Relación entre el ejercicio físico y la salud mental

De acuerdo a diversos estudios, el ejercicio físico tiene una gran influencia en la conservación y tratamiento de la salud mental.

La relación entre el ejercicio físico y la salud mental es un tema de creciente interés en la comunidad científica, ya que se ha demostrado que la actividad física regular no solo mejora el estado de ánimo, sino que también contribuye a la prevención y el manejo de diversos trastornos mentales. En este sentido, estudios recientes sugieren que el ejercicio físico puede reducir síntomas de ansiedad, depresión y estrés, además de mejorar la cognición y el bienestar emocional (Smith, Merwin, 2021). Este vínculo se explica a través de mecanismos biológicos, psicológicos y sociales que interactúan para promover un estado mental saludable. Además, la actividad física fomenta la socialización y el sentido de pertenencia, aspectos clave para la salud mental.

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A medida que la sociedad enfrenta un aumento en los problemas de salud mental, comprender cómo el ejercicio físico puede ser una herramienta complementaria en el cuidado de la salud mental se vuelve esencial. Debido a esto, a continuación, se explorarán los procesos biológicos involucrados, las investigaciones científicas más relevantes y el papel del ejercicio físico en la conservación de la salud mental, así como su uso en el tratamiento de trastornos mentales y las exageraciones que han surgido en torno a este tema.

¿Cómo influye el ejercicio físico en el estado de ánimo?

El ejercicio físico influye en la salud mental a través de diversos mecanismos biológicos. Uno de los más estudiados es la liberación de endorfinas, neurotransmisores que actúan como analgésicos naturales y generan una sensación de bienestar (Boecker et al., 2008). Estas sustancias, conocidas como ‘hormonas de la felicidad’, se liberan durante y después del ejercicio, lo que explica la sensación de euforia que muchas personas experimentan tras una sesión de actividad física intensa. Además, el ejercicio físico promueve la producción de serotonina y dopamina, neurotransmisores asociados con la regulación del estado de ánimo y la reducción del estrés (Lin, Kuo, 2013). La serotonina, en particular, juega un papel crucial en la estabilización del humor y la prevención de la depresión.

Otro mecanismo importante es la neurogénesis, proceso mediante el cual se generan nuevas neuronas en el hipocampo, una región del cerebro vinculada a la memoria y las emociones. En este sentido, estudios han demostrado que el ejercicio físico aumenta los niveles del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que favorece la plasticidad neuronal y protege contra el deterioro cognitivo (Cotman, Berchtold, Christie, 2007). Asimismo, el ejercicio físico reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que contribuye a una menor incidencia de trastornos relacionados con el estrés crónico (Hamer, Endrighi, Poole, 2012).

Estos procesos biológicos explican por qué el ejercicio físico no solo mejora el estado de ánimo, sino que también fortalece la resiliencia mental. Además, el ejercicio físico mejora la circulación sanguínea y la oxigenación del cerebro, lo que favorece un funcionamiento cognitivo óptimo y reduce el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Estudio de la relación entre ejercicio físico y salud mental

Numerosas investigaciones han explorado la influencia del ejercicio físico en la salud mental. Por ejemplo, un estudio longitudinal analizó datos de más de 1.2 millones de personas y encontró que aquellos y aquellas que realizaban ejercicio físico regularmente reportaban menos días de mala salud mental al mes en comparación con quienes no hacían ejercicio. Este estudio destacó que los deportes de equipo, el ciclismo y las actividades aeróbicas eran particularmente efectivos para mejorar el bienestar mental (Chekroud, 2018).

Así mismo, otro estudio meta-analítico concluyó que el ejercicio físico es efectivo para reducir los síntomas de depresión, independientemente de la edad o el género. Los investigadores encontraron que tanto el ejercicio aeróbico como el de resistencia tenían efectos positivos, aunque el primero mostró resultados más consistentes (Schuch et al., 2018). Además, otras investigaciones han demostrado que el ejercicio físico puede ser tan efectivo como la terapia farmacológica en el tratamiento de la depresión leve a moderada (Cooney et al., 2013). Por otro lado, en el ámbito de la ansiedad, un estudio encontró que el ejercicio aeróbico reduce significativamente los síntomas de ansiedad en pacientes con trastornos de ansiedad generalizada (Herring, O’Connor, Poole, 2012).

Estos hallazgos respaldan la idea de que el ejercicio físico no solo es beneficioso para la salud física, sino también para la salud mental. Además, estudios recientes han explorado el impacto del ejercicio físico en poblaciones específicas, como adolescentes y adultos mayores, encontrando que la actividad física regular puede prevenir el desarrollo de trastornos mentales en estas etapas críticas de la vida.

El papel del ejercicio físico en la conservación de la salud mental

El ejercicio físico juega un papel crucial en la conservación y el cuidado de la salud mental. La actividad física regular actúa como un factor protector contra el desarrollo de trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad. Según un estudio, las personas que realizan ejercicio físico de manera constante tienen un menor riesgo de desarrollar depresión a lo largo de su vida. Este efecto protector se debe en parte a la capacidad del ejercicio físico para regular los niveles de neurotransmisores y reducir la inflamación crónica, un factor asociado con varios trastornos mentales (Mammen, Faulkner, 2013).

Además, el ejercicio físico fomenta la socialización y el sentido de pertenencia, aspectos que son fundamentales para la salud mental. Por ejemplo, participar en deportes de equipo o clases grupales de ejercicio puede reducir el aislamiento social, un factor de riesgo para problemas de salud mental (Eime et al., 2013). También se ha observado que el ejercicio físico mejora la autoestima y la autoconfianza, lo que contribuye a un mayor bienestar psicológico (Fox, 1999).

En resumen, el ejercicio físico no solo previene problemas de salud mental, sino que también promueve un estado de bienestar emocional y social. Además, el ejercicio físico puede ser una herramienta valiosa para manejar el estrés diario, ya que proporciona una salida saludable para liberar tensiones y mejorar la capacidad de afrontamiento.

Ejercicio físico como medida complementaria en el tratamiento de trastornos mentales

El ejercicio físico se ha posicionado como una medida complementaria efectiva en el tratamiento de diversos trastornos mentales.

En el caso de la depresión, el ejercicio físico ha demostrado ser una intervención no farmacológica que puede reducir los síntomas y mejorar la calidad de vida de las y los pacientes (Kvam et al., 2016). En este sentido, los estudios sugieren que el ejercicio aeróbico, como correr o nadar, es particularmente efectivo para aliviar los síntomas depresivos. Así mismo, para los trastornos de ansiedad, el ejercicio físico ayuda a reducir la hiperactividad del sistema nervioso simpático, lo que disminuye los síntomas de ansiedad (Anderson, Shivakumar, 2013).

En pacientes con esquizofrenia, el ejercicio físico ha mostrado mejorar la cognición y reducir los síntomas negativos, como la apatía y el aislamiento social (Firth et al., 2015). Además, el ejercicio físico es una herramienta valiosa en el manejo del estrés postraumático, ya que ayuda a regular las respuestas emocionales y fisiológicas al estrés (Rosenbaum et al., 2015). Aunque el ejercicio físico no debe reemplazar los tratamientos convencionales, su integración en los planes de tratamiento puede potenciar los resultados terapéuticos. Por ejemplo, en combinación con la terapia cognitivo-conductual, el ejercicio físico puede acelerar la recuperación y mejorar la adherencia al tratamiento.

Exageraciones sobre la influencia del ejercicio físico en la salud mental

A pesar de los beneficios comprobados del ejercicio físico en la salud mental, es importante abordar las exageraciones y prácticas pseudocientíficas que han surgido en torno a este tema. Algunos medios y gurús de la salud han promovido la idea de que el ejercicio físico puede ‘curar’ completamente trastornos mentales graves, como la depresión mayor o el trastorno bipolar, lo cual no está respaldado por la evidencia científica (Stubbs et al., 2018). Además, se ha comercializado el ejercicio físico como una solución rápida y única para problemas de salud mental, ignorando la complejidad de estos trastornos y la necesidad de un enfoque multidisciplinario. Por ejemplo, programas de ejercicio físico mal diseñados o excesivamente intensos pueden generar estrés adicional y empeorar los síntomas en lugar de mejorarlos.

Dado lo anterior, es crucial que las y los profesionales de la salud y los medios comuniquen de manera responsable los beneficios del ejercicio físico, evitando simplificaciones y promoviendo un enfoque equilibrado y basado en la evidencia. Además, es importante reconocer que el ejercicio físico no es una panacea y que su efectividad varía según el individuo y el contexto. Por lo tanto, se debe fomentar un enfoque personalizado y supervisado por profesionales de la salud.

Referencias:

  • Anderson, E., Shivakumar, G. (2013). Effects of exercise and physical activity on anxiety. Frontiers in Psychiatry, volumen (4), número (27). pmc.ncbi.nlm.nih.gov
  • Boecker, H., Sprenger, T., Spilker, M., Henriksen, G., Koppenhoefer, M., Wagner, K., Valet, Berthele, A., Tolle, T. (2008). The runner’s high: Opioidergic mechanisms in the human brain. Cerebral Cortex, volumen (18), número (11), pp. 2523-2531. researchgate.net
  • Chekroud, S., Gueorguieva, R., Zheutlin, A., Paulus, M., Krumholz, H., Krystal, J., Chekroud, A. (2018). Association between physical exercise and mental health in 1.2 million individuals in the USA between 2011 and 2015: A cross-sectional study. The Lancet Psychiatry, volumen (5), número (9), pp. 739-746. thelancet.com
  • Cooney, G., Dwan, K., Greig, C., Lawlor, D., Rimer, J., Waugh, F., McMurdo, M., Mead, G. (2013). Exercise for depression. Cochrane Database of Systematic Reviews, volumen (9), CD004366. cochranelibrary.com
  • Cotman, C., Berchtold, N., Christie, L. (2007). Exercise builds brain health: Key roles of growth factor cascades and inflammation. Trends in Neurosciences, volumen (30), número (9), pp. 464-472. researchgate.net
  • Eime, R., Young, J., Harvey, J., Charity, M., Payne, W. (2013). A systematic review of the psychological and social benefits of participation in sport for adults: Informing development of a conceptual model of health through sport. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, volumen (10), número (135). ijbnpa.biomedcentral.com
  • Firth, J., Stubbs, B., Rosenbaum, S., Vancampfort, D., Malchow, B., Schuch, F., Elliott, R., Nuechterlein, K., Yung, A. (2015). Aerobic exercise improves cognitive functioning in people with schizophrenia: A systematic review and meta-analysis. Schizophrenia Bulletin, volumen (41), número (5), 1246-1257. academic.oup.com
  • Fox, K. (1999). The influence of physical activity on mental well-being. Public Health Nutrition, volumen (2), pp. 411-418. cambridge.org  
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  • Herring, M., O’Connor, P., Dishman, R. (2010). The effect of exercise training on anxiety symptoms among patients: A systematic review. Archives of Internal Medicine, volumen (170), número (4), pp. 321-331. jamanetwork.com
  • Kvam, S., Likkedrang, C., Nordhus, I., Hovland, A. (2016). Exercise as a treatment for depression: A meta-analysis. Journal of Affective Disorders, volumen (202), pp. 67-86. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  • Lin, T., Kuo, Y. (2013). Exercise benefits brain function: The monoamine connection. Brain Sciences, volumen (3), número (1), pp. 39-53. mdpi.com
  • Mammen, G., Faulkner, G. (2013). Physical activity and the prevention of depression: A systematic review of prospective studies. American Journal of Preventive Medicine, volumen (45), número (5), pp. 649-657. researchgate.net
  • Rosenbaum, S., Vancampfort, D., Steel, Z., Newby, J., Ward, P., Stubbs, B. (2015). Physical activity in the treatment of post-traumatic stress disorder: A systematic review and meta-analysis. Psychiatry Research, volumen (230), número (2), pp. 130-136. sciencedirect.com
  • Schuch, F., Vancampfort, D., Firth, J., Rosenbaum, S., Ward, P., Silva, E., Hallgren, M., Ponde de León, A., Dunn, A., Deslandes, A., Fleck, M., Carvalho, A., Stubbs, B. (2018). Physical activity and incident depression: A meta-analysis of prospective cohort studies. American Journal of Psychiatry, volumen (175), número (7), pp. 631-648. psychiatryonline.org
  • Stubbs, B., Vancampfort, D., Rosenbaum, S., Firth, J., Cosco, T., Veronese, N., Salum, G., Schuch, F. (2018). An examination of the anxiolytic effects of exercise for people with anxiety and stress-related disorders: A meta-analysis. Psychiatry Research, volumen (249), pp. 102-108. researchgate.net 

Créditos de imagen de portada: Foto de Mikhail Nilov

Fran González
Fran González
Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).

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Director y fundador de Mente y Ciencia. Psicólogo Online en Ítaca Psicología. Graduado en Psicología. Máster en Psicología General Sanitaria. Profesor colaborador en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Responsable del Grupo de Trabajo de Psicología Basada en la Evidencia en el Colegio Oficial de Psicología (COP-AO).