Masturbación compulsiva: criterios e intervención

La masturbación se considera compulsiva cuando esta se percibe como incontrolable y entorpece el desempeño personal, laboral o social.

Por mucho tiempo, la cultura occidental consideró la masturbación como un hábito dañino y perverso debido a numerosos prejuicios morales y religiosos. Sin embargo, esta visión ha cambiado en las últimas décadas, considerando esta práctica como una conducta normal en el desarrollo de la sexualidad de cada individuo; asociándola incluso con efectos benéficos para la salud física y mental de mujeres y hombres (Arango, 2008). Aún así, como en todo hábito, su práctica en exceso puede ser el indicador de algún problema psicológico o emocional. Cuando la actividad masturbatoria interfiere con el funcionamiento cotidiano y es acompañada por la sensación de no poder controlar la conducta, es posible hablar de un caso de masturbación compulsiva.

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Distinguiendo entre masturbación y masturbación compulsiva

La masturbación se presenta cuando una persona toca o estimula sus propios órganos sexuales para procurarse placer (Arango, 2008). Existen muchos mitos alrededor de ella, relacionándola con todo tipo de trastornos mentales y físicos; por lo que a lo largo de los años se han desarrollado muy diversos ‘métodos antimasturbatorios‘ (Burgos, 2012). Algunos de estos fueron tan invasivos, que llegaron a sugerir la mutilación parcial o total de los genitales. En este sentido, es necesario aclarar que la masturbación no provoca daño alguno por sí misma, y que ha sido relacionada con efectos benéficos como el control del estrés, la optimización de la respuesta sexual o un mayor conocimiento y aceptación de los individuos en relación con su cuerpo (Arango, 2008).

Por otro lado, la masturbación compulsiva es una condición en donde la actividad masturbatoria entorpece el desempeño cotidiano de las personas, afectando su vida profesional y social, e interfiriendo en el cumplimiento de sus responsabilidades y en el desarrollo de sus relaciones interpersonales. Esta manifestación es acompañada por un sentimiento de no poder controlar dicha conducta, produciendo a su vez una sensación de malestar en los individuos que la padecen (Arango, 2008).

No es conveniente distinguir la masturbación compulsiva a partir del número de veces que una persona se masturba en un cierto periodo de tiempo, ya que la forma en que una mujer o un hombre interactúa con su cuerpo es una decisión personal (Arango, 2008). Además, condiciones como esta están definidas por el aspecto compulsivo de la práctica y no por la frecuencia de la misma (Kafka, 2010). Para algunas personas, la masturbación puede ser una vía práctica y común de desahogo sexual, mientras que otros individuos pueden estar luchando constantemente contra el impulso de masturbarse por largos periodos de tiempo.

¿Cuándo la masturbación se vuelve compulsiva?

Las personas que padecen esta condición suelen practicar la masturbación como principal descarga sexual, aún cuando se encuentren en una relación estable. Por lo general, no se presenta de manera aislada, experimentando además malestar y deterioro psicosocial.

Para algunos autores, la masturbación compulsiva es un tipo de trastorno hipersexual que puede identificarse por una serie de criterios específicos:

  • El tiempo empleado en esta práctica interfiere en la consecución de objetivos, la realización de actividades y la gestión de obligaciones importantes de tipo no sexual.
  • El involucrarse repetidamente en la conducta masturbatoria se hace en respuesta de emociones desagradables o molestas como la ansiedad, la depresión, el aburrimiento o la irritabilidad.
  • La masturbación constante surge como una reacción a situaciones estresantes en la vida del sujeto.
  • Se realizan frecuentes pero infructuosos esfuerzos por controlar o reducir la conducta masturbatoria.
  • La conducta masturbatoria se presenta aún a expensas del bienestar emocional o físico del sujeto o las personas que lo o la rodean.
  • Existe angustia significativa o deterioro en el área social, laboral, académica o cualquier otra dimensión importante para el sujeto, asociadas a la frecuencia e intensidad de la práctica masturbatoria.
  • El fenómeno se presenta por un mínimo de 6 meses.
  • Esta manifestación no es el resultado de una alteración fisiológica, un trastorno psiquiátrico o el efecto del consumo de alguna sustancia o medicamento.

(Kafka, 2010).

La masturbación compulsiva se encuentra asociada además con otros trastornos relacionados con las parafilias, destacándose en este aspecto: la dependencia o ‘adicción’ a la pornografía, la dependencia al sexo telefónico o virtual y la incompatibilidad grave del deseo sexual. Esta situación implica la valoración conjunta de estos padecimientos.

Reservas en el diagnóstico

Cabe señalar que la masturbación compulsiva no está reconocida formalmente como un trastorno psicológico específico por ningún organismo internacional de la salud. Sin embargo, ha sido estudiada tanto como una manifestación de hipersexualidad, una ‘adicción’ y un trastorno sexual no parafílico (Arango, 2008).

También es importante destacar que existen reservas en su diagnóstico, estableciendo que la masturbación compulsiva no debe ser reconocida bajo ciertas condiciones:

  • Individuos con altos niveles de interés sexual que no experimentan angustia o sentimiento de falta de control hacia la conducta masturbatoria.
  • Adolescentes con altos niveles de interés sexual, aun cuando la masturbación esté asociada a un sentimiento de angustia.
  • Cuando el sentimiento de angustia psicológica producido por la conducta masturbatoria es el resultado de juicios morales o un código religioso rígido.
  • En personas que se identifiquen como ‘adictos sexuales‘ sin realmente presentar criterios que los clasifiquen como tales.

(Kraus, et.al 2018).

¿Qué clase de trastorno es la masturbación compulsiva?

El término masturbación compulsiva evocaría en los lectores u oyentes algún tipo de relación directa con el trastorno obsesivo compulsivo. No obstante, este fenómeno no es otra más de las manifestaciones del TOC. Por el contrario, sólo una fracción de los sujetos con algún tipo de conducta sexual compulsiva -14%- pueden ser diagnosticados con este trastorno. Tal condición se debe a que los pacientes con TOC generalmente evitan las situaciones de riesgo, mientras que la conducta sexual compulsiva suele realizarse a pesar del peligro, o incluso, debido a él (Arango, 2008).

De esta forma, la ‘compulsión’ referida por el término masturbación compulsiva debe interpretarse en un sentido más amplio, aludiendo a una conducta sexual repetitiva que surge como un intento de reducir la ansiedad u otro sentimiento disfórico (Kafka, 2010).

Por otro lado, existe una corriente de investigación que considera la masturbación compulsiva como un fenómeno ‘adictivo‘. Interpretado de esta forma, el comportamiento sexual compulsivo surgiría como una estrategia elegida por el sujeto para aliviar algún tipo de dolor emocional (Romero, 2005). Sin embargo, este planteamiento popular se topa con un cuestionamiento fundamental: la sexualidad es una conducta apetitiva del ser humano regulada por aspectos biológicos, por lo que forma parte de un proceso natural que exige satisfacción en algún grado (Arango, 2008). Ante esta situación, la masturbación se presenta como un fenómeno de estudio mucho más complejo y diferente que el tabaquismo o la farmacodependencia.

Otra perspectiva retomada por diversos especialistas en el tema, es el considerar la masturbación compulsiva como un trastorno relacionado a las parafilias. Esto es, una conducta sexual tolerada socialmente expresada de manera excesiva (Arango, 2008). Es en esta corriente donde tienen lugar los criterios citados de esta condición como una manifestación de hipersexualidad.

Estrategias de intervención o tratamiento ante la masturbación descontrolada

Como ya se ha comentado, cuando las conductas sexuales interfieren con el bienestar de las personas que las practican, como en el caso de la masturbación compulsiva, existe la necesidad de algún tipo de atención clínica, con el fin de profundizar en las causas e intervenir ante este fenómeno.

El tratamiento farmacológico debe ser considerado con importantes reservas, ya que en el pasado se han practicado abusos en los sujetos afectados que han llegado al límite de la castración química. Por lo general, una atención psiquiátrica adecuada no se centra en el tratamiento de los síntomas evidentes, sino que prescribe medicamentos para los trastornos que originan la conducta compulsiva. Por ejemplo, el uso de ansiolíticos o antidepresivos para el tratamiento de trastornos del ánimo asociados (Arango, 2008).

Además, la atención de la masturbación compulsiva requiere el seguimiento de un tratamiento integral que incluya algún tipo de abordaje psicoterapéutico. Existen distintas modalidades terapéuticas que pueden responder a las necesidades particulares de cada caso. Entre ellas encontramos, el enfoque cognitivo conductual, la terapia de grupo, la terapia familiar o marital y la terapia sexual (Arango, 2008). La elección de estos enfoques deberá depender de la gravedad del caso y de las áreas deterioradas por la conducta compulsiva. El objetivo principal de cualquier intervención es evitar la patologización de la práctica y centrarse en el descubrimiento de las causas del problema. De esta forma, será posible establecer un proceso de recuperación que ayude a los afectados a llevar una vida sexual plena y gratificante, además de atender los diferentes problemas emocionales que los lleva a enfrentar la ansiedad de esta forma tan particular.

Referencias:

  • Arango, I. (2008) Sexualidad Humana. Ciudad de México, México. Manual Moderno. Recuperado de: biblioteca.unipac.edu.mx
  • Burgos, G. (2012) La masturbación. Barcelona, España. Editorial De Vecchi.
  • Kafka, M. (2010) Hypersexual Disorder: A Proposed Diagnosis for DSM-V. Archive of Sexual Behavior, volumen (39) , p.p. 377- 400. Recuperado de: citeseerx.ist.psu.edu
  • Kraus, S., Krueger, R., Briken, P., First, M., Stein, D., Kaplan, M., Voon, V., Abdo, C., Grant, J., Atalla, E., Reed, G. (2018) Compulsive sexual behaviour disorder in the ICD-11. World Psychiatry, volumen (17), número (1). Recuperado de: www.ncbi.nlm.nih.gov
  • Romero, M. (2005) Adicción Sexual y Trauma Temprano. [Documento PDF] Recuperado de: www.researchgate.net
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.