Condicionamiento operante o instrumental de Skinner

El condicionamiento operante se da cuando los hechos son resultado directo de la conducta del sujeto; desarrollándose esta por los efectos que produce.

Desde su nacimiento y constitución a inicios del siglo XX, el conductismo ha generado tanto adeptos entusiastas como detractores fervientes -a consecuencia de desinformación científica, de ideas equivocadas y simplificaciones groseras (Ramírez, 2021)-. Los conductismos -en plural, ya que existen más de 14 variedades (Ramírez, 2021)- conforman una de las corrientes más importantes en la historia de la psicología, y posiblemente la que más atención ha brindado al desarrollo de un método sistemático de investigación de la conducta; esto es el estudio experimental objetivo y natural de la conducta. A diferencia de lo ocurrido en el condicionamiento pavloviano -también llamado frecuentemente ‘condicionamiento clásico/respondiente’ en la literatura-, el condicionamiento operante, como una forma de condicionamiento instrumental, considera que la conducta no se provoca o elicita de manera automática, sino que el organismo la emite a partir del fortalecimiento que establece un proceso de condicionamiento -aprendizaje-. Esto permitiría a un sujeto un cambio duradero en el repertorio conductual, resultado de la experiencia con los acontecimientos del ambiente. Es decir, el sujeto repetirá las conductas con consecuencias reforzantes -entendida como beneficiosa- y reducirá aquellas con consecuencias aversivas.

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Desarrollo del condicionamiento operante

El movimiento conductista surgió como un intento de la psicología norteamericana de principios del siglo XX por crear una ciencia del comportamiento. Uno de los edificios teóricos de este enfoque es el conductismo radical, que puso el foco de atención en el condicionamiento operante; estudiado a partir de medios experimentales, en el que los repertorios complejos de conducta son moldeados y mantenidos con contingencias adecuadas de reforzamiento (Skinner, 1987).

Thorndike y el aprendizaje instrumental

Es posible encontrar los principios en las investigaciones de las primeras tres leyes del aprendizaje -de la disposición, ejercicio y efecto-, desarrolladas por el psicólogo Edward Thorndike a finales del siglo XIX. En ella se plantea que una conducta ‘queda grabada’ en el sujeto cuando se desprende de esta una consecuencia determinada (Skinner, 1953). Según este principio, las repuestas que producen mayor satisfacción en una situación en particular son más probables de ejecutarse en escenarios similares en el futuro -se fortalecen-; mientras que, las respuestas que generan una sensación desagradable se vuelven menos probables de repetirse -se debilitan- (Thorndike, 1898).

Estas ideas fueron extraídas de los experimentos realizados por el autor a través del modelo animal. En ellos, colocaba un gato en una caja que contenía una palanca o dispositivo capaz de liberarlo, para posteriormente, medir el tiempo que tardaba en salir de ella. Tras varios ensayos, Thorndike observó que el tiempo que le tomaba al animal salir de la caja era cada vez menor, realizando menos conductas inefectivas en cada repetición, terminando por salir de la trampa fácilmente. Estos resultados hicieron concluir al autor que la conducta se presenta por ensayo y error, ejecutándose para lograr un objetivo (Thorndike, 1898).

Skinner y el condicionamiento operante: Una forma de condicionamiento instrumental

Por su parte, el psicólogo americano Burrhus Frederic Skinner se inspiró en el trabajo y las ideas desarrolladas por Thorndike; sin embargo, rechazó la noción de que la conducta era el resultado de una simple relación ensayo y error. Según Skinner, incluso utilizar términos como ‘error’, ‘hábito’ o ‘aprendizaje’ en el proceso de adquisición de una conducta, era una imprecisión (Skinner, 1953).

Skinner destaca el hecho de que una respuesta que ya se ha producido no puede predecirse o controlarse, por lo que el condicionamiento operante solo puede aspirar a predecir qué respuestas similares se producirán en el futuro (Skinner, 1987). Para ello, es necesario hacer que un acontecimiento sea contingente con la conducta, de forma tal que pueda controlarse su repetición. En este sentido, el autor designa este tipo de respuesta como ‘operante‘, en tanto es una conducta que opera sobre el ambiente para producir una consecuencia (Skinner, 1953).

Aunado a esto, Skinner retoma los términos desarrollados por el fisiólogo ruso Iván Pávlov, reconociendo como reforzamiento a todo hecho que fortaleciera la conducta, y a todo cambio resultante como condicionamiento. De esta forma, el condicionamiento operante consistiría en fortalecer una operante en el sentido de hacer que la respuesta sea más frecuente.  

Siguiendo esta línea, Skinner distingue dos tipos de hechos reforzantes: positivos que presentan estímulos y añaden algo a la situación; y negativos, que identifica como aquellos que omiten o suspenden la presencia de algo. En ambos casos, su efecto es el mismo: aumentar la probabilidad de la respuesta. Cuando en caso contrario, el reforzamiento deja de producirse, se presenta un proceso de extinción operante, el cual consiste en que la respuesta condicionada ocurre cada vez más con menos frecuencia (Skinner, 1953).

Es muy frecuente confundir el reforzamiento negativo o positivo asociando negativo con desagradable o aversivo y positivo con agradable o apetitivo. Como se indicaba anteriormente, el reforzamiento negativo implica que el reforzador se suprime o se ausenta tras la respuesta. En el reforzamiento positivo, el reforzador se añade tras la respuesta.

Aplicaciones del condicionamiento operante en nuestra vida

Los principios desarrollados por Skinner son el producto de su trabajo experimental en el laboratorio. No obstante, encuentran múltiples aplicaciones en la experiencia cotidiana y son la base científica para la modificación de la conducta. Para este autor, es a partir del condicionamiento operante que adquirimos del medio los repertorios conductuales básicos que nos permiten interactuar con el mismo entorno. Es posible experimentar una fase de desequilibrio cuando sucede algún tipo de cambio en nuestra vida o circunstancias, no obstante, nuestra conducta suele adaptarse a medida que se adquieren nuevas respuestas y se desechan las antiguas (Skinner, 1953).

Para Skinner, el condicionamiento operante es un proceso que, en cierta medida, complementa el proceso de evolución, ya que la selección natural prepara a los organismos solo para un futuro que se asemeja al pasado selector. De esta forma, a través del condicionamiento operante, un tipo distinto de consecuencia selectora actuaría como reforzador, permitiendo seleccionar conducta adicional durante el lapso de vida de un individuo (Skinner, 1987).

El condicionamiento operante en la enseñanza

Es innegable que el condicionamiento operante sentó las bases de la psicología experimental y que su influencia está presente -con una amplísima vigencia- en los trabajos de investigación modernos. Asimismo, la mayoría de programas terapéuticos y educativos basados en la evidencia científica, aplican los principios del condicionamiento operante.

Es importante destacar el impacto actual de los principios del condicionamiento operante en el campo de la enseñanza y la educación especial; donde las bases del condicionamiento operante actúan en el moldeamiento y modificación de diferentes conductas, permitiendo la obtención de habilidades básicas y la adquisición de repertorios de conducta en diferentes niveles de educación.

Técnicas basadas en el condicionamiento operante

Entre las múltiples aplicaciones terapéuticas y educativas del condicionamiento operante para el análisis y la modificación de la conducta, podemos encontrar técnicas como:

  • Moldeamiento
  • Transferencia de control, estímulos y ayudas
  • Encadenamiento
  • Procedimientos de entrenamiento de habilidades conductuales
  • Procedimientos de extinción
  • Reforzamiento diferencial
  • Procedimientos de control de antecedentes
  • Estrategias para la generalización
  • Técnicas para la promoción de la autonomía personal
  • Procedimientos de reversión de hábitos
  • Economía de fichas
  • Contratos conductuales
  • Procedimientos para la reducción del miedo y la ansiedad
  • Modificación de la conducta cognitiva
  • Análisis funcional de la conducta verbal

(Miltenberger, 2013)

Conclusión

Los procedimientos analítico-conductuales han mostrado gran eficacia en mutiplicidad de situaciones (Miltenberger, 2013). Entre ellas, han ayudado a promover la adquisición de habilidades y competencias en personas con trastornos del espectro autista -pudiendo disfrutar, en consecuencia, de una vida más productiva-; mejorando las dificultades de aprendizaje y los problemas de conducta infantil, al mismo tiempo que han facilitado la labor a padres y madres. Del mismo modo, las técnicas operantes han optimizado y mejorado la eficacia de las intervenciones en el ámbito educativo y sanitario; ayudando a profesionales de diversos ámbitos e incentivando estilos de vida saludables en las personas (Miltenberger, 2013).

Referencias:

  • Miltenberger, R. G. (2013). Modificación de conducta: principios y procedmientos. Ediciones Pirámide.
  • Ramírez Gamboa, Jesús (2021) Conductismos, los mitos populares más extendidos. Mente y Ciencia. Recuperado de: menteyciencia.com
  • Skinner, B. (1971) Ciencia y conducta humana [1953]. Barcelona, España. Editorial Fontanela. Recuperado de: conductitlan.org.mx
  • Skinner, B. (1991) El análisis de la conducta: una visión retrospectiva: Whatever Happened to psychology as the science of behavior? [1987]. Ciudad de México, México. Editorial Limusa. Recuperado de: psycnet.apa.org
  • Thorndike, E. (1998) Animal Intelligence: An Experimental Study of the Associate Processes in Animals [1898]. American Psychologist, volumen (5), número (10), pp. 1125-1127. Recuperado de: pdfs.semanticscholar.org
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.