Identificar el ciberbullying o ciberacoso

El ciberbullying suele ser una 'extensión' del bullying tradicional, por lo que identificar sus manifestaciones puede ser clave en la detección del acoso 'cara a cara'.

Para identificar el ciberbullying primero es necesario saber en qué consiste este fenómeno. Entendemos por bullying cualquier conducta agresiva perpetrada de manera constante sobre un joven por otro joven o grupo de jóvenes. Para que sea considerada como tal, las personas involucradas no deben ser hermanos o pareja (Azevedo, et.al 2019). Estas últimas interacciones son tipificadas como otros tipos específicos de violencia.

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¿Qué es el Ciberbullying?

El ciberbullying es un tipo de bullying, y se presenta cuando un/a joven, humilla, acosa o molesta a otro a través de Internet, teléfonos móviles, consolas de juego u otras herramientas tecnológicas de comunicación. Este es considerado un tipo de acoso psicológico que se puede identificar como ciberbullying solo cuando tanto la persona agresora como la víctima son menores (Englander, et.al 2017).

No existe un acuerdo exacto entre profesionales de lo que puede ser considerado ciberbullying. Algunos investigadores consideran cualquier forma de agresión en línea, mientras que otros se concentran en tipos específicos de violencia como la humillación o las amenazas en medios digitales (Sabella, et.al 2013). Esta es una dimensión relativamente nueva y en constante transformación, por lo que identificar las manifestaciones del ciberbullying requiere de actualización constante.

Por otro lado, algunas organizaciones especializadas consideran que el ciberbullying debería ser estudiado como una entidad distinta al bullying tradicional o ‘cara a cara’. Sin embargo, distintas investigaciones han acordado que existe una fuerte relación entre estos dos fenómenos (Sabella, 2013) (Wolke, Lee, Guy, 2017) (Mateu, et.al 2020). Considerar al ciberbullying como una entidad independiente, por lo general ocasiona que sea visto como un mal producido por el avance tecnológico, ignorando los factores socioculturales e individuales que en verdad lo originan. De hecho, en muchos casos el ciberbullying se manifiesta como una extensión del bullying ‘cara a cara’; de forma que quienes cometen bullying tradicional o ‘cara a cara’, pueden llegar a emplear redes sociales, ampliando así el acoso -y sus consecuencias- a los medios digitales -ciberbullying-.

Identificar las manifestaciones del ciberbullying

Debido al avance acelerado de la tecnología y las nuevas plataformas digitales de interacción virtual, es complicado llegar a un acuerdo de todas las prácticas que se pueden identificar como manifestaciones de ciberbullying. No obstante, es posible nombrar algunos ejemplos concretos:

  • Subir a Internet información o imágenes comprometedoras que puedan avergonzar o dañar la imagen de la víctima. Estas pueden ser reales o alteradas de manera digital -fotomontajes o memes en formato imagen, audio, vídeo o textual-.
  • Crear grupos o foros donde se denigre la imagen o reputación de un o una joven en especial o de un grupo.
  • Falsificar perfiles en nombre de la víctima para publicar información humillante acerca de ella.
  • Usurpar la identidad de la víctima en grupos, foros o chats para manifestar opiniones ofensivas, con el fin de que las reacciones recaigan en ella.
  • Apoderarse de las contraseñas y claves de la víctima con el fin de enterarse de información confidencial, publicar dicha información o evitarle el acceso.
  • Hacer circular rumores sobre la víctima con el objetivo de desacreditarlo frente a una comunidad en especial.
  • Acosar o amenazar a la víctima en sitios de Internet, buscando agobiarle, humillarle o intimidarle.
  • Fingir ser otra persona conocida por la víctima en las redes con el objetivo de engañarle, humillarle o inducirle a comportarse de manera vergonzosa. Por ejemplo, fingir ser un/a pretendiente, para luego divulgar las conversaciones o contenidos privados.
  • Organizar un ataque coordinado en contra de una persona mandándole decenas de textos y mensajes ofensivos.
  • Configurar el teléfono de la víctima para que no pueda acceder a sus datos o cambiar sus contactos para confundirlo o avergonzarlo.

(Wired Safety, 2016) (Ciberbullying.com, 2018)

Publicar imágenes o videos sexuales de exparejas es visto por algunas personas como ciberbullying, aunque este fenómeno se tipifica de forma independiente como sexting o pornovengaza. En función de la naturaleza del contenido difundido, esta conducta tiene connotaciones sociales y legales diferentes, siendo considerado en muchos lugares como un delito penal.

¿Por qué es importante identificar el ciberbullying?

En la última década se han realizado muchas investigaciones para identificar los efectos que el ciberbullying tiene en el desarrollo de los y las jóvenes. Este ha sido vinculado con una gran cantidad de fenómenos y padecimiento mentales. Entre ellos:

  • Baja autoestima.
  • Depresión.
  • Síntomas de trastorno postraumático como pensamientos intrusivos o evasión de conductas.
  • Desarrollo de sentimientos negativos hacia la escuela y el aprendizaje.
  • Ideación suicida.

(Betts, Spencer, Gardner, 2017) (Wolke, Lee, Guy, 2017) (Mateu, et.al 2020).

Cabe aclarar que estas manifestaciones están correlacionadas no solo con la salud mental de las víctimas, sino que las personas agresoras también han manifestado dichos padecimientos (Mateu, et.al 2020).

Es importante destacar que la vinculación de estas dimensiones con el ciberbullying no implica necesariamente que exista una relación directa de causa y consecuencia. No todas las víctimas reaccionan de la misma forma ante el acoso escolar o el ciberbullying, ya que sus respuestas están determinadas por los recursos de afrontamiento que les fueron inculcados por sus familias y otras figuras de apoyo (Hinduja, Patchin, 2017) (Urano, et.al 2020). El ciberbullying actúa como una agravante de trastornos mentales y situaciones de riesgo ya existentes. Lo que significa que para atender dichos síntomas es necesario explorar las causas reales más allá de este fenómeno (Sabella, Patchin, Hinduja, 2013), pues su etiología se relaciona con la educación y el contexto sociocultural.

El ciberbullying es un tipo de bullying

Un aspecto muy importante para entender e identificar la naturaleza del ciberbullying es su relación con el bullying ‘cara a cara’. A diferencia de lo que popularmente se piensa, el ciberbullying no es una epidemia que está generando nuevas víctimas. Los jóvenes que son acosados a través de los medios digitales, son por lo general, los mismos que sufren otros tipos de abuso de persona a persona. El ciberbullying es solo otra herramienta utilizada por los acosadores para atormentar a sus víctimas (Wolke, Lee, Guy, 2017), extendiendo así el margen de acción y el potencial de su acoso.

Esto no significa que esta dimensión sea menos peligrosa. Por el contrario, el ciberbullying intensifica la violencia ejercida sobre las víctimas del abuso escolar sumando nuevos agresores. Esto, debido a que existen acosadores que solo practican el ciberbullying, sin incurrir en otras conductas de abuso ‘cara a cara’, aun cuando las personas afectadas sean casi siempre las mismas (Mateu, et.al 2020).

Es muy importante que los padres, madres y educadores tengan en cuenta este dato. Ya que esto significa que el ciberbullying es otra manifestación de un problema sociocultural mucho más complejo y profundo. De esta forma, es posible identificar que si un o una menor está sufriendo algún tipo de ciberbullying, es muy probable que también sea víctima de otro tipo de abusos.

Por otro lado, esta información hace evidente que los programas de atención institucional deben dirigirse a la prevención del bullying como un todo, especialmente en el que se realiza de persona a persona, ya que este es la raíz del problema (Mateu, et.al 2020) .

Educación y ciberbullying

Hasta ahora se ha podido identificar al ciberbullying como un síntoma de un complejo problema social y cultural. Sin embargo, esto no significa que los padres, madres y educadores estén impotentes ante su manifestación. Es posible desarrollar ciertas medidas que brinden armas a los y las jóvenes ante este devastador fenómeno:

  • Expertos han descubierto que el efecto que el ciberbullying tiene en el desarrollo de los jóvenes depende de los recursos que se les haya inculcado para hacer frente a los problemas. Esto significa que los padres y madres deben de enseñar a sus hijos e hijas a encontrar soluciones a las dificultades que enfrentan en la vida, en lugar de ejercer de ‘caparazón’ ante ellas.  Fomentar la autonomía y el sentido de autosuficiencia brindará armas para manejar e incluso defenderse de cualquier tipo de abuso psicológico (Hinduja, Patchin, 2017).
  • En materia de educación, es importante dar prioridad al autoconocimiento por sobre las habilidades sociales, sin descuidar estas últimas. Los y las jóvenes que entienden y controlan sus propias emociones son más resistentes a la influencia de los otros; mientras que aquellos que basan su conducta en la interacción social y la empatía son más susceptibles a ser afectados por la opinión de los demás, o a convertirse en acosadores para ser aceptados (Urano, et.al 2020).
  • Existe una relación directa entre el ciberbullying y el tiempo que los y las jóvenes invierten en las redes sociales (Athanasiou, et.al 2018). Sin embargo, restringir el acceso de los adolescentes a sus dispositivos electrónicos es una alternativa poco realista e inefectiva. Además de significar un castigo injusto hacia las víctimas. Una alternativa a ello es fomentar en los y las jóvenes la práctica de actividades e intereses que les permitan construir una vida fuera del mundo virtual y establecer relaciones con personas reales.

Algunos mitos sobre el ciberbullying

Para concluir, es necesario identificar algunos mitos y malentendidos que se han generado alrededor del ciberbullying en los últimos años:

  • Mito 1: El ciberbullying ocurre más seguido que el bullying tradicional: aunque la evolución de las diferentes tecnologías digitales ha ocasionado una gran variedad de prácticas que pueden ser consideradas ciberbullying, estas siguen formando parte de un fenómeno mucho más grande. Esto no significa que el impacto de este tipo de violencia debe ser subestimado. Por el contrario, la manifestación de estas conductas en casa debe ser considerada como una señal de que el menor está siendo acosado en otros ámbitos también, lo que requiere atención inmediata tanto de la familia como de las instituciones pertinentes.
  • Mito 2: Las redes sociales y dispositivos electrónicos son los principales responsables del ciberbullying:  La relativa novedad de este fenómeno ha ocasionado que muchas personas e instituciones vean en la tecnología al enemigo a vencer. Transformándola con ello, en una clase de chivo expiatorio. Esta postura suele conducir al establecimiento de medidas simplistas como la restricción y control de los dispositivos electrónicos, lo que ocasiona a su vez una falsa sensación de éxito en los padres, madres y educadores, mientras que los menores son maltratados por otros medios.
  • Mito 3: El ciberbullying, como el bullying tradicional, es un rito de maduración que todos los adolescentes experimentan: Aun cuando la crueldad ha sido siempre parte de la sociedad, esta nunca fue, ni será aceptable. No se debe normalizar el bullying, ni el ciberbullying; estas prácticas no son normativas en la adolescencia, ni en ningún otro ciclo vital. La civilización está basada en un principio de mejora y reinvención constantes. Que socialmente generaciones anteriores hayan permitido vejaciones o malos tratos, no implica que debamos continuar amparando comportamientos denigrantes, ni ninguna forma de violencia. El compromiso, tanto de la familia como de la sociedad con la siguiente generación, debe ser ofrecer un mundo mejor que vivieron en su tiempo.

(Sabella, Patchin, Hinduja, 2013)

Referencias:

  • Athanasiou, K., Melegkovits, E., Andrie, E., Magoulas, C., Tzavara, C., Richardson, C., Greydanus, D., Tsolia, M., Tsitsika, A. (2018) Cross-national aspects of cyberbullying victimization among 14–17-year-old adolescents across seven European countries. BMC Public Health, volumen 18, número 1, DOI: 10.1186/s12889-018-5682-4
  • Azevedo, M., Gonzalez, J., Person, G., Martins, S. (2019) Bidirectional Association Between Bullying Perpetration and Internalizing Problems Among Youth. Journal of Adolescent Health, DOI: 10.1016/j.jadohealth.2019.09.022
  • Betts, L., Spenser, K., Gardner, S. (2017) Adolescents’ Involvement in Cyber Bullying and Perceptions of School: The Importance of Perceived Peer Acceptance for Female Adolescents. Sex Roles, DOI: 10.1007/s11199-017-0742-2
  • Ciberbullying.com (2018) ¿Qué es el ciberbullying? Recuperado de: www.ciberbullying.com
  • Englander, E., Donnerstein, E., Kowalski, R., Lin, C., Parti, K. (2017) Defining Cyberbullying, Pediatrics, volumen 140, número 2. Recuperado de www.aappublications.org
  • Hinduja, S., Patchin, J. (2017) Cultivating youth resilience to prevent bullying and cyberbullying victimization. Child Abuse & Neglect, DOI: 10.1016/j.chiabu.2017.09.010
  • Mateu, A., Pascual, A., Martinez, M., Hickey, N., Nicholls, D., Kramer, T. (2020) Cyberbullying and post-traumatic stress symptoms in UK adolescents. Archives of Disease in Childhood, DOI: 10.1136/archdischild-2019-318716
  • Sabella, R., Patchin, J., Hinduja, S. (2013) Cyberbullying myths and realities, Computers in Human Behavior, número 29, p.p. 2703–2711. Recuperado de Science Direct DOI: dx.doi.org
  • Urano, Y., Takizawa, R., Ohka, M., Yamasaki, H., Shimoyama, H. (2020) Cyber bullying victimization and adolescent mental health: The differential moderating effects of intrapersonal and interpersonal emotional competence. Journal of Adolescence, DOI: 10.1016/j.adolescence.2020.02.009
  • Wired Safety (2016) Keeping Yourself and Your Family Safe Online, Recuperado de: www.wiredsafety.com
  • Wired Safety (2016) Protecting yourself online, Recuperado de: www.wiredsafety.com
  • Wolke, D., Lee, K., Guy, A. (2017) Cyberbullying: a storm in a teacup? European Child & Adolescent Psychiatry, DOI: 10.1007/s00787-017-0954-6
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.