Desinformación: bulos, fake news y posverdad

La desinformación se distribuye por medio de bulos -rumores falsos malintencionados- y las famosas 'fake news' que inundan la red en esta época de la 'posverdad'.

La difusión de información falsa en los distintos medios de comunicación no es un fenómeno nuevo o desconocido, a pesar de la enorme dimensión que ha adquirido la desinformación en la red. Es bien sabido que ningún noticiero, ya sea tradicional, digital o impreso, está exento de sesgos ideológicos. Esto significa que la distorsión, omisión, parcialización o en muchos casos falsificación de los hechos, es una práctica común a toda cultura y época.

Sin embargo, en los últimos años, el surgimiento de cada vez más redes y medios sociales han convertido a cualquier individuo en generador potencial de desinformación, ampliando así la capacidad de creación y difusión de los bulos, fake news o rumores, impulsando informaciones falsas y dotándolas de gran ‘viralidad’, desplazando el interés por la verdad y el juicio crítico de la información a un plano secundario (Fernández, 2017). Lo anterior, sumado a la sensación de anonimato que proporciona Internet y a la falta de alfabetización digital e informacional; ha logrado que informaciones manipuladas se extiendan como reales -incluso meses y años después de haber sido desmentidas-.

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Viviendo una mentira: la posverdad

Como consecuencia, vivimos en el mundo de la posverdad; término acuñado por el escritor serbio-americano Steve Tesich, criticando cómo el pueblo creía las versiones oficiales, ignorando los hechos periodísticos (Niño, Barquero, García, 2017). Ahora, la posverdad se concibe cuando los las referencias a emociones y a creencias personales influyen más que los hechos objetivos. Es decir, se trata de una falsedad que continúa siendo aceptada, aun a sabiendas de que es falsa. En consecuencia, tomaremos decisiones -como la elección de voto- basándonos en una mentira o una información manipulada.

Curiosamente, este no es fenómeno silencioso. Los mismos medios encargados de difundir las notas amarillistas, los informes falsos y las noticias sin fundamento, han sido responsables también de popularizar términos como ‘fake news‘, ‘troll‘, ‘hechos alternativos‘ y ‘posverdad‘. De esta forma, los propios medios nos han alertado del engaño y la desinformación masiva al que estamos expuestos como sociedad. No obstante, esto no impide que las personas sigan comprando las mentiras, consumiendo los contenidos engañosos y permitiendo que fuentes informativas de carácter dudoso ejerzan influencia sobre su opinión.

Ante semejante paradoja, es necesario conocer los mecanismos que nos conducen a actuar en contra de nuestros propios intereses.

Debido a su relevancia y profundo impacto, se han formulado diversas teorías, a raíz de distintas investigaciones, articuladas desde dos perspectivas:

  • Enfoque social
  • Enfoque psicológico

La desinformación, bulos y fake news desde un enfoque social

Los trabajos que abordan la desinformación desde la dimensión social, tratan de explicar el predominio actual de las fake news como una respuesta a una reestructuración en el ámbito social, tecnológico y político. Estos son algunos de sus aportes:

Una nueva forma de acceder a la información

En los últimos años, las personas se han ido alejando cada vez más de los medios de comunicación tradicionales como la televisión o la prensa, informándose a través de plataformas en Internet y redes sociales; muchas de las cuales, no fueron concebidas para desempeñar dicha función informativa, objetiva e imparcial. Sitios como Facebook, YouTube y Twitter, diseñados para el intercambio de impresiones personales; se han transformado en la principal fuente de noticias en países como Estados Unidos, parcializando el contenido de los hechos difundidos (Fernández, 2017).

Las personas son las creadoras de la información

Gracias a la irrupción del mundo 2.0., a las tecnologías de la información y la comunicación, y los filtros de contenido personalizado; los individuos redactan y comparten contenidos que se ajustan a sus propios intereses. De esta forma, desinforman a conveniencia, mientras que reciben estímulos positivos de aquellos grupos y personas afines, que refuerzan sus creencias; creando un escenario donde la objetividad pasa a segundo término y la desinformación sube a primer termino (Niño, Barquero, García, 2017).

Creación de burbujas de información dando lugar a la desinformación

Los filtros de Internet y las configuraciones de los algoritmos crean una burbuja de información que impiden que nos lleguen informaciones contrarias a nuestro perfil de usuario -a nuestra ideología-. Este perfil se genera, en muchos casos de forma sistemática y no intencionada, por medio de la propia información que creamos, las preferencias -donde hacemos clic y donde no- y búsquedas que generamos. Los algoritmos son, en consecuencia, quienes seleccionan lo que leemos y en consecuencia lo que sabemos y pensamos. La exposición a un limitado contenido informativo hace que la gente crea que sus ideas se alinean con la visión dominante. De esta forma los sujetos terminan consumiendo noticias que se ajustan con su modo de pensar (Fernández, 2017).

Desconfianza en las fuentes de información

Existe una creciente desconfianza hacia los medios de comunicación; que según un estudio realizado por la Knight Fundation, se presenta de manera inherente en la gente joven de cualquier espectro político (Fernández, 2017).

En una serie de estudios realizados en la Universidad de Cornell, se comprobó que la opinión preconcebida que las personas tienen sobre un determinado medio, influye en el crédito que dan a la información brindada por el mismo. De esta forma, se sigue confiando en la veracidad de un hecho falso, si la persona o entidad que lo desmiente no es de su agrado o confianza (Cone, Flaharty, Ferguson, 2019).

La desinformación, bulos y fake news desde un enfoque psicológico

Desde esta aproximación, se pretenden determinar los procesos psicológicos individuales que llevan a las personas a la creación y adherencia a la la desinformación, bulos y fake news. Algunos ejemplos de ello son:

Sesgo de confirmación y desinformación

Es un sesgo cognitivo consistente en preferir la información que está de acuerdo con nuestras creencias o hábitos, y a descartar aquellos datos que están en contra de nuestras convicciones o que no nos favorecen (Jamali, 2019). Más allá de los filtros de Internet y redes sociales, los individuos estamos programados para integrar aquellas noticias que se ajustan a nuestra visión ya preconcebida del mundo. Este es un mecanismo que permite ahorrar la energía que invertiríamos en crear un nuevo aprendizaje, reforzando el que ya se tiene.

En un estudio realizado por la Universidad de California durante un referéndum sobre la legalización del aborto, se brindó a un grupo de participantes seis informes, que incluían dos informes falsos. Posteriormente, los voluntarios refirieron haber oído hablar anteriormente sobre tales informaciones, incluso aquellas que eran falsas y preparadas para la ocasión. Esto demuestra el poder de la desinformación, los bulos y las fake news para incluso generar falsos recuerdos (Murphy, et.al, 2019).

Sentido de pertenencia y desinformación

Existe una tendencia a sostener una idea, creencia o preferencia por el hecho de que muchos más la tienen (Jackson, 2019). Cuando se elige un bando dentro de una discusión también se forma parte de un grupo que refuerza nuestras opiniones y nos hace sentir valorados. Abandonar una idea implica no solo admitir un error, sino atentar en cierto grado en contra de nuestra identidad -individual o grupal- y abandonar un grupo al que se pertenece. En este sentido, es de esperarse que exista una clara resistencia a aceptar ideas nuevas sin importar siguiera su veracidad, ya que contradecir los posicionamientos, ideales o criterios del grupo de pertenencia, supone un conflicto superior al que nos genera integrar o mantener una información falsa.

Insensibilización hacia la desinformación

En una serie de experimentos realizados por la Escuela de negocios de Londres y la Universidad de California, los investigadores encontraron que las personas que repetidamente encuentran artículos sobre noticias falsas pueden sentirse cada vez menos avergonzados de compartirlos en redes sociales, incluso cuando no creen en la información (Effron, Raj, 2019). Este es un dato muy importante, ya que sugeriría que la exposición repetida a un bulo, le brindaría una especie de normalización o ‘pase libre’ en la mente de los que lo comparten, incrementando las posibilidades de ser difundida.

Conclusiones

Como se ha visto hasta aquí, existen distintas teorías que intentan explicar la proliferación de la desinformación, los bulos o las fake news en nuestra sociedad actual y la aceptación de las mismas, que ha generado una era de posverdad en todo el mundo. Esto se debe a que dichos fenómenos son manifestaciones complejas que no obedecen a un solo motivo, sino que exigen ser analizadas desde todas sus caras; tanto atendiendo a su naturaleza social, grupal y colectiva, como individual e intrapsíquica. Cada una de las investigaciones y enfoques que se presentan aquí, brindan la posibilidad de ver una parte de este complicado problema. Será necesario tomar en cuenta todas estas piezas de este entramado y generar una respuesta multidimensional si es que se quiere llegar a formular una posible solución en un futuro.

Referencias:

  • Cone, J., Flaharty, K., Ferguson. M., (2019) Believability of evidence matters for correcting social impressionsProceedings of the National Academy of Sciences, DOI: 10.1073/pnas.1903222116.
  • Effron, D., Raj, M. (2019) Misinformation and Morality: Encountering Fake-News Headlines Makes Them Seem Less Unethical to Publish and Share. Psychological Science DOI: 10.1177/0956797619887896
  • Fernandez, N. (2017) Fake news: una oportunidad para la alfabetización mediática, Nueva Sociedad, número 269
  • Jackson, S. (2019) Cognitive Bias and Decision Making, Burnham Systems, Los Angeles [Documento PDF] DOI: www.researchgate.net
  • Jamali, H. (2019) The battle against cognitive bias, School of Information Studies Charles Sturt University [Documento PDF] DOI: www.researchgate.net
  • Murphy, G., Loftus, E., Hofstein, R., Levine, L., Greene, C. (2019) False Memories for Fake News During Ireland’s Abortion Referendum. Psychological Science, DOI: 10.1177/0956797619864887
  • Niño, J., Barquero, M., García, E. (2017) Opinión Pública e infoxicación en las redes: Los fundamentos de la Post-verdad, Vivat Academia, número 139, pp. 83-94
R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del Estado de México. Experiencia docente y en atención clínica, en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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