Chocolate y sexo: mitos del famoso ‘sustitutivo del sexo’

Hemos escuchado hasta la saciedad que el chocolate es el mejor sustituto del sexo, pero ¿Es un mito popular o es realmente el chocolate un sustitutivo o precursor del sexo?

El mercado de los estimulantes del deseo y el placer sexual, o afrodisiacos, está infestado de múltiples opciones. Desde las grandes farmacéuticas, hasta herboristerías tradicionales ofrecen productos que prometen incrementar el deseo sexual. Uno de los más famosos, es el chocolate, el cual se ha relacionado no solo con el romanticismo, sino con un mayor deseo y placer durante el sexo; incluso llegando a ser popularmente considerado ‘el sustitutivo del sexo’, como si la ingesta de chocolate provocase un efecto cerebral similar al sexo. A continuación, te mostramos qué dicen las investigaciones al respecto.

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Usos tradicionales del chocolate

El chocolate procede del árbol de cacao, originario de centro y sur América. A partir de su semilla, se pueden preparar licores, mantecas -humectantes-, cacao en polvo y el chocolate que conocemos tradicionalmente, ya sea en su estado puro -negro- o en diferentes combinaciones –con azúcar o con leche, entre otros-. Incluso, en las culturas maya y mexica, el chocolate tenía un amplio uso ritual, reconocido como tratamiento medicinal.

Tradicionalmente, el chocolate se consume por gusto, como energizante, y se cree que puede proteger al organismo de algunas enfermedades. Adicionalmente, como vehículo para otros tratamientos, para estimular el apetito, reducir la fatiga y aumentar la resistencia física. Y por supuesto, son muchas las culturas que lo utilizaban como afrodisiaco (Waizel-Haiat, el al., 2012).

Efecto del chocolate en el cerebro

Como se mencionó previamente, el chocolate contiene tirosina, un precursor de la dopamina, mientras que el cacao interactúa con la serotonina y las endorfinas. Estos neurotransmisores forman parte de los mecanismos cerebrales que contribuyen al apetito, la recompensa y la regulación del estado de ánimo. Asimismo, las endorfinas que se liberan durante la ingesta de chocolate, incrementan la sensación de placer, lo cual se ha considerado alguna vez como un precursor del placer durante el sexo (Hristova, et al., 2012).

El chocolate y el sexo ¿Placer químico o psicológico?

El placer que se experimenta cuando se consume chocolate tiene un correlato tanto químico como psicológico. Las sustancias como la teobromina, interactúan con los canales adrenérgicos y dopaminérgicos en los circuitos cerebrales del placer, pudiendo incluso llegar a ser levemente adictivos (Waizel-Haiat, el al., 2012).

Además, el chocolate tiene en sí mismo un correlato sensorial en todos los sentidos. Su apariencia suave y su color único; el chasquido inconfundible a romper un trozo; la forma en la que comienza a derretirse en las manos, junto con ese olor característico que inunda el olfato y hace vívidos los recuerdos; y finalmente ese sabor amargo y dulce, junto con una sensación grasosa ligera que llega a todos los rincones de la boca (Tunick y Nasser, 2019). ¿Se te hizo agua la boca? Estos serían los efectos psicológicos derivados de la ingesta de chocolate; potencialmente placenteros que, cuando se experimentan en compañía, se especula que podrían tener un efecto positivo antes o durante el sexo.

El chocolate como precursor del deseo durante el sexo

El uso del chocolate como precursor del deseo sexual no es algo reciente; ya lo usaba la cultura azteca antes del colonialismo, y posteriormente fue adoptado por Europa en el sigo XVI. No obstante, aunque en el siglo XX se afirma que el chocolate tiene múltiples usos medicinales, incluido un incremento de la libido, la concentración de componentes como feniletilamina o adandamina –precursores dopaminérgicos relacionados con el placer y disminución del dolor-, es demasiado pequeña como para que tengan un efecto directo y medible sobre la libido. Múltiples estudios han encontrado que no existe una relación directa entre el consumo de chocolate y un incremento en el deseo de tener sexo. Esto quiere decir, que el componente afrodisiaco del chocolate, puede ser mucho más psicológico que fisiológico (Tunick y Nasser, 2019).

El chocolate y el corazón

Sin embargo, y como dato importante, se ha comprobado en diversos estudios, que el consumo frecuente de chocolate puede estar asociado con una disminución en el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina, hiperlipidemia e inflamación. Asimismo, se han reportado resultados prometedores en el uso de chocolate en la prevención de hipertensión, eventos cerebrovasculares, y alteraciones en la memoria (Hristova, et al., 2012). Por supuesto, es algo que aún está en estudio y no constituye ningún hallazgo concluyente. Por ello, y para prevenir enfermedades ocasionadas por el consumo excesivo de chocolate o cacao, se recomienza ser prudente ante estas deliciosas averiguaciones.

Conclusión

En conclusión, se descarta que el chocolate en sí mismo, como una sustancia química, tenga un efecto sobre el deseo de las personas por tener sexo o que pueda reemplazar los beneficios de las prácticas sexuales pues, aunque interactúa con los centros cerebrales del placer, no es lo suficientemente intenso o duradero como para elicitar una respuesta sexual. Sin embargo, a nivel del sentido psicológico y emocional que se le ha atribuido culturalmente al chocolate a lo largo de los siglos, tal vez sí se puede considerar afrodisiaco, no solo por el componente romántico circundante, sino también por lo placentera que es en sí misma, la experiencia de comerlo. Finalmente, el deseo sexual está en el cerebro, y cualquier cosa puede ser placentera, cuando se disfruta dentro de la experiencia.

Referencias:

  • Hristova, K., et al (2012). Perspectives on chocolate consumption and risk of cardiovascular diseases and cognitive function. The open nutraceuticals journal, 5 (1), 207-212. Recuperado de: benthamopen.com
  • Tunick, M. H., y Nasser, J. A. (2019). The chemistry of chocolate and pleasure. Sex, Smoke and Spirits: The role of Chemistry, 33-41. Recuperado de: pubs.acs.org
  • Waizel-Haiat, S., el al. (2012). Cacao y chocolate: seducción y terapéutica. An Med (Mex), 57 (3), 236-245. Recuperado de: www.medigraphic.com
Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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