Psicoeducación, qué es, principios e intervención

La psicoeducación, que se ha convertido en uno de los procesos transversales en las relaciones de ayuda, promueve la consecución de objetivos terapéuticos.

Desde la psicología clínica y de la salud, constantemente hacemos énfasis en la importancia de la psicoeducación, en por qué se realiza, y cómo se lleva a cabo. A continuación, queremos responder a estas preguntas, pues la psicoeducación se considera primordial en todo tratamiento psicológico, pues, a grandes rasgos, es la que permite al paciente comprender lo que le está sucediendo, y en qué consiste el tratamiento.

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Desarrollo del proceso psicoeducativo

Inicialmente, se desarrollaron programas de psicoeducación informativa, que tenían una duración corta, y los cuales tenían como objetivo trasmitir información general acerca del trastorno, con pacientes con esquizofrenia. Posteriormente, los procesos de psicoeducación se ampliaron a otras afecciones, y evolucionaron hacia modelos centrados en la conducta, en los cuales, además de brindarle información relevante al paciente, se centran en otros aspectos como el modelado, los cambios conductuales esperados, la reestructuración de los modelos y creencias de la enfermedad, etc. (Colom, 2011).

¿Qué es la psicoeducación?

Se entiende por psicoeducación, un conjunto de técnicas educativas orientadas a brindar de forma sistemática conocimientos a pacientes, familias o personas cuidadoras, con el fin de disminuir la probabilidad de tener recaídas, favorecer la adherencia a los tratamientos -psicológicos y farmacológicos- y favorecer funcionalidad e independencia. De este modo, el éxito de estos procesos de psicoeducación radica en qué muchas veces, aunque las y los pacientes tengan un basto conocimiento frente al trastorno, pueden mantener actitudes y conductas, que generan recaídas (Zapata, Rangel, y García, 2015; Cuevas-Cancino y Moreno-Pérez, 2017; Godoy, et al., 2020).

La importancia de la psicoeducación

En las últimas décadas, la relación terapéutica –tanto en psicología clínica como en otras áreas de la salud- ha evolucionado a un plano más horizontal, en el que la persona consultante adquiere un rol más activo en su proceso, así como mayor responsabilidad. La psicoeducación cumple el rol de orientar al paciente, de modo que tenga plena claridad de los pasos que debe seguir en su propio proceso (Colom, 2011; Cuevas-Cancino y Moreno-Pérez, 2017).

Por lo tanto, esta necesidad surge de la importancia de empoderar al paciente sobre su propio tratamiento, llevándolo a desarrollar conductas proactivas, que eventualmente, le permitirán adaptarse al trastorno, y ser independiente (Zapata, Rangel, y García, 2015).

Finalmente, la psicoeducación, aunque no constituye una ‘cura’, contribuye a reemplazar la indefensión por proactividad, la culpa por responsabilidad, y reduce la negación para dar paso a la integración (Colom, 2011).

La psicoeducación como proceso individualizado

Aunque el objetivo principal de la psicoeducación es abarcar todo lo relacionado con el trastorno, esto no se puede hacer desligado de cada paciente. Es decir, cuando se realiza psicoeducación, se busca abordar el tema desde la cotidianidad de cada individuo, utilizando ejemplos y situaciones de su vida, e incluyendo a las personas que lo rodean. Asimismo, en este proceso se deben tener en cuenta las características socioculturales del paciente, para garantizar que se le entregue información que pueda comprender y aplicar en su diario vivir (Godoy, et al., 2020)

Objetivos de la psicoeducación

El principal objetivo de la psicoeducación es brindarle al paciente o consultante toda información necesaria en relación con su patología o afección y el tratamiento, determinar desencadenantes y mantenedores, y desarrollar estrategias y conductas que favorezcan su proceso. Algunas de estas incluyen (Colom, 2011; Zapata, Rangel, y García, 2015; Godoy, et al., 2020):

  • Familiarizar al paciente con el trastorno y el tratamiento
  • Identificar síntomas en el estado inicial de la crisis
  • Identificar los desencadenantes de las crisis
  • Orientar al paciente frente a la medicación
  • Establecer rutinas terapéuticas
  • Establecer y reestructurar creencias frente al trastorno
  • Desarrollar hábitos saludables
  • Establecer el alcance del tratamiento
  • Identificar estrategias de manejo de los síntomas
  • Favorecer la adherencia al tratamiento
  • Aclarar dudas y expectativas
  • Controlar factores psicosociales y ambientales asociados con la sintomatología

El proceso de la psicoeducación

Contrario a lo que se cree comúnmente, el proceso de psicoeducación no es algo que se pueda realizar en una sola sesión. Existen protocolos cortos –menos de 10 sesiones– y largos –más de 10 sesiones– (Zapata, Rangel, y García, 2015).

Por lo general, se recomienda que este proceso se realice de forma interdisciplinaria, en donde se dictan charlas de psicólogas o psicólogos clínicos, psiquiatras, trabajadores sociales, profesionales en enfermería, etc., según la necesidad de cada paciente. Sin embargo, dadas las dificultades en algunos sistemas sanitarios, el proceso puede ser llevado a cabo enteramente por psicología clínica (Zapata, Rangel, y García, 2015; Godoy, et al., 2020).

Componentes principales de la psicoeducación

Aunque la psicoeducación es un proceso que se ajusta a cada paciente, por lo general se recomienda que se incluyan cinco áreas principales (Colom, 2011; Godoy, et al., 2020):

Conciencia de la enfermedad o afección: aunque muchos pacientes asisten a consulta de forma voluntaria, muchas veces no se tiene claro cómo se manifiesta el trastorno, y cómo este incide en las diferentes áreas de su vida.
Adherencia al tratamiento: en esta área se busca promover que el paciente continúe hasta el final con el tratamiento o tratamientos –cuando se está realizando acompañamiento por psiquiatría, neuropsicología u otras especializaciones-.
Manejo de desencadenantes: dado que la psicoeducación se realiza posterior -o en paralelo- a la evaluación, permite presentar al paciente cuáles son aquellas situaciones que desencadenan síntomas o malestar, mientras se le dan estrategias de manejo frente a estas.
Detección precoz de los síntomas: con esto se busca entrenar al paciente en la identificación de los síntomas que se presentan al inicio de la crisis, con el fin que pueda identificarlos y emplear estrategias de manejo.
Regularidad de hábitos: por último, se trabaja sobre los hábitos del paciente, no solo aquellos relacionados con el trastorno de base, sino en general, hábitos saludables que favorezcan el proceso y su salud mental.

A quien va dirigen las intervenciones psicoeducativas

Aunque en un principio se realizaban procesos de psicoeducación únicamente con familiares y cuidadores, con el tiempo fue evidente la necesidad de incluir a los y las pacientes en el proceso (Zapata, Rangel, y García, 2015).
Dependiendo de la sintomatología, personas implicadas y relaciones entre estas, se puede realizar el proceso de psicoeducación de manera individual, en donde el o la paciente y familiares tengan sesiones aparte; grupal –paciente, familiares, y cuidadores en una misma sesión-; e incluso, multifamiliares (Zapata, Rangel, y García, 2015; Cuevas-Cancino y Moreno-Pérez, 2017; Godoy, et al., 2020).

¿Cuándo se realiza un proceso de psicoeducación?

Aunque se considera que el proceso de psicoeducación debe ser el primer paso de cualquier proceso terapéutico, no quiere decir que no se pueda retomar. Por el contrario, se abren espacios de psicoeducación a discreción del terapeuta y el consultante, según la necesidad, cuando se va a realizar un nuevo proceso de intervención y por supuesto, cuando se está realizando el cierre terapéutico.

Adicionalmente, dado que es posible que durante el proceso participen familiares y cuidadores, se realiza psicoeducación con ellas o ellos cuando sea necesario.

Conclusión

En conclusión, la psicoeducación es una parte fundamental de cualquier intervención terapéutica, en el que se trabaja no solamente con el paciente, sino también con sus familiares y cuidadores. De este modo, se trasmite todo el conocimiento posible sobre el tema, para favorecer así una postura proactiva frente al proceso.

Referencias:

  • Colom, F. (2011). Psicoeducación, el litio de las psicoterapias Algunas consideraciones sobre su eficacia y su implementación en la práctica diaria*. Revista Colombiana de Psiquiatría, 40, 147S–165S. Recuperado de redalyc.org
  • Cuevas-Cancino, J. J, y Moreno-Pérez, N. E. (2017). Psicoeducación: Intervención de enfermería para el cuidado de la familia en su rol de cuidadora. Enfermeria Universitaria, 14 (3), 207-218. Recuperado de scielo.org.mx
  • Godoy, D., Eberhard, A., Abarca, F., Acuña, B., & Muñoz, R. (2020). Psicoeducación en salud mental: una herramienta para pacientes y familiares. Revista Médica Clínica Las Condes, 31(2), 169–173. doi:10.1016/j.rmclc.2020.01.005
  • Zapata Ospina, J. P., Rangel Martínez-Villalba, A. M., & García Valencia, J. (2015). Psicoeducación en esquizofrenia. Revista Colombiana de Psiquiatría, 44(3), 143–149. doi:10.1016/j.rcp.2015.03.005. Recuperado de redalyc.org
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.