados en pruebas sólidas, protegerla de prácticas ineficaces o dañinas y, además, avanzar en la comprensión de los procesos de cambio clínico y de por qué funcionan, o no, los tratamientos psicológicos.
Referencias:
- Fernández, J., Pérez, M. (2001). Separando el grano de la paja en los tratamientos psicológicos, Psicothema, volumen (13), número (3), pp. 337-44. redalyc.org
- Fernández, X., Gimeno, A. (2019). ¿Puede la memética resolver el “veredicto del pájaro dodo”? Pautas para analizar la evolución del código memético en psicoterapeutas. Papeles del Psicólogo, volumen (40), número (2). redalyc.org
- González, C., Carral, L. (2017). ¡Enjaulad a dodo, por favor! El cuento de que todas las psicoterapias son igual de eficaces. Papeles del Psicólogo, volumen (38), número (2). redalyc.org
- Ramos, R. (2020). Ciencia y Psicoterapia. Papeles del Psicólogo, volumen (41), número (3), pp. 161-162. redalyc.org
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