Tolerancia a la frustración: concepto, escalas e intervención

La tolerancia a la frustración es diferente en cada persona. Cuando ésta es muy baja, puede relacionarse con ciertos trastornos psicológicos.

La frustración es un sentimiento con el que todas las personas debemos lidiar diariamente. Desde en proyectos personales, profesionales o académicos que se ven obstaculizados por variables fuera de nuestro control, hasta en la aparición de pequeños impedimentos que entorpecen las más mundanas de nuestras actividades cotidianas. Este tipo de experiencias nos permiten aprender de nuestros errores y ejercitar nuestra resiliencia, para eventualmente alcanzar nuestras metas. No obstante, no todos manifestamos la misma tolerancia a los sentimientos de frustración que experimentamos cuando no vemos cumplidos nuestros objetivos; reaccionando incluso de forma negativa a cualquier discrepancia entre lo que queremos y lo que realmente está disponible o podemos obtener. En este sentido, incluso se ha encontrado que la baja tolerancia a la frustración se encuentra relacionada con ciertos trastornos conductuales y emocionales. Razón por la cual, diversos profesionales han buscado la forma de evaluar esta dimensión e intervenir sobre ella.

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¿Qué entendemos por tolerancia a la frustración?

La frustración puede ser descrita en términos muy simples como la reacción emocional al bloqueo de los intentos de obtener algo deseable (Matsumoto, 2009). En condiciones normales, mientras más intensa sea la motivación por lograr una determinada meta, mayor será la frustración que se experimente si no se logra (Ventura, et.al 2018).

En este sentido, la tolerancia a la frustración podría ser definida como la capacidad para resistirse a eventos difíciles, adversos o estresantes, en la que el individuo demora su respuesta o impulso, y continúa a pesar de dichas contrariedades (Ventura, et.al 2018). De igual forma, el modelo cognitivo conductual, la describe como un estado emocional y conductual positivo del organismo, que refleja la capacidad de espera, paciencia y calma, con actitud reflexiva, frente a una situación en la que un deseo, proyecto, ilusión o necesidad no se satisface o no se cumple (González, Landero, 2021).

En términos conductuales, la frustración es un estado interno desagradable producido ante la ausencia de una recompensa esperada. Debido a esto, dicha sensación puede afectar el comportamiento manifiesto, fortaleciendo las respuestas que llevan a la reducción de dicho estado. Por lo tanto, la tolerancia a la frustración consistiría en mantener la respuesta en una situación, pese a la ausencia de refuerzos en la obtención de la solución que se haya podido dar. (Moreno, et.al 2000).

Es oportuno señalar que tolerar los sentimientos de frustración y desilusión, no significa renunciar o aceptar pasivamente los eventos, sino considerar que para cambiar una situación que no nos agrada, a menudo es necesario tolerar la incomodidad. Además, es importante aceptar que existen cosas que son inmutables, por lo que debemos aprender a vivir con ellas (González, Landero, 2021).

La evaluación de la tolerancia a la frustración

La tolerancia a la frustración no es una dimensión sencilla de evaluar, ya que esta no solo se expresa en términos de grado (cuántos intentos fallidos pueden soportarse), sino que, además, se manifiesta de forma distinta en cada persona (agresividad, renuncia, baja en el rendimiento). Por otro lado, las múltiples variables contextuales son factores que deben tomarse en cuenta en el momento de interpretar cualquier tipo de evaluación psicométrica en este sentido. No es lo mismo fallar, por ejemplo, en un proyecto laboral, que hacerlo en un cuestionario con el que no se tiene una relación personal; o bien, no es lo mismo fracasar en una actividad individual que en una tarea grupal, donde la responsabilidad es compartida.

A pesar de estos obstáculos, se han generado distintos esfuerzos por evaluar la tolerancia a la frustración. En el pasado, dichas pruebas tomaban la forma de autoinformes que medían esta dimensión como un estilo de comportamiento, dentro de otros inventarios. No obstante, a lo largo de los últimos años se han desarrollado algunos instrumentos y escalas dirigidos a la medición sistemática y específica de este fenómeno. Un ejemplo trascendente en este sentido, es la Evaluación de la Tolerancia a la Frustración o EFT, la cual evalúa de forma digital el rendimiento y perseverancia de las y los sujetos de estudio frente a distintas tareas perceptivas (Moreno, et.al 2000). 

Además de esto, diversas investigaciones han adoptado subescalas pertenecientes a otros instrumentos como el 16PF de Catell o el Coeficiente Emocional de Bar-On, para evaluar la tolerancia a la frustración como un factor relacionado a determinados trastornos clínicos y problemas conductuales (Ventura, et.al 2018).

Baja tolerancia a la frustración y su relación con otros problemas conductuales

La tolerancia a la frustración es una habilidad que determina las respuestas que las personas emiten frente a los desafíos cotidianos. De esta forma, cuando esta es muy baja, puede atrapar a las y los sujetos en ciclos conductuales y cognitivos patológicos o desadaptativos. Pensemos en el siguiente patrón:

  • Frente a un fracaso, percibimos que no podemos conseguir lo que queremos cuando lo queremos.
  • Lo anterior puede iniciar un proceso de auto verbalizaciones sobre nuestra intolerancia hacia la sensación de fracaso y sobre nuestra incapacidad de detener la experiencia frustrante.
  • La preocupación sobre la intensidad e inevitabilidad de nuestra frustración, puede limitar nuestra capacidad para considerar nuevas alternativas.
  • Finalmente, la intensidad de los estados emotivos que experimentamos nos impide aprender de nuestras experiencias; lo que nos lleva a repetir el patrón.

(Leal, Heman, 1998).

En muchos casos, la baja tolerancia a la frustración puede conducir a la evitación de los problemas o la renuncia a cualquier proyecto que no nos brinde satisfacción inmediata (Leal, Heman, 1998).

Es importante señalar que la baja tolerancia a la frustración es tanto determinante, como un síntoma determinado en distintos tipos de trastornos clínicos y problemas conductuales. Entre los padecimientos más estudiados en este sentido, se destacan las adicciones; donde la búsqueda de un alivio inmediato a las experiencias dolorosas y a los síntomas de la abstinencia puede explicar el consumo de diferentes sustancias (Leal, Heman, 1998).

Por otro lado, se ha encontrado cierta relación entre una pobre tolerancia a la frustración y una baja regulación emocional. Esto sobre todo en niños y adolescentes con problemas conductuales y educativos, así como con trastornos depresivos y ansiosos (Ventura, et.al 2018).

Desarrollando la tolerancia a la frustración

Como ya se ha comentado, la baja tolerancia a la frustración es un síntoma más, dentro de problemas conductuales y emocionales complejos. Por lo tanto, su atención debe ser parte de un modelo de intervención más amplio, dirigido a atender las distintas necesidades clínicas de fondo que dan lugar a esta expresión en particular.

Aun así, es posible mencionar algunas estrategias prácticas desarrolladas dentro del ámbito educativo, las cuales están dirigidas a enseñar a los niños a manejar sus sentimientos de frustración:

  • Ayudar a entender. Es posible que los niños y niñas no entiendan por qué se sienten enojados o frustrados. En este sentido, es útil ayudarles a expresar con palabras o imágenes (dibujos) qué es lo que sienten, y por qué piensan que lo sienten.
  • Identificar entre un deseo y una necesidad. Es importante que el niño o la niña comprenda la diferencia entre estas dimensiones, aprendiendo que no siempre puede tener lo que desea.
  • Desarrollar tolerancia a la espera. Esto se realiza no dándole inmediatamente lo que pide, respetando siempre las reglas. Con ello, se desea desarrollar la paciencia.
  • Educar la cultura del esfuerzo. Es decir, no darle todo hecho; no ceder ante amenazas o la desesperación, y procurar siempre dedicar tiempo a enseñar los procesos que llevan hacia un objetivo.
  • Enseñar el control. Implica darle estrategias que le ayuden a regular su conducta y emociones. Por ejemplo, técnicas de relajación y respiración, contar hasta diez o reforzar acciones positivas.

(Castro, 2011).

Estrategias terapéuticas

Entre las estrategias terapéuticas que consideran la tolerancia a la frustración como un objetivo central de intervención, se destaca la terapia racional emotiva conductual, la cual considera que nuestros sentimientos frente a las fallas no dependen directamente de nuestros valores o metas, sino de nuestro sistema de creencias (Ellis, Abraham, 1975).

Así mismo, existen otros esfuerzos que buscan desarrollar este tipo de tolerancia a partir de la expresión corporal; la cual involucra enseñar a reconocer las emociones y expresarlas a partir de actividades como la danza, la dramatización y el juego. Este tipo de programas son aplicados, por lo general, dentro del contexto educativo. (Barba, Moreno, 2022).

Vale la pena enfatizar que la forma en que reaccionamos al fracaso se encuentra determinada por diversos factores personales y contextuales, y que un desempeño negativo en este aspecto puede ser solo la punta del iceberg de un problema más complejo que requiera atención estructurada llevada a cabo por terapeutas competentes.

Referencias:

  • Barba, C., Moreno, E. (2022). Mejorando la tolerancia a la frustración desde la expresión corporal. EmásF, Revista Digital de Educación Física, volumen (13), número (75). Recuperado de: emasf.webcindario.com
  • Castro, A. (2011). Cómo ayudar a niños con baja tolerancia a la frustración. Colegio Aprendiendo a Vivir. Recuperado de: aprendiendoavivir.cl
  • González, M., Landero, R. (2021). Diferencias en tolerancia a la frustración entre Baby Boomers, Generación X y Millennials. Ansiedad y Estrés, número (27), pp. 89-94. Recuperado de: ansiedadyestres.es
  • Ellis, A., Abrahms, E. (1980). Terapia Racional Emotiva [1975]. Ciudad de México, México. Editorial Pax México.
  • Leal. P., Heman, A. (1998). La baja tolerancia a la frustración y las adicciones. Libber Addictus. Recuperado de: liberaddictus.org
  • Matsumoto, D. (Ed.) (2009). The Cambridge Dictionary of Psychology. Cambridge University Press. Recuperado de: web20kmg.pbworks.com
  • Moreno, L., Hernández, J., García, O., Santacreu, J. (2000). Un test informatizado para la evaluación de la tolerancia a la frustración. Anales de Psicología, volumen (16), número (2), pp. 143–155. Recuperado de: revistas.um.es
  • Ventura, J., Caycho, T., Vargas, D., Flores, G. (2018). Adaptación y validación de la Escala de Tolerancia a la Frustración (ETF) en niños peruanos. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes, volumen (5), número (2), pp. 23-29. Recuperado de: dialnet.unirioja.es

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.