Cognición fúngica: ¿Los hongos tienen consciencia?

La exploración de la consciencia en los hongos desafía la visión antropocéntrica que por tanto tiempo ha dominado las ciencias cognitivas.

Aunque el reino de los hongos ha sido tradicionalmente considerado como un grupo de organismos simples, investigaciones revolucionarias de las últimas décadas han comenzado a revelar capacidades sorprendentes en estos seres vivos, que desafían nuestras concepciones más fundamentales sobre la inteligencia y la consciencia. La idea de que organismos sin sistema nervioso central puedan exhibir comportamientos que reflejan toma de decisiones, memoria, e incluso formas primarias de cognición, está transformando nuestra comprensión de la mente biológica.

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Los hongos constituyen uno de los reinos más diversos y extendidos de la vida en la Tierra, con una arquitectura fundamental basada en redes miceliares que pueden abarcar kilómetros. Lo fascinante es que estas redes muestran una capacidad notable para procesar información ambiental y responder de manera adaptativa, lo que ha llevado a las y los científicos a preguntarse si estamos ante una forma de inteligencia distribuida que podría implicar algún nivel de consciencia primitiva (Adamatzky et al., 2022). Este campo emergente no solo expande las fronteras de la neurobiología y la ecología, sino que también plantea preguntas filosóficas profundas sobre la naturaleza misma de la experiencia subjetiva y los requisitos mínimos para que surja algún nivel de consciencia en el mundo natural.

Estudio de la conciencia en los hongos

La investigación sobre la cognición en hongos, o cognición fúngica, ha requerido el desarrollo de metodologías innovadoras que capturen las formas únicas en que estos organismos sin cerebro podrían procesar información y exhibir comportamientos inteligentes. A diferencia de los estudios con animales, donde los investigadores pueden observar movimientos o respuestas neuronales, el estudio de la consciencia fúngica se centra en patrones de crecimiento, organización espacial y respuestas adaptativas al entorno (Aleklett, Boddy, 2021).

Un enfoque experimental fundamental es el que se centra en la actividad eléctrica de las redes miceliares. Por ejemplo, investigaciones recientes han detectado actividad eléctrica en redes de hifas que presenta patrones rítmicos y potencialmente sincronizados, reminiscentes de actividad neuronal, lo que sugiere la existencia de un mecanismo de comunicación rápida a través de la red (Adamatzky et al., 2022). Esta comunicación permite a los hongos coordinar comportamientos a escala de toda la colonia, desde la distribución de nutrientes hasta la defensa contra patógenos, lo que apunta a una forma de cálculo biológico distribuido.

Además de los enfoques experimentales, el estudio de la cognición fúngica ha incorporado conceptos teóricos avanzados de las ciencias cognitivas contemporáneas. De esta manera, se ha propuesto el concepto de ‘simbiontes cognitivos’, destacando cómo los sistemas cognitivos, incluidos los hongos, existen típicamente en relaciones simbióticas con otros sistemas cognitivos (Colombo, 2025). Esta perspectiva se alinea con las teorías ‘4E’ de la cognición (encarnada, embebida, extendida y enactiva) que dominan la vanguardia de la filosofía de la mente contemporánea.

Desde este marco teórico, la ausencia de un cerebro no es un obstáculo para la cognición, sino una invitación a explorar cómo la arquitectura distribuida de las redes miceliares podría sustentar formas alternativas de procesamiento de información, y tal vez incluso de consciencia (Colombo, 2025).

Habilidades cognitivas en los hongos

La investigación empírica ha revelado un repertorio sorprendente de habilidades cognitivas en los hongos que desafían la noción convencional de que la inteligencia requiere un sistema nervioso. Entre las capacidades más significativas documentadas se encuentra la memoria, manifestada en la capacidad del micelio para ‘recordar’ encuentros previos con recursos o barreras y ajustar su crecimiento futuro en consecuencia (Aleklett, Boddy, 2021). Esta memoria espacial permite a los hongos navegar eficientemente por entornos complejos, evitando áreas ya exploradas u optimizando la colonización de nuevos recursos. La red micelial parece funcionar no simplemente como una estructura pasiva, sino como un sistema dinámico que codifica experiencias pasadas en sus patrones de crecimiento y distribución de recursos, una capacidad que podría estar relacionada con formas básicas de consciencia ambiental (Money, 2021).

Otra capacidad cognitiva fundamental observada en los hongos es la toma de decisiones y la resolución de problemas. Estudios sobre el crecimiento de micelios en diferentes disposiciones espaciales de recursos han demostrado que los hongos no se limitan a crecer de manera uniforme o aleatoria, sino que evalúan la disposición espacial y optimizan su patrón de crecimiento en función de la configuración específica (Papa et al., 2024). Este comportamiento va más allá de simples tropismos o respuestas automáticas a estímulos locales, reflejando una evaluación integrada del entorno y una respuesta coordinada que sugiere una forma de cálculo biológico distribuido. La sofisticación de estas habilidades cognitivas en organismos sin cerebro sugiere que los fundamentos de la cognición, y posiblemente de la consciencia, pueden ser mucho más antiguos evolutivamente y estar más ampliamente distribuidos en el árbol de la vida de lo que tradicionalmente hemos supuesto (Adamatzky et al., 2022; Money, 2021).

Debate sobre la consciencia en los hongos

La posibilidad de que los hongos puedan experimentar alguna forma de consciencia genera profundos debates científicos y filosóficos que tocan la esencia misma de cómo definimos y reconocemos los estados mentales en otros organismos. Los proponentes de la consciencia fúngica argumentan que las capacidades documentadas (memoria, toma de decisiones, comunicación y procesamiento de información distribuido) cumplen con los criterios de lo que se ha denominado ‘cognición basal’ o ‘cognición mínima’ (Colombo, 2025). Desde esta perspectiva, la consciencia no sería un fenómeno binario (presente o ausente) sino un contínuum que puede manifestarse en diferentes grados y formas a través del mundo biológico.

El marco teórico de la ‘cognición basal’ propone que procesos fundamentales como el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones existían en la naturaleza mucho antes de la evolución de los sistemas nerviosos, representando así los cimientos evolutivos a partir de los cuales emergieron formas más complejas de consciencia (Money, 2021).

Los críticos, por otro lado, advierten contra lo que perciben como una antropomorfización injustificada de capacidades biológicas básicas. Señalan que las respuestas adaptativas de los hongos pueden explicarse mediante mecanismos bioquímicos y electrofisiológicos simples sin invocar conceptos como consciencia o cognición (Aleklett, Boddy, 2021).

El hecho de que los hongos carezcan de un sistema nervioso central, tradicionalmente considerado indispensable para la experiencia subjetiva, representa para muchos investigadores un obstáculo insuperable para atribuirles consciencia. Además, existe un debate terminológico significativo sobre si términos como ‘mente’, ‘cognitivo’, ‘sintiente’ y ‘consciente’ deben aplicarse a organismos sin cerebro, con algunos argumentando que esta expansión conceptual arriesga diluir el significado mismo de estos términos hasta volverlos vacíos (Colombo, 2025). Este debate refleja tensiones más profundas en las ciencias cognitivas, entre visiones más inclusivas versus más restrictivas de qué sistemas biológicos pueden ser considerados cognitivos.

Subestimación del estudio de la consciencia fúngica

El estudio de las capacidades cognitivas y la posible consciencia de los hongos ha sido históricamente subestimado por una convergencia de factores conceptuales, metodológicos y culturales. Durante siglos, los hongos fueron clasificados dentro del reino vegetal y considerados organismos pasivos, una percepción que oscureció su extraordinaria sensibilidad y capacidades de respuesta activa al ambiente (Money, 2021). Este prejuicio persistió incluso cuando comenzamos a reconocer capacidades cognitivas sofisticadas en animales y, más recientemente, en plantas (Colombo, 2025). Dicha negligencia refleja un sesgo más amplio en la ciencia hacia organismos con características fácilmente reconocibles como ‘superiores’ o más similares a los humanos.

Por otro lado, la arquitectura misma de los hongos ha presentado desafíos metodológicos significativos para su estudio cognitivo. A diferencia de los animales, cuyos comportamientos son frecuentemente observables a simple vista y a escala temporal humana, las redes miceliares se desarrollan predominantemente bajo tierra y a ritmos temporales que pueden ser mucho más lentos o más rápidos que nuestros marcos de referencia habituales (Aleklett, Boddy, 2021). Además, la falta de estructuras especializadas obvias para el procesamiento de información, como neuronas o ganglios, llevó a asumir prematuramente que los hongos eran incapaces de comportamientos cognitivos complejos. Solo recientemente, con el desarrollo de técnicas de imagen avanzadas y diseños experimentales creativos, hemos podido comenzar a descifrar las sofisticadas capacidades de estos organismos (Adamatzky et al., 2022).

Cultural y filosóficamente, los hongos han sufrido de lo que podría llamarse un estatus intermedio, ni completamente animales ni plantas, que los ha mantenido en un espacio conceptual incómodo entre reinos biológicos establecidos, contribuyendo a la subestimación de su posible consciencia.

Importancia del estudio de la consciencia en los hongos

El estudio de las capacidades cognitivas de los hongos tiene implicaciones profundas para nuestra comprensión de la consciencia animal y humana, ya que proporciona un punto de referencia evolutivo fundamental para trazar la historia profunda de la cognición en la Tierra. Al revelar que organismos sin sistema nervioso pueden exhibir comportamientos complejos que tradicionalmente asociábamos con animales, la investigación fúngica sugiere que los fundamentos de la cognición, y posiblemente de la consciencia, son increíblemente antiguos y están ampliamente distribuidos en el árbol de la vida (Money, 2021). Esta perspectiva evolutiva expandida nos obliga a reconsiderar la narrativa tradicional sobre el origen de la mente, situándolo mucho más atrás en el tiempo y en ramas más basales de la filogenia.

Desde una perspectiva de mecanismos biológicos, la investigación sobre cómo las redes miceliares procesan información y coordinan comportamientos sin un centro de control centralizado, ofrece modelos alternativos valiosos para comprender aspectos fundamentales de la cognición animal y humana. La arquitectura distribuida de las redes miceliares se asemeja en aspectos cruciales a la organización de sistemas neuronales complejos, sugiriendo principios universales de procesamiento de información que podrían operar a través de diferentes sustratos biológicos (Adamatzky et al., 2022).

Aunado a todo esto, el estudio de los hongos enriquece nuestro marco conceptual para investigar uno de los misterios más profundos de la ciencia: la relación entre la materia y la mente. Al revelar cómo la consciencia podría manifestarse en sistemas radicalmente diferentes a los nuestros, la investigación fúngica nos ayuda a distinguir entre aspectos esenciales y accidentales de la mente, avanzando así nuestra comprensión no solo de los hongos, sino de la naturaleza misma de la consciencia en todas sus formas, incluida la humana (Colombo, 2025).

Referencias:

  • Adamatzky, B., Vallverdu, J., Gandia, A., Chiolerio, A., Castro, O., Dodig-Crnkovic, G. (2022). Fungal States of Minds. BioRxiv, volumen (4), número (3). biorxiv.org
  • Aleklett, K., Boddy, L. (2021). Fungal behaviour: a new frontier in behavioural ecology. Trends in Ecology & Evolution, volumen (36), número (9). micropspbgmu.ru
  • Colombo, M. (2025). Cognitive Symbionts. Expanding the Scope of Cognitive Science With Fungi. Topics in Cognitive Science. onlinelibrary.wiley.com
  • Money, (2021). Hyphal and mycelial consciousness: The concept of the fungal mind. Fungal Biology. irp-cdn.multiscreensite.com
  • Papa, A., Bender, A., Colombo, M., Sawada, A., Abel, R., Kaaronen, R. (2024). From Fungi to Thought: Exploring Cognition in Mushroom Foraging. Proceedings of the Annual Meeting of the Cognitive Science Society, volumen (46). escholarship.org

Créditos de imagen de portada: Foto de Nandhu Kumar

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
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