Distorsiones cognitivas en depresión: tipos y ejemplos

Las distorsiones cognitivas se conciben como fallos en el procesamiento de la información que conducen a una interpretación errónea de la realidad.

Desde el enfoque cognitivo conductual, el pensamiento tiene un papel fundamental, tanto en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos, como en su posterior tratamiento. En este sentido, entender y trabajar sobre las distorsiones cognitivas puede ser un factor diferencial en el éxito de los tratamientos para la depresión.

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¿Qué son las distorsiones cognitivas?

De acuerdo con Beck (1994; citado por Lemos, Londoño y Zapata, 2007; Rnic, Dozois y Martin, 2016), las distorsiones cognitivas pueden entenderse como errores en el procesamiento de la información, ocasionados por esquemas cognitivos o supuestos personales inadecuados. Es decir, una distorsión cognitiva comprende pensamientos e ideas, fundamentados en creencias personales, que no siempre tienen un sustento en la realidad.

Ejemplos de distorsiones cognitivas

Las distorsiones cognitivas son frecuentes en personas con depresión, así como otros trastornos. Del mismo modo, pueden presentarse en ausencia de trastorno alguno. A continuación, se exponen algunos ejemplos de distorsiones cognitivas (Lemos, Londoño y Zapata, 2007; Mosqueda, Méndez-Sánchez y Galindo-Trejo, 2017)

  • Deberías: Consiste en la marcada tendencia a mantener reglas exigentes y rígidas, frente al cómo deben suceder las cosas. De este modo, dichas reglas son tan estrictas, que cualquier desviación de estas genera malestar y alteración emocional.
  • Falacia de control: Esta distorsión cognitiva ocasiona que las personas se sientan responsables de todo lo que ocurre a su alrededor, o, en el otro polo, que se sientan impotentes y sin control frente a lo que ocurre en sus vidas.
  • Abstracción selectiva: Hace referencia a la visión de túnel, es decir, centrarse en un solo aspecto de determinada situación, ignorando o negando los demás. Por ejemplo, cuando una persona ve una única solución a un problema, aun cuando se le muestran otras alternativas.
  • Falacia de cambio: Desde esta distorsión cognitiva, la persona cree que el otro debe cambiar o cambiar primero, manteniendo una absoluta certeza de que es el otro el responsable de la situación y quien debe hacer los ajustes pertinentes.
  • Personalización: En este caso, la persona tiende a relacionar los hechos del entorno consigo mismo, aun cuando no tiene base suficiente para esto. Es muy similar a las ideas de referencia, en este caso las personas piensan que todo lo que ocurre se relaciona con ellas.
  • Falacia de justicia: Es la tendencia a valorar como injustas todas aquellas situaciones que no responden favorablemente a sus deseos, necesidades y/o caprichos.
  • Sobregeneralización: Esta distorsión cognitiva se caracteriza por la tendencia a juzgar múltiples situaciones con base en un solo evento en particular. Es decir, si algo malo ocurrió en una ocasión, por regla general siempre va a ser así.
  • Falacia de razón: Consiste en la necesidad y tendencia constante a probar el propio punto de vista.
  • Razonamiento emocional: Bajo esta distorsión cognitiva, la persona equipara sus sentimientos con lo que sucede realmente, y bajo la certeza que además esto es completamente cierto.
  • Interpretación del pensamiento: Ocurre cuando, sin ningún fundamento, se interpretan los pensamientos, emociones y sentimientos del otro. Es como tratar de ‘leer la mente’; igual de errado.
  • Pensamiento polarizado: En este caso, los juicios de valor frente a los acontecimientos se presentan de forma extrema, sin la posibilidad de ver puntos intermedios. Los principales protagonistas de estas distorsiones cognitivas son siempre/nunca, bueno/malo y positivo/negativo.
  • Visión catastrófica: Similar a la sobregeneralizacion, en esta distorsión cognitiva hay una marcada tendencia a adelantarse a los acontecimientos desde una postura catastrófica, es decir, la persona tiene la certeza que esto que teme va a suceder y todo va a salir tan mal como sea posible.
  • Culpabilidad: De manera arbitraria y radical, se atribuye la responsabilidad de la situación a sí mismo o a otros. En esta distorsión cognitiva, no se tienen en cuenta los factores relacionados con el desarrollo de los acontecimientos.
  • Falacia de recompensa divina: Consiste en una evitación a buscar la solución a las dificultades, basándose en la distorsión cognitiva de que todo se solucionará mágicamente en el futuro.
  • Etiquetas globales: Finalmente, en esta distorsión cognitiva hay una marcada tendencia a generalizar una o dos cualidades de un juicio negativo global.

Distorsiones cognitivas, depresión y riesgo de suicidio

Múltiples investigaciones concuerdan en que los individuos con mayor riesgo de suicidio presentan patrones cognitivos específicos. Dentro de estos estilos de pensamiento, resalta una mayor predisposición a presentar distorsiones cognitivas, como por ejemplo rigidez de pensamiento, pensamiento dicotómico, sobregeneralización y abstracción selectiva, entre otros. Asimismo, algunos estudios afirman que las distorsiones cognitivas tienen una influencia significativa en el desarrollo y mantenimiento de ideas y conductas suicidas (Jager-Hyman, et al., 2014).

Abordaje de las distorsiones cognitivas desde la terapia cognitivo conductual

La intervención terapéutica basada en la terapia cognitivo conductual, se basa en la premisa de que, son las interpretaciones que hacemos de nuestra realidad, y no los hechos en sí mismos, los que determinan nuestras emociones, sentimientos y conductas. En este sentido, cuando la realidad se interpreta desde las distorsiones cognitivas, se desencadenan emociones que llevan a mantener conductas desadaptativas. Estas conductas, a su vez, puede funcionar como catalizador o mantenedor de trastornos como la depresión, la ansiedad, y similares (Mosqueda, Méndez-Sánchez y Galindo-Trejo, 2017).

Por lo tanto, el objetivo principal en un proceso terapéutico desde el enfoque cognitivo conductual, es generar un cambio en la estructura de pensamiento, desarticulando las distorsiones cognitivas, para así, permitirle a la persona abordar las situaciones desde una perspectiva más objetiva (Mosqueda, Méndez-Sánchez y Galindo-Trejo, 2017).

Conclusión

Las distorsiones cognitivas se conciben como errores en la interpretación de la realidad, por lo general, con un contenido negativo. Estos errores funcionan como un mantenedor de sintomatología depresiva, pues por lo general son absolutos, catastróficos y rígidos. Por lo tanto, la intervención se basa principalmente en la reestructuración de estos pensamientos, permitiendo a la persona abordar la realidad desde otra perspectiva.

Referencias:

  • Lemos, M., Londoño, N. H., y Zapata, J. A. (2007). Distorsiones cognitivas en personas con dependencia emocional. Informes Psicológicos, 9 (1), 55-69. revistas.upb.edu.co
  • Jager-Hyman, S., Cunningham, A., Wenzel, A., Mattei, S., Brown, G. K., & Beck, A. T. (2014). Cognitive Distortions and Suicide Attempts. Cognitive Therapy and Research, 38(4), 369–374.
  • Mosqueda, A. J., Méndez-Sánchez, C., y Galindo-Trejo, E. (2017). Distorsiones cognitivas y atribuciones de causalidad: un taller de pareja. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 20 (1), 220-238. medigraphic.com
  • Rnic, K., Dozois, D., y Martin, R. (2016). Cognitive distortions, humos styles, and deoression. Europe´s Journal of Psychology, 12 (3), 348-362.
Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.

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Sandra Correa
Licenciada en Psicología por la Universidad El Bosque (Colombia). Máster en Neuropsicología clínica. Experiencia de trabajo como docente, neuropsicóloga y psicóloga clínica en diversas entidades y en centro propio. Redactora especializada en Neurociencias en Mente y Ciencia.