Los seres humanos, al igual que otros primates, se caracterizan por establecer vínculos sociales estrechos, lo que destaca el papel crucial que desempeña el contexto social en nuestra supervivencia como especie. En este sentido, no resulta sorprendente que la falta de interacción social pueda tener consecuencias significativas, entre ellas el deterioro de la salud física y mental, así como el desarrollo de trastornos psiquiátricos. Dentro de este ámbito, la relación entre soledad y alucinaciones ha captado la atención de la neurociencia y la psicología contemporáneas, dando lugar a nuevas hipótesis que exploran cómo el aislamiento social puede influir en la aparición de experiencias psicóticas.
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Una de las teorías más relevantes en este campo es la hipótesis de la desaferentación social (SDA), la cual sugiere que la desconexión social durante etapas críticas del desarrollo cerebral desencadena mecanismos de neuroplasticidad que pueden dar lugar a la aparición de alucinaciones con un fuerte contenido social, de manera similar a cómo la pérdida sensorial puede generar percepciones erróneas en los sentidos afectados (Brederoo et al., 2023).
¿Cómo afecta la soledad a nuestra salud mental?
La soledad, entendida no solo como una condición objetiva de aislamiento, sino también como una experiencia subjetiva de desconexión social, ha sido reconocida por la ciencia contemporánea como un factor de riesgo significativo para la salud mental. Diversos estudios han demostrado que tanto el aislamiento social real como la percepción de soledad están estrechamente vinculados con una amplia gama de consecuencias negativas para el bienestar psicológico y físico (Lim, Holt-Lunstad, Badcock, 2020).
Diversas investigaciones han encontrado que una pobre conexión social incrementa el riesgo de depresión, demencia, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares e incluso mortalidad prematura. Además, indicadores objetivos, como vivir solo o sola, o tener pocas conexiones sociales, se han asociado consistentemente con estos resultados, pero también lo han hecho las sensaciones subjetivas de soledad, lo que destaca su poder en la configuración de la salud.
En el ámbito de la salud mental específicamente, se ha evidenciado que redes sociales reducidas y poco diversas están asociadas con un mayor número de experiencias psicóticas leves,incluso en poblaciones no clínicas. Así mismo, algunos estudios han demostrado que la anhedonia social (una disminución del placer por las interacciones sociales) se relaciona con una menor integración social, lo que puede contribuir a la aparición de síntomas psicóticos, como lo plantea la hipótesis de la desaferentación social (Dodell-Feder, et al., 2020).
Además, investigaciones actuales exploran activamente los vínculos entre la soledad y la aparición o agravamiento de trastornos mentales, como la esquizofrenia, la ansiedad y la depresión, tanto en adultos mayores como en jóvenes. Incluso se están desarrollando intervenciones personalizadas para reducir la soledad en poblaciones vulnerables, como las y los jóvenes con psicosis incipiente (Lim, Holt-Lunstad, Badcock, 2020).
Hipótesis de la desaferentación social
La hipótesis de la desaferentación social (SDA) ha sido propuesta como un modelo explicativo de las alucinaciones en el contexto de la esquizofrenia, y plantea que el aislamiento social puede desempeñar un papel desencadenante en la fase inicial de esta enfermedad. Esta hipótesis se basa en la analogía con la desaferentación sensorial, fenómeno observado en personas que, tras la pérdida de un sentido (como la vista o la audición), experimentan percepciones ilusorias como las alucinaciones visuales o auditivas, o el conocido ‘miembro fantasma’ en amputados. En el caso de la SDA, se propone que la retirada social, especialmente en individuos vulnerables, priva al ‘cerebro social’ de los estímulos necesarios para el funcionamiento adecuado de los sistemas de cognición social.
El cerebro humano dedica amplios recursos neuronales a la interpretación de señales sociales, como el lenguaje, las emociones, los estados mentales y las intenciones de los demás. De acuerdo a esta postura, cuando estas señales se ven interrumpidas por una reducción significativa de la interacción social, el cerebro, en un intento por mantener activo este sistema, puede generar experiencias internas falsas con contenido social, como alucinaciones o delirios que representan personas, voces o agentes con intenciones específicas. Estas experiencias suelen ser emocionalmente intensas y complejas, y pueden constituir el núcleo de un episodio psicótico (Hoffman, 2007).
La SDA sugiere que condiciones como la anhedonia social (SA), que limita el deseo de interactuar con otros, predisponen al aislamiento crónico, lo cual debilita aún más las redes sociales y la entrada de información social al cerebro. Además de los cambios neuronales, la falta de interacción social también eliminaría recursos clave como la regulación emocional frente al estrés y la posibilidad de contrastar la realidad con otros (Doller-Feder et al., 2020).
Alucinaciones y soledad durante la enfermedad mental
La soledad ha emergido como un factor cada vez más relevante en el estudio de las alucinaciones dentro de distintos trastornos mentales, más allá del contexto exclusivo de la esquizofrenia. Aunque la hipótesis de la desaferentación social (SDA) inicialmente contaba con escaso respaldo empírico, investigaciones recientes han consolidado la relación entre la percepción de aislamiento y la aparición de alucinaciones en personas que padecen trastornos psiquiátricos (Brederoo et al., 2023).
En el caso de los trastornos psicóticos, diversos estudios han confirmado que quienes presentan síntomas psicóticos tienden a tener redes sociales más pequeñas y una menor frecuencia de interacciones sociales. Más aún, estos síntomas suelen intensificarse en momentos de soledad, lo que refuerza la idea de que el aislamiento no solo precede al desarrollo de estos cuadros, sino que también actúa como un disparador agudo de alucinaciones (Dodell-Feder et al., 2020). No obstante, este fenómeno no se limita a los trastornos psicóticos. Otras investigaciones han demostrado que personas con trastorno límite de la personalidad (TLP) también presentan un aumento en la frecuencia e intensidad de alucinaciones en correlación con mayores niveles de soledad (Slotema et al., 2019).
Así mismo, un metaanálisis reciente ha reforzado estos hallazgos, mostrando una relación estadísticamente significativa entre la soledad y los síntomas psicóticos. Aunque aún se requiere mayor investigación para determinar con certeza la dirección causal de esta relación, la evidencia acumulada sugiere que la soledad no solo agrava los trastornos existentes, sino que podría desempeñar un papel activo en la generación de experiencias alucinatorias (Da Rocha et al., 2018).
Relación neurobiológica entre la soledad y las alucinaciones
Diversas investigaciones sugieren que la soledad crónica puede inducir cambios neurobiológicos que favorecen la aparición de alucinaciones, especialmente en personas vulnerables a trastornos psicóticos. Estos mecanismos involucran una compleja interacción entre sistemas cerebrales relacionados con la cognición social, la regulación emocional y la percepción.
Uno de los principales sistemas implicados es el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HHA). La soledad sostenida se ha asociado con una activación prolongada del HHA, lo que lleva a una hipersecreción de cortisol, la principal hormona del estrés. Niveles elevados de cortisol afectan regiones clave del cerebro como el hipocampo y la corteza prefrontal, áreas involucradas en el control de la realidad y la memoria contextual, funciones alteradas en quienes experimentan alucinaciones (Cacioppo et al., 2015; Muscatell, Eisenberger, 2012).
Además, la soledad impacta la actividad del ‘cerebro social’, un conjunto de estructuras como la amígdala, el corte prefrontal medial y el giro temporal superior, responsables de interpretar emociones, intenciones y señales sociales. En este sentido, algunos estudios han demostrado que la privación social activa patrones cerebrales similares a los del hambre física, lo cual sugiere una necesidad biológica fundamental de conexión interpersonal. Cuando esta necesidad no se satisface, el cerebro podría generar representaciones internas falsas, como voces o figuras imaginarias, para suplir la falta de estímulo social (Lieberman, 2007; Tomova et al., 2020).
También se ha documentado una disminución de conectividad funcional en redes cerebrales como la default mode network(DMN) y la red frontoparietal, fundamentales para el monitoreo del yo y el control cognitivo. Alteraciones en estas redes pueden contribuir a una mayor confusión entre lo interno y lo externo, facilitando la aparición de experiencias alucinatorias (Whitfield et al., 2009).
¿Qué tipos de alucinaciones puede producir la soledad?
Algunas investigaciones han demostrado que la soledad, especialmente cuando es crónica o intensa, puede inducir ciertos tipos de alucinaciones, particularmente aquellas que implican contenido social. Como ya se comentó, según la hipótesis de la desaferentación social (SDA), la falta de interacción humana puede llevar al cerebro a compensar la ausencia de estímulos sociales mediante la generación de experiencias perceptuales ficticias con significación interpersonal.
Entre las alucinaciones más frecuentes asociadas con la soledad se encuentran las auditivas, como escuchar voces o risas. Estos fenómenos son interpretados como sociales debido a que, si fueran reales, provendrían de otra persona. Las alucinaciones táctiles, como sentir que alguien nos toca, también muestran un vínculo significativo con la soledad. Curiosamente, la percepción de un cosquilleo (una sensación táctil no social) fue menos frecuente en personas solitarias, lo cual sugiere que la soledad no solo aumenta ciertas alucinaciones, sino que también cambia la forma en que se interpretan. Es decir, el cerebro tiende a darles un sentido social cuando falta la interacción con otros.
Otras alucinaciones no sociales, como escuchar música, ruidos ambientales, ver animales o sentir insectos recorriendo la piel (formicación), no mostraron asociación significativa con la soledad. Tampoco se halló una relación clara con la experiencia de presencias sentidas (sentir que alguien está cerca sin verlo), posiblemente porque esta experiencia puede deberse a otros mecanismos, como trastornos del sueño, duelos o situaciones extremas (Brederoo et al., 2023).
Limitaciones de la SDA
Aunque la SDA ofrece una explicación plausible sobre la relación entre la soledad y la aparición de alucinaciones, existen varias limitaciones en su formulación que deben considerarse.
Una de las principales dificultades al evaluar la SDA es una posible confusión entre causa y efecto. Por ejemplo, las personas con tendencias esquizotípicas, que a menudo tienen una mayor predisposición genética a experimentar alucinaciones, tienden a ser más aisladas socialmente. Esto plantea la pregunta de si la soledad es realmente la causa de las alucinaciones, o si estas son un resultado de la predisposición genética a sufrir trastornos psicóticos, que incluyen la tendencia a la aislación social. En otras palabras, las alucinaciones podrían ser un producto de la vulnerabilidad genética más que un efecto directo de la falta de contacto social.
Además, se sabe que aquellos que ya experimentan síntomas psicóticos, como tendencias paranoides, pueden aislarse más debido a los efectos de estos síntomas, lo que hace aún más difícil establecer una relación causal clara entre la soledad y las alucinaciones. Este círculo vicioso sugiere que las personas con psicopatologías ya existentes pueden volverse más solitarias como resultado de sus experiencias psicóticas, lo que introduce una relación bidireccional que complica aún más la interpretación de los datos.
Por otro lado, aunque la SDA es una hipótesis interesante, su apoyo empírico sigue siendo limitado. Si bien algunos estudios sugieren que la soledad aumenta la prevalencia de alucinaciones sociales, se necesita más investigación para confirmar si esta relación es consistente en diferentes poblaciones y contextos. Además, se debe considerar que otros factores, como el estrés y las experiencias traumáticas previas, podrían estar influyendo en la aparición de alucinaciones, lo que aún no ha sido completamente abordado por la hipótesis (Brederoo et al., 2023).
Importancia de comprender la relación entre soledad y alucinaciones
Uno de los puntos clave que ha sido desatacado por las investigaciones en torno a la desaferentación social, es la llamada a monitorear la soledad en entornos clínicos, ya que la falta de conexión social, como ocurre con la anhedonia social (SA), podría contribuir a la aparición de experiencias psicóticas. En este sentido, resulta urgente y relevante debido a los efectos a largo plazo que la soledad puede tener en la salud mental, especialmente en un contexto post-pandemia de COVID-19, donde muchos y muchas jóvenes han experimentado un aumento significativo en sus niveles de soledad (Dodell-Feder et al., 2020; Brederoo et al., 2023).
Además, los estudios sugieren que el aislamiento social, como factor de riesgo para el desarrollo de alucinaciones, debería considerarse una crisis de salud pública, por lo que las estrategias para mejorar la conexión social deberían ser una prioridad en políticas de salud pública. Esta perspectiva resuena con la necesidad de medir la soledad de manera sistemática y precisa en investigaciones futuras, utilizando herramientas de evaluación validadas y evitando mediciones binarias que no reflejan adecuadamente la complejidad del fenómeno.
La importancia de desarrollar soluciones efectivas para combatir la soledad también es crucial. Si bien algunos enfoques basados en la intervención directa han demostrado ser útiles, aún se necesita una evaluación rigurosa de intervenciones basadas en la evidencia y un enfoque rápido hacia ensayos controlados aleatorios de alta calidad. Este tipo de estudios también debe incluir evaluaciones económicas para medir tanto los costos como los beneficios de los tratamientos, lo que podría mejorar las decisiones en el ámbito de la salud pública (Lim, Holt-Lunstad, Badcock, 2020).
Referencias:
- Brederoo, S., De Boer, J., Linszen, M., Blom, R., Begemann, M., Sommer, I. (2023). Social Deafferentation and the Relation Between Loneliness and Hallucinations. Schizophrenia Bulletin, volumen (49), número (1), pp. 25-32. academic.oup.com
- Cacioppo, J., Cacioppo, S., Capitanio, J. Cole, S. (2015). The neuroendocrinology of social isolation. Annual Review of Psychology, volumen (66), pp. 733–767. annualreviews.org
- Da Rocha, B., Rhodes, S., Vasilopoulou, E., Hutton, P. (2018). Loneliness in Psychosis: A Meta-analytical Review. Schizophrenia Bulletin, volumen (44), número (1), pp. 114–125. academic.oup.com
- Dodell-Feder, D., Shovestul, B., Woodyatt, J., Popov, V., Germine, L. (2020). Social anhedonia, social networks, and psychotic-like experiences: A test of social deafferentation. Psychiatry Research, volumen (284). sciencedirect.com
- Hoffman, R. (2007). A Social Deafferentation Hypothesis for Induction of Active Schizophrenia. Schizophrenia Bulletin, volumen (33), número (5), pp. 1066-1070. academic.oup.com
- Lieberman, M. (2007). Social cognitive neuroscience: A review of core processes. Annual Review of Psychology, volumen (58), pp. 259–289. annualreviews.org
- Lim, M., Holt-Lunstad, J. Badcock, J. (2020). Loneliness: contemporary insights into causes, correlates, and consequences. Socila Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, volumen (55), pp. 789–791. link.springer.com
- Muscatell, K. Eisenberger, N. (2012). A social neuroscience perspective on stress and health. Social and Personality Psychology Compass, volumen (6), número (12), pp. 890–904. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Slotema, C., Bayrak, H., Linszen, M., Deen, M., Sommer, I. (2019). Hallucinations in patients with borderline personality disorder: characteristics, severity, and relationship with schizotypy and loneliness. Acta Psychiatrica Scandinavica, volumen (139), número (5), pp. 434-442. onlinelibrary.wiley.com
- Tomova, L., Wang, K., Thompson, T., Matthews, G., Takahashi, A., Tye, K., Saxe, R. (2020). Acute social isolation evokes midbrain craving responses similar to hunger. Nature Neuroscience, volumen (23), número (12), pp. 1597–1605. nature.com
- Whitfield, S., Thermenos, H., Milanovic, S., Tsuang, M., Faraone, S., McCarley, R. Shenton, M., Green, A., Nieto, A., La Violette, P., Wojcik, J., Gabrieli, J., Seidman, L. (2009). Hyperactivity and hyperconnectivity of the default network in schizophrenia and in first-degree relatives of persons with schizophrenia. Proceedings of the National Academy of Sciences, volumen (106), número (4), pp. 1279–1284. pnas.org
Créditos de imagen de portada: Foto de Галина Ласаева

