Impacto psicológico de la pérdida auditiva o hipoacusia

La hipoacusia ejerce un impacto que se relaciona con el aislamiento social, la marginación y el desarrollo de trastornos psicológicos y conductuales.

En todo el mundo, existen alrededor de 466 millones de personas que sufren pérdida de audición discapacitante, de las cuales 34 millones son menores de edad (Organización Mundial de la Salud, 2019). Esta condición no solo afecta el aspecto físico o funcional de las personas, sino que tiene repercusiones en su salud mental. Por ello, es importante considerar el impacto psicológico que la hipoacusia o pérdida auditiva genera en aquellos que la padecen. Este conocimiento es vital para poder entender a aquellas personas que la experimentan, y así diseñar estrategias que les ayuden a adaptarse a la realidad que están viviendo.

Contenidos relacionados:

La hipoacusia ocupa el tercer puesto entre las patologías que involucran discapacidad crónica (Díaz, Goycoolea, Cardemil, 2016). Por lo que es posible afirmar que el conocimiento de sus causas y repercusiones es una cuestión de salud pública. Por lo tanto, conocer sus efectos en la vida psíquica de quienes la padecen es un asunto de interés global.

¿Qué es la hipoacusia o pérdida auditiva?

En términos sencillos, es posible entender la hipoacusia como la pérdida de la capacidad auditiva, total o parcial. Existen diversas clasificaciones de ella. La organización Mundial de la Salud, reconoce distintos niveles de severidad: leve, moderada, severa y profunda. Sin embargo, esta institución también hace la distinción entre personas ‘con pérdida auditiva’ (hipoacusia) y personas ‘sordas’ (hipoacusia profunda o cofosis), siendo estas últimas las que han perdido la audición casi por completo o de manera definitiva (Organización Mundial de la Salud, 2019).

Por otro lado, esta puede ser clasificada según su origen en congénita y adquirida; o por sus efectos en unilateral si solo afecta un oído, y bilateral si afecta a ambos.

Cabe señalar que los términos ‘sordo o sorda’ y ‘sordera’ han sido objeto de rechazo por ciertas denotaciones peyorativas, desde un enfoque social. No obstante, estas son palabras utilizadas por organismos internacionales de la salud y profesionales médicos, cuyo significado es mucho más claro para el público general que cualquier tecnicismo, y que, clínicamente, no poseen ninguna connotación ofensiva por sí mismas. Por lo tanto, su uso es adecuado y sobre todo útil en el intercambio de información sobre este tipo de padecimientos.

Hipoacusia congénita

Se refiere a la pérdida de la audición al momento del nacimiento o poco después. Esta puede deberse a factores hereditarios o complicaciones en el embarazo y el parto (Organización Mundial de la salud, 2019).

De entre 1 y 2 de cada 1000 personas recién nacidas tienen una discapacidad auditiva severa o profunda. Por ello, el tamizaje auditivo neonatal es una práctica cada vez más común en todos los países del mundo; habiendo demostrado su valía al favorecer la atención temprana de la hipoacusia (Diaz, Goycoolea, Cardemil, 2016).

El impacto psicológico ocasionado por la hipoacusia congénita está relacionado con los obstáculos que la ausencia de audición genera en el desarrollo integral del individuo, así como a la estigmatización que estas personas deben de enfrentar desde muy pequeñas. Fenómenos que pueden afectar de manera notable su salud mental, si no reciben el apoyo de un tratamiento adecuado que les ayude a desarrollar sus capacidades de comunicación y adaptación social.

Hipoacusia adquirida

Es la pérdida de la audición a cualquier edad, debida a factores externos. Algunas de las variables más comunes son:

  • Enfermedades infecciosas.
  • Infección crónica del oído.
  • Presencia de líquido en el oído (común en la infancia).
  • Uso de algunos medicamentos.
  • Exposición a ruido excesivo o elevado.
  • Traumatismos craneoencefálicos o de los oídos.
  • Obstrucción del conducto auditivo.
  • Degeneración de las células sensoriales por la edad (presbiacusia).

(Organización Mundial de la Salud, 2019).

En la actualidad, los casos de hipoacusia ocasionada por ruido son cada vez más frecuentes y se presentan en sujetos cada vez más jóvenes. Desafortunadamente, algunos receptores neurosensoriales en el oído pueden ser destruidos de un 30% hasta un 50% antes de que cualquier pérdida de audición sea detectada, lo que obstaculiza el tratamiento oportuno de este tipo de lesiones ocasionadas por el ruido (Díaz, Goycoolea, Cardemil, 2016).

El impacto psicológico originado por algún tipo de hipoacusia adquirida, se presenta en relación con la causa del padecimiento, así como la edad y circunstancias del sujeto. No obstante, siempre se vive un proceso de pérdida, así como un doloroso periodo de readaptación que, si no son bien llevados, pueden conducir a la persona a trastornos clínicos como depresión o ansiedad.

Impacto psicológico de la hipoacusia en el lenguaje y la comunicación

Desde el nacimiento hasta el cuarto año de edad, la información auditiva juega un papel muy importante en el desarrollo de todo individuo, ya que esta es la etapa durante la cual se establecen las características morfológicas y funcionales del lenguaje y la audición (Alzina, 2005). Por lo tanto, la pérdida de la audición antes del quinto año (sordera prelingual), afecta de manera definitiva el desarrollo de lenguaje oral, dificultando mucho su aprendizaje. Situación que requiere la atención de terapeutas especializados y estrategias alternativas.

Por otro lado, la pérdida auditiva posterior al desarrollo de lenguaje (sordera postlingual) no está exenta de dificultades en el desarrollo y la vida del individuo. Estos se centran en el proceso de adaptación emocional a la pérdida de la audición, además de la aceptación de técnicas de comunicación alternativas (De la Paz, Miranda, Rojas, 1990).

Es importante resaltar que la comunicación no es un proceso rígido cuya obstaculización implique un seguro fracaso. Los niños y niñas que padecen algún nivel de sordera son capaces de desarrollarse de manera distinta a los individuos que no tienen problemas auditivos. Un experimento desarrollado por la Universidad de Washington, demostró que los infantes con hipoacusia expuestos a la lengua de signos o de señas, son más sensibles a interpretar los gestos de las personas de su alrededor, como una forma de compensar sus limitaciones (Brooks, Singleton, Meltzoff, 2019). Estos resultados muestran la hipoacusia no restringe necesariamente el proceso de comunicación de las personas afectadas, sino que los orilla a desarrollarlo de manera diferente.

Impacto psicológico de la hipoacusia en la interacción social

Al obstaculizar la comunicación, la hipoacusia puede afectar de manera importante la forma en que los sujetos interactúan con su medio. Esto, debido a que la audición cumple varias funciones a nivel social. Entre ellas encontramos:

  • Controlar el medio que lo rodea a partir de la información que recibe por medio de señales sonoras.
  • Captar e interpretar señales de alerta.
  • Adquisición de un lenguaje que le permita expresarse y ser comprendido.
  • Adquisición de códigos pertenecientes a un entorno social específico.
  • Integrarse socialmente a través de la interacción y aprendizaje espontaneo dentro de un entorno determinado.

(De la Paz, Miranda, Rojas, 1990).

Por lo tanto, la disminución de la audición obstaculiza la adaptación social de los individuos en formas muy importantes para su desarrollo:

  • No se desenvuelve de forma natural con el medio que le rodea.
  • Limita su adaptación.
  • Afecta su personalidad.
  • Dificulta el desarrollo de un lenguaje común a quienes le rodean.
  • Limita su participación en actividades sociales.
  • Obstaculiza la integración de referentes culturales.
  • Puede provocar problemas de atención y retraimiento.
  • Limita su experiencia diaria.
  • Puede aislarlo socialmente.
  • Dificulta su educación.

(De la paz, Miranda, Rojas, 1990) (Faletty, 2016).

De esta forma, el impacto psicológico que la hipoacusia ejerce en la vida social de los afectados puede derivar en el desarrollo de trastornos conductuales y emocionales.

Hipoacusia, educación y vida laboral

Debido a las dificultades en el desarrollo del lenguaje y la comunicación, las personas con hipoacusia suelen tener mayores índices de fracaso escolar y necesitan más asistencia educativa (Organización Mundial de la Salud, 2019). Además, las niñas y niños con deficiencia auditiva suelen padecer problemas sociales significativos que les llevan al aislamiento y la estigmatización (Diaz, Goycoolea, Cardemil, 2016). Aunado a esto, en los países menos desarrollados económicamente, los menores con discapacidad tienes menos posibilidades de recibir una educación formal (Faletty, 2016).

Una tendencia similar es observada en adultos que padecen hipoacusia. Estos, suelen tener peores expectativas laborales y profesionales debido a problemas de comunicación, falta de programas de integración y a la discriminación directa. Como consecuencia de ello, gran parte de estas personas reciben salarios inferiores a los de la media y se encuentran empleados en puestos por debajo de su formación (Faletty, 2016).

Impacto psicológico de la hipoacusia en la tercera edad

Una situación que amerita atención especial es el caso de la pérdida de la audición en la tercera edad. Se calcula que una tercera parte de las personas mayores de 65 años en el mundo padece hipoacusia en algún grado (Organización Mundial de la Salud, 2019).

Esta puede deberse a distintos factores externos como enfermedades infecciosas, ruidos o disposición genética; sin embargo, en la mayoría de los casos, es ocasionada por un fenómeno biológico natural llamado presbiacusia. Este consiste en los cambios de las estructuras auditivas centrales y periféricas relacionados al proceso de envejecimiento.

La pérdida de la audición en este periodo puede ocasionar un gran número de efectos negativos en la calidad de vida de quien la padece. Entre los más comunes encontramos:

  • Alteraciones en la comunicación, debidas a la dificultad de la persona para participar en las conversaciones.
  • Mayor predisposición al deterioro cognitivo general y la demencia.
  • Sensación de soledad.
  • Pérdida de independencia.
  • Predisposición a accidentes.
  • Comportamiento regresivo.
  • Trastornos del ánimo como depresión.
  • Deterioro de las funciones cognitivas como la memoria y la atención.
  • Irritabilidad y ansiedad.
  • Deterioro de las relaciones interpersonales.

(Mahmoudi, et.al 2019) (Diaz, Goycoolea, Cardemil, 2016).

Un factor que dificulta la atención de este tipo de personas, es el hecho de que tanto la pérdida de audición, como los fenómenos mentales asociados, se consideran popular -y erróneamente- como cambios normales de la vejez. Razón por la que los familiares suelen dejar desatendidas las necesidades de muchas personan en la tercera edad.

Impacto psicológico de la Hipoacusia, desde la salud mental

Los problemas de comunicación, el aislamiento social, la marginación y los desafíos de adaptación cotidianos pueden representar una amenaza seria para la salud mental de la persona que padece hipoacusia. Lo que puede conducirla a sufrir distintos trastornos de tipo psicológico y conductual. Son muchas las variables que se han asociado con este tipo de padecimientos. Entre las más importantes se encuentran:

  • Depresión, siendo la más relacionada en adultos.
  • Sentimiento de soledad.
  • Ansiedad, desconfianza e inseguridad
  • Somatizaciones.
  • Funcionamiento social pobre.
  • Afectividad acentuada.
  • Mayor dependencia.
  • Agresividad, provocada por la frustración.
  • Sentimiento de inferioridad.
  • Aislamiento.
  • Sensación de vergüenza y culpa por ser dependientes.
  • Astenia o falta de vitalidad.
  • Problemas de concentración.
  • Sentimiento de frustración.
  • Deterioro cognitivo, en personas de la tercera edad.

(De la Paz, Miranda, Rojas, 1990) (Diaz, Goycoolea, Cardemil, 2016) (Faletty, 2016) (Organización Mundial de la Salud, 2019) (Mahmoudi, 2019).

La detección de todas estas dimensiones revela la fuerte necesidad de un acompañamiento psicológico que ayude a la persona con hipoacusia a sobre llevar esta condición, sin importar la edad, el origen del padecimiento o el grado del mismo.

Además, es importante destacar que la presencia de cualquiera de estas manifestaciones se puede ver acentuada de manera importante en personas cuya pérdida de la audición no haya recibido atención (Faletty, 2016). Este hecho pone de manifiesto la importancia de un modelo de intervención integral y multidisciplinario para el tratamiento de este trastorno, ya que el impacto psicológico de la hipoacusia se ve potenciado por el nivel de discapacidad que este padecimiento signifique para el individuo.

Impacto psicológico de la hipoacusia en las facultades cognitivas

La disminución en la audición no solo implica un obstáculo para recibir información sensorial del entorno, sino que representa un cambio en la forma en la que son procesados los estímulos del medio. Por un lado, la hipoacusia incomunica a quien la padece con el mundo exterior, lo que comporta una serie de problemas funcionales importantes:

  • Retraso importante en el desarrollo del habla.
  • Problemas de atención, al tener que apoyarse en estímulos diferentes al sonido.
  • Experiencia cotidiana limitada.
  • Razonamiento concreto en situaciones donde las pistas necesarias para la resolución de problemas no son visibles.
  • Desarrollo motor más lento y problemas de coordinación y equilibrio.

(De la Paz, Miranda, Rojas, 1990) (Alzina, 2005) (Diaz, Goycoolea, Cardemil, 2016).

No obstante, existen estudios que demuestran que los niños y niñas con deficiencia auditiva procesan la información de manera diferente, más que limitada. En relación con esto, un estudio dirigido por el Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas, en Alemania, demostró que niñas y niños sordos con implantes cocleares eran capaces de aprender palabras más rápido que niñas y niños sin hipoacusia. Esto, debido a que los niños con hipoacusia fueron expuestos al lenguaje hablado por primera vez cuando sus estructuras cerebrales de lenguaje ya estaban desarrolladas (Vavatzanidis, et.al 2018).

Por otro lado, una investigación realizada por la Universidad Estatal de Ohio, comprobó que los bebes con debilidad auditiva procesan la información visual de forma distinta a las niñas y niños sin pérdida auditiva. Según los resultados, los primeros deben poner más atención a cada objeto para familiarizarse con él, lo que significaría que requieren más tiempo para reconocer los elementos de su entorno (Monroy, et.al 2019).

Como reducir el impacto psicológico de la hipoacusia

Como se ha podido observar, padecer hipoacusia tiene implicaciones en todas las dimensiones de la vida. Por lo tanto, su tratamiento no solo debe centrarse en la rehabilitación auditiva, sino que también debe considerar el consejo y el tratamiento psicológico.

Aunque aún sigue siendo un problema grave de salud pública, la implementación de prácticas preventivas y de estrategias de intervención, ha logrado avances importantes en la reducción de la incidencia de casos de hipoacusia sin atender. No obstante, la atención psicológica aún sigue siendo relegada a un segundo plano, sin ser considerada parte de un tratamiento integral.

La labor de los y las profesionales de la salud mental frente a este tipo de padecimientos, va desde el entrenamiento en estrategias de comunicación alternativas y el uso correcto de aparatos auditivos, hasta la atención terapéutica y la orientación familiar. Solo a través de la creación de programas de intervención que valoren y aprovechen el trabajo de estas disciplinas, será posible disminuir el impacto psicológico generado por los distintos tipos de hipoacusia. Cuestión que, como se ha podido apreciar es un problema tan grande como el padecimiento mismo.

Referencias:

  • Alzina, V. (2005) Detección precoz de la hipoacusia en el recién nacido. Anuario Pediátrico Barcelona, volumen (63) número (3) pp. 193-198.
  • Brooks, R., Singleton, J., Meltzoff, A. (2019) Enhanced gaze‐following behavior in Deaf infants of Deaf parents. Developmental Science, DOI: 10.1111/desc.12900
  • De la Paz, V., Miranda, M., Rojas, L. (1990). ¡Alumno Sordo Integrado!: Guía para profesores de educación general. Santiago: Universitaria.
  • Diaz, C., Goycoolea, M., Cardemil, F. (2016) Hipoacusia: Trascendencia, Incidencia y Prevalencia. Revista Médica Clínica Las Condes, volumen (27), número (6) Recuperado de: www.sciencedirect.com
  • Faletty, P. (2016) La Importancia de la Detección Temprana de la Hipoacusia. Revista Médica Clínica Las Condes, volumen (27) número (6) Recuperado de: www.sciencedirect.com
  • Mahmoudi, E., Basu, T., Langa, K., McKee, M., Zazove, P., Alexander, N., Kamdar, N. (2019) Can Hearing Aids Delay Time to Diagnosis of Dementia, Depression, or Falls in Older Adults? Journal of the American Geriatrics Society, DOI: 10.1111/jgs.16109
  • Monroy, C., Shafto, C., Castellanos, I., Bergeson, T., Houston, D. (2019) Visual habituation in deaf and hearing infants. PLOS ONE, volumen (14) número (2): DOI: 10.1371/journal.pone.0209265
  • Organización Mundial de la Salud (2019) Sordera y pérdida de audición. Sitio internacional OMS. Recuperado de: www.who.int
  • Vavatzanidis, N., Mürbe, D., Friederici, A., Hahne, A. (2018) Establishing a mental lexicon with cochlear implants: an ERP study with young children. Scientific Reports, volumen (8) número (1) DOI: 10.1038/s41598-017-18852-3
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

Artículos diarios sobre psicología, neurociencias y salud para profesionales, estudiantes y mentes inquietas

CONTENIDO RELACIONADO

R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.