El amor en psicología: Correlato neurobiológico y cultural

El amor en psicología puede estudiarse desde diferentes enfoques. Te presentamos un análisis integrador de los correlatos neurobiológicos y culturales que hacen posible lo que entendemos por amor.

El amor, lejos de ser algo exclusivo de las parejas, es un sentimiento que nos atraviesa sin excepción; como individuos y como sociedad. Se ha intentado comprender el amor desde diferentes enfoques de la psicología; sin embargo, por lo general, todos coinciden en describir el amor como una experiencia de bienestar entre seres humanos.

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La evolución del concepto de amor

Se pueden rastrear hasta la antigua Grecia los primeros términos relacionados con el constructo del amor. En la Grecia clásica diferenciaban 4 tipos de amor: el amor a Dios –ágape–, el amor entre amigos –fileo–, el amor en la familia –storge-, y el amor en la pareja –eros- (Pinto, 2012).

Por su parte, Sócrates hablaba de la necesidad universal de amor, concepto que se retomó en el sigo XX, cuando desde la etología se demostró que la necesidad de afecto era superior a la necesidad sexual (Harlow, 1962; citado por Pinto, 2012).

Sin embargo, por más de cincuenta años, el amor fue concebido como la sublimación del deseo sexual. Esto generó que posteriormente el concepto se orientara hacia un extremo más emocional. Nació la idea del amor romántico: obsesivo, ciego y caprichoso. Desde esta postura, el fin último de la vida, y la felicidad, están atados a encontrar el amor verdadero, que genera sufrimiento, pero se soporta solo por la promesa de la realización verdadera (Pinto, 2012).

Este último concepto ha sido fuertemente criticado en la actualidad, entre otros, gracias al movimiento feminista, al surgimiento de la píldora anticonceptiva, y a una postura en la que se busca el placer y el bienestar de ambas partes, alcanzable por mutuo acuerdo y que confiere significación a la relación (Pinto, 2012).

Teoría triangular del amor en psicología

En 1984, Sternberg y Grajek, postularon la teoría triangular del amor. Según esta teoría, que buscaba analizar el amor desde la psicología científica, determinaron que el amor de pareja –y por qué no, el amor en cualquier relación– está compuesto por tres componentes (Pinto, 2018):

  • Intimidad: Sentimientos que promueven el vínculo, la conexión y el acercamiento.
  • Pasión: Expresión de necesidades y anhelos, en un estado de deseo intenso de unión con el otro. Puede incluir la satisfacción sexual.
  • Compromiso: Incluye a corto plazo la decisión de amar al otro, y el compromiso por mantener ese amor a largo plazo.

Muchos estudios han demostrado la universabilidad de esta teoría. Sin embargo, dependiendo del grupo étnico, se han observado diferentes variaciones, como es el caso de una tendencia al amor de compañeros en la cultura Aymara y Chaqueña, en Bolivia (Pinto, 2018).

Por otra parte, otras investigaciones que buscan diferencias en la concepción del amor dependiendo de la cultura, encontraron que, mientras en culturas individualistas prima la pasión sobre los otros dos factores, en culturas colectivistas el compromiso es el que rige las relaciones (Kim y Hatfield, 2004; citado por: Pinto, 2018).

Una visión general del amor desde la psicología

El amor para la psicología, está basado en la reciprocidad; se basa en invertir en el bienestar de la otra parte. Esta es la base del equilibrio homeostático en las relaciones, y se construye a través del intercambio equitativo (Hegi y Bergner, 2010; Pinto, 2012; y Temple, 2003; citador por Pinto, 2018).

El amor desde lo social

Las relaciones afectivas que se construyen, no solo con la pareja, sino también con familia y amistades, no se edifican en el vacío, sino que son atravesadas por la cultura, la época y hasta la tecnología.

En la actualidad, las relaciones se han complicado; la concepción del tiempo y la distancia ha cambiado, y la inmediatez de información y comunicación ha modificado las relaciones afectivas. Además, los patrones que en un tiempo eran válidos, cambian con una velocidad cada vez mayor (Carreño-Melendez, Henales-Almaraz, y Sánchez-Bravo, 2011).

Como en toda actividad humana, es la situación social y cultural del momento la que determina ‘cómo se debe expresar el amor’ –y cualquier quehacer humano-; dictando la normatividad como los roles según el género, la edad, y hasta la posición económica. Es así, como la simple expresión de afecto entre los seres deja de ser tan simple, y se ve atravesada por la cultura, la ideología, los sentimientos, las historias de vida individuales, la subjetividad, la objetividad, etc (Carreño-Melendez, Henales-Almaraz, y Sánchez-Bravo, 2011).

Dentro de los cambios sociales que han modificado la concepción y las manifestaciones del amor se encuentran (Carreño-Melendez, Henales-Almaraz, y Sánchez-Bravo, 2011):

  • Cambios en la concepción de los sentimientos y afectos –afectos positivos y negativos-.
  • La revolución sexual y la facilitación de los encuentros sexuales.
  • Los derechos de las mujeres
  • Nuevos estilos de pareja: relaciones abiertas, poliamor, etc.
  • El individualismo como opuesto a la comunidad y el incremento de la soledad.
  • El nacimiento de tribus urbanas y la emancipación de grupos minoritarios.
  • La globalización y los cambios económicos.

Psicobiología del amor

Neurológicamente, el sentimiento de amor se relaciona con el sistema de recompensa. Inicialmente, el valor de recompensa mediado por el amor responde a la dopamina liberada por el núcleo accumbens y también por las redes con el cíngulo anterior y el lóbulo prefrontal. Este último, se encarga de coordinar planes y conductas dirigidas a obtener la recompensa (Garza, 2010).Adicionalmente, el sistema límbico posee las estructuras involucradas en las respuestas emociones, dentro de las que se encuentran las circunvoluciones del cíngulo, el hipocampo, el área orbitofrontal y la corteza insular (Garza, 2010).

Dependiendo de la etapa del enamoramiento –especialmente cuando se habla de la pareja– se activan diferentes áreas cerebrales (Garza, 2010; Hernández, 2012):

  • Cuando el enamoramiento comienza por la etapa de deseo, las respuestas están mediadas por concentraciones en andrógenos y estrógenos que motivan la respuesta sexual.
  • Posteriormente, en la etapa del amor romántico se incrementan los niveles de dopamina, generando sensación de aumento de energía, euforia, y motivación. Durante esta etapa también puede incrementar la concentración de norepinefrina, que se relaciona con insomnio, taquicardia, pérdida de apetito, hiperactividad y ansiedad –y también las mariposas en el estómago-. Finalmente, en esta etapa se liberan grandes concentraciones de serotonina, la cual, en este caso, se relaciona con un incremento el tiempo en el que se piensa en la otra persona.
  • Al terminar la etapa del enamoramiento disminuye la concentración de dopamina y se libera vasopresina sérica y oxitocina, relacionados con la etapa del apego, en donde la relación es apacible y se caracteriza por la seguridad y la unión. Es este cambio bioquímico el que evolutivamente permitió que nuestros antepasados permanecieran juntos en la crianza de los más pequeños.

¿Entonces qué es el amor para la psicología?

Como cualquier dimensión humana, el amor puede estudiarse desde diferentes enfoques de la psicología. Sin embargo, esto no quiere decir que el amor sea diferente desde la óptica según se mire; por el contrario, solo lo podemos entender, cuando lo miramos en la intersección de todos los puntos de vista posibles. Podríamos decir entonces que el amor comprende una cantidad de cambios neurológicos dependiendo de la etapa en la que se encuentre, pero que son determinados por el momento evolutivo y sociocultural en el que se encuentren las partes involucradas, y la forma en la que estas interactúan con el entorno y con quienes los rodean.

Fundamental tener en cuenta, que lejos de ser un proceso estático, es dinámico y cambia a medida que los seres humanos evolucionamos.

Referencias:

  • Carreño-Melendez, J., Henales-Almaraz, M., y Sánchez-Bravo, C. (2011). El amor desde un enfoque psicológico. Perinatol Reprod Hum, 25 (2), 99-108.
  • Garza, I. (2010). Neurobiología del amor. Medigraphic, 5 (1), 6-8. Recuperado de: www.medigraphic.com
  • Hernández, P. (2012). Bioquímica del amor. Ciencia UANL, 15 (57), 114 – 120. Recuperado de:eprints.uanl.mx
  • Pinto, B. (2012). Psicología del amor. La Paz: Soipa Ltda. Recuperado de: www.conductitlan.org.mx
  • Pinto, B. (2018). Teoría trinagular del amor y teoría del compromiso en la psicoterapia de pareja. Redes, 37 (1), 37- 50. Recuperado de: www.redesdigital.com.mx
Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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