El ‘opinólogo’ en redes sociales: opinología sin criterio

La 'opinología' es un antiguo fenómeno, sobredimensionado ahora en las redes sociales, capaz de generar desinformación, manipulando la opinión pública.

Expresiones como “Pues yo no estoy de acuerdo” al pie de un artículo sobre el hallazgo de agua en la luna por parte de la NASA; comentarios como “Si no crees, respeta” en un debate sobre la pertinencia de que el psicoanálisis freudiano se pueda considerar o no psicología científica; amén de las diversas versiones de “depende“, “es mi opinión y la tienes que respetar“, “todas las opiniones son igualmente válidas” o “este es mi muro y si no estás de acuerdo, ahí tienes la puerta“, a raíz de ‘discutir’ sobre el titular de un artículo, sin leer el contenido. Estas son solo algunas de las manifestaciones que forman parte del repertorio de respuestas habituales en intensos y acalorados ‘debates’ en las redes sociales; que no por más intensos, llegan a algún sitio. Tras las tertulias televisivas donde cualquier opinólogo u opinóloga puede participar en debates altamente especializados -sin la menor formación, ni experiencia-, llega la nueva versión del fenómeno trasladado al ecosistema digital. Bienvenido o bienvenida al mundo de la opinología en redes sociales.

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En las últimas décadas, las redes sociales han alcanzado una influencia cada vez más poderosa sobre las diversas actividades de la vida cotidiana. Esto ha dado paso a una nueva forma de relacionarnos con la información, en dónde las personas ya no mantienen un rol pasivo frente a los hechos, datos y contenido en general que se les presenta. Por el contrario, las plataformas 2.0, permiten a usuarios y usuarias interactuar con las fuentes emisoras, facultándoles para comentar, atacar de forma visceral, o incluso modificar aquello que se les comunica (Fernández, et.al 2017). Esta situación ha dado lugar a un fenómeno que en algunas partes del mundo se ha denominado opinología -respaldado por la sensación de anonimato propia de los opinólogos en las redes-; que se relaciona con la tendencia a opinar, entrar a debatir o tratar de argumentar en las redes sociales sobre aspectos de los que no se es experto o directamente sobre los que no se tiene el más mínimo criterio o la información más básica.

Muy especialmente en España, para referirse a la persona del opinólogo, se suele recurrir al calificativo de ‘cuñado‘; expresión sátira que se ha vuelto muy popular y que caricaturiza a la figura del cuñado en las reuniones familiares, que es capaz de debatir con ‘destreza’ sobre toda clase de temáticas -independientemente de la profundidad, diversidad o del nivel de especialización-. Una suerte de ‘Doctor Liendre’ posmoderno; quien “de todo sabe y de nada entiende“, como reza el famoso dicho popular.

¿Qué entendemos por opinólogo u opinología?

El término opinología o el adjetivo opinólogo no es una palabra reconocida formalmente por nuestro idioma; aunque anteriormente fue utilizado en otros contextos, es un neologismo que ha surgido recientemente en algunos países de habla hispana para designar la tendencia a opinar sobre temas de los que no se es necesariamente experto, ni se dispone de criterio alguno. Según algunos medios digitales, la expresión opinología suele ser utilizada de manera despectiva, llamando opinólogos u opinólogas a las personas que trabajan en algún medio de comunicación y discuten asuntos de los que no tienen conocimiento alguno (Léxico, 2021).

En este artículo, abordaremos el fenómeno de la opinología en su forma más amplia, más allá de la figura del opinólogo; es decir, la tendencia de los usuarios y usuarias de redes sociales a expresar sus opiniones a través de dichos medios, como fenómeno social. Los objetivos del opinólogo son diversos: desde la necesidad personal de trascender en las distintas plataformas o ser parte de un determinado movimiento; hasta la defensa de intereses políticos, religiosos o económicos específicos (Lanusse, González, Flores, 2017; Vilares, et.al 2017; Fernández, et.al 2017). No obstante, el resultado de la opinología suele ser el mismo: el intento por parte del opinólogo, de modificación, en algún nivel, del mensaje dado a través del contenido referido.

Opinología: el viejo problema del opinólogo

La relación de términos como la opinología con prácticas inadecuadas dentro de las redes sociales es un hecho relativamente nuevo; sin embargo, ésta evoca problemas que han existido desde hace muchos años en nuestra sociedad.

Las ciencias sociales ya habían destacado el papel que los medios de comunicación tienen en la tergiversación de la información científica al ser transmitida al público. El conocimiento académico es ‘triturado’ y aplicado a contextos específicos sin ninguna reserva. Con ello, se integran opiniones propias de opinólogos, que son expuestas como verdades, promoviendo el razonamiento del sentido común sobre el pensamiento científico (Tortti, Chama, 1999) y equiparando el criterio del opinólogo, con el del técnico, el científico o la científica.

En la actualidad, el modelo seguido por los medios de información es distinto, gracias al avance de las redes sociales. Existe un nuevo tipo de sujeto participante en la comunicación digital que es tanto receptor como creador de contenidos (Suarez, Cruz, 2017). Estos usuarios no solo deciden qué leen y como lo leen, sino que quieren participar en el proceso informativo a través de opiniones (Flores, 2009). Estas opiniones pueden adquirir un gran poder, ya que se ven reforzada por la aprobación o rechazo de los demás miembros de la comunidad virtual. El problema cuando el punto de vista de estos opinólogos u opinólogas tienen mayor peso que los hechos objetivos expuestos.

La mayor amenaza representada por opinólogos y opinólogas, es el hecho de que las ideas de grandes expertos o expertas en un tema concreto están perdiendo valor frente a las opiniones de cientos de usuarios con mucha menor experiencia y conocimientos (Fernández, et.al 2017). Cada día es más común encontrar escenarios en los que la voz del profesor, la doctora o el autor destacado es opacada en su propio campo por los comentarios de opinólogos sin ningún entrenamiento. Lo que produce posturas o tendencias que, a su vez, sesgan las opiniones de otras personas. Llevamos décadas experimentando este fenómeno en las tertulias en grandes medios tradicionales; donde se invita a una persona experta en la materia -como una viróloga o un epidemiólogo- junto a un opinólogo ‘negacionista’; haciendo creer a la opinión pública que estamos ante un debate entre iguales.

¿Qué hay detrás de las opiniones personales en línea?

Existe una diferencia notable en la frecuencia y tono de las opiniones que se hacen cara a cara y las manifestadas en línea. Por un lado, muchas personas que en interacción directa no acostumbran manifestar su punto de vista y creencias, lo hacen a través de las plataformas digitales. Además, las ideas expresadas en redes sociales suelen reflejar una postura más firme y en ocasiones radical a la que se muestra en el día a día (Neubaum, 2016).

Algunos estudios al respecto han sugerido que esta tendencia puede deberse al anonimato y falta de presencia física que brindan los medios digitales. Estas condiciones preservan a las usuarias y usuarios de ser castigados, reprendidos o evidenciados por sus ideas, lo que los impulsa a expresarse libremente en las redes. Aunado a esto, se ha propuesto que la falta de normas sociales establecidas en la comunicación en línea podría generar un efecto de desinhibición que llevaría a las personas a atacar a otros (Neubaum, 2016).  

Redes sociales: el campo de la opinología

En contra de las apariencias, las opiniones que encontramos en las redes sociales no se manifiestan de manera natural y libre. Estas se ven influenciadas por la organización de las plataformas en las que se depositan.

En sus inicios, las redes sociales solían promoverse como herramientas digitales que favorecían la generación de comunidades virtuales; las cuales, posibilitarían la colaboración remota y el intercambio de información sobre prácticamente cualquier tema (Vilares, et.al 2017). No obstante, las plataformas más populares, responden a un modelo corporativo que privilegia los objetivos económicos por sobre cualquier otra meta.

Plataformas digitales y opinólogos a la carta

Como ejemplo de esta tendencia encontramos a Facebook, cuyo sistema de recopilación de datos personales le permite segmentar su contenido y publicidad de manera efectiva. Esto significa que las publicaciones no aparecen de manera aleatoria en los muros de cada miembro, sino que su presencia dependerá de nuestro historial previo de interacciones y nuestras respuestas a otros mensajes. De esta forma, cuanto más interactuemos con un tipo de contenidos, más veces lo mostrará el algoritmo entre nuestras publicaciones. Este sistema crea las llamadas ‘burbujas de opinión‘, en las cuales, los miembros de un determinado grupo reciben solo información que favorece sus propias preferencias (Silverio, 2018) y creen con ello que lo que experimentan es lo habitual. Dicho proceso convence al opinólogo de que sus creencias son las más acertadas, mientras que son las demás personas las que están equivocadas. Como resultado, las opiniones suelen radicalizarse y alinearse a una postura definida.

Por su parte, Twitter brinda una ilusión similar a sus usuarios y usuarias. La forma en que está constituida esta plataforma hace posible que se emplee como si se hablara en voz alta, por lo que las personas pueden sentir que sus opiniones personales son expresadas y escuchadas por todo el mundo. Este no es el caso. Cada usuario tiene una capacidad de propagación proporcional a su número de seguidores o followers, la cual se ve potenciada por el número de retweets de sus mensajes. Pero la información no circula por la plataforma de manera caótica, sino que fluye por comunidades de usuarios y usuarias con vínculos más fuertes y preferencias similares (Congosto, Fernández, Moro, 2011). Por ello, las opiniones se ven reforzadas en igual medida por puntos de vista similares, lo cuales se reafirman hasta encontrar una tendencia opuesta al confrontar una comunidad en desacuerdo.

El poder de la opinión colectiva en las redes sociales y su manipulación

En la actualidad, cada vez es más importante conocer en tiempo real las opiniones de la gente sobre lo que les interesa o lo que les desagrada. (Fernández, 2017). Hoy en día, no hay publicidad más importante para un negocio que una buena crítica en alguna de las plataformas virtuales o aplicaciones especializadas. Por otro lado, la reputación de cualquier personalidad pública puede verse manchada si alguno de sus comentarios o publicaciones son juzgados ofensivos por algún usuario y su comunidad virtual.

La notoriedad de este poder ha provocado que todo tipo de organizaciones empresariales y grupos políticos hagan grandes esfuerzos para tener las redes sociales a su favor. Desafortunadamente, esta tarea es más sencilla para los especialistas de lo que se podría imaginar.

La opinología brinda el poder a una minoría: las y los opinólogos

Una táctica efectiva que permite la propagación de una idea minoritaria hasta convertirla en hegemónica, es la llamada ‘espiral de silencio‘. En ella, un grupo pequeño de personas expone públicamente una idea y comienza a defenderla. En contra de lo que se piensa, el primer instinto de la persona común en desacuerdo no es atacarla, sino guardarse su opinión, ya sea por desconocimiento o por miedo a quedar en evidencia frente a su comunidad. De esta forma, el silencio que rodea a esta idea se vuelve aliado del opinólogo, creando la ilusión de que la afirmación es verdadera o tiene respaldo por la ausencia de manifestaciones en contra (Silverio, 2018).

De forma similar, nos encontramos con la ilusión de que la totalidad de las redes sociales se encuentra dividida. Según algunos estudios realizados sobre publicaciones de Twitter durante contiendas electorales, cuando existe una discusión entre dos polos políticos opuestos, son los partidarios de ideas extremistas en ambos bandos los que debaten en las plataformas. El resto de los seguidores con inclinaciones moderadas y aquellos sin interés político, suelen guardar silencio o alejarse de la conversación (Kearney, 2019). De esta forma, nos damos cuenta de que, de nuevo, el poder se encuentra en las opiniones manifestadas por una minoría, las cuales podrían influir en las acciones de los observadores.

Influencers opinólogos: la opinología como estilo de vida

Finalmente, encontramos el caso de los influencers opinólogos en las redes sociales. Mujeres y hombres que, a partir de una sólida relación con sus seguidores, son capaces de influir en sus opiniones personales -aunque no sepan de qué están hablando realmente-. Esta cualidad los hace actores protagónicos en la formación de la opinión pública (Lanusse, González, Flores, 2017). Podemos hablar de las polémicas dietas de alimentos crudos -sin procesar- que promociona la famosa acriz Gwyneth Paltrow. Más allá del rechazo que han provocado sus consejos nutricionales en la comunidad científica; llama poderosamente la atención que estos provienen de una actriz que no tiene ninguna formación, ni experiencia acreditada en el ámbito de la medicina, la biología o la nutrición.

Este tipo de figuras no es nuevo, en el pasado esta posición era ocupada exclusivamente por celebridades artísticas o políticas. Con el paso del tiempo, el desarrollo de la tecnología 2.0, surgieron microinfluenciadores; personas comunes, sin necesidad de ser una persona famosa, que poseen un gran alcance en las redes sociales. En algunos casos, la influencia generada por este tipo de personajes es mayor al de los grandes influencers, ya que generan gran empatía con sus seguidores (Lanusse, González, Flores, 2017).

La efectividad de este tipo de figuras y de sus opiniones puede ser explicada por la teoría de la racionalidad limitada. Dicha postura indica que cuando las personas hacen una elección, no suelen tener acceso a toda la información necesaria para escoger una alternativa; y aun cuando la tuvieran, no tendrían la habilidad para procesarla y evaluarla de manera integral. Por ello, prefieren guiarse de recomendaciones de otras personas que suponen se encuentran en mejor posición (Huhn, et.al 2017).

Las grandes organizaciones empresariales y políticas conocen este tipo de principios. Esta es la razón por la que prefieren convencer o contratar a un influencer que mueva las opiniones de una importante cantidad de seguidores, a dirigir sus esfuerzos al público en general.

La opinología producto de una nueva realidad

Como podemos darnos cuenta, el fenómeno que llamamos aquí opinología implica un problema más profundo, complejo y antiguo de lo que aparenta a simple vista. Por un lado, el opinólogo u opinóloga es la expresión de un nuevo tipo de individuo que quiere ver reflejado sus puntos de vista en ámbito virtual, creado por las nuevas tecnologías, aun a costa de sacrificar la realidad objetiva y de promover una desinformación peligrosa.

Sin embargo, y a un nivel más amplio, más allá de opinólogos individuales, es una práctica masiva que expone a los usuarios a la manipulación de sus ideas a manos de diferentes empresas y organismos políticos.

Dada la magnitud y el efecto de los opinólogos y opinólogas, sería inocente pretender que existe una solución concreta para este problema; ya que se encuentra ligado a un proceso de avance tecnológico en constante transformación, cuya influencia aún no podemos comprender del todo; mucho menos controlar. Aunque estén socialmente naturalizadas; es importante ser consciente de que las redes sociales no forman parte de un ecosistema natural. Todas las plataformas se rigen por algoritmos que sesgan o manipulan la percepción en mayor o menor medida -programados con intereses políticos y económicos-.

No obstante, tal vez el primer paso para la integración de algún tipo de plan de intervención contra la opinología, sería el aceptar que este fenómeno no es el producto de una tendencia actual o una moda pasajera, ni se debe a la acción directa de la tecnología. Los opinólogos no serían producto de la tecnología, por tanto. Por el contrario, las nuevas herramientas virtuales son solo un escenario donde viejos problemas de carácter humano encuentran su expresión; tan solo hemos pasado del opinólogo tradicional al opinólogo 2.0. Solo estudiando la opinología desde esta perspectiva seremos capaces de encontrar una forma de defender la realidad objetiva u objetivable del dominio de la opinión colectiva.

Referencias:

  • Congosto, M., Fernández, M., Moro, E. (2011) Twitter y política: información opinión y ¿predicción? Universidad Carlos III de Madrid. Recuperado de: e-archivo.uc3m.es
  • Fernández, J., Llopis, F., Martínez, P. Gutiérrez, W., Díez, A. (2017) Analizando opiniones en las redes sociales. Revista Sociedad Española para el Procesamiento del Lenguaje Natural, número (58), pp. 141-148. Recuperado de: journal.sepln.org
  • Flores, J. (2009) Nuevos modelos de comunicación, perfiles y tendencias en las redes sociales. Comunicar, volumen (18), número (33), pp. 73-81. Recuperado de: www.redalyc.org
  • Huhn, R., Brantes, J., sabino, A., Leão, F. (2017) The effects of social media opinion leader´s’ recommendations on follower’s intention to buy. Revista Brasileña de Gestión de Negocios, volumen (20), número (1), pp. 57-73. Recuperado de: core.ac.uk
  • Kearney, M. (2019) Analyzingg change in network polarization. New Media & Society. Recuperado de: journals.sagepub.com
  • Lanusse, N., González, G., Flores, R. (2017) Nuevos líderes de opinión: los influenciadores en las redes sociales. XII Jornadas de Sociología. Recuperado de: digital.cic.gba.gob.ar
  • Lexico.com (2021) Opinólogo. Recuperado de: lexico.com
  • Neubaum, G. (2016) Monitoring and Expressing Opinions on Social Networking Sites – Empirical Investigations based on the Spiral of Silence Theory. Media Psychology, volumen (20), número 3. Recuperado de: tandfonline.com
  • Silverio, P. (2018) El rigor informativo en la era de la posverdad: la amenaza de las fake news en las redes sociales. Comunicación Y Hombre, número (15), pp. 55-66. Recuperado de: portalderevistas.ufv.es
  • Suarez, J., Cruz, J. (2017) Los dilemas deontológicos del uso de las redes sociales como fuentes de información. Análisis de la opinión de los periodistas de tres países. Revista Latina de Comunicación Social, número (71), pp. 66-84. Recuperado de: www.redalyc.org
  • Tortti, M., Chama, M. (1999) Horacio González: Por un programa de reconstrucción de las ciencias sociales (Entrevista). Cuadernos de CISH, volumen (4), número (5). Recuperado de: sociohistorica.fahce.unlp.edu.ar
  • Vilares, M., Sanchez, E., Gómez, C., Alonso, M. (2017) Tecnologías de la lengua para análisis de opiniones en redes sociales. Revista Sociedad Española para el Procesamiento del Lenguaje Natural, número (59), pp. 125-128. Recuperado de: journal.sepln.org
R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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R. Mauricio Sánchez
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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.