¿Qué es la función interoceptiva y cómo funciona?

Entender qué es la función interoceptiva es esencial para avanzar en nuestra comprensión de la condición humana, mejorar la atención clínica, y promover una salud más integrada y consciente.

La pregunta de qué es la función interoceptiva se ha convertido en un eje central de la neurociencia, la psicología y la fisiología modernas, pues esta función describe la capacidad del organismo de percibir, interpretar y regular señales que provienen del interior del cuerpo. Comprender la función interoceptiva implica abordar qué representa este sentido, cómo se manifiesta, por qué es relevante y cuáles podrían ser sus alteraciones.

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Desde los primeros trabajos de Charles Sherrington, quien propuso la noción de sensaciones provenientes del interior del cuerpo, especialmente de las vísceras, hasta los más recientes modelos que conceptualizan la interocepción como un proceso multidimensional, la función interoceptiva ha ampliado su campo de definición y aplicación (Schmitt, Schoen, 2022).

¿Qué es la función interoceptiva?

La función interoceptiva puede definirse como el proceso mediante el cual el sistema nervioso detecta, interpreta e integra señales que se originan dentro del organismo (es decir, en el interior del cuerpo) para generar una representación continua del estado corporal. En ese sentido, la función interoceptiva engloba tanto la percepción de cambios físicos internos (como el latido cardíaco, la respiración, la sensación de hambre o sed, la temperatura corporal, o el dolor) como la construcción de una experiencia subjetiva de lo que ocurre corporalmente (Quigley et al., 2021).

Históricamente, la distinción entre ‘exterocepción’ (sensaciones del mundo externo, como vista o audición) y ‘propiocepción’ (sensaciones del propio movimiento y posición corporal) fue ampliada a la interocepción, es decir, a la sensación del mundo interno del cuerpo. Así, la función interoceptiva se comprende como una noción distinta a los sentidos tradicionales. Esto es, no se trata únicamente de recibir información del exterior, sino de monitorear el ‘paisaje interno’ corporal, detectar anomalías en el funcionamiento, regular la homeostasis y contribuir al sentido de sí mismo. Esta diferencia es lo que distingue qué es la función interoceptiva: una función sensorial interna, integradora y reguladora al mismo tiempo (Schmitt, Schoen, 2022).

Además, la función interoceptiva puede descomponerse en diversas dimensiones: atención interoceptiva (cuánto uno dirige la atención a las sensaciones internas), precisión interoceptiva (qué tan bien uno detecta las señales internas), conciencia interoceptiva (qué tanto uno es consciente de ellas) y sensibilidad interoceptiva (qué tan sensibles son los receptores) (Khoury, Lutz, Schuman-Olivier, 2018). De esta manera, la función interoceptiva es intrínsecamente multidimensional y se relaciona con procesos que van más allá de la mera percepción física, incluyendo la integración de datos viscerales, metabólicos, autonómicos y neurofisiológicos en la experiencia consciente y no consciente del cuerpo.

La interocepción como un sentido

Hablar de la función interoceptiva como un sentido más, al lado de la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto, implica reconocer que nuestro organismo no solo capta estímulos del exterior sino también señales del interior, y que esta función tiene una importancia esencial para la adaptación, la salud y el bienestar.

En primer lugar, la función interoceptiva proporciona información continua acerca del estado funcional del cuerpo: la temperatura, la presión arterial, el nivel de azúcar, el ritmo cardíaco, el volumen pulmonar, el estado digestivo, la necesidad de hidratarse o evacuar, entre otros. Si pensamos en la vista, ésta nos informa del entorno externo; la función interoceptiva, en cambio, nos informa del entorno interno del cuerpo. Es decir, sin la función interoceptiva, el organismo carecería de un sentido fundamental: qué está pasando dentro y cómo responder.

Desde una perspectiva evolutiva, la función interoceptiva permite al organismo generar respuestas adaptativas ante cambios internos y externos, regulando la homeostasis y facilitando la supervivencia (Quigley et al., 2021). De esta manera, el ‘sentido interoceptivo’ desempeña roles que antes se atribuían exclusivamente a otros sentidos o funciones cognitivas, como la capacidad de detectar emociones, de tomar decisiones, de percibir la identidad corporal, de regular la conducta alimentaria, o de experimentar el dolor desde una perspectiva interna.

La función interoceptiva está implicada en la vinculación entre cuerpo y mente: por ejemplo, una señal interna de hambre o sed (una parte de la función interoceptiva) genera una conducta (beber o comer) que luego modifica el entorno externo. De este modo, si los sentidos tradicionales captan el entorno externo y permiten interactuar con él, la función interoceptiva captura el entorno interno, y se asegura de que el sujeto pueda responder con eficacia al entorno externo (Khoury, Lutz, Shuman, 2018).

¿Cómo actúa la función interoceptiva?

En primer lugar, la función interoceptiva parte de la detección de señales del interior del cuerpo por medio de receptores viscerales, metabólicos, autonómicos y somáticos que registran información como la tensión vascular, la osmolaridad, el ritmo cardíaco, la presión pulmonar, la temperatura o los estímulos nocivos internos. Estas señales viajan, por ejemplo, a través de fibras aferentes relacionadas con la lámina I de la médula espinal, el nervio vago, los núcleos del tracto solitario y las vías espinotalámicas hacia el tronco del encéfalo (Khoury, Lutz, Shuman, 2018).

Una vez que la señal interna es captada, la función interoceptiva involucra su trasmisión al sistema nervioso central, concretamente al bulbo, al puente, al tálamo, y finalmente a la corteza insular, la corteza cingulada anterior y otras áreas sensoriales interocorticales. Es importante señalar que la función interoceptiva integra tanto señales conscientes como no conscientes; es decir, muchas de las señales internas se procesan sin que el sujeto las perciba, pero otras alcanzan la conciencia y generan sensaciones o sentimientos subjetivos (Quigley et al., 2021). En este sentido, algunos investigadores han propuesto que la función interoceptiva funciona mediante un mecanismo de ‘inferencia activa’ o predicción del estado corporal, de modo que el cerebro anticipa las señales internas, compara con lo que realmente llega, y ajusta la regulación corporal en consecuencia (Seth, 2013).

Desde el punto de vista fisiológico, la función interoceptiva participa en la homeostasis y la alostasis: regula los estados corporales para mantener la estabilidad interna ante cambios externos, y ajusta los recursos del organismo ante demandas prolongadas (Quigley et al., 2021).

Finalmente, la función interoceptiva tiene componentes que permiten la regulación del sistema nervioso autónomo y del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, modulando el estado fisiológico general, la respuesta al estrés, la regulación emocional y la conducta adaptativa.

Función interoceptiva y autorregulación

La función interoceptiva facilita la toma de conciencia del estado interno, lo cual proporciona información para que la persona o el sistema regulatorio corporal ajusten funciones fisiológicas, comportamentales o cognitivas. Por ejemplo, en un momento en que la función interoceptiva detecta que la tensión arterial está elevada, se activa una serie de mecanismos de regulación autonómica; en otro caso, cuando la función interoceptiva detecta fatiga o hambre, motiva la conducta de reposo o alimentación.

Investigaciones revisadas muestran que la función interoceptiva está vinculada directamente con la regulación emocional: las personas con mayor precisión interoceptiva tienden a regular mejor sus emociones, ya que pueden identificar mejor las sensaciones fisiológicas asociadas al estado emocional, lo que les facilita adoptar estrategias adaptativas. Esto sugiere que la función interoceptiva es un componente central en la autorregulación tanto fisiológica como psicológica. Asimismo, la función interoceptiva contribuye al sentido de sí mismo y al sentido de agencia (la sensación de que uno es el autor de su propio cuerpo y de sus propias acciones) porque permite que uno perciba que su cuerpo ‘funciona’ de manera fiable, generando una base sensorial interna que conecta con la experiencia del yo (Khoury, Lutz, Shuman, 2018).

La relación entre la función interoceptiva y la autorregulación también se manifiesta en la participación de la función interoceptiva en la atención interoceptiva, es decir, en la capacidad de dirigir la atención a sensaciones internas y usar esa atención para modular la conducta y las emociones (Schmitt, Schoen, 2022). Cuando la función interoceptiva no presta suficiente información o cuando esta información es confusa, la autorregulación es más difícil: la persona puede no reconocer que está estresada, alterada fisiológicamente o necesitar una pausa. En ese sentido, la función interoceptiva actúa como una fuente de datos internos que sustentan la autorregulación adaptativa.

¿Qué puede afectar la función interoceptiva?

La función interoceptiva puede verse alterada en múltiples condiciones clínicas, lo que evidencia la importancia de reconocer qué sucede cuando la función interoceptiva no opera adecuadamente. Por ejemplo, en trastornos psiquiátricos como el trastorno de pánico, la función interoceptiva está involucrada en la percepción exagerada de sensaciones internas (como el latido cardíaco o la dificultad para respirar) lo cual amplifica la ansiedad. Así mismo, en el ámbito de los trastornos de la alimentación, la función interoceptiva está alterada, al presentar dificultad para reconocer señales de hambre o saciedad, lo que puede comprometer la regulación del alimento y del peso corporal. Esta alteración de la función interoceptiva también se observa en otros trastornos somáticos y autonómicos (Khoury, Lutz, Shuman, 2018).

En enfermedades neurológicas o autonómicas, la función interoceptiva también puede estar comprometida: por ejemplo, se han comenzado a reportar alteraciones de la función interoceptiva en poblaciones con disfunción autonómica, dolor crónico o trastornos de la conciencia corporal, lo que sugiere que la función interoceptiva podría servir como marcador clínico de vulnerabilidad (Schmitt, Schoen, 2022). Aunado a esto, se ha comprobado que los mecanismos de la función interoceptiva (como la regulación energética, la memoria, la experiencia emocional y el sentido del yo) cuando se alteran, pueden contribuir a patologías que combinan fisiología, cognición y emoción (Quigley et al., 2021).

Por otro lado, la función interoceptiva también puede estar afectada en afecciones metabólicas, cardiovasculares o inflamatorias, puesto que muchas señales interoceptivas provienen de procesos hormonales, inmunológicos o viscerales. Cuando la detección, interpretación o integración de esas señales falla, la función interoceptiva se compromete y pueden generarse disfunciones en la regulación fisiológica y emocional.

¿Por qué es importante estudiar la función interoceptiva?

En primer lugar, estudiar la función interoceptiva permite ampliar nuestro entendimiento sobre qué significa estar vivo, percibir el propio cuerpo y experimentar el mundo interno en relación con el externo. Al tratar la función interoceptiva como un sentido más, se integra una dimensión sensorial que hasta hace poco se invisibilizaba en la investigación y en la clínica. Esta ampliación del campo de estudio contribuye a una visión más holística del cuerpo-mente, facilita la integración interdisciplinaria (neurociencia, fisiología, psicología clínica, terapia ocupacional) y promueve un enfoque más completo de la salud.

Desde el punto de vista clínico, estudiar la función interoceptiva es vital porque permite identificar alteraciones que de otro modo podrían pasar desapercibidas. Dado que la función interoceptiva se relaciona con autorregulación, bienestar emocional, conducta alimentaria, control del estrés, dolor crónico y muchas otras áreas, su análisis aporta un marcador potencial para riesgos de enfermedad y una ventana terapéutica (Khoury, Lutz, Shuman, 2018).

Además, desde una perspectiva preventiva y de promoción de la salud, estudiar la función interoceptiva permite diseñar estrategias que fortalecen la conexión cuerpo-mente, fomentan la capacidad de escucha interna (lo que puede traducirse en mejores hábitos de sueño, alimentación, ejercicio), y reducen la vulnerabilidad a trastornos psiquiátricos, metabólicos o cardiacos (Mu, 2023).

Finalmente, en el terreno teórico, el estudio de la función interoceptiva abre caminos hacia nuevas preguntas sobre la conciencia, la experiencia del cuerpo, la cognición incorporada y la integración sensorial. El hecho de que la función interoceptiva actúe como puente entre los procesos fisiológicos y los estados mentales convierte su investigación en un nexo relevante entre la biología, la psicología y la filosofía de la mente.

Referencias:

  • Khoury, N., Lutz, J., Shuman-Olivier, Z. (2018). Interoception in Psychiatric Disorders: A Review of Randomized, Controlled Trials with Interoception-Based Interventions. Harvard Review of Psychiatry, volumen (26), número (5). researchgate.net
  • Mu, Y. (2023). Understanding interoception and its importance in body and mind functions: A review. International Journal of Social Science and Humanity, volumen (13), número (5), pp. 304-312. semanticscholar.org
  • Quigley, K., Kanoski, S., Grill, W., Barrett, L., Tsakiris, M. (2021). Functions of interoception: From energy regulation to experience of the self. Trends in Neurosciences, volumen (44), número (3), pp. 137-150. pmc.ncbi.nlm.nih.gov
  • Schmitt, C., Schoen, S. (2022). Interoception: A multi‐sensory foundation of participation in daily life. Frontiers in Neuroscience, volumen (16). frontiersin.org
  • Seth, A. (2013). Interoceptive inference, emotion, and the embodied self. Trends in Cognitive Sciences, volumen (17), número (11), pp. 565-573. cell.com

Créditos de imagen de portada: Foto de  Anastasia  Shuraeva

Fran González
Fran González
Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).

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Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).