Ortorexia nerviosa: la obsesión por comer sano

Aunque la ortorexia nerviosa aún no es reconocida formalmente como un trastorno psicológico, sus síntomas están relacionados con varias afecciones conductuales.

En las últimas décadas, el interés por llevar una alimentación equilibrada y consciente ha crecido de manera significativa, impulsado por la abundante evidencia científica que respalda los beneficios de una dieta saludable para la prevención de enfermedades y la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, este interés, en ciertos casos, puede derivar en una preocupación excesiva y desproporcionada por la calidad de los alimentos, dando lugar a una conducta alimentaria conocida como ortorexia nerviosa. Este término, aún poco conocido fuera de los círculos especializados, describe una obsesión patológica por consumir únicamente alimentos percibidos como sanos, en porciones consideradas correctas, y bajo criterios cada vez más rígidos de pureza y adecuación nutricional.

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La ortorexia nerviosa ha generado un debate considerable en la literatura científica, principalmente en torno a su clasificación clínica. Aunque comparte rasgos con otros trastornos conductuales, como la anorexia nerviosa o el trastorno obsesivo-compulsivo, también presenta características distintivas que dificultan su categorización formal.

A continuación, se explorará cómo se manifiesta la ortorexia nerviosa, sus particularidades clínicas y conductuales, y su relación con otros trastornos reconocidos.

¿A qué se le conoce como ortorexia nerviosa?

La ortorexia nerviosa (ON) es una condición caracterizada por una preocupación patológica y obsesiva por mantener una alimentación saludable. Aunque el interés por una dieta equilibrada y de calidad suele considerarse un hábito positivo, en quienes padecen ortorexia este interés se transforma en una obsesión rígida y compulsiva, donde la pureza y las características de los alimentos adquieren una importancia desproporcionada que puede interferir con su bienestar físico, social y emocional (Santillana, 2024).

Quienes presentan comportamientos ortoréxicos dedican horas a planificar, seleccionar y preparar sus alimentos, prefiriendo aquellos que consideren ‘puros’ o ‘naturales’, como productos ecológicos, libres de transgénicos, pesticidas, herbicidas, conservadores o cualquier aditivo artificial. Suelen evitar la carne, argumentando que el maltrato animal podría generar sustancias dañinas para el organismo. Esta obsesión suele conducirlos y conducirlas a adoptar dietas altamente restrictivas y a realizar rituales alimenticios rígidos, perdiendo la capacidad de alimentarse de forma intuitiva, es decir, sin reconocer las señales fisiológicas naturales de hambre y saciedad (Restrepo et al., 2022).

La ortorexia comienza, generalmente, como un intento de mejorar los hábitos alimenticios, pero con el tiempo se vuelve una obsesión en la que el individuo condiciona su autoestima y bienestar emocional al cumplimiento estricto de sus reglas dietéticas. Esto puede derivar en actitudes de superioridad moral hacia quienes no comparten su estilo de alimentación, así como en aislamiento social, debido a la dificultad para comer fuera de casa o aceptar alimentos preparados por otros.

Actualmente, la ortorexia nerviosa no se encuentra clasificada en los principales manuales diagnósticos de trastornos mentales, como el DSM-5 o la CIE-10, y su estatus clínico sigue siendo objeto de debate. Algunos expertos la consideran un posible trastorno de la conducta alimentaria, mientras que otros la ubican dentro del espectro de los trastornos obsesivo-compulsivos (Santillana, 2024).

¿Cómo se manifiesta la ortorexia nerviosa?

Las personas con ON dedican una cantidad desproporcionada de tiempo a planificar, seleccionar, adquirir y preparar alimentos que cumplan con criterios subjetivos de pureza, como estar libres de pesticidas, conservadores, colorantes o cualquier sustancia artificial. Se inclinan por productos ecológicos, orgánicos y de origen natural, evitando carne, lácteos, azúcares y otros alimentos que consideran ‘tóxicos’ o ‘impuros’. Estas restricciones dietéticas no solo limitan grupos completos de alimentos, sino también los métodos de cocción o los materiales utilizados para prepararlos, prefiriendo, por ejemplo, utensilios de cerámica o madera (Astudillo, 2021).

Una de las consecuencias más notorias de estas conductas es el aislamiento social. Debido a su obsesión por controlar su dieta, quienes padecen ortorexia tienden a evitar reuniones sociales o comidas en lugares públicos, lo que incrementa su ansiedad y deteriora sus relaciones interpersonales. Esta desconexión se ve reforzada por una actitud de intolerancia hacia las creencias alimentarias de los demás, así como una percepción de superioridad moral asociada a su estilo de vida (Santillán, 2024).

Clínicamente, además de las consecuencias psicosociales, pueden presentarse complicaciones médicas como desnutrición, anemia, hipovitaminosis, alteraciones digestivas, osteoporosis e incluso acidosis metabólica. La obsesión también puede derivar en conductas de purga o ayuno tras consumir alimentos considerados ‘prohibidos’, reforzando un ciclo de ansiedad y autocastigo. Por otro lado, quienes padecen ortorexia nerviosa pueden desarrollar rituales alimentarios estrictos, una pérdida de la capacidad de alimentarse de forma intuitiva y una dependencia emocional de su régimen dietético, al que asocian bienestar, control y una ilusoria prevención de enfermedades (Ayllón, 2021).

Relación de la ortorexia nerviosa con otros trastornos clínicos

Aunque la ortorexia nerviosa no es reconocida oficialmente, mantiene una estrecha relación clínica y psicopatológica con diversos trastornos psiquiátricos y de la conducta alimentaria ya establecidos, especialmente con la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. Ambos comparten rasgos característicos como la preocupación obsesiva por la alimentación, la rigidez en los hábitos, la necesidad de control, la ansiedad anticipatoria ante ciertos alimentos y una marcada tendencia al perfeccionismo (Santillán, 2024).

De acuerdo a algunos investigadores, la ortorexia se presenta con frecuencia en personas con perfiles de personalidad obsesivo-compulsivos, y puede coexistir o derivarse de trastornos alimentarios previos (Secretaría del Gobierno de México, 2023).

En este sentido, algunos estudios han reportado que hasta el 28% de las y los pacientes con anorexia o bulimia presentan ortorexia comórbida al inicio de su tratamiento, incrementándose este porcentaje al 53% tras su proceso terapéutico, lo que sugiere un posible desplazamiento de las preocupaciones por la cantidad de alimento (característica de anorexia y bulimia) hacia una obsesión por la calidad, como ocurre en la ortorexia.

Es importante señalar, además, que se ha encontrado que quienes padecen ortorexia presentan menor respuesta terapéutica que pacientes con bulimia y trastorno por atracones, lo cual podría explicarse por la aceptación social y la validación cultural que, en muchos contextos, recibe este tipo de obsesión, favoreciendo su perpetuación (Astudillo, 2021).

Dificultades en su diagnóstico y clasificación

A pesar de las similitudes entre la ortorexia nerviosa con otros trastornos conductuales de la alimentación, esta afección tiene características distintivas. Mientras en la anorexia y la bulimia predomina una preocupación por el peso, la figura corporal y la cantidad de alimentos ingeridos, en la ortorexia la obsesión se centra en la pureza, origen y preparación de los alimentos, sin que necesariamente exista una distorsión de la imagen corporal. No obstante, se ha encontrado que tanto en personas ortoréxicas como en anoréxicas coexisten niveles elevados de perfeccionismo, preocupación por la apariencia física y apego evitativo, lo que refuerza la hipótesis de que estos trastornos podrían formar parte de un mismo espectro psicopatológico.

Así mismo, para algunas y algunos autores, la ortorexia debería considerarse una entidad diagnóstica independiente, mientras que otros y otras, proponen interpretarla como un fenotipo o variante clínica dentro del espectro de los trastornos alimentarios restrictivos, dada su alta prevalencia en pacientes con antecedentes de anorexia y bulimia, y su tendencia a manifestarse o intensificarse durante el tratamiento de estas condiciones.

Además, se ha visto que factores socioculturales y estigmas asociados a las elecciones alimentarias refuerzan conductas ortoréxicas bajo la apariencia de hábitos saludables, dificultando su identificación clínica y la búsqueda de tratamiento (Astudillo, 2021).

¿Quiénes son más propensas a padecerla?

Diversos estudios y observaciones clínicas han identificado ciertos perfiles y grupos poblacionales con mayor propensión a desarrollar ortorexia nerviosa. En este sentido, se ha señalado que este trastorno tiende a manifestarse con mayor frecuencia en individuos cuya actividad profesional o estilo de vida está fuertemente vinculado a la alimentación, el control corporal y el perfeccionismo. Entre estos se encuentran practicantes de yoga, cantantes de ópera, músicos de orquesta sinfónica, bailarines de ballet, atletas, médicos, nutriólogos y estudiantes de medicina, quienes, por la exigencia de su disciplina o su interés profesional en la salud, pueden desarrollar conductas alimentarias excesivamente rígidas y ritualizadas (Santillán, 2024).

A nivel internacional, se ha documentado una prevalencia aproximada del 6.9% en la población general, pero este porcentaje se incrementa drásticamente en profesionales de la salud, donde alcanza hasta el 58%. El entorno digital también ha contribuido a este fenómeno. Algunas investigaciones reportan una prevalencia del 49% en comunidades enfocadas en alimentación saludable dentro de Instagram, evidenciando una correlación directa entre el tiempo de uso de esta red social y el aumento de síntomas ortoréxicos.

Además, otros estudios han identificado mayor incidencia de conductas ortoréxicas en personas con mayor peso corporal, niveles educativos bajos, hábitos vegetarianos y síntomas depresivos. Por otro lado, aunque no se han registrado diferencias significativas por género o edad, se reconoce mayor riesgo en adolescentes, mujeres y varones estudiantes de medicina. Otros grupos con prevalencias altas incluyen físico-culturistas, practicantes de disciplinas estéticas y vegetarianos o veganos, aunque no se ha podido establecer una relación causal directa entre estas filosofías alimentarias y la ortorexia. Sin embargo, algunas y algunos investigadores plantean que ciertos patrones restrictivos, como el vegetarianismo estricto, podrían enmascarar trastornos de la conducta alimentaria subyacentes (Astudillo, 2021).

Las redes sociales y el desarrollo de la ortorexia

La ortorexia nerviosa no se desarrolla en un vacío clínico o individual, sino que se ve profundamente influida por contextos sociales, culturales y tecnológicos contemporáneos. Diversos estudios han evidenciado cómo factores externos, como las redes sociales y los ideales de salud promovidos por los medios de comunicación favorecen la aparición y normalización de conductas ortoréxicas.

Por ejemplo, una investigación realizada en estudiantes colombianos encontró que el 52% de las y los participantes presentó conductas ortoréxicas, detectando una asociación significativa entre seguir cuentas en redes sociales dedicadas a la alimentación saludable y la prevalencia de ortorexia nerviosa. Particularmente, Instagram ha mostrado una fuerte relación con este tipo de conductas, ya que facilita la difusión constante de imágenes idealizadas de alimentos y cuerpos, junto con mensajes que promueven una alimentación extremadamente restrictiva bajo la apariencia de salud. Este entorno genera presiones sociales que incitan a las y los usuarios a ajustarse a dichas tendencias, favoreciendo comportamientos patológicos que pueden pasar desapercibidos por estar revestidos de connotaciones positivas (Santillán, 2024).

La ortorexia y la obsesión con lo saludable

De acuerdo a la evidencia reciente, la ortorexia nerviosa está íntimamente relacionada con el estilo de vida propio de nuestras sociedades modernas. En este sentido, una investigación en Holanda demostró que la cultura occidental, caracterizada por su énfasis en el control personal, la salud corporal y los ideales estéticos, influye significativamente en la aparición de ON, con una puntuación de 74 sobre 100 en el grado de influencia cultural. Factores como las transiciones sociales, las ideas sobre el cuerpo ideal y la creciente medicalización del bienestar se combinan con la desregulación de la información nutricional disponible en medios y redes sociales, fomentando entornos de riesgo para este trastorno (Astudillo, 2021).

Por otro lado, el discurso contemporáneo sobre el bienestar, impulsado por libros, revistas y contenidos digitales, refuerza la promoción de estilos de vida ‘saludables’ sin suficiente control científico. Esta sobreexposición, junto con la escasa verificación de la información disponible en internet, incrementa la ansiedad relacionada con la salud, elevando aún más el riesgo en individuos predispuestos (Restrepo et al., 2022).

Desafortunadamente, algunos y algunas pacientes con trastornos de la conducta alimentaria en proceso de recuperación pueden desplazar sus obsesiones hacia un discurso ortoréxico socialmente aceptado, dificultando su identificación por familiares o profesionales. Este cambio, lejos de significar una verdadera mejoría, puede consolidar nuevas formas de restricción alimentaria bajo la apariencia de salud, evidenciando la importancia de delimitar con claridad los límites entre prácticas saludables y conductas patológicas en el contexto cultural actual (Ayllón, 2021).

Tratamiento de la ortorexia nerviosa

El tratamiento de la ortorexia nerviosa es complejo, ya que aún carece de protocolos estandarizados basados en evidencia concluyente. Sin embargo, las recomendaciones clínicas actuales coinciden en la necesidad de un abordaje interdisciplinario. Este debe incluir la participación de médicos, psicólogos, psiquiatras y nutriólogos, dado que las y los pacientes suelen presentar tanto alteraciones nutricionales como trastornos emocionales y cognitivos asociados.

Además de la terapia psicológica, se recomienda incorporar psicoeducación orientada tanto al aspecto nutricional como al emocional, para corregir las ideas erróneas acerca de los alimentos y su supuesta bondad o toxicidad. Esta intervención debe ser progresiva y cuidadosa, ya que las creencias ortoréxicas suelen proporcionar estructura y seguridad al paciente, por lo que desafiarlas abruptamente podría generar mayor resistencia o ansiedad.

En cuanto al manejo farmacológico, aunque los estudios son limitados, se ha documentado que los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden ser útiles, dada su eficacia en trastornos con sintomatología obsesiva, como la anorexia nerviosa y el trastorno obsesivo-compulsivo. En casos más graves o resistentes, se han empleado antipsicóticos como la olanzapina para disminuir pensamientos obsesivos sobre las propiedades de los alimentos. Sin embargo, es frecuente que estas y estos pacientes se resistan al uso de medicación, al no considerarla ‘natural’, por lo que es esencial primero establecer un vínculo terapéutico sólido (Ayllón, 2021).

Importancia de estudiar la ortorexia nerviosa

El estudio de la ortorexia nerviosa resulta fundamental, no sólo por su creciente prevalencia, sino también por las graves consecuencias físicas y emocionales que puede acarrear. A pesar de que durante años fue percibida como una simple preocupación excesiva por la alimentación saludable, la evidencia acumulada ha demostrado que se trata de una conducta potencialmente patológica, capaz de producir daños comparables a los observados en trastornos alimentarios más ampliamente reconocidos, como la anorexia o la bulimia nerviosa.

Entre las consecuencias físicas asociadas a la ortorexia se encuentran la desnutrición, anemias, hiper o hipovitaminosis, osteoporosis, y carencias de oligoelementos esenciales como hierro, cobalto, flúor o manganeso (Santillán, 2024). Estos desequilibrios pueden generar problemas metabólicos y sistémicos graves, afectando órganos vitales y debilitando las defensas del organismo. A nivel emocional, las y los pacientes pueden presentar altos niveles de ansiedad, estrés y aislamiento social, derivados de la rigidez alimentaria y la evitación de contextos sociales donde no puedan controlar su dieta.

Otra razón que justifica la urgencia de estudiar con mayor profundidad la ortorexia nerviosa es la dificultad que existe para su diagnóstico, debido a la falta de conciencia de enfermedad por parte de quienes la padecen y la naturalización de sus conductas en entornos que exaltan los hábitos alimentarios ‘puros’ o ‘limpios’. A ello se suma la diversificación transcultural de las conductas ortoréxicas, que pueden adoptar formas distintas según el contexto sociocultural.

Considerando estos elementos, es evidente que ampliar la investigación sobre las características de la ortorexia nerviosa, su prevalencia, factores de riesgo y tratamiento, no solo permitirá prevenir daños irreversibles en quienes la padecen, sino también enriquecerá la comprensión de los trastornos alimentarios contemporáneos, en una sociedad donde las presiones por alcanzar estándares de salud y estética continúan incrementándose.

Referencias:

  • Astudillo, R. (2021). Ortorexia nerviosa: ¿Un estilo de vida o el surgimiento de un nuevo trastorno alimentario? Revista chilena de nutrición, volumen (48), número (2). scielo.cl
  • Ayllón, B. (2021). La ortorexia nerviosa ¿otro nuevo trastorno? Revista digital de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, volumen (11), número (2). psicociencias.org
  • Santillán, M. (2024). Ortorexia nerviosa, cuando el comer sano se vuelve obsesión. Ciencia UNAM. ciencia.unam.mx
  • Secretaría de Salud del Gobierno de México (2023). Ortorexia, trastorno de tipo alimentario. Gobierno de México. gob.mx
  • Restrepo, A., Correa, L., Arango, O., Goenaga, J. (2022). Asociación entre el uso de las redes sociales y la Ortorexia Nerviosa en estudiantes universitarios. Revista de Psicología Universidad de Antioquia, volumen (14), número (1), pp. dialnet.unirioja.es

Créditos de imagen de portada: Foto de Mikhail Nilov

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.