Crítica de la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth

Según defiende la corriente más crítica, la enorme popularidad de la teoría del apego es muy superior a la evidencia científica que la sostiene.

Desde que John Bowlby formulase y Mary Ainsworth sistematizara la teoría del apego, a mediados del siglo veinte; esta propuesta teórica se ha transformado en un importante referente para muchos psicoterapeutas, quienes sostienen su cuerpo teórico como un planteamiento sólido e incuestionable, a la altura de los grandes hallazgos neurocientíficos. Gran parte de su atractivo radica en el hecho de que logra conciliar dos posturas opuestas sobre la conducta y la personalidad. En un primer momento y junto con las teorías biológicas, considera la existencia de procesos innatos en todos los individuos; cuyo desarrollo particular, predispondría nuestro comportamiento. A partir de esto, propone una explicación sobre cómo determinados agentes ambientales influirían en dichas facultades, identificando patrones observables en dicho modelo.

No obstante, y a pesar de una enorme popularidad en el ámbito académico y psicoterapéutico, la teoría del apego ha recibido diversas e importantes críticas a lo largo del tiempo, cuestionando no solo sus bases y conclusiones, sino también sus métodos de estudio y la aplicación indiscriminada y generalización de sus principios. Por ello, un destacado sector de profesionales de la psicología ha manifestado la necesidad de superar -o al menos reconceptualizar- la teoría del apego, adaptando las ideas de Bowlby y Ainsworth sobre el desarrollo humano al surgimiento de nuevas propuestas y evidencias científicas.

Por tal motivo, es importante analizar cuál es la naturaleza de algunas de estas críticas, con el fin de comprender mejor qué posición ocupa este planteamiento teórico en el marco de la psicología actual.

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Teoría del apego de Bowlby y Ainsworth

Para entender los cuestionamientos de los que es objeto la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth, es necesario entender primero sus bases.

Vínculo afectivo y modelo representacional

Para John Bowlby, los seres humanos poseen una tendencia natural a formar vínculos afectivos con los demás, los cuales se presentan de manera especialmente intensa frente a determinadas personas (Bowlby, 1998). Para Bowlby, este proceso es más que una simple respuesta instintiva y automática frente a un estímulo determinado. Su desarrollo dependería de diversos factores contextuales e individuales, y se consolidaría a partir de las primeras interacciones que cada sujeto establece con sus cuidadores durante sus primeros años de vida (Bowlby, 1984).

Bowlby consideraba la existencia de cuatro sistemas de conducta que se relacionan entre sí:

  • Conductas de apego: conductas al servicio del mantenimiento de la proximidad con las figuras de apego -llorar, sonreír, tocar…-. Se presentan cuando una figura de apego se aleja o cuando surge una amenaza, con el fin de restablecer la proximidad.
  • De exploración: destinadas a investigar el medio que nos rodea. Disminuyen cuando las conductas de apego se activan.
  • Miedo a personas extrañas: El rechazo a personas ajenas al grupo de figuras de apoyo provoca la disminución del sistema de exploración, y el aumento de las conductas de apego.
  • Afiliativo: Implica un interés del sujeto por interactuar con los demás, incluyendo aquellas personas con las que no se ha establecido un vínculo afectivo.

(Bowlby, 1984).

La teoría del apego de Bowlby y Ainsworth propone la existencia de un modelo representacional, el cual sería una representación mental de sí mismo y de las relaciones con los demás. De acuerdo con estas ideas, dicha estructura se conformaría a partir del tipo de interacción que cada persona haya tenido con sus primeras figuras de apego, y tendría como función interpretar las acciones de aquellos que nos rodean, regulando nuestra conducta (Bowlby, 1984).

La situación del extraño

La situación del extraño es una técnica experimental diseñada por Mary Ainsworth para determinar el equilibrio entre las conductas de apego y las de exploración, en condiciones de estrés. En ella, un niño y su madre son introducidos a una sala de juegos, a la cual ingresa posteriormente una persona que el menor no conoce. Mientras la extraña comienza a jugar con el niño, la madre sale del cuarto. Posteriormente, la madre regresa y sale acompañada de la extraña. Finalmente, tanto la madre como la otra persona regresan a la sala.

A partir de observar las reacciones de los menores durante este experimento, Ainsworth identificó tres patrones conductuales representativos del apego:

  • Seguro: Ante la presencia de la madre, el niño comenzaba a explorar. Posteriormente, este disminuía su conducta exploratoria cuando su madre se alejaba. Cuando esta regresaba, buscaba el contacto físico con ella, para finalmente reiniciar el comportamiento de exploración. Para la autora, este era un patrón saludable.
  • Inseguro ansioso-evitativo: el niño comenzaba la exploración del entorno sin apoyarse en su madre. Cuando esta se alejaba, no mostraba sentirse afectado; y cuando regresaba, no buscaba contactarla físicamente, llegando a rechazarla. Ainsworth relacionó este patrón con dificultades emocionales provocadas por separaciones dolorosas.
  • Inseguro ansioso ambivalente: el menor se mostraba constantemente preocupado por la presencia de la madre, aun cuando se encontraba presente, por lo que casi no exploraban. Su ausencia le afectaba notablemente, y reaccionaba de forma ambivalente a su regreso, mostrando apego intenso y agresividad al mismo tiempo. Tal patrón, correspondería, de acuerdo a la autora, a un estilo de crianza inconsistente por parte de la madre, el cual alternaba entre la calidez y la frialdad.

(Ainsworth, 1970).

Determinismo infantil y teoría del apego: la principal crítica a las ideas de Bowlby y Ainsworth

Uno de los aspectos que más críticas ha generado en torno a la teoría del apego desarrollada por Bowlby y Ainsworth, es el papel central que brinda a las primeras interacciones del niño o niña con sus figuras de apego. Para estos autores, esta relación y el modelo representacional generado por ella, determinarían no solo la conducta inmediata de los infantes, sino que influiría en el desarrollo posterior de dimensiones como la personalidad, las futuras relaciones de pareja, la identidad y la autoestima (Ainsworth, 1987; Bowlby,1998).

De esta forma, el futuro de los individuos y de su salud mental se encontraría completamente en manos de los padres, madres o cuidadores principales, y estaría determinado por los primeros años de crianza. Esta postura ha sido replicada por los seguidores de esta teoría, llegando a desarrollar instrumentos de evaluación y modelos de intervención terapéutica en personas adultas que se centran en el diagnóstico y tratamiento de los modelos de apego supuestamente desarrollados en la primera infancia (George, Kaplan, Main, 1985; Chaffin, et.al 2006).

El psicólogo Jerome Kagan, uno de los críticos más notables de la teoría del apego, ha declarado que la idea de que los primeros años tres años en la vida de una persona son la fase más importante para el desarrollo de su personalidad, es una suposición no comprobada y posiblemente incomprobable (Kagan, 1998). Además, ha destacado la existencia de otros factores, como el temperamento, la clase social y la influencia del medio, cuya conjugación podría determinar en cada caso, la conducta de los individuos, su desarrollo emocional y la forma en que interactúan con las personas que los rodean (Kagan, 1997; Kagan, 1998).

La madre en la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth

En los primeros años de la teoría del apego, Bowlby llegó a considerar que la situación más favorable para el niño o niña era establecer un vínculo afectivo principal con la madre, destacándola como una figura de apego preferente, por sobre otros cuidadores. Aunque en años posteriores corrigió esta postura, reconociendo que otras figuras, como el padre, pueden ejercer un rol principal como agentes de apego (Bowlby, 1998), estas primeras declaraciones han perseguido a sus ideas hasta el día de hoy, siendo esgrimidas en contra de la teoría del apego, aún en sus interpretaciones más actualizadas.

Los experimentos en niños de Mary Ainsworth estaban diseñados de forma tal, que la madre fuera un participante necesario. No obstante, es necesario aclarar que la autora no defendía la postura de que la madre fuera una figura de apego exclusiva, considerando la función del cuidador, por sobre su representante, ya fueran este uno de los padres o algún sustituto de tal rol (Ainsworth, 1989).

De la teoría a la terapia de apego

La teoría del apego de Bowlby y Ainsworth no es por sí misma una metodología clínica. No obstante, a lo largo de los años se ha desarrollado una gran variedad de perspectivas terapéuticas que pretenden hacer de estas ideas, la base de su intervención.

Desafortunadamente, la falta de regulación en este sentido ha ocasionado el nacimiento de corrientes reduccionistas que confunden la teoría con los hechos comprobados y buscan aliviar toda clase de trastornos mentales a partir del análisis y tratamiento de las relaciones de apego tempranas (Chaffin, etl.al 2006).

Uno de los fenómenos que ha generado especial alarma dentro de la comunidad de psicoterapeutas es la aparición de supuestos profesionales de la salud mental que centran su atención exclusivamente en la identificación de presuntos traumas y relaciones negligentes durante los primeros años de vida; aun cuando los pacientes dicen no ser conscientes, ni recordar dichos eventos. Esto, sin considerar la existencia de otros factores, o incluso, de otras figuras además de los padres (Wylie, 2019). De esta forma, apoyados en las ideas de Bowlby y Ainsworth, como si de una ley científica se tratase, han desarrollado las estrategias de intervención conocidas como terapias de apego; cuya efectividad es altamente cuestionable, y cuyos riesgos aún no han sido dimensionados (Chaffin, et.al 2006).

Entre las diversas críticas que esta teoría ha recibido, tal vez este aspecto es el que destaca el mayor riesgo.

Las bases de la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth no son universales

Una de las debilidades más notables de la teoría del apego es que, según Bowlby y Ainsworth, tenía cierta validez universal, debido a sus supuestas raíces biológicas. No obstante, diversas investigaciones llevadas a cabo, tanto por seguidores como críticos, han demostrado que tal afirmación no es sostenida por la evidencia empírica. En muchas de estas ocasiones, se ha replicado el experimento de la situación del extraño en poblaciones pertenecientes a una etnicidad diferente de la blanca, a una cultura distinta de la americana o a un nivel económico diferente a la clase media (Sagi, 1990; Miyake, Chen, Campos, 1985; Cantero, Cerezo, 2001). Tal ejercicio ha mostrado que la reacción de los infantes depende en mucho de las variables sociales, culturales y económicas, en las que cada individuo se ha desarrollado, por lo que los resultados son diferentes en cada contexto.

A la luz de estos hechos, la validez de las ideas propuestas por Bowlby y Ainsworth sería altamente cuestionable; debido a que sus principios no pueden ser comprobados, incluso a partir de su propio diseño metodológico de investigación.

El apego por la teoría del apego

En vista de todo lo aquí comentado, es posible darse cuenta que la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth es objeto de muy diversos cuestionamientos; muchos de los cuales destacan debilidades críticas en la construcción y desarrollo de este aparato ideológico. Debido a esto, incluso existen autores como el propio Kagan, quien ha proclamado la agonía y próxima muerte de esta teoría en más de una ocasión (citado por, Wylie, 2019). Aun así, esta propuesta tiene muchos seguidores que la defienden y que incluso le atribuyen un grado de legitimidad científica que realmente no posee. Debido a esto, es válido preguntarnos los motivos de tan curiosa y persistente fidelidad.

En un primer momento, es necesario recordar que las ideas de Bowlby tuvieron un gran significado en la historia de la psicología y la psicoterapia. Para algunos, la teoría del apego representa un puente entre las ideas de la corriente psicodinámica y los enfoques fisiológicos y contextuales, ya que logra integrar un modelo teórico que considera la existencia de facultades cognitivas hereditarias cuyo desarrollo particular depende de factores ambientales (Miyake, Chen, Campos, 1985; Cantero, Cerezo, 2001; Wylie, 2019).

Además, existen profesionales que consideran que esta aproximación fue responsable de devolver profundidad a la práctica clínica, después de la sistematización que la intervención terapéutica sufriera como producto de la aparición de las corrientes cognitivas y conductuales (Wylie, 2019). En cierta forma, Bowlby fue uno de los teóricos que puso la emoción nuevamente en el centro de la discusión sobre salud mental, lo que ha influido en la relación entre profesionales y pacientes, aún para muchos psicólogos que no siguen sus ideas o las toman realmente en cuenta.

El lugar de la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth en la psicología moderna

Al final, es posible darse cuenta que la teoría del apego es una aproximación clínica cuya popularidad tal vez sea más grande que la evidencia que la sostiene. Desafortunadamente, la mayor amenaza que esta situación significa, no proviene de la incapacidad de comprobar o refutar las ideas en cuestión, ya que los propios autores expusieron las herramientas para poner a prueba la validez de sus principios. El peligro se encuentra en la curiosa resistencia de un importante sector de profesionales a siquiera debatir sobre el tema, elevando este tipo de constructos teóricos a la categoría de postulados inmutables o intocables. Por desgracia, es esta particular forma de fanatismo, obstinación y abandono ha tenido consecuencias tangibles, dando lugar al desarrollo y a la difusión de los enfoques ‘terapéuticos’ centrados en la teoría del apego.

De esta manera, es solo a través de la generación de más estudios e investigaciones que pongan a prueba sus principios que será posible determinar la utilidad o intrascendencia de la teoría del apego, así como su lugar dentro de la psicología científica moderna. En este sentido, la labor de las y los profesionales, no está en ningún foro de discusión público, sino en los laboratorios y espacios académicos. Escenarios donde las ideas de Bowlby y Ainsworth encontrarán algún tipo de redención o su justo final.

Referencias:

  • Ainsworth, M., Bell, S. (1970) Attachment, exploration, and separation: illustrated by the behavior of one-year-olds in a strange situation. Child Development. Recuperado de semanticscholar.org
  • Ainsworth, M. (1989) Attachments beyond infancy. American Psychologist, volumen (44), número (4), pp. 709–716. Recuperado de pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  • Bowlby, J. (1984) La Pérdida Afectiva. Tristeza y Depresión. Buenos Aires, Argentina. Paidós.
  • Bowlby, J. (1998) El apego. Ciudad de México, México. Paidós México.
  • Cantero, M., Cerezo, M. (2001) Interacción madre-hijo como predictora de conductas de apego: evaluación de dos modelos causales. Infancia y Aprendizaje, volumen (24), número (1), pp. 113-132, DOI: 10.1174/021037001316899956 Recuperado de core.ac.uk
  • Chaffin, M., Hanson, R., Saunders, B., Nichols, T., Barnett, D., Zeanah, C., Berliner, L., Egeland, B., Newman, E., Lyon, T., Letourneau, E., Miller, C. (2006) Report of the APSAC Task Force on Attachment Therapy, Reactive Attachment Disorder, and Attachment Problems. Child Maltreatment, volumen (11), número (1). Recuperado de journals.sagepub.com
  • Kagan, J. (1997) Galen’s Prophecy. Temperament in Human Nature. Colorado, Estados Unidos de América. Westviex Press.
  • Kagan, J. (1998) Three Seductive Ideas. Massachusetts. Estados Unidos de América. Harvard University Press.
  • Kagan, J. (1998) A Parent´s Influence is Peerless. Harvard Education Letter, volumen (14), número (6). Recuperado de hepg.org
  • Miyake, K., Chen, S., Campos, J. (1985) Infant temperament, mother’s mode of interaction, and attachment in Japan. An interim repport. Monographs of the Society for Research in Child Development, volumen (50), número (1). Recuperado de: jstor.org
  • Sagi, A. (1990) Attachment theory and research from a cross-cultural perspective. Human Development, volumen (33), número (1), pp. 10–22. Recuperado de karger.com
  • Wylie, M. (2019) Do We Still Need Attachment Theory? Psychotherapy Networker. Recuperado de psychotherapynetworker.org
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.