Trastorno negativista desafiante: Detección y manejo

El enfado, la irritabilidad, las discusiones, la actitud desafiante o la venganza son signos propios del trastorno negativista desafiante.

Cuando los padres y madres solicitan una evaluación psicológica o neuropsicológica para sus hijos o hijas, por lo general los motivos de consulta más frecuentes son las dificultades de aprendizaje y los problemas de conducta. Dentro de estos últimos, cuando encontramos agresividad, conductas disruptivas y un rechazo sistemático hacia los límites, la primera hipótesis que suele manejarse es que el menor esté presentando un trastorno negativista desafiante.

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¿Qué es el trastorno negativista desafiante?

El trastorno negativista desafiante se caracteriza por un esquema recurrente de comportamientos no cooperativos, negativos, irritables, desafiantes y hostiles, los cuales se presentan por lo general hacia los padres y madres, docentes y otras figuras de autoridad (Vásquez, et. al, 2010).

Diagnóstico del trastorno negativista desafiante

Asimismo, de acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría (2014), el Trastorno Negativista Desafiante forma parte de los trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta. Este trastorno se caracteriza por un patrón de enojo o irritabilidad, junto con la presencia de discusiones y actitud desafiante. Para que se considere un trastorno, debe tener una duración de por lo menos seis meses y debe incluir cuatro de los siguientes síntomas:

  • Enfado o irritabilidad
    • Pierde la calma
    • Está susceptible o se molesta fácilmente 
    • Está enfadado o resentido frecuentemente
  • Discusiones o actitud desafiante
    • Discute con figuras de autoridad
    • Suele molestar a los demás deliberadamente
    • Culpa a los otros por sus fallos o comportamientos inadecuados 
  • Venganza
    • En los últimos seis meses, ha mostrado rencor o comportamiento vengativo por lo menos dos veces

Además de esto, el comportamiento debe estar generando un malestar en el individuo y en las personas que lo rodean, impactando de forma negativa las áreas social, educativa, profesional, etc.

Características de los niños y niñas con Trastorno Negativista Desafiante

Además de los criterios previamente mencionados, en la clínica se pueden observar algunos indicadores que complementan el diagnóstico, como por ejemplo:

  • Suelen tener problemas en las relaciones con iguales, les cuesta hacer amstades, y suelen percibir las relaciones humanas como insatisfactorias.
  • Aunque por lo general tienen un nivel de inteligencia dentro del promedio, su rendimiento académico es bajo, y su comportamiento en el colegio es apático.
  • Les es muy difícil pedir y aceptar ayuda, insisten en solucionar sus problemas por si solos.

(Torales, et. al. 2018)

Los síntomas habituales del trastorno negativista desafiante comprenden:

  • Presenta rabietas o ‘pataletas’ habitualmente.
  • Discusiones frecuentes intensas con los adultos (padres, madres y docentes, principalmente).
  • Negativa a acceder a las demandas de las figuras de autoridad.
  • Cuestiona constantemente las normas; se niega expresamente a obedecer las reglas.
  • Su conducta se orienta a molestar o generar enfado en los demás; tanto entre iguales, como con personas adultas.
  • Responsabiliza a otras personas de sus errores y las culpa de su mal comportamiento.
  • La interacción con otras personas les genera irritabilidad; se molestan con mucha facilidad.
  • Muestra frecuentemente una actitud de enfado o enojo.
  • Se dirige a los demás de forma, con cierta violencia o con poca amabilidad.
  • Pueden presentar pensamientos o conductas vengativas.

Los síntomas del TND pueden ser similares a los de otros trastornos. En este sentido, es necesario que un pediatra o un profesional de la salud mental -psiquiatra, psicólogo o psicóloga infantil, realice el diagnóstico.

Etiología del TND ¿Por qué se desarrolla este trastorno?

Si bien en determinados trastornos emocionales y comportamentales se contemplan factores genéticos predisponentes, el TND se presenta más frecuentemente en familias disfuncionales, en las que ha habido un cambio frecuente de cuidadores, o en aquellas donde existe violencia o negligencia (Asociación Americana de Psiquiatría, 2014).

Asimismo, este trastorno se ha asociado con patrones de apego inseguro e insuficiencia en los cuidados parentales. Además, factores sociales de riesgo como la pobreza o la violencia pueden contribuir en el desarrollo de la sintomatología y a la gravedad de la misma (Torales, et. al. 2018).

Desarrollo y curso del trastorno

Por lo general, los primeros indicadores suelen aparecer durante la etapa preescolar, siendo raro que se desarrolle en la adolescencia temprana. Si no se trata la sintomatología, en los casos más graves, suele evolucionar a un trastorno de conducta en la adultez. Además, la presencia del trastorno incrementa el riesgo de desarrollar baja autoestima, escasa tolerancia a la frustración, trastornos depresivos, de ansiedad, problemas de adaptación, abuso de sustancias, entre otros (Vásquez, et. al, 2010; Asociación Americana de Psiquiatría, 2014).

Algunos autores, incluso sugieren que cuando no se atiende adecuadamente, el TND puede desembocar en un problema mayor de conducta como el trastorno disocial o el trastorno de personalidad antisocial (Torales, et. al. 2018).

Estrategias de manejo del trastorno negativista desafiante

Teniendo en cuenta que el pronóstico está supeditado al diagnóstico e intervención temprana, la recomendación inicial es buscar una atención especializada en psicología clínica, en la que no solamente se trabaje con el niño o niña, sin que también se incluya al grupo familiar, y de ser posible, también se trabaje con el colegio. Cuanto más integral sea el abordaje, mayores serán los beneficios, y se podrán prevenir dificultades como el consumo de sustancias psicoactivas o delincuencia juvenil (Torales, et. al. 2018).

Dentro de las intervenciones más recomendadas, se encuentra el tratamiento por psicología clínica con enfoque cognitivo conductual, entrenamiento en pautas de crianza con los padres, y entrenamiento en habilidades sociales en grupos terapéuticos, con el fin de favorecer la relación con pares. Por su parte, los tratamientos farmacológicos no se consideran eficaces para el tratamiento del TND, sin embargo, pueden ser recomendados para tratar comorbilidades (Monsalve et. al, 2017).

En casa, se recomienda establecer claramente las reglas y los límites desde muy temprano; clarificando las consecuencias de los comportamientos inadecuados. Del mismo modo, se recomienda enfocarse en el reforzamiento de conductas positivas frente al castigo de conductas inadecuadas, evitando al máximo el castigo físico.

Referencias:

  • Asociación Americana de Psiquiatría. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM 5. Editorial Panamericana: España.
  • Monsalve, A., Mora, L. F., Ramírez, L. C., Rozo, V., y Rojas, D. (2017). Estrategias de intervención dirigidas a niños con trastorno negativista desafiante, una revisión de la literatura. Rev Cienc Salud, 15 (1), 105-127. Recuperado de: revistas.urosario.edu.co
  • Torales, J., Barrios, I., Arce, A., y Viola, L. (2018). Trastorno negativista desafiante: una puesta al día para pediatras y psiquiatras infantiles. Pediatría (Asunción). 45(1). 65-73. Recuperado de: scielo.iics.una.py
  • Vásquez, M.J., Feria, M., Palacios, L., De la Peña, F. (2010). Guía clínica para el Trastorno Negativista Desafiante. Ed. Berenzon, S., Del Bosque, J., Alfaro, J., Medina-Mora, M. E. México: Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.
Sandra Correa
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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