Psicoterapia psicodélica: mitos y realidades

La psicoterapia psicodélica es un modelo promisorio, pero que requiere mucha más investigación para consolidarse.

En años recientes, el interés por las sustancias psicodélicas y sus efectos ha resurgido en distintos círculos académicos. Esta tendencia ha adquirido una fuerza muy especial en el ámbito de la salud mental, donde se estudia su eficacia en el tratamiento de ciertos síndromes psicológicos y psiquiátricos. Dichas investigaciones han obtenido resultados positivos al usar este tipo de sustancias como una herramienta de apoyo durante intervenciones terapéuticas. Situación que ha favorecido la idea de consolidar, en un futuro, la llamada psicoterapia psicodélica como un modelo validado e integrado en los servicios de salud.  

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Desafortunadamente, es muy común que estos resultados prometedores sean malinterpretados o reinterpretados durante su transmisión y manejo. Debido a ello, esta estrategia experimental y en vías de desarrollo, es descrita muchas veces como una nueva corriente psicoterapéutica ya consolidada y comprobada, que tiene éxito donde los otros modelos han fracasado.

En relación a esto, es necesario aclarar que los estudios sobre la eficacia de las sustancias psicodélicas como factor de apoyo durante la psicoterapia, aún son insuficientes para obtener de ellos una conclusión definitiva. Además, todavía existen muchas inconsistencias en cuanto al tipo de técnicas psicoterapéuticas que serían más efectivas o adecuadas para llevar a cabo estas intervenciones. Por lo tanto, es justo decir que la psicoterapia psicodélica aún se encuentra lejos de ser considerada un modelo consolidado, o siquiera unificado.

Sustancias psicodélicas

Para entender qué es lo que se entiende como psicoterapia psicodélica, primero es importante comprender qué es una sustancia psicodélica.

Un psicodélico es una sustancia capaz de generar estados alterados de conciencia. Estos activos funcionan modificando la transmisión de sustancias a nivel del sistema nervioso (Apud, citado por Vimercatti, 2022).

 En virtud de sus efectos, las sustancias psicodélicas pueden clasificarse en:

  • Clásicos o alucinógenos. Como el LSD, la psilocibina y la mezcalina.
  • Empatógenos o potenciadores de sentimientos. Como el MDA y MDMA.
  • Oneirogénicos o generadores de sueño. Por ejemplo, la ibogaina o la ayahuasca.

Los efectos de estos componentes se presentan dentro de los 30 a 60 minutos de haber sido ingeridos, y pueden durar hasta 12 horas. Dichas manifestaciones pueden ser diferentes en cada persona y dependen de factores como la dosis, el estado emocional y físico del consumidor o el contexto. De esta forma, para algunas personas la experiencia puede ser placentera, mientras que, para otras, puede ser una vivencia aterradora (Das, citado por Vimercatti, 2022).

Entre los efectos físicos mas comunes de esta sustancia se encuentran:

  • Dilatación de las pupilas
  • Cambios en la temperatura corporal
  • Pérdida del apetito
  • Sequedad de la boca
  • Náuseas
  • Palpitaciones y aumento de la presión sanguínea
  • Mayor percepción de los reflejos
  • Incremento de la tensión muscular

Los efectos psicológicos más comunes son:

  • Alucinaciones visuales
  • Percepción distorsionada del espacio, tiempo e identidad
  • Sensación artificial de euforia o certeza
  • Percepción distorsionada del tamaño y la forma de los objetos
  • Impresión distorsionada de movimientos, colores, sonidos, tacto y la propia imagen corporal
  • Acceso a pensamientos, asociaciones, sentimientos y procesos generalmente excluidos de la conciencia
  • En ocasiones, aumento de la capacidad para recordar
  • Estado de “conciencia total” de lo experimentado

(Gasser, Liester y Das, citados por Vimercatti, 2022).

¿En qué consiste la psicoterapia psicodélica?

Aunque el nombre psicoterapia psicodélica es más popular en los medios, un término más apropiado para ella, utilizado en el contexto de la investigación, es “psicoterapia asistida con psicodélicos”. Como esta expresión lo describe, este modelo se caracteriza por el uso de sustancias psicodélicas como una herramienta de apoyo en un proceso psicoterapéutico.

Es importante distinguir la psicoterapia psicodélica del uso de psicodélicos en el tratamiento farmacológico de ciertos trastornos, como la depresión. En el segundo caso, estas sustancias son prescritas para contrarrestar los síntomas de una afección; mientras que, en la psicoterapia asistida por psicodélicos, estos son administrados durante la aplicación de técnicas terapéuticas para favorecer el proceso. El propósito de esta estrategia es aprovechar los estados alterados de conciencia provocados por estas sustancias para facilitar la experiencia psicoterapéutica. De manera especial, la capacidad de acceder a ideas, asociaciones y sentimientos que normalmente no se tienen presentes (Ona, et.al 2015; Barnes, 2021).

Aunque existen diferentes tipos de psicoterapia psicodélica, generalmente esta busca los siguientes objetivos:

  • Abrirse a sentimientos negados o reprimidos por mucho tiempo, debido a su intensidad o contenido doloroso
  • Ayudar a las y los pacientes a explorar qué experiencias podrían evitar
  • Fomentar una mayor aceptación de la experiencia
  • Analizar el significado de los elementos procesados
  • Identificar valores personales y comunitarios
  • Navegar “experiencias cumbre”
  • Analizar la relación que existe entre diferentes ideas y sentimientos

(Watts, Luoma, 2020; Barnes, 2021).

Una de las cualidades principales que se atribuye a las sustancias psicodélicas utilizadas como herramienta en el ámbito terapéutico, es que su consumo ayuda a las y los pacientes a enfrentar ideas y sentimientos intensos o “traumáticos”, sin experimentar dolor o angustia. Situación que permitiría que las técnicas terapéuticas se practiquen de forma más sencilla.

Desarrollo general de la psicoterapia psicodélica

Aunque la psicoterapia psicodélica se brinda desde diferentes modelos, el uso de psicodélicos en ella suele seguir un desarrollo determinado.

En un principio, este tipo de psicoterapia comienza sin la administración de sustancias, por un periodo de entre 2 y 3 sesiones. En esta fase se establece una relación terapéutica basada en la confianza y se informa al paciente sobre los efectos de la droga y las características de la experiencia. Además, se le brinda estrategias de afrontamiento, estableciendo los objetivos terapéuticos, pactando las condiciones de manera conjunta y resolviendo sus dudas (Ona, et.al 2015).

La fase del tratamiento que implica la ingesta o administración de sustancias debe realizarse en condiciones especiales. Es decir, un espacio confortable, acogedor, y con diversos materiales con los que las y los pacientes puedan experimentar y extraer un sentido terapéutico determinado en las fases de finalización de la sesión. Algunos enfoques emplean objetos como flores, frutas o piedras de colores; disposiciones particulares como el recostarse o tener los ojos cubiertos; o bien, hacen uso de distintos tipos de música (Ona, et.al 2015).

Finalmente, el proceso terapéutico termina con una fase sin la administración de sustancias. En ella, se intenta integrar y elaborar el contenido de las sesiones anteriores. Durante este tiempo se pretende aprovechar el periodo llamado “afterglow”, donde, supuestamente, se incrementa la efectividad de las intervenciones terapéuticas (Ona, et. al 2015).

Distintos tipos de psicoterapia psicodélica

En un sentido muy general, una psicoterapia psicodélica es aquel modelo psicoterapéutico que utiliza sustancias psicodélicas. De esta manera, es posible distinguir distintos tipos de esta estrategia en virtud de su metodología, enfoque clínico, sustancia utilizada y problema al que están destinados.

Uno de los primeros modelos de psicoterapia psicodélica fue el llamado psiquedélico. Este método se utilizó con presunto éxito en el tratamiento del alcoholismo y otras adicciones durante la década de los 50’s. En él, se empleaban dosis altas de LSD, generalmente en una sola sesión, con el fin de generar cambios profundos en la conciencia a través de una experiencia supuestamente mística (Barnes, 2021; Vimercatti, 2022).

Por el contrario, el modelo psicolítico utilizaba dosis más bajas en varias sesiones de proceso terapéutico. Su objetivo era disolver las resistencias comúnmente presentadas en el paciente durante la psicoterapia, permitiendo así un mejor acceso a los recuerdos traumáticos reprimidos y una mayor comprensión de los conflictos internos. Este tipo de psicoterapia psicodélica favorecía el uso de enfoques de corte psicoanalítico y psicodinámico (Barnes, 2021; Villaescusa, citado por Vimercatti, 2022).

Aunque en un inicio, las psicoterapias asistidas con psicodélicos empleaban las propuestas teóricas del psicoanálisis; con el paso de los años este método se ha combinado con otros modelos terapéuticos. Algunos de ellos con mayor valor científico, y otros, de corte pseudoterapéutico. Ejemplos de estas corrientes son:

  • Cognitivo-conductual
  • Conductual dialéctica
  • Aceptación y compromiso
  • Aceptar, conectar, incorporar
  • Mindfulness
  • Sistemas familiares internos
  • Transpersonal
  • Somática
  • Psicología analítica junguiana

(Walsh, Thiessen, 2018; Barnes, 2021).

Por otro lado, estudios recientes han optado por adoptar un enfoque integrador que combine técnicas de distintas corrientes terapéuticas. Buscando con ello, definir un modelo de psicoterapia psicodélica con una metodología y principios propios (Barnes, 2021).

Estudios sobre el uso de psicodélicos en psicoterapia

Desde mediados del siglo XX, se han desarrollado en varias partes del mundo distintas investigaciones y ensayos que exploraron la efectividad de las sustancias psicodélicas como herramientas terapéuticas. Un ejemplo de ello fueron los estudios realizados con LSD en la década de los 60’s, donde se usaba esta sustancia durante sesiones de psicoterapia destinadas a tratar adicciones o trastornos de ansiedad. Dichos trabajos reportaron una cantidad considerable de casos exitosos (Barner, 2021; Vimercatti, 2022).

En fechas mas recientes, la utilidad de psicodélicos en tratamientos psicológicos se ha explorado de forma similar. Por ejemplo, en 2014, un grupo de investigadores utilizaron LSD en el tratamiento psicoterapéutico de la ansiedad generada por enfermedades terminales, obteniendo resultados positivos. Específicamente, las y los pacientes reportaron reducción de sentimientos de angustia y un crecimiento en su calidad de vida, así como el fortalecimiento de recursos para afrontar situaciones adversas relacionadas con su enfermedad (Gasser, citado por Vimercatti, 2022).

De manera análoga, se investigó el efecto de la psilocibina como parte del proceso psicoterapéutico de pacientes con cáncer. Dicho estudio demostró que esta sustancia tiene efectos ansiolíticos y antidepresivos que favorecen el uso y efectividad de las técnicas terapéuticas (Ross, et.al 2016). Un resultado que ha sido confirmado por otros trabajos que ven en la psilocibina una posible alternativa farmacológica en el tratamiento de depresiones resistentes a la terapia (Watts, et.al 2017).

Por otro lado, existen diversos estudios que han demostrado la utilidad de metanfetaminas en el tratamiento de ciertos trastornos. Especialmente, la atención de TEPT resistente a terapia. De acuerdo a los investigadores, esta sustancia permite que las y los pacientes confronten recuerdos traumáticos de manera menos dolorosa (Oehen, et.al 2012; Danforth, et.al 2016).

Limitaciones de la psicoterapia psicodélica

La principal debilidad del modelo de la psicoterapia psicodélica es la falta de resultados concluyentes. La gran mayoría de los estudios que exploran esta alternativa no cuentan con metodologías rigurosas. Sobre todo, aquellas realizadas a mediados del siglo XX. De esta forma, existe una gran diferencia entre estos trabajos en relación a factores como: dosis administrada, número de sesiones, tiempo, y enfoque terapéutico. Situación que hace imposible considerarlos como un cuerpo sólido de evidencia irrefutable (Ona, 2018; Vimercatti, 2022). Además, gran parte de la información que se tiene sobre los efectos de sustancias psicodélicas en tratamientos psicológicos proviene de reportes de caso, estudios observacionales o narraciones directas. Formatos que no cuentan con la validez metodológica necesaria para el contraste de hipótesis; cayendo a menudo en sesgos y errores (Ona, 2018).

De igual forma, la selección de pacientes en los ensayos clínicos tiene serias limitaciones. Es muy común que el número de personas estudiado sea demasiado reducido; o bien, que las y los sujetos sean reclutados por recomendación de sus propios terapeutas y médicos. Debido a esto, las muestras no suelen ser realmente representativas (Ona, 2018).

Aunado a la falta de resultados conclusivos, la psicoterapia psicodélica no cuenta con una metodología técnica sólida. Como ya se comentó, los investigadores y terapeutas utilizan una gran variedad de enfoques terapéuticos para lograr sus objetivos, de acuerdo a sus preferencias y problemática a tratar. Debido a ello, es imposible hablar de la psicoterapia asistida por psicodélicos como un modelo consolidado que se pueda aplicar de manera sistematizada.

Psicoterapia psicodélica: un modelo experimental en desarrollo

Si bien es cierto que existen distintas investigaciones que han comprobado la posible utilidad de la psicoterapia psicodélica ante determinadas circunstancias clínicas; este modelo se encuentra aun muy lejos de ser una alternativa de atención generalizable.

En primer lugar, se requieren más estudios y ensayos clínicos sobre la utilidad de las sustancias psicodélicas en psicoterapia. Las cuales deben mantener la rigurosidad científica necesaria para dar solidez y validez a los resultados positivos que puedan obtenerse.

Además, es indispensable llegar a un acuerdo definitivo sobre la corriente clínica y las herramientas terapéuticas más útiles en el desarrollo de este tipo de terapia. De lo contrario, la psicoterapia psicodélica se seguirá definiendo solo por el tipo de sustancia que se emplea, y no por la utilidad de los recursos terapéuticos que se practican. Es solo a partir de tal logro, que será posible consolidar esta corriente como un modelo que pueda replicarse, sistematizarse y eventualmente, transmitirse a otros profesionales.

En resumen, la psicoterapia psicodélica es aún un modelo en desarrollo que requiere de un largo camino para alcanzar el nivel de madurez que se le atribuye en muchos medios. La misión de los profesionales de la salud mental, en este sentido, es comprobar o refutar las ambiciosas propuestas de esta corriente con rigurosidad científica; así como ser prudentes en la forma en que se comunican los alcances de esta nueva alternativa experimental.

Referencias:

  • Barnes, J. (2021). Relational psychotherapy and psychedelic treatment. Mind-Foundation.org. mind-foundation.org
  • Danforth, A., Struble, C., Yazar, B., Grobh, C. (2016). MDMA-assisted therapy: A new treatment model for social anxiety in autistic adults. Progress in Neuro-Psychopharmacology & Biological Psychiatry, volumen (64), número (4), pp. 237-249. sciencedirect.com
  • Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (2022). Phase 3: MDMA-Assisted Therapy for PTSD. MAPS.org. maps.org
  • Oehen, P., Traber, R., Widmer, V., Schnyder, U. (2012). A randomized, controlled pilot study of MDMA (±3,4-Methylenedioxymethamphetamine)-assisted psychotherapy for treatment of resistant, chronic Post-Traumatic Stress Disorder (PTSD). The Journal of Psychopharmacology, volumen (27), número (1). sagepub.com
  • Ona, G., Ríos, F., Aguirre, J., Bouso, J., Tartakowsky, I., Maqueda, A., Méndez, M., Carvalho, M. (2015). Configuración de la Psicoterapia Asistida con Psicodélicos. Journal of Transpersonal Research, volumen (7), número (1), pp. 95-103. repositorio.ucp.
  • Ona, G. (2018). Consideraciones sobre el estado actual de la terapia psicodélica: limitaciones, sesgos y propuestas metodológicas. Revista Cultura y Droga, volumen (23), número (26), pp. 37-47. revistasojs.ucaldas
  • Ross, S., Bossis, A., Guss, J., Agin, G., Malone, T., Cohen, B., Mennenga, S., Belser, A., Kalliontzi, K., Babb, J., Su, Z., Corby, P., Schmidt, B. (2016). Rapid and sustained symptom reduction following psilocybin treatment for anxiety and depression in patients with life-threatening cancer: a randomized controlled trial. Psychopharm, volumen (30), número (12). sagepub.com
  • Vimercatti, C. (2022). Sustancias psicodélicas: Una mirada sobre su potencial como coadyuvante terapéutico. Universidad de la República Uruguay. colibri.udelar
  • Walsh, Z., Thiessen, M. (2018). Psychedelics and the new behaviourism: considering the integration of third-wave behaviour therapies with psychedelic-assisted therapy. International Review of Psychiatry, volumen (30), número (4). tandfonline.com
  • Watts, R., Day, C., Krzanowski, J., Nutt, D., Carhart, R. (2017). Patients’ Accounts of Increased “Connectedness” and “Acceptance” After Psilocybin for Treatment-Resistant Depression. Journal of Humanistic Psychology, volumen (57), número (5).sagepub.com
  • Watts, R., Luoma, J. (2020). The Use of the Psychological Flexibility Model to Support Psychedelic Assisted Therapy. Journal of Contextual Behavioral Science, volumen (15), número (1), pp. 92-102.  researchgate.net

Créditos de imagen de portada: Photo by cottonbro studio from Pexels

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.