Sueño y salud mental: trastornos afectivos relacionados

La relación entre la calidad del sueño y la salud mental ha quedado ampliamente documentada en multitud de investigaciones sobre trastornos afectivos.

Los trastornos afectivos constituyen uno de los problemas de salud mental más frecuentes, donde una alteración del estado de ánimo ocasiona malestar significativo y disfunción en diferentes áreas de la vida del sujeto, obstaculizando su adaptación, como por ejemplo el ámbito del sueño (Cárdenas et.al 2010). Desde el año 2013, el DSM (Diagnostic and statistical manual of mental disorders) reconoce dos grupos de trastornos del estado del ánimo:trastornos depresivos y trastornos bipolares (American Psychiatric Association, 2013).

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Dentro del criterio diagnóstico para cada uno de sus tipos se incluye el insomnio, la hipersomnia o algún otro tipo de alteración del sueño como síntomas ligados a sus cuadros típicos; poniendo de manifiesto la estrecha relación que existe entre la dimensión afectiva y el sueño.

Este vínculo entre las alteraciones del sueño y los trastornos afectivos ha sido analizado por distintas investigaciones de salud mental, tanto en el plano experimental, como en el terapéutico, encontrándose una relación cíclica, donde los trastornos afectivos y los de sueño se potencian entre sí, razón por la que se hace fundamental profundizar en esta interrelación.

El sueño y su importancia en la salud mental

Dormir es una actividad fisiológica con una función específica: la reorganización de todos los elementos que se han utilizado durante toda la jornada. El acortamiento, prolongación o distorsión de la calidad del sueño tiene repercusiones tanto en la salud física como mental de los individuos (Almansa, 2016).

Investigaciones sobre alteraciones del sueño y salud mental

De acuerdo a investigaciones recientes, dormir de manera adecuada mejora el rendimiento del cerebro. En un estudio realizado en peces cebra por la Universidad Bar-IIan en Israel por los Doctores Liar Appelbaum y David Zada, se descubrió que el sueño cumple la función de reparar el ADN dañado de las células cerebrales, regenerando los tejidos dañados y eliminando las partes deterioradas (Appelbaum, et.al 2019).

De igual forma, se ha comprobado que en la fase de sueño profundo -NREM- el cerebro es capaz de reorganizar sus conexiones, lo que lo lleva a reducir los niveles de ansiedad y estrés generado durante el día. Las profesoras Aubrey Rossi y Allison Harvey de la Universidad de Berkeley dirigieron un estudio donde midieron las ondas cerebrales de 30 participantes antes y después de una noche de sueño, encontrando que las mediciones de aquellos que experimentaron más NREM mostraron niveles de ansiedad más bajos. Estos resultados, no solo evidenciaron el importante papel que el sueño tiene en el control y expresión de emociones al restaurar el mecanismo prefrontal del cerebro que las regula, sino que llevaron a las investigadoras a proponer el sueño como una recomendación clínica en el tratamiento de desórdenes de ansiedad (Rossi, et.al 2019).

Relación cíclica entre alteraciones del sueño, trastornos afectivos y salud mental en general

Los trastornos del ánimo se manifiestan a través de alteraciones del sueño como insomnio e hipersomnia (American Psychiatric Association, 2013). Sin embargo, estas alteraciones pueden a su vez posicionarse como detonantes de una alteración afectiva. En síntesis; la falta de sueño puede promover sintomatología afectiva en personas sin historial psicopatológico y; uno de los síntomas más frecuentes de los trastornos del estado de ánimo es precisamente la alteración del sueño.

En un experimento llevado a cabo por la Universidad de San Diego California, se modificó genéticamente a un grupo de ratones para reducir la fuerza de sus ritmos circadianos y observar su conducta. Los animales con ciclos circadianos reducidos se mostraron menos motivados a escapar de situaciones incómodas, comportamiento interpretado como ‘desesperación o desesperanza’. Además, mostraron alta aversión a zonas brillantes, lo que es considerado un indicador de ansiedad (Landgraf, et.al 2016).

Este tipo de trabajos científicos nos permiten ver la naturaleza biológica que existe entre las alteraciones del ciclo de sueño y los estados alterados del ánimo.

Como adelantábamos, cuando una persona sufre un trastorno del estado de ánimo o de ansiedad este cuadro se ve comúnmente acompañado de problemas para dormir; mientras que la falta de sueño tiende a alterar el estado de ánimo de quien lo padece.

Estudios sobre la relación entre los trastornos afectivos y la falta de sueño

Los trabajos de la Universidad de Arkansas

En una serie de investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de Arkansas, donde se sometió a un grupo de personas voluntarias a noches en vela para posteriormente enfrentarles a distintos estímulos estresores; se demostró que una noche de ‘mal sueño’ lleva a las personas a reaccionar de forma más emocional ante situaciones estresantes. Al extender posteriormente estos estudios a personas con problemas de sueño crónico se comprobó la relación que existe entre estos y los desórdenes de ansiedad y afectivos (Universidad de Arkansas, Fayetteville, 2015).

El estudio de la Universidad de Stanford

La relación que el sueño tiene con la salud mental, y más en concreto con los trastornos del estado de ánimo como la depresión, es más profunda de lo que pensamos. En una investigación llevada a cabo por el Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford, los investigadores Michael Chen, Hanna Burley e Ian Gotlib analizaron la calidad del sueño de 44 niñas de entre 10 y 14 años, estables psicológicamente y sin trastornos afectivos; 20 de ellas, con madres con antecedentes de depresión, y 24 sin antecedentes de psicopatología. Al analizar los resultados, el estudio reportó que las niñas sanas con alto riesgo de padecer un desorden depresivo reportaron una calidad muy pobre en su sueño, al compararlas con el grupo de bajo riesgo (Chen, Burley, Gotlib, 2012). Este patrón revela un papel distinto en las alteraciones del sueño en relación con los trastornos afectivos. Todo ello, sumando a su función de detonantes, síntomas y trastornos asociados, la de indicadores de una predisposición a posibles desórdenes depresivos.

La investigación de la Universidad de Michigan

A pesar de las múltiples investigaciones que se han desarrollado para analizar la relación entre los trastornos afectivos y las alteraciones del sueño, estamos aún lejos de entender en su totalidad la naturaleza de este vínculo. En un estudio realizado por la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan donde se analizaron los datos de 216 casos de Trastorno Bipolar, se examinó el efecto que la calidad del sueño tenía en la severidad, frecuencia y variabilidad de los episodios depresivos y maniacos.  Los resultados fueron claros, pero solo en la población femenina. De forma que, para las mujeres, una calidad pobre en el sueño predecía una alta severidad y frecuencia de depresión y una alta severidad y variabilidad de manía (Saunders, et.al 2015). La razón de que esta tendencia no fuera visible en los hombres del estudio es prueba de la complejidad de las dimensiones que se estudian, y la necesidad de más investigaciones como esta; integrando multiplicidad de variables biopsicosociales.

Conclusión

Al analizar todos estos estudios, es posible darnos cuenta de la importancia que tienen las alteraciones del sueño en los distintos trastornos afectivos. Su función en cuadros depresivos y de bipolaridad va más allá de la de un síntoma que nos ayude a brindar un diagnóstico. Pueden indicar una predisposición individual, agudizar las demás manifestaciones clínicas o incluso ser un elemento causal del trastorno. Tener en cuenta la importancia del sueño y no subestimar sus efectos al analizar este tipo de casos nos ayudará a obtener un grado de comprensión más profundo en cada caso, y con ello, brindar el tipo de atención adecuada a los y las pacientes que sufren de este tipo de padecimientos afectivos.

Referencias:

  • Almansa, F (2016) Salud y sueño, Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental. Recuperado de: fepsm.org
  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Quinta edición. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Appelbaum, L. Zada, D., Bronshtein, I., Lerer-Goldshtein, T., Garini, Y.,  (2019). Sleep increases   chromosome dynamics to enable reduction of accumulating DNA damage in single neurons. Nature Communication, volumen (10) Recuperado de: www.researchgate.net
  • Cárdenas, M., Feria, M., Vázquez, J., Palacios, L., de la Peña, F. (2010) Guía Clínica para los Trastornos   Afectivos (depresión y distimia) en niños y adolescentes. Ciudad de México, México.  Instituto de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.
  • Chen., M., Burley H., Gotlib, I. (2012) Reduced sleep quality in healthy girls at risk for      depression, Journal of Sleep Research, volumen (21) pp. 68-72. Recuperado de: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  • Landgraf, D., Long, J., Proulx, C., Barandas, R., Malinow, R., Welsh, D. (2016) Genetic Disruption of Circadian Rhythms in the Suprachiasmatic Nucleus Causes Helplessness, Behavioral Despair, and Anxiety-like Behavior in Mice. Biological Psychiatry, volumen (80) DOI: 10.1016/j.biopsych.2016.03.1050
  • Rossi, A., Simon, E., Harvey, A., Walker, M. (2019) Overanxious and undersleptNature Human Behaviour, DOI: 10.1038/s41562-019-0754-8
  • Saunders, E., Fernandez-Mendoza, J., Kamali, M., Assari, S., McInnis, M. (2015) Corrigendum: The effect of poor sleep quality on mood outcome differs between men and women: A longitudinal study of bipolar disorder. Journal of Affective Disorders, DOI: 10.1016/j.jad.2015.05.050
  • Universidad de Arkansas, Fayetteville (2015) Sleep loss tied to emotional reactions. ScienceDaily. Recuperado de: www.sciencedaily.com
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.