Los peligros de mezclar psicofármacos y alcohol

A consecuencia de la normalización cultural, hay quienes relativizan los efectos indeseables que podrían generar consumir alcohol y psicofármacos.

En general, no se debe mezclar ningún medicamento con alcohol, y aún menos si se trata de psicofármacos, ya que al ser sustancias químicas pueden interactuar entre sí, generando un alto riesgo para la salud. Esta interacción fármaco-alcohol motiva cambios en la sustancia, llegando a producir efectos secundarios potencialmente adversos.

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Efectos del alcohol en el organismo

El alcohol etílico o etanol (que se encuentra en las bebidas alcohólicas) presenta efectos en el organismo que dependen de la frecuencia con la que se tome, es decir; si es ocasional –aguda– o si es crónica –alcoholismo-. Dentro de los efectos agudos, encontramos una fase inicial de estimulación -desinhibición-, que posteriormente pasa a una fase depresora del sistema nervioso central (alteraciones en el discurso y equilibrio, perdida de memoria y pérdida del conocimiento). A nivel crónico, se generan deficiencias nutricionales, daño hepático, predisposición a hemorragia y muerte neuronal (González-González, Zúñiga-Lemus, 2015). 

Interacciones de los fármacos con el alcohol

Dependiendo de los cambios que se generen, las interacciones farmacológicas se clasifican en (González-González, Zúñiga-Lemus, 2015):

  • Farmacocinéticas: se alteran los mecanismos de transporte del medicamento a través del cuerpo, afectando los procesos de distribución, metabolismo, absorción y excreción. 
  • Farmacodinámicas: afectan los mecanismos de acción del medicamento, modificando la unión fármaco-receptor o la activación de los procesos metabólicos de esta unión. Debido a esto se puede producir sinergismo (se potencializa la acción de uno o ambos fármacos) u antagonismo (se bloquea la acción del fármaco).

En cualquiera de los dos casos, los pacientes se encuentran ante la posibilidad de una intoxicación por incremento del efecto de la sustancia; o a un mantenimiento de la sintomatología y posible incremento de esta. Esto es debido a la anulación del efecto de los medicamentos, lo cual es potencialmente peligroso para la salud.

Psicofármacos y alcohol

Ansiolíticos y alcohol

Dentro del grupo de los ansiolíticos, encontramos el grupo las benzodiacepinas, eficaces en el tratamiento de ansiedad e insomnio, presentando menos efectos secundarios que los barbitúricos. Cuando estos psicofármacos se mezclan con alcohol, se genera una reacción farmacodinámica en la que se incrementan los efectos depresores. De esta forma, la persona puede experimentar habla distorsionada, alteraciones en la concentración y la memoria, estados de confusión aguda, cefalea, perdida del sentido de corta duración, mareo, alteraciones motrices, disminución en la presión arterial y respiración enlentecida (Danza, Cristiani y Tamosiunas, 2009).   

Antipsicóticos y alcohol

Los medicamentos antipsicóticos tienen un efecto antidopaminérgico, es decir; su objetivo es disminuir la cantidad de dopamina en el cerebro, ya sea al unirse a los receptores dopaminergicos o a los serotoninérgicos. Estos medicamentos se recetan principalmente a pacientes con esquizofrenia, con el fin de controlar la sintomatología positiva: alucinaciones, alteraciones del pensamiento e ideas delirantes, y también pueden ser recetados en casos de ansiedad grave. Cuando se mezclan estos psicofármacos con el alcohol, se potencializa su efecto sedante (interacción farmacodinamica). Esto implica que la persona entra en un estado de relajación profundo, en el que la conciencia se altera, incrementando el riesgo de traumatismos por caída, broncoaspiración por pérdida del reflejo nauseoso, daño muscular que lleve a daño renal, coma y muerte (Ceruelo y García, 2007). 

Antidepresivos y alcohol

Dentro de los medicamentos para tratar la depresión, existen múltiples propuestas con diferentes mecanismos de acción, todos orientados a favorecer el estado anímico. Debido a esto, dependiendo del tipo de antidepresivo, la interacción con alcohol puede tener efectos diferentes. Por ejemplo, cuando se mezclan bebidas alcohólicas con antidepresivos tricíclicos se incrementa el riesgo de sedación, como ocurre con los antipsicóticos (González-González, Zúñiga-Lemus, 2015).

Por otra parte, también se ha encontrado que mezclar cualquier antidepresivo con alcohol puede generar letargo, aumento del riesgo de sobredosis con o sin intención suicida, profundización de sintomatología depresiva, como incremento en la desesperanza, alteraciones motoras e incremento en los efectos del alcohol. Asimismo, los antidepresivos que actúan como inhibidores de monoaminooxidasa, pueden generar graves alteraciones cardiacas, incluido el aumento de la presión arterial; factor de riesgo para accidentes cerebrovasculares e infartos (National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, 2003). 

Anticonvulsivos/ antiepilépticos y alcohol

Los medicamentos anticonvulsivos o antiepilépticos tienen como objetivo prevenir o disminuir la frecuencia y severidad de las crisis epilépticas, dado el potencial daño cerebral que presenta cada crisis. La adecuada administración de estos medicamentos es fundamental, ya que las dosis demasiado bajas o demasiado altas se manifiestan en crisis convulsivas, que son peligrosas para la salud del individuo. En el caso especial de la fenitoina, el alcohol genera en efecto farmacocinético, aumentando el metabolismo de la sustancia y disminuyendo su efecto, poniendo al paciente en un riesgo inminente de crisis convulsivas (López-González, 2016). Con otros tipos de molécula además se puede presentar mareo, letargo, alteraciones comportamentales y cambios emocionales y psicológicos como pensamientos suicidas(National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, 2003).

Conclusiones

Como se mencionó inicialmente, no se recomienda bajo ninguna circunstancia mezclar alcohol con ningún medicamento. Aunque el consumo de psicofármacos esté muy extendido, no debemos dejar de extremar la precaución. En caso de presentarse algún evento en el que se sienta la necesidad de beber alcohol, se recomienda consultarlo con su médica o médico de cabecera, y en caso de presentar algún síntoma, solicitar atención médica urgente.

Referencias:

  • Ceruelo, J. y García, S. (2007). Antipsicóticos típicos. Antipsicóticos atípicos. Terapéutica en APS, 14 (10), 637-647.
  • Danza, A., Cristiani, F., y Tamosiunas, G. (2009). Riesgos asociados al uso de Benzodiazepinas. Prensa Médica Latinoamericana, 31 (3), 103-107.
  • González-González, J. S., y Zúñiga-Lemus, O. (2015).Interacciones entre Fármacos y Etanol. Salud y Administración, 2 (6), 61-64
  • López-González, R. (2016). Epilepsia, tratamiento farmacológico y su monitoreo. Revista Cúpula, 30 (2), 44-53. Recuperado de: revista.unsis.edu.mx
  • National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (2003). Reacciones adversas al mezclar bebidas alcohólicas con medicamentos. Department of health and human services, USA. Recuperado de: www.niaaa.nih.gov
Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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