¿Salud mental, psicológica, emocional o solo salud?

Diversas voces demandan reformular la noción de 'salud mental' por salud psicológica, emocional, conductual, o sencillamente salud. Lejos de ser una crítica de forma, se trata de un debate epistemológico.

En la actualidad, la conceptualización de la salud mental es ampliamente conocida y aceptada, tanto dentro del ámbito clínico, como fuera del mismo. Esta noción se encuentra tan arraigada en nuestra cultura que ya es una parte integral de diversas políticas de salud pública a nivel nacional e internacional. Curiosamente, la definición de este término tan utilizado, se hace cada vez más compleja, ambivalente, y en algunos casos contradictoria. De esta forma, el concepto de salud mental se ha trasformado y diversificado, dando lugar a conceptos como el de salud psicológica o salud emocional; los cuales, muchas veces son utilizados de forma intercambiable, sin realmente aportar mayor precisión.

Debido a lo anterior, es importante discutir las diferencias y puntos en común de estos términos. Esto, con el fin de determinar si el uso de alguno de ellos es más adecuado a las necesidades de nuestros tiempos; o si bien, todos ellos pertenecen a una idea de formalización, patologización e institucionalización de la salud que debe ser superada.

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¿Qué entendemos por salud?

Antes de realizar una comparación de términos, necesitamos analizar el propio concepto de salud. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la ‘salud’ es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades (Organización Mundial de la Salud, 2013). Dentro de esta definición, es posible observar que la noción de ‘lo saludable’ se encuentra concebida más allá del marco biológico; tomando en cuenta, además, el aspecto psicológico y contextual de los individuos.

Aunado a esto, el considerar el bienestar, y no el grado de morbilidad, como el eje de la salud, nos muestra una visión integral y crítica de los seres humanos dentro de este concepto. Lo que a su vez, manifiesta un esfuerzo por parte de las organizaciones de salud pública para liberarse de la rigidez y sistematización del modelo clínico, y así responder a las necesidades reales de las personas a las que sirven. Al menos, a nivel teórico.

Es importante aclarar que esta visión de la salud como una entidad integral, es un concepto relativamente nuevo; el cual, se ha nutrido de los esfuerzos de numerosos teóricos y profesionales que buscan transformar los sistemas de asistencia en una entidad mucho más humana. En este sentido, esta acepción se presenta como un modelo ideal que debe ser perseguido, pero que, en la práctica cotidiana, encuentra muchos obstáculos para ser consolidado (Juarez, 2011).  

Por mucho tiempo, el concepto de salud como ausencia de enfermedad, se consideraba la única noción en el ámbito clínico. De tal forma que, aún hoy en día, muchos sistemas de asistencia y profesionales sanitarios desarrollan su labor bajo los términos de normalidad y cura. Es en este terreno donde surge la discusión sobre los términos de la salud mental.

¿Existe alguna diferencia entre salud mental, psicológica y emocional?

Los términos de salud mental, psicológica y emocional son utilizados de manera indiscriminada, incluso por los mismos profesionales de la salud. Dichas definiciones suelen alternarse y mezclarse en documentos académicos y oficiales, confiriéndoles el sentido que cada autor o autora quiera darles (Juarez, 2011). No obstante, al analizar su uso y desarrollo a detalle, es posible encontrar algunos aspectos que los distinguen entre sí. Situación que nos permitiría estudiar su utilidad.

El concepto de ‘salud mental’

En un inicio, el concepto de salud mental se encontraba íntimamente ligado al modelo biomédico. En él, se reducía ‘lo mental’ a un proceso biológico y se consideraba la ausencia de enfermedad como criterio de normalidad. Debido a ello, aspectos como la personalidad, las emociones y los pensamientos se consideraban determinados por causas físicas. En este sentido, los trastornos en dichas dimensiones serían vistos como enfermedades cerebrales más que padecimientos mentales; lo que a su vez, implicaría que el uso del término de salud mental sería una imprecisión; ya que solo existiría un tipo de salud: la salud orgánica (Restrepo, Jaramillo, 2012). 

Con el paso del tiempo y el desarrollo de la psicología como disciplina científica y práctica clínica, el concepto de salud mental se abrió hacia otras nociones e interpretaciones. En un primer momento, los especialistas utilizaron el término de enfermedad mental de una forma metafórica para describir perturbaciones cognitivas y conductuales (Szasz, 1974). Posteriormente, el estudio de factores contextuales y sociales involucrados en la prevención de enfermedades, dio entrada a la consideración de nociones como el desarrollo de hábitos saludables y la promoción de la salud. Aun en este nivel, la salud se considera relacionada con un criterio de normalidad, en donde los individuos deben ser y actuar de manera adecuada para ser considerados saludables; y en donde la labor del profesional y servidor público es la de intervenir cuando esto no ocurra (Restrepo, Jaramillo, 2012).

Aunque en la actualidad, el término de salud mental se encuentra determinado por factores cognitivos, emocionales, comportamentales, ambientales, sociales, culturales, económicos y políticos (Organización Mundial de la Salud, 2013); este suele implicar la búsqueda activa de algún tipo de equilibrio bajo un criterio de normalidad-anormalidad.

La salud psicológica y emocional dentro de la salud mental

El desarrollo formal de la psicología experimental y clínica ha provocado un importante cambio dentro de la noción de salud mental; dando lugar al término de salud psicológica. Este se encuentra relacionado con las corrientes conductual y cognitiva de la tradición psicológica americana.

Por un lado, la concepción conductual destaca la importancia de los estímulos ambientales en la explicación y modificación del comportamiento; mientras que la escuela cognitiva se interesa por las estructuras y procesos cognitivos. Vista de esta forma, la salud psicológica se definiría como la adaptación del comportamiento individual a un conjunto universal de modelos conductuales y de pensamiento (Restrepo, Jaramillo, 2012).

Al igual que la noción de salud psicológica, el término salud emocional también surge de la evolución que ha sufrido el concepto de salud mental. En el plano clínico, la salud emocional suele oponerse a la noción de angustia -distress- o malestar emocional; surgiendo como un esfuerzo para no patologizar las dificultades psicológicas observadas cuando una persona debe afrontar una situación estresante o complicada. Por ejemplo, una enfermedad potencialmente mortal. Este se encuentra relacionado con las capacidades de una persona para soportar una experiencia desagradable de carácter psicológico, social, ‘espiritual’ o físico, así como los recursos para hacerle frente (National Comprehensive Cancer Network, 2019).

Cabe señalar que los conceptos de salud psicológica y emocional suelen ser interpretados de acuerdo las intenciones de los autores y autoras. Así, el concepto de salud emocional suele ligarse también con nociones diversas como la ‘inteligencia emocional‘, la cual alude al grado de atención hacia las propias emociones y la capacidad para manejarlas; mientras que a la salud psicológica se le relaciona con los sentimientos de libertad y bienestar (Murueta, 2020).

Críticas a las nociones de salud mental, psicológica y emocional

Una crítica dirigida en contra del concepto de salud mental, que suele esgrimirse también frente a las nociones de salud psicológica y emocional, es la tendencia a definirse a partir de criterios de normalidad y anormalidad; patologizando de una u otra forma la conducta considerada anormal o disfuncional. De esta manera, ya sea a partir de un enfoque biológico, conductual o cognitivo, se piensa que lo saludable es aquello que cumple las normas de lo convencional -definido a partir convenciones socioculturales-; y todo aquello que salga de dicho campo se consideraría una excepción que debe ser curada, arreglada o modificada (Restrepo, Jaramillo, 2012).

Además, existe un problema fundamental en las propias nociones de lo mental, lo psicológico o lo emocional; ya que todas ellas son dimensiones inobservables o incuantificables de manera directa. Por ello, algunos autores defienden la idea de que dichas terminologías se sustituyan por conceptos más apropiados como salud conductual, salud orgánica o simplemente salud (Restrepo, Jaramillo, 2012).

Un inconveniente notable que poseen los conceptos de salud psicológica y emocional frente a la noción de salud mental, es que su imprecisión y novedad hace que sean muy difíciles de dimensionar; existiendo pocos instrumentos que puedan determinar la presencia o el grado en que estas se encuentran presentes. Por lo general, estas nociones se evalúan de manera vinculada junto con otras variables, como el grado de integración social, el sentimiento de bienestar o la propia salud orgánica (Hernández, et.al 2012).

Utilidad de los conceptos de salud mental, psicológica y emocional

A pesar de las críticas existentes en contra de las definiciones de salud mental, psicológica y emocional, es indudable que estas cumplen con una función importante. En un principio, cuando los servicios de atención clínica seguían un enfoque estrictamente biológico, los trastornos mentales o psicológicos eran considerados como el producto directo de una anomalía orgánica -o cerebral-, cuando no eran ignoradas (Restrepo, Jaramillo, 2012). No obstante, la noción de salud mental brinda una categoría propia a este tipo de afecciones, la cual, distingue su origen y permite el diseño de planes de atención especializados.  

De igual forma, el surgimiento de los conceptos de salud psicológica y emocional dentro del plano de la salud mental y su desarrollo fuera del mismo, son una clara muestra del cambio que ha experimentado el pensamiento clínico a lo largo del tiempo. Mismo que ha redefinido los esquemas teóricos y prácticos en materia de salud pública.

Debido a esto, es razonable concluir que no parece posible simplemente ignorar o sustituir estos términos a favor, ya sea una mejor precisión semántica, un enfoque teórico determinado o la creación de un modelo clínico integral y humanista; tal y como lo proponen algunos autores y profesionales bienintencionados.

No cabe duda que la imprecisión conceptual de estas nociones es un riesgo potencial para el desarrollo y buena praxis de aquellos profesionales dedicados al cuidado de la, hasta ahora llamada por convención salud mental. Asimismo, optar por un cambio en la forma, en lugar de solidificar las bases en las que se asientan estas conceptualizaciones, puede llamar la atención sobre un par de puntos importantes; pero se aleja de constituir una solución definitiva frente a un problema que crece y se complica con el uso trivial de estos términos tan familiares.

Referencias

  • Hernández, M., Cruzado, J., Prado, C., Rodríguez, E., Hernández, C., González, M., Martín, J. (2012) Salud mental y malestar emocional en pacientes con cáncer. Psicooncología, volumen (9), número (3), pp. 233-257. dialnet.unirioja.es
  • Juárez, F. (2011) El concepto de salud: Una explicación sobre su unicidad, multiplicidad y los modelos de salud. International Journal of Psychological Research, volumen (4), número (1), pp. 70-79. redalyc.org
  • Murueta, M. (2020) La Salud Psicológica en Tiempos del Coronavirus 19. Integración académica en psicología, volumen (8), número (23), pp. 11-21. integracion-academica.org
  • National Comprehensive Cancer Network (2019) Distress Management, Version 3.2019. Journal of the National Comprehensive Cancer Network, volumen (17), número (10). ncbi.nlm.nih.gov
  • Organización Mundial de la Salud (2013) Plan de acción sobre salud mental 2013-2020. Ginebra, Suiza. Página oficial de la Organización Mundial de la Salud. who.int
  • Restrepo, D., Jaramillo, J. (2012) Concepciones de salud mental en el campo de la salud pública. Revista Facultad Nacional de Salud Pública, volumen (30), número (2), 202-211. scielo.org.co
  • Szasz, T. (2004) El mito de la enfermedad mental (original 1974) Buenos Aires, Argentina. Amorrortu Editores.
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.