Trastorno de estrés postraumático complejo y trauma complejo

El trastorno de estrés postraumático complejo describiría manifestaciones clínicas provocadas por factores estresantes severos y persistentes, las cuales se distinguen de las presentes en el TEPT tradicional.

El trastorno de estrés postraumático complejo es una nueva propuesta clínica en el campo de la salud mental. Algunos autores, como Van der Kolk y Judith Herman, han abogado por la inclusión de este nuevo diagnóstico para abordar casos de abuso interpersonal prolongados y severos. Este trastorno, también conocido como trastorno por estrés extremo, o DESNOS, se aplicaría en escenarios en las que una situación estresante o ‘traumática’ se ha producido repetidamente y a lo largo de un extenso período de tiempo. En tales circunstancias, la exposición prolongada al ‘trauma’ condicionaría el desarrollo de la personalidad de las o los individuos, generando un impacto que va más allá del trastorno de estrés postraumático tradicional (Hervías, Maroto, Benítez, 2017).

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Aunado a esto, el estudio del trastorno de estrés postraumático complejo ha llevado a la formulación de un nuevo concepto conocido como ‘trauma complejo’. Este término se ha utilizado para describir un tipo de experiencia estresante en la cual una ‘situación traumática’ se repite de manera persistente a lo largo del tiempo. De esta manera, en lugar de considerar el trauma como un evento aislado, el trauma complejo pone de relieve la naturaleza interrelacionada de las experiencias traumáticas y cómo estas moldean la forma en que las personas perciben, se relacionan y se desenvuelven en el mundo (Gold, 2008; Nieto, López, 2016). Por otro lado, algunos profesionales y académicos argumentan que el término ‘trauma’ se ha ampliado en exceso, lo que podría diluir su significado y aplicabilidad clínica.

¿Qué es el trastorno de estrés postraumático complejo o extremo?

El trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-Complejo) es una categoría propuesta recientemente para describir reacciones extensas que surgen de factores estresantes severos y prolongados, implicando frecuentemente múltiples eventos adversos o eventos repetidos. Este diagnóstico propuesto abarca los elementos principales del trastorno de estrés postraumático (TEPT); incluyendo, además, perturbaciones duraderas en los dominios del afecto, el yo y las relaciones interpersonales (Maercker, et.al 2013).

Judith Herman fue una de las primeras en proponer el concepto de trastorno de estrés postraumático complejo, con el objetivo de proporcionar un diagnóstico específico para individuos que habían experimentado traumas repetidos y prolongados, y cuyos síntomas no se ajustaban a los criterios del TEPT según el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) de la Asociación Psiquiátrica Americana (Nieto, López, 2016).

Aunque inicialmente el TEPTC no se reconoció como un trastorno separado en el DSM-IV, se le denominó trastorno de estrés extremo no especificado (DESNOS) y se consideró una forma más grave de TEPT. El DESNOS se caracteriza por una desregulación crónica en respuesta a situaciones que desencadenan estrés postraumático, afectando diversos sistemas y manifestándose a través de deterioros clínicos y perturbaciones conductuales (Jarero, 2014). Algunos autores han utilizado estos términos para describir los casos de abuso interpersonal prolongado y severo, en los cuales la exposición persistente al trauma condiciona el desarrollo de la personalidad del individuo desde una edad muy temprana. En estos casos, las y los niños quedan atrapados y afectados por una variedad de circunstancias estresantes, lo que compromete seriamente su desarrollo, especialmente cuando no reciben una respuesta adecuada por parte de sus cuidadores (Hervías, Maroto, Benítez, 2017).

Diferencias entre el TEPT y el TEPTC

El TEPY y el TEPT complejo son dos categorías relacionadas pero distintas en el ámbito clínico. Ambos trastornos comparten los tres elementos centrales del TEPT: la reexperimentación del evento traumático en el presente, la evitación de recordatorios traumáticos y una sensación de amenaza actual. Sin embargo, el TEPT Complejo (TEPTC) va más allá al incluir perturbaciones en la autoorganización, las cuales se presentan de manera generalizada y ocurren en diversos contextos (Cloitre, 2020).

Una diferencia importante entre el TEPT y el TEPTC radica en la duración y la naturaleza de los traumas. El TEPT típicamente se asocia con traumas de un solo incidente, mientras que el TEPTC se relaciona con experiencias traumáticas sostenidas y crónicas. Sin embargo, cabe mencionar que algunas investigaciones han encontrado casos en los que las personas con traumas crónicos desarrollan TEPT en lugar de TEPTC, y viceversa (Cloitre, 2020).

Aunado a esto, el TEPTC, se caracteriza por una afectividad más crónica, acentuada y persistente que en el trastorno límite. Las personas con TEPTC experimentan un espectro emocional que va desde la distimia y la ansiedad hasta el terror, la desesperanza y el odio. También muestran dificultades para transmitir e identificar sus propias emociones, así como un profundo déficit en la capacidad para mantener estados emocionales positivos.

Por otro lado, las personas con TEPTC presentan un sentido del yo más indiferenciado y fusionado. Por ello, experimentan una imagen devaluada de sí mismos asociada a la historia de daño y se identifican con el trauma. De igual forma, tienen una actitud más pasiva, experimentando revictimización y evitación en las relaciones íntimas. Además, tienen problemas para confiar y sentir seguridad en las relaciones, lo que dificulta el establecimiento de vínculos emocionales (Hervías, Maroto, Benítez, 2017).

Características del trastorno de estrés postraumático complejo

El trastorno de estrés postraumático complejo presenta una serie de características distintivas. Las víctimas de traumas interpersonales prolongados, especialmente aquellos experimentados durante los primeros ciclos de vida, muestran un alto índice de problemas en diversas áreas de adaptación adulta (Morales, 2018).

Por su parte, Judith Herman organizó los síntomas del TEPTC en siete tipos de alteración:

  • Regulación de emociones e impulsos: dificultades en la regulación emocional, dificultad para controlar la ira, conductas autodestructivas, preocupaciones suicidas, dificultad para involucrarse en relaciones sexuales y comportamientos de riesgo.
  • De la atención o de la conciencia: amnesia y episodios transitorios de disociación y despersonalización.
  • Somatización: síntomas somáticos relacionados con el sistema digestivo, dolor crónico o síntomas cardiorrespiratorios, conversivos y sexuales.
  • Autopercepción: sentimientos de ineficiencia, de daño permanente, culpa y responsabilidad, vergüenza, la sensación de que nadie puede entenderlos o entenderlas y la minimización de su propia experiencia.
  • Percepción del perpetrador: adopción de creencias distorsionadas, idealización del perpetrador o preocupación por hacerle daño.
  • Relaciones con los demás: incapacidad para confiar, revictimización o victimización de otros.
  • Sistemas de significado: sentimientos de desesperación y desesperanza, o pérdida de creencias previamente arraigadas.

(Morales, 2018).

Además, las personas con TEPTC a menudo presentan limitaciones significativas en áreas fundamentales de adaptación adulta, como la capacidad para mantener un empleo, ser financieramente independientes, establecer relaciones íntimas duraderas y amistades sólidas, y establecer estructura y continuidad en sus vidas. Estas dificultades no parecen ser totalmente atribuibles a la sintomatología relacionada con el trauma, ya que persisten incluso después de que los síntomas del TEPT y otros relacionados con el trauma hayan disminuido (Cova, et.al 2011).

¿A qué se le llama trauma complejo?

El concepto de ‘trauma complejo’ alude a un trastorno que una persona puede experimentar como resultado de la acumulación de ‘traumatización’ crónica. Este trastorno puede desarrollarse cuando alguien se encuentra en contextos estresantes o violentos durante un período prolongado; lo que conduciría a la cronicidad del daño y la sintomatología. También podría ocurrir cuando una persona cruza por experiencias difíciles de sobrellevar en diferentes momentos de su vida, lo que resultaría en trauma complejo debido a la acumulación de daño (Nieto, López, 2016).

Es importante destacar que, según los defensores de esta propuesta, no todas las personas que han sufrido múltiples ‘traumas’ desarrollan trauma complejo, pero el trauma complejo siempre implica la presencia de múltiples traumatizaciones. Cuando esto sucede, el proceso afecta todos los aspectos de la persona, y todas las áreas de funcionamiento pueden verse dañadas por el impacto devastador del trauma. De esta manera, el organismo sufriría repercusiones a corto, mediano y largo plazo en su sistema neurobiológico (Nieto, López, 2016)

La regulación emocional se ve fuertemente afectada en el trauma complejo. Esta dimensión alude a la capacidad de reconocer, modular y controlar la intensidad y expresión de los sentimientos e impulsos de manera adaptativa. Así, las personas con trauma complejo pueden experimentar dificultades en la regulación emocional, lo que puede manifestarse en estados de disforia persistentes, preocupación crónica por el suicidio, autolesiones y dificultades para relacionarse de manera saludable con los demás (Jarero, 2014; Nieto, López, 2016).

La noción de trauma complejo está estrechamente relacionada con la memoria, especialmente con la memoria implícita. Las personas que experimentan trauma complejo podrían evocar recuerdos intrusivos que a veces les resultan inexplicables. También podrían presentar comportamientos que les parecen extraños cuando ciertos estímulos o situaciones evocan consciente o inconscientemente eventos traumáticos (Nieto, López, 2016).

Del trastorno de estrés postraumático complejo al concepto de trauma complejo

La noción de ‘trauma complejo’ ha surgido como una generalización, reinterpretación y extrapolación de los resultados obtenidos en el estudio del trastorno de estrés postraumático complejo (TEPTC) como una propuesta de categoría clínica. En este sentido, es muy necesario tomar en cuenta que, aunque el TEPTC ha sido reconocido como un trastorno específico en algunas clasificaciones diagnósticas, como el DSM-V, su conceptualización y validez clínica aún son objeto de debate y no están completamente establecidas (Cloitre, 2020).

En este sentido, es importante tener precaución al aceptar la noción de trauma complejo como una dimensión clínica comprobada. Aunque existen relatos y estudios que respaldan la idea de que la acumulación de traumas puede tener un impacto negativo en la salud mental de una persona, la evidencia científica aún es limitada y no existe consenso en la comunidad científica respecto a su validez y utilidad clínica.

Además, es necesario destacar que la noción de trauma complejo se ha prestado a abusos en el ámbito de la psicoterapia. Algunos terapeutas han adoptado esta idea sin tener en cuenta la falta de evidencia empírica sólida, utilizando el concepto como una explicación simplificada para abordar problemas complejos de salud mental. Esto puede llevar a una medicalización excesiva, diagnósticos erróneos y tratamientos inapropiados.

El enfoque clínico del trauma complejo

La intervención psicoterapéutica adopta una postura particular al abordar la noción de ‘trauma complejo’. Reconoce que los trastornos específicamente asociados con el estrés presentan características clínicas distintas de otros trastornos mentales. Estas afecciones están vinculadas a eventos estresantes y traumáticos específicos y tienen una sintomatología única (Maercker, et.al 2013).

En el caso del TEPTC, la intervención psicoterapéutica reconoce que la experiencia traumática crónica y la interacción con factores contextuales pueden desencadenar una gama más amplia de dificultades más allá de los síntomas asociados con el TEPT. Esto incluye problemas de regulación emocional, disociación, dificultades interpersonales y de identidad, entre otros. Por lo tanto, la terapia se enfoca en abordar estos problemas específicos para mejorar la calidad de vida y la adaptación funcional de la persona afectada.

En este sentido, la intervención psicoterapéutica para el trauma complejo se basaría en una comprensión profunda de las experiencias traumáticas y sus efectos en la psicología y el funcionamiento del individuo. De esta manera, se buscaría crear un entorno seguro y de confianza para que el paciente explore y procese las memorias traumáticas específicas y los sentimientos asociados a ellas. Se utilizan enfoques terapéuticos que abordan la desregulación emocional, la disociación y los problemas interpersonales (Cloitre, 2020).

El tratamiento del trauma complejo debe seguir una secuencia terapéutica específica. En primer lugar, se aborda la seguridad del individuo, incluyendo la disminución de la autopercepción negativa y la agresión dirigida hacia sí mismo. Luego, se centra en la estabilización de los síntomas, especialmente los recuerdos traumáticos, antes de pasar a la fase de mejoramiento de las habilidades básicas de vida y la reintegración funcional. Con esto, se busca la integración de las partes disociadas de la personalidad y la creación de una identidad coherente y positiva (Maldonado, 2020).

Debate sobre el uso del término ‘trauma’

Al hablar de una dimensión como el trauma complejo, es necesario tener presente que el uso del término ‘trauma’ en el contexto de la intervención psicoterapéutica ha sido objeto de críticas y controversias.

En cuanto a la naturaleza del trauma psicológico, existe ambigüedad en su definición y conceptualización. A lo largo del tiempo, ha habido cambios en la comprensión del trauma, pasando de una descripción inicial que lo vinculaba a una estructura fisiológica concreta a una noción más abstracta relacionada con el aparato psíquico (Van de Kolk, McFarlane, Weisaeth, 1996; El Sahili, 2010). Esta falta de claridad ha llevado a interpretaciones diversas y a teorías sin fundamentos científicos sólidos. Por ejemplo, algunos enfoques han propuesto la existencia de estructuras hipotéticas y desequilibrios energéticos causados por experiencias violentas; mientras que otros consideran el trauma como un referente para eventos violentos que pueden dar lugar a síntomas patológicos, sin profundizar en la naturaleza del daño psicológico en sí.

Por otro lado, aunque en los criterios diagnósticos del TEPT se especifican ciertos tipos de situaciones traumáticas, como la exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, se ha observado que otras enfermedades mentales, como la depresión, los trastornos de ansiedad, las fobias y los trastornos sexuales, también se asocian con experiencias desagradables o violentas que son identificadas como ‘traumáticas’. Esto ha llevado a una clasificación indiscriminada de diversas experiencias como ‘traumas’, estableciendo una relación directa entre un trastorno y la existencia de un evento traumático, sin considerar otros factores involucrados en el cuadro patológico (El Sahili, 2010).

Al tener presentes estas críticas, es posible darnos cuenta de la necesidad de una mayor precisión en la definición y uso del término ‘trauma’ en la intervención psicoterapéutica.

Críticas al concepto de trauma complejo

Finalmente, es necesario destacar que el uso del concepto de ‘trauma complejo’ dentro de la intervención psicoterapéutica ha generado críticas y debates en la comunidad profesional. Si bien algunos defienden su utilidad y relevancia clínica, otros cuestionan su base científica y su aplicabilidad generalizada.

En primer lugar, existe una falta de consenso sobre la definición precisa y los criterios diagnósticos del trauma complejo. Diferentes teorías y enfoques terapéuticos pueden interpretar y abordar el trauma complejo de manera diferente, lo que dificulta la comparación y la generalización de los hallazgos clínicos. Además, a pesar de la amplia discusión y el interés en el tema, no existen suficientes estudios empíricos que respalden la existencia y las características distintivas del trauma complejo como una categoría clínica válida. De esta manera, algunos críticos argumentan que se ha abusado del concepto sin una base sólida de evidencia científica.

Por otro lado, algunos expertos señalan que los síntomas y las características atribuidas al trauma complejo se superponen con otros trastornos existentes, como el TEPT, el trastorno límite de la personalidad y los trastornos disociativos. Esto plantea interrogantes sobre la necesidad de una categoría adicional (Cova, et.al 2011; Maercker, et.al 2013).

Aunado a esto, es importante señalar que el uso indiscriminado del concepto de trauma complejo puede llevar a una victimización secundaria de los individuos, reforzando una identidad basada en la victimización y perpetuando la narrativa de la indefensión y la incapacidad para la recuperación.

De esta manera, es crucial tener en cuenta estas críticas y considerar una perspectiva crítica y reflexiva al utilizar el concepto de trauma complejo en la práctica clínica. Después de todo, solo la investigación continua y el diálogo interdisciplinario pueden ayudar a abordar estas preocupaciones y mejorar nuestra comprensión de estas nuevas entidades clínicas.

Referencias:

  • Cloitre, M. (2020). ICD-11 complex post-traumatic stress disorder: simplifying diagnosis in trauma populations. The British Journal of Psychiatry, volumen (2016), número (3), pp. 129-131. cambridge.org
  • Cova, F., Rincón, P., Grandón, P., Vicente, B. (2011). Controversias respecto de la conceptualización del trastorno de estrés postraumático. Revista Chilena de Neuro-psiquiatría, volumen (49), número (3). scielo.cl
  • El Sahili, L. (2010) Psicología Clínica. Guanajuato, México, Universidad de Guanajuato. es.scribd.com
  • Gold, S. (2008). Benefits of a Contextual Approach to Understanding and Treating Complex Trauma. Journal of Trauma & Dissociation, volumen (9), número (2). researchgate.net
  • Hervías, P., Maroto, L., Benítez, M. (2017). XVIII Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría. Psiquiatría.com. psiquiatria.com
  • Jarero, I. (2014). Comentarios sobre el Trastorno por Estrés Postraumático Complejo: Perspectivas del DSM-5 y del CIE-11. Revista Iberoamericana de Psicotraumatología y Disociación. volumen (6), número (1). researchgate.net
  • Nieto,I., López, M. (2016). Abordaje integral de la clínica del trauma complejo. Clínica Contemporánea, volumen (7), número (2), pp. 87-104. academia.fipi.cl
  • Maercker, A., Brewin, C., Bryant, R., Cloitre, M., Reed, G., Van Ommeren, M., Humayun, A., Jones, L., Kagee, A., Llosa, A., Rousseau, C., Somasundaram, D., Souza, R., Suzuki, Y., Weissbecker, I., Wessely, S., First, M., Saxena, S. (2013). Proposals for mental disorders specifically associated with stress in the International Classification of Diseases-11. Lancet, volumen (381), pp. 1683-1685. researchgate.net
  • Maldonado, M. (2020). Trastorno de estrés postraumático complejo: una revisión teórica. Universidad Católica San Pablo, Facultad de Ciencias Económico Empresariales y Humanas. repositorio.ucsp.edu.
  • Morales, D. (2018). Desafíos en Psicoterapia: Trauma complejo, Apego y Disociación. Avances en Psicología: Revista de la Facultad de Psicología y Humanidades, volumen (26), número (2). revistas.unife.edu.pe
  • Van der Kolk, B., McFarlane, A., Weisaeth, L. (1996) Traumatic stress: The effects of overwhelming experience on mind, body, and society. The Guilford Press. guilford.com

Créditos de imagen de portada: Photo by Meruyert Gonullu from Pexels

R. Mauricio Sánchez
R. Mauricio Sánchez
Licenciado en Psicología por la Facultad de Ciencias de la Conducta de la UAEMex (México). Experiencia docente y en atención clínica en entidades privadas y públicas, como el Instituto de la Seguridad Social. Editor adjunto y redactor especializado en Psicología en Mente y Ciencia.

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