Neuromitos: 10 mitos sobre la mente y el cerebro

Te presentamos el ranking de los 10 mitos más populares sobre la mente y el cerebro humano: Sentidos, inteligencia, aprendizaje y mucho más.

Desde que el ser humano comenzó a cuestionarse el funcionamiento del cuerpo y de su cerebro, surgieron muchas hipótesis, que poco a poco fueron comprobadas o desmentidas. Muchas de ellas, a pesar de no ser acertadas, se han convertido en mitos populares, que a día de hoy se siguen transmitiendo. Analizamos los 10 mitos más famosos sobre la mente y el cerebro humano.

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1. El cerebro alcanza su plenitud de desarrollo al inicio de la edad adulta y se mantiene desde entonces sin cambios

Falso. Uno de los mitos más comunes sobre el cerebro. A pesar que se ha pensado que una vez el cerebro termina de desarrollarse ya no se presentan cambios; actualmente sabemos que el sistema nervioso es capaz de regenerarse, incluso en la vejez. Si bien muchas neuronas se generan antes del nacimiento y no se modifican, constantemente se generan nuevas neuronas -neurogénesis-, y se establecen nuevas conexiones. Este proceso neurogénico permanece activo en áreas específicas del sistema nervioso, denominadas nichos neurogénicos, que permiten el reemplazo neuronal. Una de las zonas en las que se han encontrado estos nichos es en el hipocampo, abriendo posibilidades para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer (Navarro-Quiroz, et.al, 2018). 

2. La inteligencia está relacionada con el tamaño del cerebro

Falso. A pesar que se ha intentado correlacionar el tamaño del cerebro con funciones cognitivas, y en especial con la inteligencia, las investigaciones no han hallado correlaciones significativas entre la inteligencia, el tamaño de la masa encefálica, los genes y la estimulación ambiental, teniendo estos dos últimos factores una influencia importante en el desarrollo de las habilidades cognitivas.

Muchos de los resultados de las investigaciones que buscan correlacionar el tamaño del cerebro con el cociente intelectual no son fiables, dado que esta es un abordaje que ignora muchas de las formas en que se manifiesta la inteligencia; y no logran relacionar factores como la edad o la calidad de vida. Además, no podemos pasar por alto que más allá del tamaño, lo importante en el cerebro son las conexiones neuronales y la calidad de estas en las diferentes áreas (Solís, 2016).   

3. El ser humano tiene 5 sentidos 

Falso. Seguro que usaste la expresión sobre tus 5 sentidos en este último mes. Es un clásico dentro de los mitos sobre el cerebro humano que nace de la falta de información. Tradicionalmente, se nos ha enseñado que tenemos 5 sentidos; gusto, olfato, tacto, oído y vista, posiblemente porque es fácil ubicar los órganos correspondientes. Sin embargo, el ser humano cuenta con 2 sentidos más, adicionales a los mencionados. Tenemos el sentido vestibular, que se encuentra en el oído interno y se relaciona con el equilibrio, la posición corporal, la orientación de la cabeza y la estabilización de la mirada. También tenemos el sentido de propiocepción, que podríamos definir como el ‘sentido motor’. El sentido propioceptivo se relaciona con la posición de las diferentes partes del cuerpo entre sí y permite su acción coordinada y efectiva. Este sentido contempla las sensaciones como el dolor, la temperatura, los cambios en postura, cambios articulares y velocidad de movimiento, entre otros (Aivar, et. al, s.f.). 

4. La música de Mozart contribuye al desarrollo cerebral 

Discutible. En 1993, Rauscher y colabores publicaron un artículo en el que afirmaban que tras exponer a un grupo de estudiantes a música de Mozart, el CI de estos había aumentado en 8 puntos. Tras esta publicación, múltiples investigadores intentaron replicar los resultados, y aunque algunos encontraron un pequeño aumento en el rendimiento espacio temporal -con pruebas de la escala Stanford-Binet-, muchos no encontraron cambios significativos. Por otra parte, estudios realizados por electroencefalografía indican que es posible que la música de Mozart pueda activar circuitos neuronales relacionados con la atención, en personas de diferentes edades.

Sin embargo, en el 2010, investigadores de la facultad de psicología de la Universidad de Viena realizaron un mataanálisis sobre el efecto Mozart, concluyendo que realmente no se generan cambios significativos. No obstante, algunos estudios han encontrado que la música de Mozart, en especial la sonata K448, tiene un efecto importante en la disminución de crisis epilépticas, efectos que han sido replicados en niños con encefalopatía epiléptica resistente a fármacos asociada con parálisis cerebral, y en niños con epilepsia refractaria (Almedral, 2018).

5. Sólo usamos el 10% de nuestro cerebro

Falso. Posiblemente estemos ante ‘el rey’ de los mitos sobre el cerebro. Aunque es uno de los mitos más conocidos, los avances en neurociencia han demostrado que para que el ser humano sea funcional en todas sus áreas, es necesario que su cerebro funcione en su totalidad. Es posible que esta teoría haya nacido de posturas localizacionistas y de su necesidad de especificar con exactitud para qué sirve cada área del cerebro. Sin embargo, en la actualidad está claro que, aunque no sepamos la función de determinadas áreas con exactitud, sabemos que participan en las actividades del día a día. Además, el cerebro está interconectado entre sí; es decir, para llevar a cabo una actividad, es necesario que se coordinen muchas áreas cerebrales, y que la información viaje tanto intra como inter hemisferios. 

6. Las personas mayores pueden desarrollar demencia senil 

Falso. Es posiblemente uno de los mitos sobre el cerebro que más ha calado entre profesionales de la salud. Se acuñó el término ‘demencia senil’ debido a la concepción que las demencias aparecen a una edad avanzada, o cuando aún no se ha llegado a un diagnóstico y tal vez la gravedad de los síntomas no es tan significativa. Sin embargo, el uso de este término es peyorativo y puede llevar a pensar que la demencia es algo normal a lo que todos vamos a llegar; y esto además genera que muchas personas no reciban ni el diagnóstico, ni el tratamiento adecuado.

No existen criterios diagnósticos para la ‘demencia senilpor lo tanto, no se puede usar como una unidad diagnóstica, y por esto mismo, no existe un tratamiento; lo cual genera un panorama desalentador, tanto para los pacientes como su familia (Cruz-Jentoft, 2007).  

7. Las experiencias vividas de los 0 a 3 años determinan el futuro de los individuos

Discutible. Lo lamentamos por quienes defienden el psicoanálisis freudiano. Si abordamos este mito desde la formación de recuerdos, es rotundamente falso, debido a que el hipocampo; estructura fundamental para el almacenamiento de información, termina de desarrollarse hacia los 3 años de edad. Por este motivo no recordamos nuestro nacimiento, cuando aprendimos a caminar, ni nuestras primeras fiestas de cumpleaños.

El cerebro comienza su proceso de desarrollo desde el vientre materno y continúa después del nacimiento, por lo que la estimulación desde los primeros días de vida es fundamental para un adecuado desarrollo y adquisición de habilidades. De igual manera, el sistema nervioso es muy vulnerable a efectos adversos, los cuales pueden producir alteraciones en la plasticidad cerebral, y por lo tanto en el aprendizaje y el desarrollo; lo cual es evidente en niñas y niños maltratados. No obstante, lo ocurrido en esos 3 primeros años de vida es modificable, tanto de forma positiva como negativa; y durante toda la vida, los cambios cerebrales están presentes, pues es lo que nos permite aprender y adaptarnos (Amores-Villalba, 2017).     

8. Aprender a tocar un instrumento musical incrementa la inteligencia  

Discutible. Está comprobado que aprender a tocar un instrumento musical genera cambios corticales. Para poder hacer música, se deben interconectar muchos sistemas cerebrales, pues es necesario leer una partitura, realizar movimientos específicos, mantener activas la atención y la memoria, identificar diferentes tonos, y hasta improvisar -creatividad y solución de problemas-. En algunos estudios, se ha encontrado que el cuerpo calloso es significativamente más grande en músicos que en personas sin entrenamiento musical; lo cual está asociado con facilidad para el tránsito de información entre los hemisferios, es decir, mayor velocidad de procesamiento. Lo mismo ocurrió con el tamaño del cerebelo y la corteza sensoriomotora. A nivel cognitivo se han observado mejores resultados en pruebas de control motor y tareas melódico- rítmicas. Esto quiere decir que aprender a tocar un instrumento musical favorece varias funciones cognitivas perdurables en el tiempo, sin embargo, es fundamental tener presente que las distintas habilidades cognitivas no son lo mismo que la inteligencia, por lo tanto, las habilidades musicales no influyen directamente sobre el coeficiente intelectual (Custodio y Cano-Campos, 2017). 

9. El cerebro femenino y el cerebro masculino son diferentes 

Verdadero. Efectivamente, desde el desarrollo, las hormonas sexuales juegan un papel fundamental en el desarrollo cerebral, pero, ¡ojo! esto no se traduce en cambios en habilidades, capacidades o competencias. En estudios neuropsicológicos se ha encontrado que las mujeres presentan resultados superiores a nivel de velocidad perceptiva, fluidez en la ideación, fluidez verbal fonológica, junto con motricidad fina y cálculo matemático. Por su parte, los hombres sobresalen a nivel tareas visoespaciales, precisión y puntería, y razonamiento lógico-matemático. Sin embargo, las experiencias vitales, los aprendizajes, así como la estimulación, nutrición y acceso a la educación, juegan un papel fundamental en el desarrollo del cerebro; algo que se aleja completamente del sexo (García, 2003), y es donde entrarían los condicionantes de género -las atribuciones socioculturales que se realizan en función del sexo biológico-. A pesar de esto, es fundamental tener presente que estos estudios suelen hacerse en personas cisgenero; lo cual deja por fuera personas trans e intersexuales, cuyos resultados pueden aportar mucho, tanto a nivel de funcionamiento cerebral como social.     

10. El alcohol mata neuronas 

Verdadero. A pesar de ser legal, el alcohol se considera una sustancia psicoactiva que tiene un efecto nocivo sobre el organismo y está asociado con múltiples patologías en todos los órganos y los sistemas. A nivel del sistema nervioso central, puede causar atrofia cerebelosa y cerebral, encefalopatías y daños en el feto. Es una sustancia liposoluble e hidrosoluble, lo cual le permite atravesar fácilmente la membrana celular, y una vez dentro; afecta el potencial de acción de las células nerviosas, es decir, dificulta el tránsito de información, y finalmente, puede ocasionar muerte neuronal. En pacientes alcohólicos, se ha reportado un daño selectivo entre el 15% al 23% de grupos neuronales específicos, entre los que se encuentran neuronas piramidales hipocampales, células de Purkinje en el cerebelo y el lóbulo frontal. Estudios neuropsicológicos han encontrado un deterioro cognitivo en pacientes alcohólicos que afecta la memoria, atención, velocidad de procesamiento, habilidades visoespaciales y funciones ejecutivas; y a nivel cerebeloso, alteraciones motoras (Schlesinger, Pescador y Roa, 2017). 

Conclusiones

Como puedes ver, la mente, el cerebro y en general el funcionamiento del ser humano, son objeto de multiplicidad de creencias y mitos; muchos de ellos infundados o sin base científica. Las ciencias evolucionan cada día y, en ocasiones, lo que pudo ser un hallazgo puntual sin contrastar, pasa al imaginario colectivo como una verdad absoluta; aunque lleve años desmentido. Más allá del lado anecdótico, los mitos sobre la mente y el cerebro, y especialmente sus denotaciones, pueden llegar a tener consecuencias negativas y han servido históricamente para perpetuar y justificar guerras, masacres, discriminación y violencia.

Referencias

  • Aivar, P., Gómez, L., Maiche, A., Moreno, A., y Travieso, D. (s.f). Sistemas sensoriales y motores. Universitat Oberta de Catalunya.
  • Almedral, 2018. Mitos y realidades del efecto Mozart. Rev Pediatr Aten Primaria, 20 (1), 83-88.
  • Amores-Villalba, A. (2017). Revisión de la neuropsicología del maltrato infantil: la neurobiología y perfil neuropsicológico de las víctimas de abuso en la infancia. Psicología educativa, 23 (2), 81-88
  • Cruz-Jentoft, A. J. (2007). No diga “demencia senil”. El médico de Atención Primaria ante la demencia. Medicina de familia, 33 (6), 279-281.
  • Custodio, N., y Cano-Campos, M. (2017). Efectos de la música sobre las funciones cognitivas. Rev Neuropsiquiatr, 80 (1), 60-69.
  • García, E. (2003). Neuropsicología y Género. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 23 (86), 7-19.
  • Navarro-Quiroz, E., Navarro-Quiroz, R., España-Puccini, M. A., Díaz-Pérez, A., Villarreal, J. L., Vázquez, L., y Torres, A. (2018). Neurogénesis en cerebro adulto. Salud Uninorte, 34 (1), 144-159.
  • Schlesinger, A., Pescador, B., y Roa, L. A. (2017). Neurotoxicidad Alcohólica. Revista Med, 25 (1), 87-101.
  • Solís, P. J. (2016). La relación entre el tamaño del cerebro y las funciones cognitivas en el homo sapiens. Acta Académica, 58 (1), 225-242.
Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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