Principio de parsimonia en psicología

El principio de parsimonia es tan útil en psicología como en cualquier otra disciplina científica. Para aplicarlo de manera adecuada es necesario conocer su verdadero significado.

En términos muy generales, el llamado principio de parsimonia sugiere que, ante un problema, la respuesta más sencilla suele ser la correcta. Esta regla es un recurso muy útil en la toma de decisiones, tanto en la vida cotidiana, como en muchos campos de la ciencia. De esta forma, el principio de parsimonia se considera una herramienta igualmente valiosa para el desarrollo de una disciplina como la psicología. No obstante, la simplificación de este precepto puede dar lugar a muchos errores y malentendidos en el estudio de la conducta y los fenómenos cognitivos, si no se comprende su verdadera esencia. Debido a ello, es importante analizar el verdadero significado que encierra este principio, así como la forma particular en la que puede aplicarse en la investigación psicológica.

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¿Qué es el principio de parsimonia?

El principio de parsimonia, mejor conocido como ‘la navaja de Ockham’, es un principio metodológico que recomienda la predisposición a la simplicidad en la construcción de teorías. Este precepto es atribuido al filósofo y teólogo inglés del siglo XIV Guillermo de Ockham, cuyo trabajo se caracterizó por la defensa del discurso racional sobre la especulación metafísica (Audi, 2004).

El también conocido como principio de economía se sintetiza comúnmente en la siguiente propuesta: ‘en igualdad de condiciones, la respuesta más simple suele ser la más acertada’. Dicha noción acostumbra traducirse en el lema: ‘no han de multiplicarse las entidades sin necesidad’. Sin embargo, Ockham fue quien desarrolló esta postura, ya que él proponía que el principio de parsimonia limitaba el número de hipótesis, y no necesariamente las entidades (Audi, 2004).

La simplicidad a la que este principio alude ha sido interpretada en distintos parámetros dentro y fuera de la ciencia; los cuales van desde los tipos de entidades, al número de axiomas propuestos (Audi, 2004). No obstante, la esencia de esta propuesta radica en priorizar las explicaciones más sencillas de entre todas las posibles (López, Baniandrés, 2013).

Es posible extraer un ejemplo cotidiano del trabajo policial: Si una persona es encontrada muerta en su casa cerrada con signos de haber sido asesinada, la explicación más simple es que haya sido atacada por algún conocido, y no por un extraño. Aunque no es imposible que algún criminal haya entrado por la ventana, perpetuado el crimen y salido por la puerta; la teoría del asesino conocido no es solo la más simple y estadísticamente probable, sino, además, la más fácil de comprobar o refutar.

El principio de parsimonia en la ciencia

El principio de parsimonia se aplica a muchos campos de la ciencia. Dentro del estudio científico, este precepto propone que, si hemos de elegir entre dos teorías para explicar un conjunto de hechos, en igualdad de condiciones, debemos preferir la teoría que implique un menor número de supuestos o condiciones de partida. Cuando ambas teorías son igual de simples, seleccionaremos aquella que explique un mayor número de fenómenos (Pérez, et.al 2017).

La simplicidad propuesta por el principio de parsimonia es frecuentemente vista como una cualidad que debe definir a la ciencia. La navaja de Ockham a menudo se esgrime contra teorías metafísicas que implican un aparato ontológico supuestamente superfluo. Por ejemplo, los materialistas sobre la mente pueden usar el principio de economía contra el dualismo, sobre la base de que el dualismo postula una categoría ontológica extra para los fenómenos mentales. En este sentido, el objetivo de apelar a la simplicidad parecería estar más relacionado con disminuir la carga de pruebas y menos con refutar por completo la teoría más compleja (Baker, 2022).

Navaja de Ockham en psicología

Frecuentemente, el principio de parsimonia se utiliza en psicología para optar por la descripción más sencilla de los procesos subyacentes a una tarea (López, Baniandrés, 2013). Por ejemplo, es más probable que una niña que se niega a comer una rebanada de pastel en la fiesta de su amiga, lo haga porque no le gusta el sabor o porque se siente llena (ambas, respuestas a percepciones actuales), a que actúe de esa manera como una forma de manifestar su enojo en contra de la festejada (una respuesta que involucraría un gran número de procesos y suposiciones).

Es importante destacar que la psicología y las neurociencias aún no han logrado establecer de manera definitiva el desarrollo, naturaleza y función de las facultades cognitivas. Debido a esto, muchos conceptos dentro de la psicología son el producto de teorías que aún no son comprobadas o se encuentran en proceso de estudio. Ante esta situación, el principio de parsimonia surge como una herramienta útil para el desarrollo de la investigación psicológica como disciplina científica, ya que permite a los profesionales enfocarse y partir de aquellos procesos cuya simplicidad los hace evidentes.

Las dificultades de aplicar el principio de parsimonia en la psicología

La aplicación del principio de parsimonia en psicología se enfrenta con un obstáculo importante. Sobre todo, en el estudio de las facultades cognitivas. Este consiste en que la falta de criterios objetivos sobre por qué un proceso mental es más sencillo que otro, puede llevar a que este uso sea intuitivo y sesgado (López, Baniandrés, 2013). En primer lugar, no existe un consenso en la ciencia sobre la naturaleza de muchos procesos cognitivos. Por ejemplo, nuevos descubrimientos en neurociencia cada día hacen mayores avances en identificar las estructuras y caminos neuronales relacionados con facultades como la percepción, la memoria o el razonamiento matemático, pero aún no existe una respuesta definitiva sobre la naturaleza, origen o incluso relación de estas habilidades a nivel biológico y psicológico.

Basados en el hecho anterior, sería apresurado suponer que un niño de tres años reconoce que le falta uno de sus 10 soldados de juguete, porque el montón que observa es más pequeño; y no porque reconozca la figura ausente, o porque los haya contado. ¿Qué proceso involucrado aquí es el más simple, o se desarrolla de manera más independiente de los otros?

Por otro lado, cuando la propia definición de sencillez es ambigua, suele realizarse una aproximación al concepto según los conocimientos y sesgos de cada autor que lo formula. Esta estrategia puede afectar a las conclusiones, así como generar sesgos posteriores en aquellas personas expuestas a los resultados (López, Baniandrés, 2013). Un ejemplo de esto puede observarse en la afirmación de que el autoconcepto es un producto del condicionamiento, debido a que este proceso es más fácilmente manejable y mensurable. En este caso, la sencillez no caracterizaría a las facultades estudiadas, sino a nuestra propia capacidad para diseñar experimentos eficaces para estudiarlas.

¿Cómo aplicar el principio de parsimonia a la psicología?

Como toda ciencia, la psicología busca reducir al mínimo la cantidad de principios explicativos necesarios para comprender sus objetos de estudio. No obstante, dadas las múltiples formas en que estas dimensiones se expresan y lo difícil que es acceder a la esencia de las mismas, cualquier tipo de síntesis teórica suele presentarse como una generalización arbitraria. En este sentido, es necesario aclarar que el principio de parsimonia en psicología no implica la sobre-simplificación de los fenómenos de estudio. Por el contrario, este enfoque solo propone que la naturaleza es simple hasta que no se demuestre lo contrario. Esto es, que es necesario buscar en primer lugar la explicación más sencilla posible, sin recurrir a principios nuevos, a no ser que la experimentación nos demuestre que es estrictamente necesario (Pérez, et.al 2017).

Una alternativa para integrar el principio de parsimonia a la investigación en psicología de manera efectiva, puede consistir en definir parámetros claros que jerarquicen el nivel de sencillez de los procesos. Esto implicaría abandonar la creencia de que algo es más sencillo solo porque es más fácil observarlo o medirlo (López, Baniandrés, 2013).

La búsqueda de esta jerarquía puede obedecer a criterios como la antigüedad evolutiva, las relaciones de interdependencia con otros procesos, o el tipo de activación cerebral que provoca. Con esta medida no se pretende encontrar valores universalmente aceptables, sino lograr que cada autor defina claramente los criterios que utiliza. Con ello se daría a conocer el sesgo que puede existir en la interpretación de las situaciones experimentales, permitiendo así el análisis crítico de los resultados (López, Baniandrés, 2013).

Referencias:

  • Audi, R. (2004). Diccionario Akal de Filosofía. Madrid, España. Ediciones Akal S. A. [Documento PDF]
  • Baker, A. (2022). Simplicity. The Stanford Encyclopedia of Philosophy. plato.stanford.edu
  • López, C., Baniandrés, N. (2013). El principio de parsimonia en la ciencia cognitiva actual: Riesgos y soluciones. Ciencia cognitiva, volumen (7), número (2), pp. 28-30. cienciacognitiva.org
  • Pérez, V., Gutiérrez, M., García, A., Gómez, J. (2017). Procesos Psicológicos Básicos: Un análisis funcional. Madrid, España. Universidad Nacional de Educación a Distancia. conductitlan.org.mx

Créditos imagen de portada: Photo by Ketut Subiyanto from Pexels

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.