¿Por qué lloramos? Bases del llanto y las lágrimas

El llanto emerge como una compleja confluencia de procesos psicológicos, biológicos y socioculturales. He aquí una aproximación de por qué lloramos.

Al nacer, nuestra primera interacción con el mundo es el llanto. Posteriormente, lo usamos como una forma de comunicación, para hacer saber a nuestra madre o padre que tenemos hambre o frío. Luego lloramos por dolor, por tristeza, pero también por alegría, y a veces no sabemos por qué. Sin embargo, está claro que el llanto tiene una función tanto social como fisiológica; a continuación exploraremos las bases neuronales, fisiológicas y psicológicas de las lágrimas y el llanto.

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¿Por qué lloramos?

Aparentemente, no solo los seres humanos, sino en general todos los mamíferos tienen una forma de llorar. Desde una perspectiva biológica, más allá de la segregación de lágrimas, hace referencia a una serie de sonidos que indican malestar (Newman, 2007).

Esta forma de comunicación, ha evolucionado a lo largo de los siglos y las especies, pues constituye una forma de comunicación fundamental para garantizar la supervivencia de la cría (Newman, 2007).

Sin embargo, específicamente en humanos, se define el llanto como la segregación de lágrimas desde las estructuras lacrimales que, especialmente en momentos de tristeza, pueden están acompañadas de expresiones faciales características, vocalizaciones, e inhalaciones y exhalaciones fuertes -casi convulsivas- (Rottenberg, et al., 2002).

¿Por qué lloramos cuando somos adultos?

Mientras que en los niños y niñas el llanto cumple una función de supervivencia y como medio para incrementar el vínculo con los cuidadores, las personas adultas lloramos por motivos que son más complejos. Como adultos, lloramos porque necesitamos aliviar el malestar, motivándonos a ejecutar una acción para generar en otros una respuesta empática o para promover una homeostasis fisiológica (Rottenberg, et al., 2002).

Teoría de los dos componentes

Adicionalmente, la teoría cognitiva sostiene que, para que se presente el llanto no importa si estamos felices o tristes, sino que se compone de dos situaciones clave (Pelowski, 2015):

  • Inicialmente, se debe presentar una disonancia cognitiva entre las expectativas y la percepción, lo cual genera un periodo de tensión o ansiedad, en la que se busca ajustar dicha disonancia.
  • Posteriormente, puede haber un desencadenante psicológico o externo, que permite procesar la disonancia, y finalmente causa las lágrimas.

El llanto como la interacción compleja de diversos sistemas

Otros investigadores proponen que el llanto es la interacción de procesos psicológicos, biológicos, cognitivos y sociales. De acuerdo con esta teoría, para que una persona llore, se debe tener en cuenta (Vingerhoets, et al., 2000):

  • Cada individuo evalúa los eventos ambientales de acuerdo con una postura, que puede ser individual o bajo una estructura social.
  • Individualmente, para esta evaluación se puede incluir el estado emocional previo, las metas y expectativas, la relevancia del estímulo, las experiencias previas, y la habilidad para adaptarse a esta situación.
  • Cada situación puede elicitar varias emociones diferentes.
  • La evaluación de la situación genera una serie de respuestas funcionales –fisiológicas, expresivas, experimentales y comportamentales–
  • La experiencia suele ser modulada –exagerada, disminuida o inhibida del todo-.
  • Finalmente, puede generarse el llanto, el cual puede ser asociado con una sensación de no poder adaptarse o responder ante la situación evaluada.

Bases neuronales del llanto

Los modelos humanos y animales han propuesto que, cuanto más joven es el infante, menos áreas corticales se activan cuando llora; debido a esto, se denomina modelo del tallo cerebral, según el cual, el área de mayor activación es la materia gris periacuductual (Newman, 2007).

Se ha encontrado evidencia de que el llanto también se puede relacionar con una activación en el giro cingulado y la amígdala, los cuales forman parte del sistema límbico, conocido por su papel fundamental en la elaboración y expresión emocional (Newman, 2007).

Por lo tanto, se puede hacer una diferenciación entre el llanto ‘evolutivo’, que permite que las necesidades básicas sean atendidas, y un llanto de carácter más emocional.

Los lagrimales están bajo el control del sistema nervioso simpático y parasimpático. La principal glándula lagrimal está inervada por los pares craneales quinto –trigémino– y séptimo –facial-. Adicionalmente, tiene conexiones con otras áreas corticales como la corteza prefrontal, los ganglios basales, el tálamo y el hipotálamo (Vingerhoets, et al., 2000).

Depresión y llanto

Aunque teóricamente, las personas con depresión suelen llorar con mayor frecuencia, las investigaciones actuales no han encontrado mayor evidencia de este hecho. Algunas investigaciones han encontrado que es más común que se presente llanto en personas con inestabilidad emocional, que en aquellas clínicamente deprimidas. Incluso, en estados más profundos de depresión, se anula el llanto casi por completo; esto puede relacionarse con una disminución significativa en la activación emocional en estos pacientes (Rottenberg, et al., 2002)

Variables sociodemográficas que influyen en por qué lloramos

Aunque todos los seres humanos –obviando aquellos con patologías específicas– estamos en disposición de llorar, existen variables sociodemográficas que intervienen en la posibilidad de hacerlo. Dentro de estas se encuentran (Vingerhoets, et al., 2000):

  • La frecuencia e intensidad del llanto decrecen con la edad.
  • La influencia social del género en el llanto aparece alrededor de los 13 años de edad. Sin embargo, la frecuencia o intensidad del llanto no es algo que sea determinado por el género, sino por características individuales.
  • Algunos estudios sugieren que mientras los hombres suelen llorar más por tristeza y razones positivas –incluidas representaciones artísticas-, las mujeres suelen hacerlo por ansiedad, miedo e ira.
  • Los hombres que se apegan a roles de género tradicionales y con baja escolaridad suelen llorar menos, que aquellos que aceptan roles más flexibles y tienen mayor escolaridad.
  • Las mujeres con cargos laborales más altos, tienden a llorar menos.
  • Terapeutas y profesionales en enfermería suelen llorar más que aquellos que se desempeñan en el área de la ingeniería o el ejército.
  • Las situaciones consideradas tiernas o dulces son las que suelen hacer llorar a las personas mayores con mayor frecuencia.
  • En la adultez, solemos llorar más cuando estamos solos.

Conclusiones

En conclusión, si nos preguntamos ¿por qué lloramos?, la respuesta puede ser muy amplia. El llanto inició como una forma de comunicación evolutiva entre los mamíferos, y a medida que se desarrolló la especie, adoptó múltiples significados sociales y culturales, relacionados con manifestaciones de la expresividad emocional.

Referencias:

  • Newman, J. D. (2007). Neural circuits undelying crying and cry responding in mammals. Behavioural Brain Research, 182 (2), 155-164. Recuperado de: www.sciencedirect.com
  • Pelowski, M. (2015). Tears and transformation: feeling like crying as an indicator of insightful or “aesthetic” experiencie with art. Frontiers in psychology, 6, 1- 23. Recuperado de: www.frontiersin.org
  • Rottenberg, J., Gross, J. J., Wilhelm, F. H., Najmi, S., & Gotlib, I. H. (2002). Crying threshold and intensity in major depressive disorder. Journal of Abnormal Psychology, 111(2), 302–312. Recuperado de: psycnet.apa.org
  • Vingerhoets, J, J., Cornelius, R. R., Van Heck, G. L., y Becht, M. C. (2000). Adult crying: A model and review of the literature. Review of General Psychology, 4 (4), 354-377. Recuperado de: journals.sagepub.com
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.