Pensamientos intrusivos: tipos, causas y tratamiento

Los pensamientos intrusivos son ideas o imágenes no deseadas, involuntarias y espontáneas, difíciles de controlar y generalmente desagradables.

Los pensamientos intrusivos, o aquellas ideas que emergen aparentemente sin nuestro control –y que a veces son recurrentes–, suelen formar parte de la semiología de diversos trastornos psicológicos. Este tipo de pensamientos se consideran síntomas clínicos habituales en el trastorno de estrés postraumático -TEPT-, el trastorno obsesivo compulsivo -TOC-, el trastorno de ansiedad, entre otros; aunque también se pueden presentar en cualquier persona, más allá de la esfera psicopatológica. A continuación, nos aproximamos a este fenómeno.

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¿Qué son los pensamientos intrusivos?

Se entiende por pensamientos intrusivos, aquellas ideas, imágenes o cogniciones que se presentan varias veces o de forma reiterada sobre una o más temáticas o contenidos y que, por lo general, tienen un carácter negativo para la persona. Asimismo, se experimentan como difíciles de controlar, aparentemente involuntarios, indeseados, y recurrentes. Tienen la capacidad para interrumpir cualquier flujo de pensamiento, de modo que pueden llegar a obstaculizar la ejecución de diversas tareas y de comprometer la capacidad atencional. Por lo general, los pensamientos intrusivos se pueden considerar egodistónicos, es decir, se consideran pensamientos inapropiados (González, et al., 2017).

¿Cuáles son las causas de los pensamientos intrusivos?

Existen varias teorías que pretenden explicar la etiología y el mantenimiento de los pensamientos intrusivos (González, et al., 2017):

  • Teoría de los procesos irónicos: se basa en el intento voluntario por suprimir los pensamientos, que generalmente, no solo no los evita, sino que incrementa la intrusividad de estos.
  • Evitación cognitiva: suele incluir diversas estrategias, en las que la persona intenta evitar exponerse a un pensamiento o imagen molesta. Puede entenderse como una forma de evitación conductual -entendiendo el pensamiento como una conducta verbal encubierta- que disminuye la ansiedad temporalmente, pero mantiene el malestar a largo plazo.
  • Desde la teoría de los estilos de respuesta se considera que los pensamientos intrusivos hacen parte de las conductas de rumiación. En estas suele centrarse la atención sobre uno mismo, incluyendo síntomas, significados y consecuencias, pero sin llegar a un procesamiento orientado en las soluciones.
  • Teoría de la preocupación y el trastorno de ansiedad generalizada: desde esta postura se entiende la preocupación como una actividad verbal incontrolable que se acompaña por un estado emocional negativo, y que suele emplearse como una conducta evitativa cognitiva.

Clasificación de los pensamientos intrusivos

Teóricamente, los pensamientos intrusivos suelen clasificarse en dos grandes grupos (González, et al., 2017):

  • El primero grupo lo componen aquellos que se consideran obsesiones, los cuales son ideas, pensamientos, imágenes o impulsos persistentes, que la persona puede considerar como intrusivos o inapropiados, y que pueden llegar a generar ansiedad o malestar significativo. Estos constituyen uno de los criterios para el diagnóstico del trastorno obsesivo-compulsivo -TOC-.
  • Por otra parte, en las personas que presentan trastorno de estrés postraumático -TEPT-, los pensamientos intrusivos hacen referencia a síntomas de re experimentación, en los que suelen presentarse recuerdos intrusivos, creencias negativas relacionadas con el trauma, y evitación de estímulos relacionados.

¿Pueden ser normales los pensamientos intrusivos?

Se han realizado muchas investigaciones con el objetivo de determinar si los pensamientos intrusivos se presentan solamente en personas con algún trastorno psicológico, o si por el contrario pueden estar presentes en cualquier persona. En la mayoría de estas investigaciones se ha concluido que entre el 80% y el 99% de personas sin ningún diagnóstico, refieren haber presentado al menos ocasionalmente un pensamiento intrusivo (Morillo, et al., 2003).

Sin embargo es fundamental tener en cuenta que pueden ser considerados como variables de vulnerabilidad cognitiva para algunos trastornos emocionales, de ahí, que suelen presentarse en diversos trastornos (González, et al., 2017).

Consecuencias de los pensamientos intrusivos

Cuando la frecuencia de aparición de los pensamientos intrusivos se eleva, o son de difícil manejo, pueden generar un gran malestar en la persona. Dentro de algunas de las consecuencias negativas de los pensamientos intrusivos encontramos (Morillo, et al., 2003):

  • Interpretación de responsabilidad por la posibilidad de un daño consecuente al pensamiento intrusivo.
  • Incremento o desarrollo de valoraciones catastróficas sobre el significado que tienen los pensamientos intrusivos, llegando incluso a interpretarlos como revelaciones o connotaciones negativas.
  • Desarrollo de estrategias o comportamientos de supresión y neutralización, no adaptativos, que finalmente pueden incrementar la frecuencia de aparición de pensamientos intrusivos.

Adicionalmente, la aparición, frecuencia y mantenimiento de los pensamientos intrusivos, suele estar directamente relacionada con la valoración que se le den a estos; en este sentido cuanto más negativa sea la valoración, con mayor frecuencia se presentaría (Morillo, et al., 2003).

Estrategias de control y tratamiento

Teniendo en cuenta que esta clase de pensamientos no constituyen un trastorno, sino un tipo de síntoma, suelen abordarse dentro del contexto de la evaluación psicológica y el diagnóstico. Sin embargo, estas son algunas de las intervenciones, que suelen emplearse para regularlos (Torre-Loque y Valero-Aguayo, 2017):

  • Teniendo en cuenta que una de las bases para el mantenimiento de los pensamientos intrusivos es la evitación, la terapia cognitiva conductual de exposición puede tener resultados favorables.
  • Otra técnica desde la perspectiva cognitivo conductual, es la llamada parada de pensamiento. En esta técnica, se utiliza un estímulo físico –que no genere daño– para desviar la atención del pensamiento; se da una autoinstrucción orientada detener el pensamiento, y finalmente se busca reemplazarlo por un pensamiento que no genere malestar.
  • Asimismo, otra intervención utilizada para tratar el trastorno obsesivo-compulsivo, es la terapia de aceptación y compromiso. Desde esta intervención también se trabaja desde la exposición, pero desde una perspectiva de solución de problemas, basada en la aceptación de las situaciones, incluidos los pensamientos.
  • Otra de las estrategias que suele utilizarse es la resignificación de los pensamientos, en los que se busca desliteralizarlos y flexibilizarlos, de modo que disminuya la culpa.
  • Finalmente, desde una perspectiva más cognitiva basada en el Mindfulness, y en especial, cuando el malestar que genera es leve, se recomienda permitir el pensamiento, sin emitir juicios de valor sobre este, de modo que pueda seguir su curso.

Conclusión

Desde una mirada cognitiva, los pensamientos intrusivos pueden ser considerados simplemente como ideas recurrentes, frente a las que sentimos no tener control. Sin embargo, cuando estos generan malestar, culpa o ansiedad, se pueden considerar como un problema, o como el síntoma de un trastorno psicológico. Dependiendo de cuál sea el caso, se pueden manejar, ya sea simplemente dejándolos pasar o buscando ayuda de un o una profesional de la psicología clínica; sin embargo, sea cual sea el caso, la recomendación principal sería no luchar contra ellos –si puede hacerse– con el fin de no mantenerlos por evitación.

Referencias:

  • González, M., Ramírez, G., Brajin, M. del M., & Londoño, C. (2017). Estrategias cognitivas de control, evitación y regulación emocional: el papel diferencial en pensamientos repetitivos negativos e intrusivos. Ansiedad y Estrés, 23(2-3), 84–90. Recuperado de researchgate.net
  • Torre-Loque, A., y Valero-Aguayo, L. Terapia de aceptación y compromiso como un tratamiento de elección para el TOC: un estudio de caso. Revista de Psicoterapia, 26 (106), 181-196. Recuperado de: dialnet.unirioja.es
  • Morillo, et al. (2003). Pensamientos intrusos en obsesivos subclínicos: contenidos, valoraciones, y estrategias de control. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 8 (1), 23-38. doi.org
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.