Mecanismos de defensa: qué son, tipos y ejemplos

Los mecanismos de defensa son estrategias que nos permiten desenvolvernos socialmente pero, empleadas de forma inadecuada, podrían resultar desadaptativas.

Todos los días se nos plantean nuevos desafíos y problemas que hemos de resolver y solucionar. Sin embargo, para todos y cada uno de ellos, hemos de buscar una solución que se adapte a las normas sociales, ya que, de otro modo podríamos sufrir el rechazo del resto de individuos. Es aquí donde entran en juego los llamados mecanismos de defensa.

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Un recurso que puede llegar a ser contraproducente

Para poder desenvolvernos con el resto de la sociedad, las personas hemos interiorizado una serie de estrategias o ‘ayudas’ que nos indican cómo actuar de un modo concordante con el socialmente aceptado.

Más hay que tener en cuenta que, el uso reiterado de dichas ‘ayudas’, puede llegar a ser contraproducente. Puesto que, si se hace de una manera inadecuada, puede derivar en una alteración de la conciencia de la realidad.

Estas estrategias se conocen como mecanismos de defensa. A lo largo de este artículo realizaremos un repaso por los mecanismos de defensa más representativos; para que aprendas a identificarlos y utilizarlos adecuadamente.

¿Qué son los mecanismos de defensa?

Se trata de una serie de estrategias psicológicas inconscientes que tienen una función meramente protectora. Se podría decir de manera concreta que operan como protectores de la idea que tiene una persona sobre sí misma y sobre su autoestima.

El neurólogo Sigmund Freud (1961) fue quien recurrió por primera vez a los mecanismos de defensa para explicar cómo las personas eran capaces de hacer desaparecer el sufrimiento causado por ciertas ideas o emociones. Más tarde, la conceptualización se extendió y evolucionó trascendiendo a otros paradigmas.

La Asociación de Psicología y Psiquiatría Americana -APA-, desarrolló una escala de mecanismos de defensa en el DSM-IV y DSM-IV-TR, aunque con el nombre ‘estrategias de afrontamiento’. El famoso conductista Arthur Staats -profesor emérito de la Universidad de Hawái- defendió que “los mecanismos de defensa implican el funcionamiento de repertorios de lenguaje complejo de modo que reducen la emocionalidad negativa que, de otra forma, la persona experimentaría“.

¿Para qué sirven?

Ciertas situaciones, ideas o emociones pueden hacer que las personas inicien una lucha interna extremadamente intensa. Sin embargo, los mecanismos de defensa tienen la función de reducir al máximo las consecuencias de esa lucha, permitiendo al individuo funcionar con normalidad.

Tal y como indica Hinojosa (1968): “Los mecanismos de defensa surgen cuando el yo se ve amenazado por la angustia. Esta suele aparecer en situaciones de “peligro” o sea conflictiva, que obligan a confrontarse con alguna realidad angustiosa, ya sea externa o interna, o con impulsos o fantasías con la suficiente fuerza para imponerse como una realidad operante”.

Funciones de los mecanismos de defensa

  • Conseguir un reequilibrio pleno entre las realidades externas y las internas.
  • Autorregular la posibilidad de satisfacer los impulsos.
  • Facilitar una adaptación adecuada con la sociedad.
  • Permitir un correcto desarrollo de la personalidad.
  • Proteger el equilibro de la emoción.

Tipos de mecanismos de defensa

Pese a que existen distintas clasificaciones para los múltiples mecanismos de defensa, en este artículo haremos uso de la clasificación empleada por McWilliams (2001).

Inicialmente encontramos los mecanismos clasificados en dos grandes grupos:

  • Mecanismos de defensa primarios: aparecen durante las primeras etapas de la vida y suelen ir relacionadas con actitudes orientadas hacia una negación de la realidad.
  • Mecanismos de defensa secundarios: tienden a aparecer en las épocas más tardías del desarrollo humano y, se caracterizan por preservar el criterio de realidad en las personas.

A continuación, se realiza un breve acercamiento a los distintos mecanismos de defensa.

Mecanismos de defensa primarios

  • Retraimiento: este mecanismo es empleado por los individuos como una forma de alejarse de una realidad dolorosa. Se caracteriza por hacer uso de sueños y fantasías como método de distorsión de la realidad. Hay que hacer hincapié en que, el uso reiterado de este mecanismo puede posteriormente limitar la capacidad de un individuo de hacerse cargo de la realidad. 
  • Negación: el sujeto niega reiteradamente y de manera certera aquella realidad que está ocurriendo a su alrededor. Piensa que, si esta no es reconocida como real, implica que no está ocurriendo en verdad. La intención principal de este mecanismo es bloquear aquellos eventos inaceptables de modo que no pasen a formar parte de la consciencia del individuo.
  • Control omnipotente: la base de este mecanismo puede actuar como un buen método motivador, ya que parte de la idea de que el sujeto es la fuente de todo lo que le ocurre. Sin embargo, el hecho de usar este mecanismo a largo plazo puede dificultar que la persona consiga establecer relaciones lógicas y reales.
  • Idealización y desvalorización: en el primero de los términos, el sujeto crea una dependencia hacia otro individuo, al que otorga un valor especial. En su mente tienden a creer que estas personas van a poder resolver todas sus dificultades. Sin embargo, en la desvalorización el sujeto se ha topado con la realidad y ve que, la persona a la que otorgaba ese valor, no tiene poder especial alguno.
  • Proyección: Con este mecanismo, los sujetos atribuyen sus actos, pensamientos y conductas propias e inaceptables a otras personas. Es decir, niega que él o ella las haya llevado a cabo por voluntad propia, si no que ha sido por culpa del exterior que estas se hayan producido.
  • Introyección: se considera el contrario de la proyección. Las personas se atribuyen un acto o comportamiento que en realidad es completamente externo y sobre el cual no tienen poder de decisión y actuación alguno. 
  • Identificación proyectiva: se reconoce sobre todo en aquellos sujetos que reportan el conocido popularmente como ‘Síndrome de Estocolmo‘. Para poder reducir la ansiedad que sienten, tratan de identificarse con su agresor para, con esta idea, justificar los actos de estos y evitar de este modo su sufrimiento.
  • Escisión: Mecanismo en donde se separa el mundo en buenos y malos. Es una forma de distorsión que ayuda al individuo a resolver ciertas situaciones confusas y amenazantes. No es para nada raro encontrar a una persona que en este preciso momento encuentre mala a otra a la cual la semana pasada consideraba como buena.
  • Disociación: el sujeto crea una representación diferente de uno mismo con la única intención de desconectar de la experiencia actual que están viviendo.

Mecanismos de defensa secundarios

  • Represión: las personas que emplean este mecanismo son totalmente conscientes de lo que ocurre, sin embargo, de manera completamente voluntaria deciden omitirlo u olvidarlo. Este mecanismo es empleado por aquellas personas que tienen deseos sexuales considerados inaceptables por la sociedad, por lo que deciden reprimirlos.
  • Regresión: los sujetos adoptan de nuevo conductas de su infancia con la intención de evitar el conflicto que se les presenta. Suele caracterizarse por ser un mecanismo muy fluctuante y habitual en todas las personas.
  • Aislamiento: Este mecanismo de defensa consiste en separar los pensamientos de las emociones. Es decir, es posible ser consciente y pensar sobre un hecho en concreto, pero se separa el significado emocional, por lo que este nunca llega a afectar al individuo.
  • Intelectuación: Es muy parecido al mecanismo previamente descrito, sin embargo, en este caso, la persona sí que reconoce la existencia de un afecto hacia ese hecho, pero no es capaz de sentirlo.
  • Racionalización: Necesitan justificar ciertos hechos para evitar entrar en conflicto con ellos mismos.
  • Compartimentalización: las personas que tienen a la vez dos o más ideas, comportamientos o actitudes contrarias emplean este mecanismo para permitir que ambas ideas no entren en conflicto y se contradigan en su mente, sino que existan a la vez.
  • Anulación: mecanismo inconsciente donde la persona compensa un sentimiento o emoción dolorosa de modo que esta quede totalmente anulada.
  • Volver contra sí mismo/a: El sujeto redirige aquellas emociones que estaban destinadas hacia otro sobre su propia persona.
  • Desplazamiento: se redirige la emoción sentida de un objeto hacia otro, ya que, el expresarlo sobre el primero de ellos puede resultar angustioso para el individuo.
  • Formación reactiva: Se trata de modificar una emoción o impulso en su contrario. Por ejemplo, la envidia en gratitud.
  • Inversión: transformación del rol que experimenta en una situación. El sujeto pasa de ser alguien pasivo que sufre las consecuencias a ser alguien activo.
  • Actuación: Las personas expresan sus deseos o conflictos inconscientes a través de acciones
  • Sexualización: Se transforman las sensaciones de terror o dolor en experiencias placenteras.
  • Sublimación: La sublimación es el mecanismo de defensa maduro que permite a los individuos canalizar todas aquellas pulsiones (estímulos o impulsos, normalmente de contenido sexual o agresivo) y orientarlas hacia conductas consideradas aceptables en nuestra sociedad.

Conclusiones

Se ha podido observar cómo los mecanismos de defensa, identificados y empleados de una manera correcta, pueden ayudarnos a interaccionar adecuadamente con el resto de la sociedad. Del mismo modo, si bien los mecanismos de defensa pueden aportarnos las herramientas necesarias para actuar conforme los códigos de conducta social, el uso sistemático e indiscriminado de estas estrategias psicológicas podría acarrear problemas de adaptación para la persona que las adopta.

Referencias:

  • Freud, A., & Carcamo, C. E. (1961). El yo y los mecanismos de defensa (Vol. 3). Barcelona: Paidós.
  • McWilliams, N. Psychoanalytic Diagnostic. Understanding Personality Structure in the Clinical Process. New York: The Guilford Press (2011).
  • Hinojosa, A. (1968). Mecanismos psicológicos de adaptación y defensa.
Gemma Adsuara
Gemma Adsuara
Graduada en Psicología por la Universitat Jaume I (España). En la actualidad, cursa el Máster en Psicología forense y criminal en la Universitat de Barcelona. Experiencia como autora de artículos de divulgación en revistas de Psicología. Redactora especializada en Psicología en Mente y Ciencia.

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Gemma Adsuara
Gemma Adsuara
Graduada en Psicología por la Universitat Jaume I (España). En la actualidad, cursa el Máster en Psicología forense y criminal en la Universitat de Barcelona. Experiencia como autora de artículos de divulgación en revistas de Psicología. Redactora especializada en Psicología en Mente y Ciencia.

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