Trauma psicológico, definición, concepto y crítica

La principal crítica que recibe el arraigado concepto de trauma psicológico emerge de su falta de concreción teórica y empírica.

En medicina, el término trauma hace referencia a una herida o efracción, por lo general, ocasionada por algún tipo de violencia externa sobre el cuerpo. No obstante, en psicología clínica y psicopatología, este concepto alude a un tipo de daño psicológico generado por una experiencia súbita, desagradable o altamente intrusiva. Desafortunadamente, existen terapeutas y supuestos expertos que interpretan esta dimensión precipitadamente, infiriendo traumas psíquicos de forma vaga e indiscriminada e ignorando la conceptualización de trauma que ofrecen las guías y manuales diagnósticos. Razón por la que el concepto de trauma psicológico ha sido objeto de crítica teórica, cuestionamiento y rechazo por un importante sector de profesionales de la salud mental.

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La desaprobación de un elemento tan arraigado en la práctica clínica, y en la misma cultura popular, se encuentra plenamente justificada debido a la falta de un acuerdo claro en torno a su propio concepto, y al rol que este juega en el trastorno mental. Por tal motivo, se considera importante analizar de forma crítica la conceptualización de trauma psicológico, siguiendo las diversas referencias clínicas y teóricas de ámbito internacional.

¿Qué se entiende por trauma psicológico?

El concepto de trauma psicológico se remonta a la noción de trauma psíquico desarrollada dentro del psicoanálisis a inicios del siglo XX. En un inicio, Freud lo consideraba el resultado de un aumento de excitación dentro del sistema nervioso; el cual no podía ser procesado adecuadamente por este a través de una reacción motriz (Freud, 1905). Posteriormente, la consideración de estructuras orgánicas perdió peso y dio paso a la formulación de un aparato psíquico cuya sobreexcitación por uno o varios eventos violentos o degradables daría lugar al síntoma o eventualmente a un trastorno (Freud, 1908).

Tras el surgimiento de nuevas corrientes terapéuticas y el desarrollo de la psicología como una ciencia basada en la evidencia científica, muchas de las ideas de Freud y el psicoanálisis fueron descartadas, refutadas o reelaboradas. No obstante, la analogía biomédica de trauma psicológico, entendido como un daño psíquico o psicológico provocado por un evento altamente estresante o violento, cuyo impacto tendría consecuencias negativas en la salud mental, aún se mantiene de una u otra forma (Laplanche, Pontalis, 2004). A pesar de ello, la interpretación de los mecanismos involucrados en este fenómeno y la naturaleza del supuesto evento traumático, pueden llegar a ser muy distintos entre las diferentes corrientes.

Cabe señalar, que esta vaguedad en torno a la definición de trauma psicológico es la fuente de su principal crítica y la razón de su posible uso inadecuado.

Crítica sobre el uso indiscriminado del concepto de trauma psicológico

A pesar de las imprecisiones en torno a su concepto, la noción de trauma psicológico es empleada de forma habitual en el marco de la psicología clínica, la psicoterapia y la psiquiatría. Los llamados eventos traumáticos forman parte de los criterios diagnósticos en padecimientos mentales específicos como el trastorno por estrés postraumático y los trastornos disociativos. Dentro de este contexto, la naturaleza de dichos acontecimientos es muy clara: experiencias relacionadas con la muerte o con amenazas a la propia integridad física o a la de los demás (American Psychiatric Association, 2013). No obstante, diversos estudios han relacionado otras afecciones, como la depresión, los trastornos de ansiedad, las fobias, los trastornos sexuales, los trastornos en la alimentación y los trastornos de sueño, con experiencias desagradables o violentas, que son identificadas igualmente como ‘traumáticas’ (El Sahili, 2010; Muiños, Requena, 2021).

Estas vivencias van desde atravesar por distintos tipos de violencia durante la infancia, hasta crisis personales en la adultez, de forma tal que prácticamente cualquier experiencia que se sospeche haya originado en alguna forma los síntomas de un determinado padecimiento es clasificada como traumática. En este sentido, se corre el peligro de inferir un tipo de razonamiento inverso en el que se establezca una relación directa y obligatoria entre un determinado trastorno y la existencia de una experiencia traumática. Lo que ha llevado al diseño de modelos de intervención terapéuticos enfocados en descubrir aquel evento determinante al que se le considera responsable de todo síntoma (Kagan, 1998). Una tendencia que ignoraría el análisis e incluso la existencia de otros factores involucrados en el cuadro patológico.

El concepto de trauma según los manuales diagnósticos

Si bien es cierto que el concepto de trauma psicológico es un tanto esquivo y que no existe un consenso en su definición; Muiños y Requena relacionan el trauma con aquellas situaciones altamente estresantes. Entre ellos, los intentos de suicidio, los desastres naturales, accidentes, la pérdida de un ser querido o duelos inesperados (Muiños & Requena, 2018).

En este sentido, el DSM-5 incorpora la clasificación de Trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, que incluye el:

  • Trastorno de apego reactivo 313.89 (F94.1)
  • Trastorno de relación social desinhibida 313.89 (F94.2)
  • Trastorno de estrés postraumático 309.81 (F43.10)
  • Trastorno de estrés agudo 308.3 (F43.0)
  • Trastornos de adaptación
  • Otros trastornos relacionados con traumas y factores de estrés especificado 309.89 (F43.8)
  • Trastorno relacionado con traumas factores de estrés no especificado 309.9 (F43.9)

(APA, 2013)

El DSM-5 aborda el trauma -en el trastorno de estrés postraumático-, con base al criterio de exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, real o amenaza -tentativa-, en al menos una de las siguientes modalidades. (1) Vivido en primera persona, (2) presencia directa del suceso ocurrido a otros, (3) le ha ocurrido a un familiar próximo o a un amigo íntimo -si es amenaza o muerte de un familiar o amigo íntimo, el suceso ha debido ser violento o accidental-, (4) exposición repetida o extrema a detalles repulsivos del suceso -socorristas que recogen restos humanos; policías repetidamente expuestos a detalles del maltrato infantil, etc. (APA, 2014).

El trauma se circunscribe a eventos catastróficos, relacionados con la muerte, las lesiones o la violencia sexual

El DSM elude a eventos tremendamente dramáticos y catastróficos cuando aborda la conceptualización de trauma, incluso excluye la exposición electrónica, en televisión, películas o fotografías en el criterio A4 (APA, 2013); es decir, una persona no podría desarrollar un trauma por un evento catastrófico que visionó en televisión -podría estresarle o generarle malestar, pero nunca un trauma-. En este sentido, las líneas divisorias parecen bastante claras. Sin embargo, se ha reportado cómo, en la práctica clínica, determinados terapeutas realizan un intento exacerbado para descubrir supuestos traumas, que no están justificados por el testimonio de la persona, ni atendiendo a las definiciones y los criterios que recogen los manuales diagnósticos.

Crítica a la inoculación del trauma psicológico: Hechos que nunca ocurrieron

Según la popular psicóloga Elisabeth Loftus, toda una autoridad en la materia del estudio de la memoria, especializada en la investigación científica de los falsos recuerdos; algunas formas de psicoterapia -las retrospectivas- podrían contribuir a la formación de falsos recuerdos -y en consecuencia, de falsos traumas-. En una entrevista concedida a Ixone Díaz Landaluce para XL Semanal, Loftus señaló:

Imagina que una mujer llega a la consulta con un desorden alimentario y está un poco deprimida. Y el psicoterapeuta le sugiere: «Muchas personas que tienen esos síntomas fueron víctimas de abusos en su infancia. Me pregunto si algo así te ocurrió a ti…». La paciente dice que eso no le sucedió y el terapeuta contesta: «A menudo reprimimos los recuerdos de experiencias dolorosas. ¿Por qué no probamos un poco de hipnosis, suero de la verdad… que te ayuden a recordar el trauma?». Tarde o temprano, muchos de estos pacientes desarrollarán imágenes de cosas que creen que son sus recuerdos.

(Peláez, 2014)

Loftus recibió amenazas de muerte por denunciar la falta de evidencia científica de los ‘recuerdos reprimidos’

Tal y como sostiene la psicóloga, la comunidad científica lleva 80 años intentando demostrar la existencia de los recuerdos reprimidos, sin éxito (Peláez, 2014). De hecho, las investigaciones en este ámbito han evidenciado que los ‘recuerdos reprimidos’ o ‘recuerdos desbloqueados’, son en realidad nuevos recuerdos. Según estos trabajos, la implantación de recuerdos falsos -muy habitual en procedimientos judiciales, policiales y psicoterapias regresivas- se da con mayor frecuencia cuando los interrogatorios se realizan mucho tiempo después de pasado el delito, o el supuesto evento traumático, y cuando las preguntas formuladas llevan implícitas o sugieren determinadas respuestas (Pinchanski, Víquez & Zeledón, 2004).

Loftus, tras publicar el trabajo ‘El mito de la memoria reprimida’ recibió amenazas de muerte e incluso y tuvo que contratar un servicio de guardaespaldas. La psicóloga cognitiva y matemática considera que existe un gremio que se nutre del trauma -del falso trauma, en este caso-, que puede ver amenazado su negocio y parafrasea al profesor Richard Ofshe, señalando que: «Si puedes convertir un paciente con un desorden alimentario de 200 dólares en un paciente con personalidad múltiple de 200.000, ahí tienes tu motivación». (Peláez, 2014)

Crítica sobre la naturaleza del trauma psicológico

Una de las mayores ambigüedades que conlleva el concepto de trauma psicológico, reside en la descripción de la propia esencia de este fenómeno. Como ya se ha señalado, en un inicio, Freud describía el trauma psíquico como una manifestación ocurrida en una estructura fisiológica concreta: el sistema nervioso (Freud, 1905). A lo largo del tiempo, el componente supuestamente dañado pasó a ser gradualmente una dimensión menos localizada, identificada como un aparato psíquico (Freud, 1920). De esta forma, la noción de trauma comenzó a adquirir un sentido más analógico que literal, donde los eventos violentos dejarían una supuesta huella en un espacio hipotético, y no en uno observable y concreto.

Las nuevas corrientes psicológicas y psicoterapéuticas que adoptaron este concepto, lo interpretaron en razón de sus propias ideas y principios. Para algunos autores y autoras, el componente dañado seguía siendo parte de una estructura cerebral definida, que era necesaria precisar (Van der Kolk, McFarlane, Weisaeth, 1996). Mientras tanto, otros profesionales consideraban la noción de experiencia traumática solo como un referente que definía los eventos violentos cuya ocurrencia podría ser responsable de la aparición de conductas y síntomas patológicos (El Sahili, 2010). Esto, sin considerar la naturaleza del daño psicológico en sí.

Explicaciones alternativas sobre el trauma psicológico y su crítica

Desafortunadamente, la ligereza con que la noción de trauma psicológico se aborda desde distintos enfoques ha dado lugar a numerosas teorías sin fundamento científico y metodologías de intervención sin ninguna base empírica. De esta forma, existen autores que proponen la presencia de todo tipo de estructuras hipotéticas fuera del plano físico observable, donde se dan fenómenos energéticos provocados por las experiencias violentas. Esto representaría a su vez, una serie de desequilibrios que, según estas posturas, darían lugar a la enfermedad mental (Reich, 1955; Perls, 1975). Incluso, algunos personajes han extendido esta tendencia al punto de ubicar el objeto del trauma fuera de la dimensión individual, situándola en la cultura e historia de toda una civilización (Jung, 1955).

Trauma psicológico y la crítica al determinismo infantil

Una crítica común a diversos modelos terapéuticos que intentan explicar los trastornos mentales a partir de la existencia de un trauma psicológico, es la enorme importancia que estos otorgan a las primeras experiencias en la vida de los sujetos. En este sentido, el trauma psíquico se interpretaría como un sinónimo de trauma infantil, el cual determinaría la personalidad de los individuos, así como sus desviaciones en un futuro.

Esta postura se ha visto desafiada por diferentes profesionales de la salud mental, quienes reconocen la importancia de las experiencias tempranas y las primeras relaciones, pero que consideran que existen muchos otros factores biológicos, ambientales y culturales cuya intervención podría explicar, incluso mejor, el desarrollo de ciertos trastornos mentales (Eysenck, 1986; Kagan, 1998; Minuchin, Colapinto, Minuchin, 2000).

En muchos contextos académicos e institucionales, esta clase de determinismo infantil es considerado una realidad irrebatible que forma parte de la tradición psicoterapéutica. Tal situación limita el análisis de los trastornos mentales al evitar que otro tipo de factores sean considerados en la búsqueda de las causas de una determinada enfermedad psicológica.

Terapias centradas en el trauma psicológico

Como ya se ha mencionado, existen afecciones mentales, como el trastorno por estrés postraumático, que son originadas debido a la vivencia de experiencias violentas o potencialmente estresantes. Debido a ello, se han diseñado modelos terapéuticos orientados a tratar a quienes han cruzado por situaciones traumáticas específicas. Un ejemplo de ello, es la terapia cognitivo conductual enfocada en el trauma, la cual ha sido adaptada para el tratamiento de víctimas de violencia y de sobrevivientes de algún tipo de desastre (Cohen, et.al 2012). Con relación a esto, algunos estudios han señalado su efectividad en el control de los síntomas de estrés y depresión en estas condiciones (Kante, Pereda, 2020).

No obstante, existe otro tipo de terapia que se ha catalogado como centrada en el trauma psicológico y que ha recibido la crítica de muchos expertos de la conducta. Esta es la llevada a cabo por presuntos profesionales que realizan regresiones infantiles, concentrando sus esfuerzos en buscar en la biografía de sus pacientes, experiencias violentas o de abandono con el fin de atribuirles el origen casi exclusivo de todos sus problemas psicológicos. Este tipo de aproximación reduccionista tiende a considerar al trauma psicológico como el eje de la condición humana y de su psicopatología, en lugar de como solo una parte de ella (Minuchin, citado por Wylie). Además, se niega a considerar otros tipos de factores biológicos o circunstanciales, cerrando los oídos a otras dimensiones de la experiencia individual de las personas.

Conclusión

Es innegable que experimentar experiencias violentas, potencialmente estresantes o intrusivas, como el ser víctima de un crimen o el haber sobrevivido un aparatoso accidente, puede conllevar diversas consecuencias psicológicas. No obstante, la consideración de prácticamente cualquier experiencia desagradable como una vivencia traumática, puede llevar a una gran variedad de malinterpretaciones y prácticas inadecuadas dentro de un proceso terapéutico.

Como se ha podido observar, la noción de trauma psicológico ha sido objeto de una importante crítica teórica y científica que ha evidenciado la debilidad del concepto y ha cuestionado su aplicación indiscriminada en toda clase de contextos. Curiosamente, la mayoría de estos argumentos parecen ser el resultado de una singularidad esencial: la falta de una definición clara que limite las libertades de interpretación de este fenómeno, junto con el enorme arraigo que la noción de trauma psicológico en la práctica clínica.

Por esta razón, es importante destacar que solo a través de cuestionar, no solo el sentido, sino también la validez de esta conceptualización, es que podremos evaluar la pertinencia de su uso. Al final, ya sea en el caso del trauma psicológico, o en cualquier otra formulación teórica, la esencia del estudio científico se encuentra en nuestra capacidad para mantener una postura crítica frente a lo que nos rodea; actitud que también debería dirigirse hacia los mismos principios que nos permiten interpretar los fenómenos de la realidad que estamos estudiando.

Referencias:

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM-V. Masson, Barcelona.
  • Cohen, J., Mannarino, P., Kliethermes, M., Murray, L. (2012) Trauma-focused CBT for youth with complex trauma. Child Abuse & Neglect, voluemen (36), número (6), pp. 528-541. Recuperado de ncbi.nlm.nih.gov
  • El Sahili, L. (2010) Psicología Clínica. Guanajuato, México, Universidad de Guanajuato. Recuperado de: es.scribd.com
  • Eysenck, H. (1986) Decadencia y caída del imperio freudiano. Psikolibro. [Documento PDF] Recuperado de: biblio3.url.edu.gt
  • Freud, S. (1992) Obras Completas. Sigmund Freud. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
    • Fragmento de análisis de un caso de histeria (1905).
    • Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (1908).
    • Mas allá del principio del placer (1920).
  • Jung, C. (2001) Los arquetipos y el inconsciente colectivo (original 1955). Buenos Aires, Argentina. Paidós.
  • Kagan, J. (1998) Three Seductive Ideas. Massachusetts. Estados Unidos de América. Harvard University Press.
  • Kante, B., Pereda, N. (2020) Victimización Sexual en la Infancia e Intervención Basada en la Eviden-cia: La Terapia Cognitivo-Conductual Focalizada en el Trauma. Revista de Psicoterapia, volumen (31), número (115), pp. 197-212. Recuperado de ojs.revistadepsicoterapia.com
  • Laplanche, J., Pontalis, J. (2004). Diccionario de Psicoanálisis. Paidós.
  • Peláez Gómez, J. (2014). Noticias importantes para el cambio. La memoria nos engaña. Recuperado de juanpelaezescritor.wordpress.com
  • Muiños, R., Requena, E. (2021) Psicopatología Clínica. Universidad Oberta de Catalunya.
  • Perls, F. (1976) El Enfoque Gestáltico y Testimonios de Terapia. Santiago de Chile. Cuatro Vientos Editorial.
  • Pinchanski Fachler, S., Víquez Hidalgo, E. M., & Zeledón Grande, C. M. (2004). Memórias impuestas. Medicina Legal de Costa Rica, 21(2), 07-20. Recuperado de scielo.sa.cr
  • Reich, W. (1988) La función del orgasmo (original 1955). Ciudad de México, México. Ediciones Paidós.
  • Van der Kolk, B., McFarlane, A., Weisaeth, L. (1996) Traumatic stress: The effects of overwhelming experience on mind, body, and society. The Guilford Press. Recuperado de guilford.com
  • Wylie, M. (2019) Do We Still Need Attachment Theory? Psychotherapy Networker. Recuperado de psychotherapynetworker.org
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.