Neuronas espejo, qué son y algunos mitos relacionados

Aunque su hallazgo se eqiuparó con el descubrimiento del ADN, científicos advierten sobre diversos mitos y exageraciones que circulan sobre las neuronas espejo.

Dentro de las teorías del ámbito neurocientífico que buscan explicar el comportamiento humano en sociedad, encontramos la popular teoría de las neuronas espejo. A las neuronas espejo se les ha atribuido la capacidad de ‘sentir empatía’, y a sus alteraciones, la relación con diversos trastornos relacionados con el comportamiento social. A continuación analizamos la teoría de las neuronas espejo, entre realidades y mitos:

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La historia detrás de las neuronas espejo

En 1996, Rozzolatti y sus colaboradores (citado por García, González y Maestú, 2011), se encontraban realizando un experimento en el que se registraba la actividad neuronal de la corteza premotora en simios. En este estudio, se percataron de una activación en la corteza prefrontal que resultaba similar, tanto cuando los simios realizan conductas, como cuando las observaban. Fue ahí cuando se utilizó por primera vez el término de neuronas espejo.

¿Qué son las neuronas espejo?

Las neuronas espejo, lejos de ser neuronas específicas o diferenciadas, serían en realidad una compleja red neuronal. Esta red se activaría cuando una persona realiza una acción o cuando la observa. De este modo, en cualquiera de los dos casos se evidencia cierta activación en la corteza promotora, es decir; es como si el observador también estuviera ejecutando la acción (Rodríguez y Rodríguez, 2019).

Ubicación anatómica de las neuronas espejo

Inicialmente, la red neuronal compuesta por las neuronas espejo se identificó en simios, en la zona que correspondería al área 44 de Brodmann; la cual se asocia con la planeación y elección de movimientos para realizar una acción. Actualmente, gracias a diferentes estudios con neuroimágenes, diversos trabajos defienden haber podido ubicar la red de neuronas espejo en (Rodríguez y Rodríguez, 2019):

  • Giro frontal inferior
  • Surco superior temporal
  • Corteza premotora ventral y dorsal

En cuanto a la principal ruta de la red, se ha hipotetizado que, cuando percibimos algún gesto o movimiento, pasa de los ojos a la corteza visual en el lóbulo occipital. Posteriormente, se integraría en la corteza temporal de donde pasaría a regiones parietales para ser codificado como movimiento. Finalmente, esta información sería enviada a la corteza prefrontal (Rodríguez y Rodríguez, 2019).

Adicionalmente, se han encontrado interconexiones entre la red de neuronas espejo y el sistema límbico, hipotétisis que algunos autores y autoras utilizan para sugerir el papel de las neuronas espejo en la comprensión de las emociones de otros (Larbán, 2012).

La función de las neuronas espejo

Como casi todas las funciones cerebrales, la red de neuronas espejo sería muy compleja e intervendría en varios propósitos. Se han definido dos principales (Rodríguez y Rodríguez, 2019):

  • Las neuronas espejo tendrían como función principal permitirnos comprender las acciones de otras personas, a través de representaciones ideomotoras y conductuales similares. Las neuronas espejo estrictamente congruentes, con casi dos tercios del total de la red; permitirían espejar la conducta observada mediante una manifestación interna.
  • Adicionalmente, nos permitirían observar la intención de un comportamiento incompleto, por medio de una representación de lo observado en conjunción con experiencias previas; de modo que se completa la acción. Este tercio restante se denomina neuronas espejo similarmente congruentes, debido a que parte de la intención del sujeto es analizada con base en nuestra propia experiencia.

En otras palabras, las neuronas espejo facilitarían una adecuada integración entre percepción, ejecución, intención y emoción (García, González y Maestú, 2011).

El lenguaje no verbal

La red de neuronas espejo se activaría cuando percibimos movimientos, los cuales son precisamente la base de la comunicación no verbal, principalmente en relación con los gestos.

El lenguaje no verbal, al tener unas bases primitivas, tendría un amplio componente instintivo y biológico. Adicionalmente, también posee una importante carga cultural, pues se aprendería por imitación (Andolfi, 1994; citado por Rodríguez y Rodríguez, 2019).

Dentro de los componentes del lenguaje no verbal que serían detectados por las neuronas espejo se encontrarían (Rodríguez y Rodríguez, 2019):

  • Cadencias y tonalidades que forman parte del discurso
  • Gestos y expresiones faciales
  • Movimientos gruesos
  • Movimientos finos

Controversias y mitos sobre las neuronas espejo

Más allá de las teorías e hipótesis que han surgido a partir de los primeros hallazgos que permitieron teorizar las neuronas espejo, se han difundido con entusiasmo diversos mitos. Es importante destacar que muy pocos trabajos ofrecen pruebas definitivas sobre las neuronas espejo. Algunas publicaciones han desarrollado formulaciones hipotéticas sin soporte empírico suficiente que han incurrido en diversos mitos, así como en afirmaciones cuestionables sobre las neuronas espejo.

Nivel de evidencia sobre las neuronas espejo

El trabajo del equipo de investigación neurocientífico, compuesto por Angelika Lingnau, Benno Gesierich y Alfonso Caramazza reveló que todavía falta evidencia directa de la existencia de neuronas espejo en humanos (Lingnau, Gesierichy Caramazza, 2009). Tal y como defiende este equipo de investigación de la Universidad Hardvard, un número creciente de estudios desafía la suposición de que la comprensión de la acción requiere la participación de los circuitos motores correspondientes (Lingnau, Gesierichy Caramazza, 2009). De hecho, se han hallado evidencias de que la comprensión de la acción de situaciones novedosas en humanos no se basa en el sistema de neuronas espejo, sino en la activación de áreas del cerebro involucradas en procesos inferenciales sensibles al contexto (Lingnau, Gesierichy Caramazza, 2009).

La teoría fue reformulada y matizada por sus autores años después

Asimismo, el equipo de investigación que originalmente descubrió las neuronas espejo en monos, matizó años después sus afirmaciones. El su artículo ‘El papel funcional del circuito de espejo parieto-frontal: interpretaciones y malas interpretaciones‘ (Rizzolatti & Sinigaglia, 2010) sugieren que las células denominadas neuronas espejo tendrían un papel mucho más limitado de lo que se creyó en un principio (Rizzolatti & Sinigaglia, 2010). Asimismo, aclaran que las neuronas espejo nos ayudarían a entender ‘desde dentro’, acciones que ya sabemos cómo ejecutar (Rizzolatti & Sinigaglia, 2010); lo que confirma la propuesta que defendía que las neuronas espejo estarían involucradas solo en la selección y el control de las acciones. En este caso, tanto con las neuronas espejo, como con otros ámbitos, los hallazgos provisiones en ciencia -que luego son redefinidos- pueden ser fuente de desinformación y de mitos, al sobrevivir informaciones que quedaron desfasadas e incluso que fueron descartadas.

¿La relación entre las neuronas espejo y la empatía es un mito?

Desde la formulación de la teoría de las neuronas espejo han sido muchas las publicaciones que establecían una correlación entre neuronas espejo y la empatía. La hipótesis de base neurobiológica se vendía fácilmente; «cuando otra persona siente una emoción, se activan las neuronas espejo, que nos hacen sentir casi lo mismo» y muchas personas la compraron sin rechistar. Sin embargo, un metaanálisis analizó 52 estudios que integran a un total de 1.000 participantes. Sus autores no evidenciaron ninguna relación significativa entre las neuronas espejo y la empatía. Respecto a la empatía motora -no se mostró evidencia de asociación-, la empatía emocional -débil evidencia- y la empatía cognitiva -débil evidencia- (Jarrett, 2019).

Según estas conclusiones, se ha exagerado de forma injustificada la relación entre las neuronas espejo y la empatía, ayudando a generar otro mito científico.

Otro posible mito sobre las neuronas espejo: el autismo

Comúnmente, se afirma con vehemencia, como si se tratara de una ley, que la «capacidad para comunicarse y relacionarse con otras personas de manera empática se debe a las neuronas espejo, que son precisamente quienes permiten el entendimiento de estados emocionales representados a través de expresiones faciales» (Larbán, 2012). Es cierto que determinados hallazgos por medio de electroencefalograma, e imágenes cerebrales funcionales, en personas dentro del espectro autista, han hallado alteraciones en la red de neuronas espejo (Larbán, 2012). Esta disfunción, más allá de tomarse como una hipótesis de investigación, pareciera haber servido para explicar automáticamente las dificultades de carácter social y comunicativo en personas dentro del espectro autista -dificultad para comprender las emociones de los demás, leer las expresiones faciales, predecir el comportamiento de los otros y hasta mentir o hacer creer algo-. Para Jarrett, inferir una relación de causalidad, afirmando que la causa del autismo sea una disfunción en las neuronas espejo es cuanto menos aventurado e injustificado (Jarrett, 2012), lo cual constituiría otro mito científico más que añadir a la lista.

El incremento del tamaño del cerebro ¿Otro mito sobre las neuronas espejo?

El neurólogo Vilayanur Ramachandran ha defendido que las neuronas espejo están detrás del incremento del tamaño del cerebro, posibilitando la evolución cultural de la humanidad. Esto, según su criterio, gracias a permitirnos empatizar e imitar a otras personas. Sin embargo, ya que hay evidencia de que las neuronas espejo se configuran por medio de la experiencia, ¿Cómo es posible concluir que el aprendizaje social sea consecuencia de la acción de las neuronas espejo? Si la experiencia moldea las neuronas espejo, no estaría en absoluto claro que las neuronas espejo fueran la causa del aprendizaje social.

Conclusión

Podemos concluir que, aunque diversos trabajos apuntan a que la red de neuronas espejo jugarían determinado papel en las relaciones interpersonales; los mensajes que se lanzan al público generalista, a través de medios masivos de comunicación, de periodistas y divulgadores no especializados, no siempre se ajustan al rigor de las conclusiones y hallazgos científicos. Existe cierto nivel de evidencia que apunta a que las neuronas espejo se relacionan con la comprensión de las emociones, los sentimientos e intenciones de los demás, aun cuando estas sean contrarias a sus verbalizaciones; pues responderían, hipotéticamente, ante señales motoras mucho más difíciles de modificar que el discurso. Un ejemplo de esto es la incongruencia entre el llanto y la verbalización ‘estoy bien’; en ese caso sabemos que la persona puede estar triste. Del mismo modo, tal y como defiende Jarrett, estamos presumiblemente ante uno de los conceptos más promocionados, sobredimensionados y tergiversados del ámbito de las neurociencias en las últimas décadas; -las neuronas espejo- origen, además, de toda clase de mitos que, han pasado, a golpe de titular, de meras hipótesis a auténticas ‘leyes científicas’, en cuestión de segundos.

Referencias:

  • García, E., González, J., y Maestú, F. (2011). Neuronas espejo y teoría de la mente en la explicación de la empatía. Ansiedad y Estrés, 17 (2-3), 265-279. Recuperado de eprints.ucm.es
  • Jarrett, C. (2019). There Is Only Weak Evidence That Mirror Neurons Underlie Human Empathy – New Review And Meta-Analysis. Research Digest. Recuperado de digest.bps.org.uk
  • Jarrett, C. (2012) Neurons: The Most Hyped Concept in Neuroscience? Psychology Today. Recuperado de: psychologytoday.com
  • Larbán, J. (2012). Autismo temprano, neuronas espejo, empatía, integración sensorial, intersubjetividad. Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, 54, 79-91. Recuperado de sepypna.com
  • Lingnau A., Gesierich B & Caramazza A (2009). Asymmetric fMRI adaptation reveals no evidence for mirror neurons in humans. PNAS. Recuperado de pnas.org
  • Rodríguez, M., y Rodríguez, S. E. (2019). Las neuronas espejo: una génesis biológica de la complementariedad relacional. Papeles del psicólogo, 40 (3), 226-232. Recuperado de: pesquisa.bvsalud.org
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.